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La
mujer de Lot.
Dicen que miró hacia atrás por curiosidad.
Pero yo podría haber tenido otras razones aparte de la curiosidad.
Miré hacia atrás por pena de una fuente de plata.
Por distracción mientras me ataba el cordón de mi sandalia.
Para evitar seguir mirando el justo cuello
de Lot, mi esposo.
Por una repentina certidumbre de que si yo hubiera muerto
él ni siquiera habría atenuado su marcha.
Por la desobediencia de los humildes.
Alerta a la persecución.
Repentinamente serena, esperanzada de que Dios hubiera cambiado de
parecer.
Nuestras dos hijas ya estaban casi en la cima de la colina.
Sentí la ancianidad dentro de mí. Lejanía.
La futilidad de nuestro vagar. Somnolencia.
Miré hacia atrás mientras dejaba mi atado en el suelo.
Miré hacia atrás por miedo de dónde poner a continuación mi pie.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratas de campo y buitres jóvenes.
Entonces no había justos ni malvados -simplemente todas las criaturas
vivientes
reptaban y saltaban en medio de un pánico común.
Miré hacia atrás por soledad.
Por vergüenza de que estaba huyendo.
Por un deseo de gritar, de volver.
Justo cuando una súbita ráfaga de viento
me deshizo el peinado y me levantó mis vestidos.
Tuve la impresión de que lo estaban viendo todo desde las murallas
de Sodoma
y estallaban en risas sonoras de vez en cuando.
Miré hacia atrás por rabia
para gozar de su gran ruina
miré hacia atrás por todas las razones que he mencionado.
Miré hacia atrás a pesar de mí misma.
Fue sólo una roca que se desprendió, resonando bajo los pies.
Una repentina grieta que cortó mi camino.
Al borde un hámster correteó parado en sus patas traseras.
Fue entonces que miramos los dos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
repté y gateé hacia arriba,
hasta que la oscuridad me aplastó desde el cielo,
y con ella, grava ardiente y pájaros muertos.
Por falta de aliento me balanceaba repetidamente.
Si alguien me hubiera visto podría haber pensado que estaba bailando.
No se descarta que mis ojos hayan estado abiertos.
Podría ser que siento mi cara vuelta hacia la ciudad.
GENTE
EN EL PUENTE
Extraño este planeta
y extraña en él la gente.
Acatan el tiempo, pero no lo reconocen.
Tienen maneras de expresar su desacuerdo.
Producen, por ejemplo, escenas como ésta:
Nada especial
en un primer momento.
Se ve agua.
Se ve una orilla del agua.
Se ve contra corriente avanzar una barca.
Se ve un puente sobre el agua y se ve en él a la gente.
Se ve muy bien cómo la gente apura el paso,
pues, en ese instante, desde una nube negra
comienza a azotar la lluvia.
La cosa es que
después no pasa nada.
La nube no cambia ni de color ni de forma.
La lluvia ni es más intensa ni cede.
La barca navega sin moverse.
La gente en el puente corre
exactamente ahí donde corría.
Difícil no hacer
un comentario:
Esta no es para nada una imagen inocente.
Aquí fue detenido el tiempo.
Dejaron de considerarse sus leyes.
Se le privó de influencia en la evolución de los hechos.
Fui desdeñado y ofendido.
Por culpa de un
rebelde,
un tal Hiroshige Utagawa
(ser que, por lo demás,
hace mucho y como corresponde ha transcurrido),
el tiempo tropezó y cayó de bruces.
Tal vez se trate
de una broma sin mayor significado,
una travesura a escala de apenas un par de galaxias,
por si acaso, sin embargo,
agreguemos lo que sigue:
Es aquí de buen
tono
apreciar mucho esta escena,
maravillarse con ella y conmoverse por generaciones
Hay algunos a
quienes ni siquiera esto les basta.
Oyen incluso el rumor de la lluvia,
sienten el frío de las gotas en la nuca y en la espalda,
miran el puente y a la gente
como si se vieran a sí mismos
en esa misma carrera interminable,
en ese camino sin fin por recorrer eternamente,
y creen, en su osadia,
que así es en realidad.
