HUAYO... ESCENARIO DE VIDA
TRANSICION DEL NOMADISMO AL SEDENTARISMO
PRESENTACION:
Perlas Negras
A MI TIERRA MIA CAMINO AL SEDENTARISMO CULTO MAGICO RELIGIOSO PUENTE PRE INCA YARO DERIVADO DE LA NATURALEZA
DESDE EL NOMADISMO HASTA EL PRESENTE
HUAYO


HUAYO


por: VARGAS TAQUIRE, EDGAR HECTOR
El Centro Poblado Menor de Huayo, se localiza a 35 Km. De la capital minera de Cerro de Pasco, en el distrito de Santa Ana de Tusi, provincia Daniel Alcides Carri�n, Regi�n Pasco.
A una altitud de 3,900 m.s.n.m. aproximadamente. Su relieve es un poco accidentado, bordeados por los cerros; Anca Huachanan, Aquia Punta, Pato Cocha, Tinya Huayco, Garagay, Pampas de Challuas, Pilla Ragra y serpenteado por el r�o Hatun Mayu, dando origen a la quebrada del Tawar Mayu.
Su clima es seco, oscila entre los 0 y 16 grados centigrados dependiendo de la estaci�n. Sus barrios comprendidos son; Tingo Pampa, Cerro Huayo, Santiago, Buenos Aires, Vista Alegre y Alto Per�.
Pueblo legendario, cuna de errantes, goza de varias zonas de atracci�n tur�stica.
Escenario hist�rico de los primeros pobladores del hombre, desde la trashumancia y sus etapas y el camino hacia el sedentarismo y el desarrollo en consecuente de una etnia pre inca hasta las actuales.
Desde sus or�genes tenemos, grandes manifestaciones expresadas en sus artes rupestres en ARU MACHAY, donde se manifiestan expresiones de escenas de caza como el CHACO, iconograf�as amorfas y zoom�rficas de auqu�nidos y c�rvatos.
Adem�s encontramos petroglifos antropom�rficas, de grupos humanos en escena de trashumancia, correspondiente al periodo l�tico (12,000 A 18,000 a�os antes de nuestra era).
El centro ceremonial,m�gico religioso lo encontramos en en los artes rupestres de ASIAK PINTA. Donde se representa iconograf�as de dioses zoom�rficas...
As� mismo existen vestigios arqueol�gicos dignos de una minuciosa investigaci�n y rescatar parte de la cultura Yaro (en Rangra y Llama Yupanan) y otros como Zoko Rumi, donde encontramos restos f�siles como caracoles correspondientes al periodo cret�cico.

Del poblador, netamente agricultor, productor de variedades de tub�rculos, ocas, ollucos y maca, asi como los derivados de los mismos y hortalizas. Otra actividad menor es la ganader�a, fomentando la crianza de ganado vacumo, ovino, auqu�nido y cu�feras. Artesan�a mediante telares e hilados de lana mediante p�chikas.

ARUMACHAY:



ARUMACHAY ARUMACHAY

LA LUNA LLENA ESTABA EN SU CENIT:


" MAJESTUOSO SANSON DORMIDO"



"LA LUNA LLENA ESTABA EN SU CENIT"
"LA LUNA LLENA ESTABA EN SU CENIT"

La luna llena estaba en su cenit. Se acostumbraba a preparar la papa para elaborar el chu�o y todos trabajaban como el ayni. Hab�a venido, �a Juana y sus menores hijos, y estos ni�os apoyaban en lo que pod�an.
Tambi�n lleg� mama Delfina, dejando su casa sin alg�n cuidado.
Las casas estaban distanciadas por corrales hechas de pirkas*, unidos por un camino empedregado.

