| EL LOTO Mi amigo me ten�a asombrado. Estaba decidido a demostrar a toda la vecindad lo santo que era. Incluso se hab�a puesto un ropaje adecuado a dicho prop�sito. Yo siempre hab�a cre�do que cuando un hombre es aut�nticamente santo, resulta evidente para los dem�s, sin necesidad de ayudarles a que lo vean. Pero mi amigo estaba determinado a proporcionar esta ayuda a sus vecinos. Lleg� incluso a organizar un peque�o grupo de disc�pulos que demostraran ante todo el mundo esa pretendida santidad. Lo llamaban "dar testimonio". Al pasar por el estanque, vi un loto en flor e instintivamente le dije: ��Qu� hermoso eres, querido loto! �Y qu� hermoso debe de ser Dios, que te ha creado!�. El loto se ruboriz�, porque jam�s hab�a tenido la menor conciencia de su gran hermosura. Pero le encant� que Dios fuera glorificado. Era mucho m�s hermoso por el hecho de ser tan inconsciente de su belleza. Y me atra�a irresistiblemente porque en modo alguno pretend�a impresionarme. En otro estanque situado un poco m�s all� pude ver c�mo otro loto desplegaba sus p�talos ante m� con absoluto descaro y me dec�a: �F�jate en mi belleza y glorifica a mi Hacedor�. Y me march� con mal sabor de boca. Cuando trato de edificar, estoy tratando de impresionar a los dem�s. �Cuidado con el fariseo bienintencionado! |
|
|