Gratitud
Debo mucho
a aquellos que no amo.
El alivio con que acepto
que son queridos por algún otro.
La dicha de que no soy yo
un lobo para sus ovejas.
Paz para mí hacia ellos,
y libertad de ellos hacia mí,
y eso es algo que el amor no puede dar
ni procura arrebatar.
No los espero
de ventana a puerta.
Paciente
casi como un reloj de sol,
comprendo
lo que el amor no comprende,
perdono
lo que el amor nunca perdonaría.
De encuentro a carta
no pasa una eternidad
sino simplemente unos días o semanas.
Los viajes con ellos son siempre un éxito,
conciertos escuchados,
catedrales visitadas,
paisajes muy bien enfocados.
Y cuando nos separamos
por siete montañas y ríos,
ellos son montañas y ríos
bien conocidos en el mapa.
Es gracias a ellos
que vivo en tres dimensiones,
en un espacio no lírico y no retórico,
con un horizonte real porque es movible.
Ellos mismos no saben
cuánto traen con las manos vacías.
"No les debo nada ",
me gusta decir
a esta pregunta abierta.
Alabanza a los sueños
En mis sueños
pinto como Vermeer van Delft.
Hablo fluidamente griego
y no sólo con los vivos.
Conduzco un auto
que me obedece.
Tengo talento,
escribo poemas largos, grandiosos.
Escucho voces
no menos que los grandes santos.
Se sorprenderían
de mi virtuosismo en el piano.
Floto en el aire como se debe,
es decir, por mí misma.
Si caigo del techo
puedo aterrizar suavemente en el verde césped.
No me es difícil
respirar bajo el agua.
No me puedo quejar:
he logrado descubrir la Atlántida.
Me complace que justo antes de morir
siempre me las arreglo para despertar.
Inmediatamente tras el estallido de la guerra
me vuelvo a mi lado favorito.
Soy, mas no necesito ser,
hija de mi tiempo.
Hace unos pocos años
vi dos soles.
Y antes de ayer un pingüino,
con toda claridad.
Descubrimiento
Creo en el gran descubrimiento.
Creo en el hombre que hará el descubrimiento.
Creo en el terror del hombre que hará el descubrimiento.
Creo en la palidez de su rostro,
la náusea, el sudor frío en su labio.
Creo en la quema de las notas,
quema hasta las cenizas,
quema hasta la última.
Creo en la dispersión de los números,
su dispersión sin remordimiento.
Creo en la rapidez del hombre,
la precisión de sus movimientos,
su libre albedrío irreprimido.
Creo en la destrucción de las tablillas,
el vertido de los líquidos,
la extinción del rayo.
Afirmo que todo funcionará
y que no será demasiado tarde,
y que las cosas se develarán en ausencia de testigos.
Nadie lo averiguará, no me cabe duda,
ni esposa ni muralla,
ni siquiera un pájaro, porque bien puede cantar.
Creo en la mano detenida,
creo en la carrera arruinada,
creo en la labor perdida de muchos años.
Creo en el secreto llevado a la tumba.
Para mí estas palabras se remontan por encima de las reglas.
No buscan apoyo en ejemplos de ninguna clase.
Mi fe es fuerte, ciega y sin ningún fundamento.
Reseña de un poema no escrito
En las primeras palabras del poema la autora establece que la Tierra
es pequeña, el cielo, al contrario, es demasiado grande para las palabras,
y sobre las estrellas, cito, "hay muchas más de las que se necesitan".
En la descripción del cielo se advierte cierta impotencia,
la autora se pierde en una pavorosa infinitud,
se sobrecoge con los muchos planetas muertos
y pronto en su mente (podríamos agregar: inexacta)
se comienza a formar una pregunta,
¿acaso a pesar de todo no estamos solos
bajo el sol, bajo todos los soles del universo?
¡Contrario a la teoría de las probabilidades!
¡Y a las convicciones universalmente sostenidas actualmente!
¡Frente a la irrefutable evidencia de que ahora cualquier día
puede caer en manos humanas! Oh, poesía.
Mientras tanto, nuestra visionaria retorna a la Tierra,
el planeta que tal vez "gira sin testigos",
la única "ciencia ficción que se puede permitir el universo".
