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15 Minutes (From TV y Más. Issue 03.18.01) - 07.V.01

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Andy Warhol tenía razón: cualquiera puede ser famoso por quince minutos. Lo que olvidó mencionar es que nadie queda satisfecho con tan poco tiempo. Desde que uno está en el kinder aprende que la popularidad abre más puertas que la educación, el talento o la sabiduría. Un individuo que es conocido por muchos posee un lugar especial en su entorno social, no importa si aquello que lo hace célebre es negativo. Cualquiera puede aparecer en televisión por diez segundos o en las páginas interiores del periódico por un día. La hazaña es ser entrevistado más de dos veces o tener tu imagen en primera plana. Irónicamente, los que están en el negocio de la muerte tienen más facilidad para adquirir notoriedad: los muertos y sus asesinos.



En "15 Minutes", un par de exconvictos europeos (un checo y un ruso), llegan a Nueva York para cobrar una vieja deuda, y al descubrir que no hay dinero esperándolos, cometen una serie de asesinatos sangrientos que uno de ellos graba con una cámara de video. Estos crímenes son investigados por un detective veterano que goza de gran popularidad en la ciudad (Robert De Niro) y un jóven investigador de incendios (Edward Burns). Aunque los extranjeros se mueven sin un plan definido y matan impulsivamente, después de ver suficiente televisión americana (talk-shows, reality-shows y noticieros amarillistas), se dan cuenta de que pueden sacarle dinero a la violencia que están documentando, sobre todo si consiguen una víctima famosa. El plan es vender el material por un millón de dólares y entregarse a las autoridades alegando demencia temporal.



Si la premisa parece descabellada sólo hay que recordar el caso O.J. Simpson y el asunto adquiere bastante credibilidad. El argumento de "15 minutes" critica el sistema jurídico estadounidense, el poder de los medios en la opinión pública y la hipocrecía de las celebridades. Emil Slovak (Karel Roden), el que carga el cuchillo y un temperamento explosivo, dice a la cámara: "En América, nadie es responsable de sus propias acciones". Robert Hawkins (Kelsey Grammer), el conductor de un programa sensacionalista, justifica las imágenes violentas que presenta a su audiencia por "tener la obligación de mostrar la verdad". El director y escritor John Herzfeld ("2 Days in the Valley"), expone sus puntos de vista de manera directa, pero pierden impacto al mezclarse con inconsistencias en los personajes y un guión que salta de sátira de humor negro al thriller de acción y sin decidirse por ninguno de los dos géneros. Lo que pudo ser un magnífico estudio sobre la obsesión contemporánea de alcanzar una omnipotencia social, termina siendo un filme emocionante, rápido y vagamente perturbador.



De Niro es perfecto como el policía que ha visto todo y sabe cómo utilizar a la prensa. Edward Burns (director de "The Brothers McMullen"), hace un buen trabajo como el héroe accidental, pero su papel no le permite salirse de las fórmulas conocidas y no logra destacar lo suficiente. En esta época de "reality-TV", la carrera por los quince minutos de fama que nos corresponden a cada uno, se ha vuelto mucho más competitiva.

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