Georg
Trakl
(Salzburgo 1887-1914) |
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| Lamentación |
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Sueño y muerte. Las águilas tenebrosas,
se abaten, toda la noche, sobre esta cabeza:
la imagen áurea de los hombres,
podría ser devorada por la gélida ola
de la eternidad. Contra horribles arrecifes
se hace añicos el cuerpo púrpura.
Y la voz oscura se lamenta
sobre el mar.
Hermana de tempestuosa melancolía
mira: un bote receloso se hunde
bajo las estrellas, bajo
la cara silenciosa de la noche.
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| CANCIÓN
DEVOTA |
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Signos, singulares bordados
describe un trémulo macizo de flores.
El azul aliento de Dios
penetra en el pabellón del jardín,
penetra sereno.
Se eleva una cruz en la silvestre viña.
Escucho
como domina el júbilo en la aldea,
próxima al muro siega el jardinero,
se oye la suave música de un órgano
que mezcla sonidos y fulgores dorados,
sonidos y fulgores.
El amor santifica el pan y el vino.
Entonces
entran las muchachas
y por último canta el gallo.
Lenta funciona una caduca verja
y entre guirnaldas de rosas y rondas,
rondas de rosas,
descansa María blanca y pura.
Un
mendigo junto a la vieja lápida
parece muerto mientras reza,
vuelve sereno un pastor de la colina
y un ángel canta en el vergel,
cantando en el vergel
sumerge a los niños en el sueño.
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| EL
ALMA DE LA VIDA |
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Caducidad, que envuelve en blandas sombras el
follaje,
su dilatado silencio vive en el bosque.
Al pronto una aldea parece inclinarse fantasmal.
Entre las negras ramas musita la boca de la
hermana.
No
ha de tardar mucho en partir el solitario,
acaso un pastor por senderos oscuros.
Sale con sigilo un animal de la arcada de árboles,
en tanto que amplios se abren los ojos ante la
divinidad.
Es
hermoso el descenso del río azul por su cauce,
un cúmulo de nubes aparece en el crepúsculo;
también aparece el alma en un silencio angélico.
Se van extinguiendo las imágenes perecederas.
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| RONDEL |
El oro de los días se ha desvanecido,
los tonos pardos y azules del anochecer,
las suaves flautas del pastor murieron,
los tonos pardos y azules del anochecer.
El oro de los días se ha desvanecido. |
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| MELANCOLIA |
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Sombras azuladas. Oh, vosotros ojos oscuros
que tanto me miráis al pasar por mi lado.
Sones de guitarra acompañan dulcemente al
otoño
en el jardín, disueltos en lejías pardas.
La sombría seriedad de la muerte preparan
manos de ninfas; de rojos pechos maman
labios marchitos, y en lejías negras
resbalan los húmedos bucles del adolescente
solar..Decadencia
Al atardecer, tañen campanas a la paz,
cuando sigo milagrosos vuelos de las aves
que, como procesión piadosa, en largo haz,
se pierden en claras, otoñales vastedades.
Vagando
por el jardín crepuscular
mi sueño va hacia sus más claros destinos
y la manecilla siento apenas avanzar.
Así sigo, sobre nubes, sus caminos.
De
decadencia el hálito allí me hace temblar.
El mirlo se queja en las ramas deshojadas.
Vacila la vid en rejas herrumbradas,
mientras,
cual de pálidos niños corro mortal
en torno a un brocal que gasta el tiempo, sombrío,
el viento inclina amelos azules en el frío.
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El
Sol
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A diario, sobre las colinas, llega el sol amarillo.
Bello es el bosque, la bestia oscura,
el hombre: cazador o pastor.
Rosado
el pez emerge del verde estanque.
Bajo el cielo redondeado
el pescador se mece suavemente en su bote azul.
Con
lentitud madura la uva, el grano.
Cuando el día acaba en silencio,
hay un bien y un mal que ya están listos.
Cuando
la noche llega,
el caminante levanta, quedamente, los pesados párpados.
El sol se despoja del tétrico barranco
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| MELANCOLÍA
DEL ANOCHECER |
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El bosque que va creciendo muerto...
y a su alrededor hay sombras como setos.
Trémulo abandona el venado su refugio,
al tiempo que un arroyo se escurre quedamente
y persigue helechos y piedras antiguas
y luce como plata entre guirnaldas de hojas.
No tarda en oírsele en negros barrancos...
Es probable que ahora brillen las estellass.
La
oscura llanura parece ilimitada,
aldeas dispersas, pantano y estanque,
y algo que aparenta ser una hoguera.
Un frío resplandor corre por las calles.
Se
vislumbran movimientos en el cielo,
emigra una legión de aves silvestres
hacia las hermosas comarcas diferentes.
El ondulante junco sube y baja.
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| EN
UN ALBUM ANTIGUO |
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Retornas sin cesar, melancolía,
oh regalo del alma solitaria.
Arde hasta el final un día de oro.
El
ser paciente se inclina humilde ante el
dolor
resonante de armonía y tierno delirio.
¡Mira!
Ya va oscureciendo.
Otra vez vuelve la noche y se lamenta un
mortal
y hay otro que sufre con él.
Tiritando
bajo las estrellas del otoño,
año tras año se inclina más profundamente
la cabeza.
A Novalis
En tierra oscura descansa el sagrado extranjero.
De su benigna boca, Dios tomó el lamento,
conforme él se hundía en su plena juventud.
Cual flor azul,
su canción sobrevive en la casa nocturna del dolor.
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