La desesperación de Pascal (1623-1662, la nota al pie de página es
nuestra)
parece que para nuestra autora no tiene rival
sobre cualquier Andrómeda o Caciopea.
La exclusividad magnifica y obliga,
así emerge el problema de cómo vivir etcétera,
en tanto "el vacío no nos lo resuelva".
"Oh, Señor", el hombe clama A Él Mismo,
"ten piedad de mí, ilumíname..."
La autora está oprimida por la idea de que la vida se derrocha tan
fácilmente,
como si hubiera reservas inagotables de ella.
La idea de las guerras -ella pide discrepar-
siempre se pierden en ambos lados.
De la inhumanidad "brutalitaria" (sic!) del hombre con el hombre.
A través del poema se vislumbra un intento moral.
Bajo una pluma menos ingenua podría brillar más.
¡Pero qué pena ! Esta tesis básicamente tambaleante
(acaso a pesar de todo no estamos solos
bajo el sol, bajo todos los soles del universo)
y su desarrollo en un estilo imperturbable
(mezclando lo elevado con lo vernacular)
lleva a la conclusión de ¿quién lo creerá de todas maneras?
Sin duda nadie. ¿No se los dije?
Discurso en la Oficina
de Objetos Perdidos
Perdí unas pocas diosas camino del sur al norte,
también muchos dioses camino de este a oeste.
Un par de estrellas se apagaron para siempre, ábrete, oh cielo.
Una isla, otra se me perdió en el mar.
Ni siquiera sé dónde dejé mis garras,
quién anda con mi piel, quién habita mi caparazón.
Mis parientes se extinguieron cuando repté a tierra,
y sólo algún pequeño hueso dentro de mí celebra el aniversario.
He saltado fuera de mi piel, desparramado vértebras y piernas,
dejado mis sentidos muchas, muchas veces.
Hace tiempo que he guiñado mi tercer ojo a eso,
chasqueado mis aletas, encogido mis ramas.
Está perdido, se ha ido, está esparcido a los cuatro vientos.
Me sorprendo de cuán poco queda de mí:
un ser individual, por el momento del género humano,
que ayer simplemente perdió un paraguas en un tranvía.
LAS CUATRO DE LA MADRUGADA
Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.
Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora de y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.
Hoar vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.
Nadie se siente bien a las cuatro del madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.
La Atlántida
Existieron o no existieron
En una isla o no en una isla.
El océano o no el océano
los engulló o no.
¿Pudo quién amar a quién?
¿Pudo quién luchar con quién?
Todo sucedió o nada
allí o no allí.
Había siete ciudades.
¿Seguro?
Querían existir eternamente
¿Dónde las pruebas?
No inventaron la pólvora, no.
Inventaron la pólvora, sí.
Supuestos, dudosos.
No recordados.
No extraídos del aire,
del fuego, del agua, de la tierra.
No contenidos en una piedra
ni en una gota de lluvia.
No pudiendo en serio
posar como advertencia.
Cayó un meteoro.
No fue un meteoro.
Un volcán entró en erupción.
No fue un volcán.
Alguien gritó algo.
Nadie nada.
En esta más menos Atlántida.
("Una llamada al Yeti", 1957)
El acróbata
De trapecio en
en trapecio, en silencio tras
tras el redoble de pronto enmudecido, a través
a través del aire sorprendido, más veloz que
que el peso de su cuerpo, que otra vez
otra vez no llegó a tiempo de caer.
Solo. O aún menos que solo,
menos, pues mútilo, pues fáltanle
fáltanle las alas, fáltanle mucho,
una falta que le obliga
a avergonzados revoloteos con una atención
implume, ya sólo desnuda.
Denodadamente ligero,
con paciente agilidad,
con calculada inspiración ¿Ves
cómo se agazapa para el vuelo, sabes
cómo conspira de pies a cabeza
contra quien él es: sabes, ves
cuán arteramente se enhebra en su antigua figura y,
para asir en su puño el mundo mecido,
extiende los brazos recién nacidos de sí?
más hermoso sobre todo en este preciso,
preciso, por lo demás ya pasado, instante.