La helada comenzaba a sentirse y se hac�a a�n m�s intensa, los campos brillaban como si hubieran ca�do polvos de cristal con el cielo inmensurable.
Ya era un poco tarde, las papas tendidas en el campo esperando la mejor helada. Los ni�os estaban en sus camas abrigando sus sue�os entre pellejos y frazadas de lana de carnero, coloridamente tejidas.
Dicen que don Marcelino las hab�a tejido. El s� sab�a como combinar los colores. Tambi�n dicen que un mal d�a se tropez� con el mism�simo diablo, en cuanto decidieron apostar un juego, El diablo siempre ganaba, incluso don Marcelino desafortunadamente perdi� a su mujer en la apuesta.
S�lo le quedaba su vida, con ella pod�a recuperar todo lo que hasta ese d�a hab�a perdido.
Para ello pens� en las debilidades del demonio y tram� la derrota del mismo.
Cogi� dos pellejos de carnero; uno blanco y el otro negro que h�bilmente se puso a manchar el pellejo blanco con el holl�n de las cenizas negras del carb�n.
Esa noche, fue a la espera y al encuentro del demonio donde le propuso su vida a cambio de recuperar todo lo que hab�a perdido. Ni tonto ni perezoso,
Jugador y trampaso, se dej� caer en la revancha. Quien dejaba limpio y blanco el pellejo, era quien ganaba la prueba.
Para concretar el encuentro y el reto se adentraron bajo la catarata del Challuas-mayu* entre las faldas de Suko-rumi y Yurak-chaga**.
Para suerte de don Marcelino, el diablo cogi� el pellejo negro, mientras que �l obtuvo el te�ido.
El diablo se mostraba optimista en todo momento por lo que sonre�a hip�critamente, en cuanto don Marcelino, pon�a la cara entristecida y d�bil.
Trabajaban con fuerza durante toda la noche, refregaban y refregaban con mayor esmero.
Comenzaron a cantar los gallos corraleros y se pasaban la voz uno a otro y en voz alta. Estaba por salir los primeros rayos del sol, cuando el diablo observa el trabajo de don Marcelino en el cual se da cuenta que el pellejo que ten�a en sus manos era tan negra como sus propias intenciones.
De pronto, sinti�ndose cansado mas no logrando su objetivo, claudica dando por ganado a don Marcelino. Tres veces sinti� desprecio hacia el opositor el demonio. Este �ltimo, hab�a dejado el pellejo tan blanco, como la espuma que dejaba el agua al caer desde las alturas.
El diablo respetando sus palabras, decidi� devolver todo lo que hab�a ganado, y la sombra aun persist�a en la paccha. *** El diablo le atribuy� a don Marcelino algunos dones que no conoc�a y advirtiendo una revancha pr�xima. Desde ese entonces don Marcelino, pod�a combinar colores de lanas y tambi�n aprendi� la t�cnica de hacer figuras en sus tejidos demostrando que era un maestro en el telar.
En el redil, las ovejas juntaban sus cabezas para contrarrestar el fr�o. Todos los perros brillaban por su ausencia, pues estos estaban comiendo al caballo muerto, todo el d�a comieron de su carne, entre peleas de rato en rato, por llevarse la mejor presa al estomago. Otros dorm�an saciados, y otros como Pishila, hab�an vuelto a casa de sus amos.
Mama Luna, mama Delfina y �a Juana, cuidaban de los reba�os, se prestaban vigilantes y asomaban de rato en rato, turn�ndose; sal�an primero una y despu�s otra de ellas.
Mama Delfina, preocupada por sus cosas decide echar una mirada a su casa, para luego regresar a casa de mama Luna, seguir acompa�ando en la vigilia y endulzando su paladar de coca y cal, recordando a sus ancestros y adem�s esperando le vayan bien en el viaje a sus esposos.
Cuando mama Delfina hab�a llegado a su casa y observado que todo estaba tal como lo hab�a dejado, s�lo los cuyes esperaban y pedian un poco de pasto fresco, las llamas rumiaban tras la casa, dispersos y las cenizas igneas calentaban el agua en la tullpa.
En ese momento en que aseguraba la puerta de su cocina, un vozarr�n llegaba a sus o�dos, como el fr�o a sus p�mulos. Decide mirar desde donde proven�a la llamada, y de repente asombrada de lo que hab�a visto, se va corriendo hacia la casa de mama Luna.
En el trayecto se hab�a ca�do tres veces, y tres veces maldijo su destino.
Mientras tanto, en casa de mama Luna; todo se notaba como si no hubiera pasado nada, s�lo el viento empujaba la puerta. Las velas como si se negaran dar m�s de su luz, intentaban sobrevivir sus llamas, y las ceras derretidas resbalaban, como el llanto de un ni�o recorriendo sus mejillas, cubriendo el velero como mostrando su melancol�a y dolor. De pronto oyen la voz, como si alguien estar�a llamando. Prestaron atenci�n al llamado. Pensando que mama Delfina necesitaba ayuda. Luego se oye otra voz un poco d�bil y ronco como el de un hombre.
