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Visita a Puerto Peñasco 1998

Por: Erich Moncada
[
Komodo World]

Son pocas las sensaciones que se comparan con el gozo de ir a la playa (sexo, ir al baño y comer sushi) con dinero, claro, y en mi lindo estado de Sonora, contamos con varias y bellas playas en las cuales podemos ir cada período vacacional o fin de semana a disfrutar del sol, la arena en el trasero y unas cervecezas bien heladas.

Se supone que la foto de arriba es de Puerto Peñasco, Sonora, y aqui pueden ver donde se localiza y como se llega estando en los States:

"Si Erich. Ya hemos ido a la playa y sabemos que ahí se la pasa uno bien. Entonces ¿Cuál es tu punto?"

Mi história se desarrolla hace dos años apróximadamente por mediados de noviembre. Manuel Serna, un amigo mío de la prepa y enfermizo fanático socorrista de la Cruz Roja, nos invitó a mi y otros dos amigos, Orión y Oscar, para ir a una boda de una prima suya en aquel lugar lejano del estado.

El caso es que viajamos durante ocho horas (bien pudieron ser 2 pero se antojaron eternas) apretados en la caja de un pick-up lleno de mandado que los papás de Manuel llevaban a sus familiares. Con poco dinero y dispuestos a la aventura, rentamos un cuarto de hotel y nos dispusimos a celebrar, fuera de la autoridad de los padres, las novias y la escuela. Ni siquiera desempacamos cuando ya estaba abierta la primer botella de tequila.


"Salud"

Llegó la boda. Nos vestimos lo mejor que pudimos (lo se, el saco que llevo puesto y la chamarra de mezclilla de Oscar son una vergüenza) para ir al evento. A pesar de que todos los invitados se nos quedaban viendo, porque era obvio que no eramos familiares, porque llegamos a comer y a tomar únicamente, todo lo demás fue bastante bien. El ego estaba en lo alto porque teníamos dinero, nos veíamos bien... relativamente y la noche le pertenecía a cuatro menores de edad con ganas de hacer desmadre.

Al terminar la boda, después de visitar otras partes durante la noche (no, nadie ligó chingados), acabamos 'losereando' en el billar del hotel. Cuando nos fuimos a dormir olvidé la muy-cara-cámara-fotográfica-de-Papá en una mesa y hasta el día siguiente que la busqué en recepción me la regresaron. Estaba cagado de miedo pero al final la cosa no pasó a mayores.

Para terminarme el rollo, saliendo de Peñasco, nos tomaron esta foto:

Lo mas extraño de cuando revelé las fotos que aqui les he ido enseñando, fueron dos impresiones que nunca recordé haber tomado:

[Fotos Misteriosas]

Resulta que cuando dejé la cámara en el billar el cantinero la tomó y la llevó a recepción donde los encargados esperarían a que yo la reclamara. Pero en el transcurso de la madrugada, como para matar tiempo y divertirse un poco, se tomaron fotos con el control automático de la cámara. Me di cuenta de esto con ver las llaves colgadas atrás de ellos. Si no las veo, jamás hubiera imaginado quienes eran esos dos idiotas.

Me impresionó mas la honestidad de los Rocaporquenses que su idiotéz al regresarme el aparato. Quizás la influencia de los turistas gringos tiene algo que que ver, pero sin duda, lo mexicano de estos empleados salió a flote en las fotos.

"Mire compadre, aqui dejaron una cámara."
"Ah, qué loco mi compa."
"Pue' hay que guardarla pa' que no se 'uelva a perder."
"Pue' si, ¿verdad? Oiga compadre... ¿Y por qué no nos
tomamos unas fotitos pa' sacar curas*?"
"¡Ah qué ingenioso es uste' cabrón, pos ya va!"

¡CLICK!

Estoy seguro que estaban tocando "Cielito Lindo", me cae que si.

* Cura(s): Algo que da risa, para reírse.


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