La lección
Quién que (*) el rey Alejandro con quién, con qué con una espada
corta de un tajo a quién, qué el nudo gordiano.
Esto no se le había ocurrido antes a quién, a qué nadie.
Había cien filósofos
-ninguno lo había desenredado.
No es extraño que ahora se escondan por los rincones.
La soldadesca los agarra por esas barbas
de chivo, histéricas, canosas
y estalla un estruendoso quién, qué risa.
Basta
Lanzó el rey una mirada desde debajo de su penacho,
monta en su caballo, se pone en camino.
Y tras él, en la trompa de las trompetas, en el tambor de los
tamboriles,
quién, qué un ejército compuesto de quién,
de qué de pequeños nudos,
para quién, para qué para el combate
("La sal", 1967)
El mono
Expulsado del paraíso antes que el hombre
por tener ojos tan contagiosos
que mirando por el jardín
hasta a los ángeles entristecía
de manera imprevista. Esta es la razón por la que
debió, aunque sin humilde acuerdo,
instalar aquí en la tierra
sus magníficos predios.
Saltarín, prénsil y atento,
mantiene su gracia hasta hoy
proveniente del terciario.
Adorado en el antiguo Egipto, bajo una corona
de pulgas en su magnífica melena sacra,
escuchaba triste y archicallado
lo que de él querían. Ay, inmortalidad.
Y se iba meneando su sonrosado culo
en señal de lo que no se recomienda ni se prohíbe.
En Europa le quitaron el alma,
pero por descuido le dejaron las manos;
y cierto monje pintando un santo
le dio manos angostas, animales.
Tuvo que tomar el santo, pues,
la gracia como una nuez.
Cálido como recién nacido,
tembloroso como anciano,
lo traían en barcos a las cortes reales.
Gemía arrastrando su cadenita de oro
en su frac de marqués de colores de loro.
¡Casandra!, no hay de qué reírse.
Comestible en China, sabemos que ya en la fuente
hace muecas hervidas o asadas.
Irónico como un diamante de engarce falso.
Dicen que tiene un sabor fino
su cerebro, al que algo falta,
pues no inventó la pólvora.
En los cuentos, solitario e inseguro,
llena los espejos de muecas infelices.
Se burla de sí mismo, dándonos buen ejemplo,
al conocernos bien, como un pariente pobre
aunque no nos saludamos.
ESTOY
DEMASIADO CERCA
Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.
"Amor a primera vista"
Los dos pensaron que
un repentino sentimiento los unía.
Esa seguridad era hermosa
aún más hermosa que la inseguridad.
Ellos pensaban que no se conocían
el uno al otro.
Nunca había pasado anda entre ellos.
Estas calles, estos corredores
¨Dónde pudieron haberse conocido antes?
Me gustaría preguntarles si pueden recordarlo.
¨Quizás un día en una puerta de vaivén, cara a cara?
¨Un "perdón" en la multitud? ¨Un número equivocado
en el teléfono?
Pero yo sé la respuesta: no ellos no lo recuerdan.
Que tan sorprendidos estarían
de que ya, y por un largo tiempo,
el destino haya estado jugando con ellos_
Aún no listos para cambiar dentro del destino
que los acerca, y al mismo tiempo los aleja
cortando su camino y reprimiendo una visión,
escapándose aún más_
Había señales, indicaciones indescifrables,
¨qué importa?
Hace tres años, tal vez,
o quizás el pasado martes
esta hoja volando de un hombro a otro.
Algo perdido y recolectado_
Quién sabe ¨quizás aún una pelota en
los arbustos de la niñez?
Hubo manijas, timbres,
donde en la huella de una mano
otra mano era puesta.
Maletas de viaje
una al lado de la otra
en el equipaje abandonado
y tal vez una noche en un mismo sueño
olvidado al caminar.
Pero cada principio es solo una continuación
y el libro del destino está siempre abierto a la mitad.
LA PRIMERA FOTOGRAFIA DE HITLER
¿Y quién es esta personita en su chiquititito ropón?
¡Es el diminuto bebé Adolfo, el niñito de los Hitler!
¿Cuándo crezca llegará a ser un LL. D.?
