EN EL VALLE DEL ABURRÁ

HUELLAS ANCESTRALES SUGIEREN GRAN CIVILIZACIÓN

Apenas se está tejiendo la historia de los antiguos pobladores del Valle del Aburrá. La red de caminos de piedra que lo circunda y la relación, casi mítica de su geografía, se relaciona con la evolución de su gente.

Después de 32 años de la expedición de Jerónimo Luis Tejelo al Valle del Aburrá, Gaspar de Rodas inició su travesía y a su paso encontró a varios indígenas ahorcados. Los Anaconas se colgaron al presentir el ocaso.

Cuando se habla de culturas indígenas de América, los relatos se remiten a México y Perú. En cuanto a Colombia, la Arqueología sospecha que en Antioquia (Antiocha ?), «tierras del sol”, prácticamente estaría la clave del misterio del Continente.

“En el Valle del Aburrá, el hombre más antiguo se remonta 10 mil años AC , el sector de Niquía. Eran sociedades recolectoras y cazadoras. En la Estrella hay evidencias de grupos más recientes, de 200 años AC”, explica Elvia Inés Correa, Arqueóloga de Corantioquia.

Cuando los europeos llegaron (siglo XV DC) encontraron vestigios de altas construcciones de piedra en la parte media de las montañas. ¿Qué sucedió en el lapso de ocho mil años). Apenas se está armando el rompecabezas, tejiendo una memoria que todavía conserva huellas en el filo de las montañas. El cerro El Quitasol, en Niquía, guarda uno de los caminos de piedra que hacen parte de una extensa red.

Sardella y Robledo escribieron «que estos caminos eran más anchos que los del Cuzco (Perú)”. Después de subir por el pie del monte de El Quitasol, Lucas Guingué, Antropólogo de Corantioquia mira el fino empedrado que conduce hasta un balcón natural del lugar: Corrales.

Caminando hora y media más arriba, vive la familia que guarda la memoria.

“Hay una red muy grande caminos en este Valle, se han encontrado en Santa Elena (Piedras blancas), Boquerón y Copacabana y éste.”. El ascenso es pesado. Por partes, el camino se pierde en el barro amarillo y los años de maleza. Sin embargo, conserva una ruta.

¿A dónde llevan? “Los indígenas no abrían caminos de un punto para llegar a otro. Era más un proceso de integración, de disfrutar el paisaje. En Corantioquia se levanta esa red”, dice Guingué. A los lados se abren pequeñas terrazas.

“Es el primer acertijo que deben resolver para entrar”, gritan desde la casa de Corrales. Hace 18 meses, Neil Ochoa y Ruth Esther Laguado, con sus seis hijos, se internaron en El Quitasol, con la creencia de que la ciudad seca la imaginación.

“Era el camino del Virrey que venía desde Santa Fe de Antioquia. Aquí vivía el Cacique Niquía. Es un sitio hermoso”, comenta Ruth. Al fondo se ve la ciudad. Desde allí el Picacho, el Volador, el Nutibara, parecen alineados.

Agustín Codazzi decía que el Valle había sido un gran lago que se rompió en Ancón norte y sur (Caldas y Copacabana). Los siete cerros (Picacho, Volador, Nutibara, Boquerón, Pan de azúcar, Padre Maya y Quitasol), eran especie de vivienda y cementerios. Se asegura que hay túneles entre ellos.

“Todavía no podemos concluir que hubo una civilización muy grande en el Valle del Aburrá, pero inferimos que así fue. El hombre que entró por el estrecho de Bering tuvo que estar primero en Colombia, que en el Perú”, sugiere la Arqueóloga.

“Estas son las terrazas. A veces pienso en lo que sentirían cuando llegaron los europeos. Aquí hay silencio... Aquel es el templo, creo que fue dinamitado”, cuenta. Las piedras se ven laceradas, igual que la tierra. Cuando arrecian los aguaceros, el terreno se traga el agua donde había una guaca. Ya no hay nada, sólo charcos.

