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SINOPSIS:
Varios
jóvenes viajan a través de algunos pueblos estadounidenses con el fin de
recopilar anécdotas extravagantes para plasmarlas en un libro de curiosidades.
Casualmente llegan hasta una gasolinera en la que su extraño propietario les
contará una historia sobre un asesino legendario: El Doctor Satán, que
desapareció sin dejar rastro, y del cual querrán conocer muchos más datos. En su
camino, el cuarteto protagonista recoge a una autoestopista, que tras un
pinchazo, les llevará a su casa, donde la muerte y el dolor "habitan" desde
mucho tiempo atrás.
¡UNA PELI DE ROB ZOMBIE!
Cuando me
enteré de que el “carimástico” Rob Zombie había escrito y dirigido una película
de terror no pude por menos que ponerme a buscarla como un poseso y no lo
creeréis, pero no logré encontrarla, hasta que un buen día en una colección de
cine de terror en DVD que decidí hacer… apareció, allí estaba, era el número 6
de la colección. Rob Zombie no es ni mucho menos mi héroe, ni siquiera conozco
bien su música, pero desde luego no podía dejar pasar la oportunidad de ver una
película escrita y dirigida, amen de la banda sonora, por un tipo tan extraño y
macabro como él, por no hablar del título que la verdad sea dicha, es
inmejorable tratándose de una película de terror, o mejor dicho, pretendidamente
de terror.
LA BOCA DEL LOBO APESTA POR LA NOCHE.
La Casa
de los 1000 cadáveres no es para nada una gran película si tenemos en cuenta la
historia, basada en pilares más que trillados, o los personajes, arquetípicos
hasta la saciedad. Pero hay algo en ella que nos permite encontrar algo nuevo en
este tipo de cine, o quizá no tan nuevo pero si poco explotado, lo cual es
igualmente de agradecer. La narrativa. La Casa de los 1000 Cadáveres no está
contada al uso de las películas contemporáneas de terror, ni tan si quiera al
uso de las películas en general. Incluso, especialmente en España y por
extensión en Europa, donde el fenómeno del zapping es relativamente reciente. La
narrativa de esta película nos hace avanzar en la historia a través de una
especia de zapping pero que nos revela del todo este hecho precisamente porque
es como si hiciésemos zapping en los años 70, una década en la si los españoles
hacíamos zapping era para ver TVE (que solo era una) y niebla en el resto del
espectro inutilizado. Pues bien, a través de ese zapping retro avanzamos en la
historia de una muchachos torpes y friáis que se adentran, y realmente lo hacen,
en un mundo freak, y es que en cierto modo Rob Zombie nos quiere demostrar en
algunos
aspectos que es fan de aquella vieja película en la que una preciosas rubia rusa
era mutilada hasta ser convertida en un monstruo para ser exhibida. Pero no es
solo esto lo que vemos, pues las influencias cinematográficas del director, que
mucho me temo ha ido plasmando más en su música que en su cine, van desde
Carpenter hasta Wes Craven y se nota, se nota mucho en las cosas que vemos
cuando “alguien” nos cambia el canal, aunque el modo de contarlo escape a la
tradición del rancio cine de terror americano actual. El film de Zombie se
acerca más a las películas de los años 70 y de hecho no es casual, eso pienso
yo, que esté ambientada en esa época en la que la gente no sabía aun quien era
Jason o Freddy Krueger y aun se atrevían a hacer caso a un desconocido e ir por
un camino abandonado por el que no transitaban ni perros, pues la inocencia del
momento aun te hacía entender que alguien hiciera eso para caminar directamente
hacia la boca del lobo.
Y en
esta película el lobo no es uno si no una manada compuesta por los miembros de
una familia al estilo Mason, con una madre megafreak, una hija putón-asesina, y
dos hijos, uno albino y sádico y el otro una especie de engendro calcado de los
Goonies de Spielberg aunque con un poco menos de corazón. Pero sin duda el mejor
de todos los personajes es el Capitán Spaulding, un loco vestido de payaso que
regenta el museo de los horrores y que será quien indique al los teen-victims el
camino al infierno, o mejor dicho, a Satán, Dr. Satán, eso si, no lo encontrarán
hasta que la familia Firefly decide llevarlos directamente a él, como buenos
miembros de una civilizada comunidad de las américas. Y la verdad, cuando
termina la película nadie recuerda como se llama ninguno de los adolescentes
sacrificados en pos de la historia del cine de terror, pero todos recordamos los
nombres de los “malos”, especialmente el del Capitán Spaulding y el del loco
blanquecino Otis Driftwood, que curiosamente no lleva el apellido del resto de
la familia, pues todos entendemos, si leemos entre líneas la historia de la
familia, que la mamá Firefly, al igual que su hijita Baby, es más zorra que las
gallinas.
De todo corazón os recomiendo este título en el que el tratamiento visual es tal
que hasta se cuida muy mucho las escenas gore, hasta tal punto que se consigue
no mostrar nada de manera especialmente explícita y a la vez hacernos creer que
estamos viendo todos esos higadillos volando por el aire. Las verdad es que las
escenas de muertes son tremendas, como la matanza del granero, a cámara lenta y
sin embargo vertiginosa, o los golpes de humor a manos del Capitán Spaulding.
g Peter Kwicks
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