¿O un tenor en la Casa de Opera de Viena?
¿De quién es esta pequeñísima manita, de quién la orejita y ojos
[ y nariz?
¿De quién la barriguita rebosante de leche, no lo sabemos,
la de un impresor, doctor, comerciante, sacerdote?
¿Hacia dónde llegarán finalmente esos dedititos del pie?
¿Al jardín, a la escuela, a una oficina, a una novia,
quizá a la hija del alcalde del pueblo?
Precioso angelito, resplandor de mamita, bomboncito,
mientras nacía hará cosa de un año,
no había signos de muerte en la tierra y en el cielo:
sol primaveral, geranios en las ventanas,
la música del organillero en el patio,
una afortunada fortuna envuelta en papel rosita,
y justo antes del parto el siempre fiel sueño de su madre:
una paloma vista en sueños significa noticias gozosas,
si se aprehende, arribará un ansiado visitante.
Knock, knock.., quién está allí, es el amoroso toquido de Adolfo.
Un chuponcito, pañal, sonaja, babero,
nuestro niño saltarín, gracias a Dios y toco madera, está bien,
se parece a sus padres, como un gatito en una canasta,
como los nenes de cualquier álbum de familia.
Shus..., no empecemos a llorar, azuquitar,
la cámara disparará desde abajo de la capucha negra.
El Klinger Atelier, Grabenstrasse, Braunau,
y Braunau es pequeño pero digno pueblo,
honestos negocios, vecinos amables,
olor a masa de levadura, a jabón gris.
Nadie escucha perros aullantes o las pisadas del destino.
Un maestro de historia afloja el cuello de su camisa
y bosteza sobre las tareas.
Alabanza a mi hermana
Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto comience a escribir poemas.
Le viene de su madre, que no escribía poemas,
y de su padre, que tampoco escribía poemas.
Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo:
nada impulsaría al marido de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque suene como un poema de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se ocupa de escribir poemas.
En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni nuevos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a cenar,
sé que no tiene intenciones de leerme poemas.
Hace magníficas sopas sin esfuerzo,
y su café no se derrama sobre manuscritos.
En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando lo hacen, rara vez es sólo una persona.
Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones
que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares.
Mi hermana cultiva una prosa hablada decente,
toda su producción literaria está en tarjetas postales veraniegas
que prometen la misma cosa cada año:
que cuando vuelva
nos contará todo,
todo,
todo.
EL ESQUELETO DE UN DINOSAURIO
Amados Hermanos,
miramos aquí una instancia de malas proporciones:
ante nosotros asoma el impresionante esqueleto de un dinosaurio-
Queridos amigos,
a la izquierda, la cola que se prolonga eternamente,
a la derecha, eternamente lo opuesto-
Respetados Camaradas,
a la mitad, cuatro piernas que se hunden en el lodo
bajo su cuerpo montañoso-
Bondadosos Ciudadanos,
La naturaleza no comete errores, pero tiene sentido de humor:
por favor, tomen nota de esta graciosa cabecita-
Damas y Caballeros,
esta cabecita podría no haber previsto nada
y es el por qué esta es la cabecita de un reptil extinguido-
Venerables Visitantes,
diminuto el cerebro, enorme el apetito,
más de tonto sueño que sabia angustia-
Dignos Invitados,
por otra parte nosotros estamos en mejor forma,
la vida es hermosa y la Tierra nos pertenece-
Estimados Delegados,
el estrellado cielo sobre el junco pensante,
la ley moral interna que lo habita-
Honorables Autoridades,
este suceso se realizó una vez solamente
y quizá bajo este mismo sol-
Miembros de la Directiva,
qué diestras las manos
qué elocuentes los labios
qué buena cabeza sobre los hombros-
Altísimos Jueces,
qué responsabilidad en lugar de una cola-
Un Poema de la pelicula, "Red"
Los dos pensaron que
un repentino sentimiento los unía.
Esta seguridad era hermosa,
aun mas hermosa que la inseguridad.
Ellos pensaban que no se conocían
el uno al otro.
Nunca había pasado nada entre ellos,
Estas calles, estas escaleras, estos corredores,
Donde pudieron haberse conocido antes?
