Una agradable ancianita va a su doctor y le dice: - Doctor, me duele un poco el hombro... - Es su único problema ?-dijo el médico con un rostro algo extraño- - No, además tengo un pequeño problema con llos gases, pero realmente   esto no me molesta mucho. Mis flatulencias nunca huelen y son   siempre silenciosas.   De hecho, me he tirado más de 20 desde que estoy aquí en su   oficina pero, como lo dije, Usted ni se ha enterado ya que son   silenciosas y sin olor... - Mmmhh, dijo el facultativo manteniendo su particular expresión en   la cara...le voy a dar dos pastillas que quiero empiece a tomar   de inmediato y venga nuevamente la semana próxima. A la semana siguiente regresa la simpática ancianita al consultorio y cuando llega su turno ingresa con una expresión de enojo en su cara. - Cómo estamos ? -le dice el médico- - Mire Doctor, no se que me ha hecho con lass pastillas que me dio,   pero si bien el hombro ya no me duele más, ahora mis gases huelen   de un modo horroroso... que digo horroroso...apestoso...   Siguen siendo silenciosos como antes, pero el olor es   verdaderamente inaguantable. - Bien, bien -dijo el médico- ya curamos el hombro y la sinusitis, vamos a ver ahora el tema de su sordera...