| kevinhurlt. |
nocodebadcodeforgetpasswordasiftwaseasy
|
| RAÚL ZURITA | |
|
|
|
| /CI/ Se hacía tarde cuando ya tomándome un hombro me ordenó: "Anda y mátame a tu hijo" Vamos -le repuse sonriendo- ¿me estás tomando el pelo acaso? "Bueno, si no quieres hacerlo es asunto tuyo, pero recuerda quién soy, así que después no te quejes" Conforme -me escuché contestarle- ¿y dónde quieres que cometa ese asesinato? Entonces, como si fuera el aullido del viento quien hablase, El dijo: "Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile" Con la cara ensangrentada llamé a su puerta: Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos afuera "Márchate de aquí -me contestó- antes de que te eche a patadas" Vamos -le observé- usted sabe que también rachazaron a Jesús. "Tú no eres El -me respondió- ándate o te rompo la crisma. Yo no soy tu padre" Por favor -le insistí- los tipos que están afuera son hijos suyos... "De acuerdo -contestó suavizándose- llévalos a la tierra prometida" Bien: ¿pero dónde queda ese sitio? -pregunté- Entonces, como si fuera una estrella la que lo dijese, me respondió: "Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile" /CIII/ Despertado de pronto en sueños lo oí tras la noche "Oye Zurita -me dijo- toma tu mujer y a tu hijo y te largas de inmediato" No macanees -le repuse- déjame dormir en paz, soñaba con unas montañas que marchan... "Olvida esas estupideces y apúrate -me urgió- no vas a creer que tienes todo el tiempo del mundo. El Duce se está acercando" Escúchame, -contesté- recuerda que hace mucho ya que me tienes a la sombra, no intentarás repetirme el cuento. Yo no soy José. "Sigue la carretera y no discutas. Muy pronto sabrás la verdad" Está bien -le repliqué casi llorando- ¿y dónde podrá ella alumbrar tranquila? Entonces, casi como si fuera la misma Cruz la que se iluminase, El contestó: "Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile" El ascenso del Pacífico Se encumbró entonces el océano y nuestras pupilas miraban el portento sin todavía creerlo Escuchamos de nuevo las rompientes, las infinidades de islas subiendo igual que estrellas sobre el cielo Allí está el Pacífico hombre, allí, encima, de nuestras cabezas y no lo crees y tus ojos lloran y no puedes entenderlo y tus ojos lloran todos los que amamos son el mar Todo lo que amamos es el mar América es un mar con otro nombre A LAS INMACULADAS LLANURAS i. Dejemos pasar el infinito del Desierto de Atacama ii. Dejemos pasar la esterilidad de estos desiertos Para que desde las piernas abiertas de mi madre se levante una plegaria que se cruce con el infinito del Desierto de Atacama y mi madre no sea entonces sino un punto de encuentro en el camino iii. Yo mismo seré entonces una plegaria encontrada en el camino iv. Yo mismo seré las piernas abiertas de mi madre Para que cuando vean alzarse ante sus ojos los desolados paisajes del desierto de Atacama mi madre se concentre en gotas de agua y sea la primera lluvia en el desierto v. Entonces veremos aparecer el infinito del Desierto vi. Dado vuelta desde sí mismo hasta dar con las piernas de mi madre vii. Entonces sobre el vacío del mundo se abrirá completamente el verdor infinito del Desierto de Atacama Canto XIV A Ricardo Lagos y el nuevo milenio. Presidente, Su Excelencia, Compañero: Usted, como quiera que lo llamemos de aquí en adelante. Presidente, Excelencia, Compañero Se hacía tarde cuando ya tomándome un hombro me ordenó: "Anda y mátame a tu hijo" Vamos -le repuse sonriendo- ¿me estás tomando el pelo acaso? "Bueno, si no quieres hacerlo es asunto tuyo, pero recuerda quién soy, así que después no te quejes" Conforme -me escuché contestarle- ¿y dónde quieres que cometa ese asesinato? Entonces, como si fuera el aullido del viento quien hablase, El dijo: "Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile" Con la cara ensangrentada llamé a su puerta: Podría ayudarme -le dije- tengo unos amigos afuera "Márchate de aquí -me contestó- antes de que te eche a patadas" Vamos -le observé- usted sabe que también rechazaron a Jesús. "Tú no eres El -me respondió- ándate o te rompo la crisma. Yo no soy tu padre" Por favor -le insistí- los tipos que están afuera son hijos suyos... "De acuerdo -contestó suavizándose- llévalos a la tierra prometida" Bien: ¿pero dónde queda ese sitio? -pregunté- Entonces, como si fuera una estrella la que lo dijese, me respondió: "Lejos, en esas perdidas cordilleras de Chile" |