Me gustaría preguntarles si pueden recordarlo
- Quizás un día una puerta revolvente
cara a cara?
Un "perdón" en la multitud,
"numero equivocado" en el teléfono?
Pero yo se la respuesta,
no ellos no lo recuerdan.
Que tan sorprendidos estarían
que ya por un largo tiempo
el destino ha estado jugando con ellos.
Aun no listos para cambiar dentro del destino,
que los acerca y al mismo tiempo lo aleja
cortando su camino y reprimiendo una lista
escapándose aun mas.
Había señales, indicaciones indescifrables,
que importa.
Hace 3 años, tal vez,
o quizás el pasado martes,
esta hoja volando de un hombro a otro?
Algo perdido y recolectado.
Quien sabe, quizás aun una pelota en los
arbustos, en la niñez?
Había manijas, timbres,
donde, en la marca de una mano,
otra mano era puesta.
Maletas de viaje,
una al lado de la otra
en el equipaje abandonado.
Y tal vez un noche un mismo sueño
olvidado al caminar.
Pero cada principio es solo una continuación
y el libro del destino esta siempre abierto a la
mitad
UN TERRORISTA: ÉL OBSERVA
La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.
El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esa distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:
Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos están hablando.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
Ese más abajo tiene suerte y sube a una moto,
y ese más alto entra.
Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.
Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando vayan sacando.
Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.
Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota.
Salmo
Las fronteras de las naciones humanas ¡qué permeables son!
¡Cuántas nubes pasan impunemente flotando sobre ellas,
cuánta arena del desierto se desliza de uno a otro país,
cuántas piedras ruedan
desde las montañas hasta los dominios ajenos
con botes desafiantes!
¿He de mencionar aquí los pájaros que vuelan
uno tras otro
y se posan en las barreras bajadas?
Incluso si fuera sólo un gorrión,
ya tiene allí la cola,
mas su pico permanece aquí.
Además ¡nunca se queda quieto!
Entre los innúmeros insectos me limitaré a la hormiga,
que entre las botas derecha e izquierda del guardia
a la pregunta: de dónde, a dónde
-no se siente obligado a contestar-.
¡Ah, mirad con atención
todo este desorden a la vez
por todos los continentes!
¿Acaso no es la alheña la que desde la orilla opuesta
pasa de contrabando su cienmilésima hoja?
¿Y quién si no el calamar
de osados y largos tentáculos
viola la sagrada zona de la aguas territoriales?
¿Cómo se puede hablar en general de orden alguno,
si ni siquiera es posible repartirse las estrellas
para saber cuál brilla para quién?
¡Y que aún el reprobable expandirse de las nieblas!
¡Y del polen, por toda la superficie de la estepa,
como si no estuviera bien partida en dos!
¡Y el resonar de las voces por las serviciales ondas del aire:
gritos que llaman y gorgojos llenos de significado!
Sólo lo humano logra ser verdaderamente ajeno.
Lo demás son bosques entremezclados, obras de topo y viento.
("Un gran número", 1976)
Bajo una misma estrellita
Perdón pido al azar por llamarlo necesidad.
Perdón pido a la necesidad por si empero me equivoco.
No se me enoje la dicha si la tomo como propia.
Que me disculpen los muertos por apenas anidar en mi recuerdo.
Perdón pido al tiempo por la multiplicidad de un mundo omitido en un
segundo.
Perdón pido al antiguo amor por vivir el nuevo como primero.
Perdonadme, lejanas guerras, por llevar flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por haberme pinchado en un dedo.
Perdón pido a los que claman desde las simas por el minueto del disco.
Perdón pido a la gente en los andenes por seguir durmiendo a las cinco
de la mañana.
Disculpadme, esperanza acosada, por reír de vez en cuando.
Disculpadme, desiertos, por no acudir con una cucharada de agua.
Y tú, gavilán, el mismo desde hace años, en esa misma jaula,
con la mirada inmóvil siempre en el mismo punto,
ten piedad de mí aunque sólo seas un ave disecada.
Perdón pido al árbol talado por las cuatro patas de mi mesa.
Perdón pido a las grandes preguntas por mis respuestas pequeñas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Gravedad, muéstrame magnánima.
