ROSA SANGRANTE SOBRE
UN FONDO NEGRO
¡Olvidadme, hijos de perra!
Quemad mis versos
y la espuma de sal de mis venas.
¡Quemadme, hijos de perra!
Olvidad, por un momento,
quién fui y cuáles fueron mis penas.
Borrad de vuestros armarios
la rosa sangrante sobre un fondo negro,
el ojo cascado de cristal.
Que no quiero que llevéis en vosotros
mi rosa sangrante sobre un fondo oscuro
ni mis versos pálidos del mar.
Alejad de vuestras bocas mis versos,
mi rosa sangrante sobre un fondo en silencio
no quiere escuchar vuestros escupitajos de cal.
No me pronunciéis
más que en la muerte;
no habléis de mi
más que en mi funeral,
y, de hacerlo, hablad mal,
yo nada hice por ti,
no tientes más a la suerte
si es que te gusta vivir.
Suprimid mis palabras de vuestra historia,
no quiero pertenecer a un cuento vacío
de hadas y de magos sin asesinos ni ladrones.
Olvidad, por favor, que he vivido,
mas, si queréis nombrarme...
Borrad de vuestros cuadros
el alba,
la flor,
la ciudad,
el verso...
Dibujad mi tiempo nuevo
con el ocaso,
el espino,
el desierto,
el epitafio...
Entonces, os dejaré anotar este verso mío,
como una rosa sangrante sobre un fondo muerto,
a la luz de la luna nueva, en el cementerio.