Angelino Bailarín Cenegüí Sapia Majoré aprendió a vender paletas. “Soy de Nutibara, Frontino. Allá sembraba papita, maicito, frisolito, pero en la noche me lo robaban”, recuerda mientras compra el surtido en una fábrica de Guayaquil. Su rostro afilado y cenizo coincide con sus ancestros indígenas.

Cuando la fundación de San Lorenzo de Aburrá (1651), habían 300 indios. Hoy, sólo se ven facciones parecidas, pero foráneas. “En el centro hay indígenas ecuatorianos e inganos. Estos últimos son colombianos y tienen la piel más oscura”, explica el sociólogo Francisco García.

En Antioquia sobreviven tres culturas: Emberá, cerca al río Atrato; Katíos, en Dabeiba y Fredonia; Cunas, en Urabá. “En el Valle del Aburrá se encontró una familia en la vereda El Nido, de El Retiro. Ellos ya no se consideran indígenas”, cuenta Jaime Echeverri, sociólogo, y agrega: El Valle del Aburrá es un sitio más especial de lo que parece. Las zonas montañosas tienen una imantación particular, además, es sagrado”.

Las explicaciones se entretejan con el esoterismo, la tradición oral y los comportamientos. En la Masonería, el punto cero que forma sus símbolos en el planeta (escuadra, plomada y compás), coinciden en este estrecho valle. “Se dice que la Tierra tiene siete puntos sagrados, uno de ellos quedaría en el Valle del Aburrá. Esto es comprobado con mediciones. Algunos de los otros puntos son el Tibet, Roma y Belén”, comenta la socióloga.

“En tos antiguos asentamientos del Valle del Aburrá hay una relación con la cosmogonía, con las estrellas, con Dios. Lo del municipio de la Estrella no es tan casual. Hablan de lluvia de meteoritos en el Valle, de piedras, lo que llaman el batolito antioqueño. Esto es una gran piedra Se presume una integración entre los 7 cerros de la zona. No se pueden comparar con Incas y aztecas. Eran necesidades diferentes y quizá aquí no tuvieron que construir”, dice Inés Correa, arqueóloga.

La lectura apenas comienza. Hasta hace poco en la Loma del Escobero, de Envigado, estaban los monjes Camaldulenses, o monjes del silencio, que milenariamente guardaban el secreto de la Hermes. “Sólo están en pocos lugares en el mundo. Guardan el secreto de la llama, desde Hermes Trismegisto en Grecia. Cuando el Papa estuvo en Medellín los visitó. Ellos guían al Papa desde el silencio», dice Cruzana. Además en la tradición oral se habla de Antiocha, que quiere decir, las tierras doradas o del sol. “Hay que recordar toda la explotación minera. Todo el cordón de oro que se extiende al occidente, agrega Echeverri.

“No sé. Pero sí genera unas condiciones. Donde están los Camaldulenses hay prosperidad, ahora están en los Llanos de Cuibá. De lo violencia que vivió o vive Medellín, ésta hace parte de su evolución, de lo que tiene que aprender. En la región se ha alimentado tendenciosamente el concepto de la raza antioqueña, cuando de lo que debemos hablar es de etnia, de manifestación cultural. Somos las síntesis, es el sincretismo del planeta”’, advierten los sociólogos.

Al coger un mapamundi y mirar el otro extremo del Valle del Aburrá, se encuentra el río Nilo. “Se cuenta que en estos sitios hay un lugar en el cual ingresa el agua del mar. En Girardota, cuenta la gente que, hay un hueco con agua de mar, del río de La Arcadia”, agrega Echeverri. En una pasada Feria de las flores, un grupo de caminantes venía desde la Patagonia y se dirigieron al cerro Nutibara. Dieron gracias al cerro y le pidieron fuerzas. Su misión, atravesar Urabá y llegar a México para encontrarse con el grupo del norte, los que venían desde Alaska. “Cada cuatro años se debe hacer para que fluyan las energías del continente. En Antioquia, en el Valle del Aburrá y en Urabá estaban estancadas”, decía uno de los caminantes.

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