Soporta, misterio del ser, si deshilacho la cola de tu atavío.
No me acuses, alma, por raramente poseerte.
A todo pido perdón por no poder estar en todas partes.
A todos pido perdón por no saber ser cada uno y cada una.
Sé que, mientras viva, nada me justificará,
pues yo misma me soy óbice.
Asombro
¿Por qué en una demasiado única persona?
¿En esta y no en otra? ¿Y qué hago aquí?
¿En un día que es martes? ¿En una casa y no en un nido?
¿Dentro de una piel, no de unas escamas? ¿Con un rostro, no una hoja?
¿Por qué sólo una vez personalmente?
¿Precisamente en la tierra?
¿Bajo una pequeña estrella?
¿Después de tantas eras de ausencia?
¿Por todos los tiempos y todas las algas?
¿Por crustáceos y firmamentos?
¿Precisamente ahora? ¿Hasta mis carnes y huesos?
¿Sola en mí conmigo misma?
¿Por qué?
no al lado ni a cien millas de aquí,
no ayer ni hace cien años
me siento y miro hacía el oscuro rincón
-tal como, levantando súbitamente suu morro-,
mira ese gruñir llamado perro?
DEL MONTON
Soy la que soy.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.
Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.
En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.
Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos personal.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero,de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.
Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo un cristal de microscopio.
Arbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.
Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.
Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.
¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?
¿Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?
El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.
Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.
Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.
Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien totalmente diferente.
(Traducción de A. Sobol Surczykowsk)
CÁLCULO ELEGÍACO
Cuántos de los que he conocido
(si de verdad los he conocido)
hombres, mujeres
(si esta división sigue vigente)
han atravesado este umbral
(si esto es un umbral)
han cruzado este puente
(si se puede llamar puente)
Cuántos después de una vida más corta o más larga
(si para ellos en eso sigue habiendo alguna diferencia)
buena porque ha acabado
mala porque ha acabado
(si no prefirieran decirlo al revés)
se han encontrado en la otra orilla
(si se han encontrado)
y si la otra orilla existe.
No me es dado saber
cuál fué su destino
(ni siquiera si se trata de un solo destino,
y si hay todavía destino).
Todo
(si con esta palabra no lo delimito)
ha terminado para ellos
(si no lo tienen por delante).
Cuántos han saltado del tiempo en marcha
y se pierden a lo lejos con una nostalgia cada vez
mayor
(si merece la pena creer en perspectivas).
Cuántos
(si la pregunta tiene algún sentido,
si se puede llegar a la suma final
antes de que el que cuenta se cuente a sí mismo)
han caido en el más profundo de los sueños
(si no hay otro más profundo).
Hasta la vista.
Hasta mañana.
Hasta la próxima.
Ya no quieren
(si es que no quieren) repetirlo.
Condenados a un interminable
(si no es otro) silencio.
Ocupados sólo con aquello
(si es sólo con aquello)
a lo que los obliga la ausencia.
NOTICIAS DEL HOSPITAL
Echamos suertes quién debía ir a verlo.
Me tocó a mí. Me levanté de la mesa.
Se acercaban ya las horas de visita al hospital.
No respondió nada a mi saludo.
Quería cogerle de la mano, la apretó
como un perro ambriento que no suelta su hueso.
Parecía como si le diera verguenza morir.
No sé de qué se habla con alguien como él.
Nuestras miradas se evitaban como en un fotometraje.
No dijo ni quédate, ni vete.
No preguntó por nadie de los de nuestra mesa.
Ni por tí, Juancho, ni por tí, moncho, ni por tí Pancho.
Empezó a dolerme la cabeza. ¿Quién se le muere a quién?
Exalté la medicina y las tres lilas del vaso.
Hablé del sol y fuí apagándome.
Qué bien que haya peldaños para salir corriendo.
Qué bien que haya una puerta para poder abrirla.
Qué bien que me esperáis en esa mesa.
El olor a hospital me provoca náuseas.
Los discursos se suceden en todos los medios de comunicación y se confunden en un ruido de palabras. Ruido porque no somos capaces de encontrar sentido alguno al mal. |