-Parece ser don Kishico. Y esta llamando a los cerros. Dec�an... - �Habr� perdido algunos de sus animales?. Contestaba �a Juana. - Tal vez por que esta enfermo don Magino, estar� pues llamando a los Huamanis. Dec�a mama Luna. - �Tayta Huamani!, �Tayta Huamani!, parece decir! Replica �a Juana. - A ver, hay que seguir escuchando... �A ver que dice?
Contemplaban las mujeres y sin hacer el menor ruido posible, salieron por la puerta de la chuklla, cubiertos con frazadas blancas y gruesas de lanas de carnero y fibras de alpaca.
Mama Delfina, ven�a corriendo con su perrita Pishila adelante y con un palo en la mano derecha, un palo seco de pino y grueso, que su esposo hab�a tra�do de unos de sus viajes desde la quebrada de Mosca, en Hu�nuco.
Asustada y nerviosa con los pies mojados y enlodados con el rostro sudorosa, jadeante y los cabellos como tap�ndole la cara se secaba el sudor con las manos.
Llega y les dice: - No se quienes vienen gritando como locos por el camino. Ya han gritado varias veces. Creo que son tres hombres que andan borrachos. Dos con ponchos blancos y uno con poncho negro.
- Mira, all� viene junto a la casa de don Mart�n Torres, parece que est�n cantando. Dec�a �a Juana.
Los perros de don Mart�n no estaban, estos como si nunca hubieran comido carne, se hab�an quedado donde el caballo muerto.
Don Mart�n, tampoco sent�a la presencia de estos caminantes. Nadie los sent�a, ni cuando gritaban, solamente las se�oras que despiertos cuidaban de sus reba�os en casa de mama Luna.
La presencia de estos caminantes eran cada vez m�s l�cidos y las se�oras miraban como pasaban y escondidas tras la chuklla*, se encontraban sigilosas.
- Mira, parecen no pisar el suelo. Dec�a mama Luna. - Los dos de poncho blanco sujetaban al de negro, y este como si estuviera atado de manos forcejeaba y trataba de soltarse.
- Deben ser almas, dos buenos y un malo. Dec�a mama Delfina.
- Cu�ndo va a ver una mala muerte, dicen que andan penando as�! Se acordaba mama Luna. Las mujeres estaban tan nerviosas, nunca hab�an visto en toda su vida algo as�. S�lo las hab�an o�do de otras personas o de alg�n cuento.
- All� est�n mira, creo que nos han visto. Dec�a �a Juana.
En ese momento fue cuando las almas se pararon sintiendo las voces de las mujeres y volviendo las miradas hacia la casa de mama Luna. Se pararon! All�, dio un gran vozarr�n el de poncho negro y haciendo una gran fuerza, quiso liberarse de los otros dos.
Las se�oras con los pelos de punta de tanto susto, tem�an por la vida de sus hijos, recordando el cuento antiguo del "Condenado" , que se com�a a la gente, y a los ni�os que eran indefensos por lo que dejaban un pueblo abandonado y desolado.
Los caminantes siguieron su camino, llegando al riachuelo del Challuasmayu, no pudieron cruzarla, demoraron mucho para hacerlo y al lograrlo, volvieron la mirada hacia atr�s y dieron otro grito.
Las se�oras segu�an a�n escondidas, para no provocar el regreso de las almas. Al rato se oye los ladridos de los perros, hasta algunos aullaban fuertemente. Eran los perros de la localidad vecina, por donde pasa el camino rumbo a la ciudad.
All� dio el �ltimo vozarr�n, las mujeres se sent�an calmadas, todo estaba bien en casa, s�lo se llevaron un gran susto, el mejor de sus vidas.
Se pasaron despiertas toda la noche cont�ndose cuentos de condenados y diablos, hasta presenciar los primeros rayos del sol. Las se�oras, dec�an que era una premonici�n a la muerte de alguna persona o talvez un familiar, como don Magino, quien se encontraba solo y enfermo desde ya hace tiempo, el misterio encerraba como un pu�o duro en sus corazones.
Al cabo de dos semanas, ocurre, lo inesperado una tragedia que enlutar�a todo el pueblo, en las minas de Goyllarisquizga.
Ocurri� un cuatro de diciembre de 1964. All�, perecieron dos de los comuneros de la localidad de Huayo, de los cincuenta y nueve que se llev� la tragedia. Mama Luna siempre se acordaba de esta historia, y hasta ahora nos cuenta como se hab�an sentido en ese momento.
Por eso las escrib�... as�.


A LA DIOSA DEL AMOR:



"A LA DIOSA DEL AMOR"
" A LA DIOSA DEL AMOR"


Afrodita...
Es la culpa de eros,
o es la inmadurez de cupido.
Si, el dios del amor,
err� con mi vida.
Me hizo amar
a quien no me ama,
so�ar un sue�o insulso.

Llorar por tener
Y sin tenerlo.
Estar tan cerca
y muy distante a la vez;
como el cero al infinito,
como el SOL y la eternidad.
Afrodita...
Si la flecha de cupido,
jam�s di� en el blanco,
porque el blanco se ti�� de rosa
y muri� la bella flor.
Yo, lo he visto llorar
abnegado a la SOLEDAD.
Afrodita...
La culpa es de Eros,
y la inmadurez fue de cupido.

HECTOR VARGAS T.



"EDGAR HECTOR VARGAS TAQUIRE"
A MI TIERRA MIA EDGAR HÉCTOR VARGAS TAQUIRE TESTIGO DE MUDO DE MUCHAS VIDAS ALBERGUE DE NUEVAS HISTORIAS

Telf: 585-9031

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