Este fic está basado en los personajes de la serie Ranma ½, cuyos derechos pertenecen única y exclusivamente a la autora Rumiko Takahashi, la editorial Shogakukan y a Kitty Films. Dado que sólo escribo por placer para todos los Ranmaníacos del mundo y sin fines de lucro, no estoy quebrantando ninguna ley, por lo que no me hago responsable de ningún cargo.

 

 


 

 

De CCF para todos vosotros, un nuevo capítulo más del fanfiction Sense. Como podréis comprobar, al nacer CCF hago una variación a las entregas de los capítulos, cambiando el módulo de presentación, espero que os guste más este.

Y como iba diciendo, un nuevo capítulo más de esta serie, donde podréis encontrar un poquito de todo –espero – y disfrutarlo. Para todos vosotros, un nuevo capítulo de Sense que espero sea de vuestro agrado…

 

 

 


 

= SENSE =

 

 

 “La sala de reuniones de Banhelia estaba llena. Se encontraban sentados en la mesa redonda todos los jefes y reyes de la Unión Blanca, sin excepción de la reina Shaidril y su fiel servidor, el capitán Bonjo. Se podía ver reflejado en sus rostros temor, duda… En estas últimas semanas, desde que la koiko-sama empezó la instrucción por parte de la reina, había habido muchos cambios. Hak empezaba a mover sus tropas hacia la frontera de Kandu, al norte de Kikton, el país vecino a Sense. Esa frontera simbolizaba la barrera entre las dos uniones. Si Hak la traspasaba, correría el rumor de una guerra y reinaría el caos. Eso era lo último que querían, a parte que si traspasaban la frontera, morirían muchos soldados y las tropas negras avanzarían y avanzarían hasta llegar al corazón de la Unión Blanca, Banhelia.

 

-¿Qué sugieren, señores? –dijo la reina.

 

El más sabio y anciano de todos habló – Sugiero que enviemos un pequeño escuadrón. Pequeño y fuerte. No levantará sospechas.

-¿Y eso para qué? –dijo otro, algo más arrogante y pesimista.

 

-Pues –el viejo usó el tono que usan los padres al explicar las cosas a sus hijos, y eso molestó al hombre – para que, con el Ostirith, puedan poner una barrera a Kandu, que impediría traspasar todo el ejército negro, o al menos la gran mayoría.

 

-El Ostirith… -La reina se tocó el collar del  cuello con preocupación – Es una sabia idea, pero ¿quién sería el encargado de llevarla?

 

-Hay espías de Hak rondando por los caminos de Sense. La fuerza del Ostirith es como un imán para ellos, lo intuirán. Debe ser un pequeño grupo que no levante sospechas y que a la vez sea capaz de defender la piedra sagrada.

 

-¿Y cómo llegan hasta Kandu? Podrían tardar meses…

 

-Usarán tu espejo, mi señora – dijo el honorable sabio.

 

Shaidril se quedó pensativa. “El espejo…”

 

-¿Y quién…?

 

-Mi señora… -dijo el hombre. Todos los jefes y reyes lo miraron – Lo sabe mejor que nadie…”

 

 

 

De CCF al mundo entero presenta…

 

 

 

 

 

“SENSE”

 

 

                                                                                                                         Un fic de Ranma ½ escrito por CCF

 

 

 

 

PARTE 3: GUERRA

 

Cap. IX : La frontera de Kandu

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde que aprendió el nuevo ataque de ese misterioso abuelo, ya habían pasado dos meses. Dos largos y agotadores meses. Akane había cambiado. Shaidril había aumentado mucho más la dureza del entrenamiento de ella, pero ya no se cansaba tanto como en los primeros días. Casi ni se cansaba. Y eso obligaba a la reina a endurecer aún más los entrenamientos, que duraban casi todo el día. Se había hecho muy fuerte. Había aprendido nuevas técnicas de lucha con chi, había endurecido más sus músculos, de manera que cuando la golpeaban no notaba tanto el dolor, se había hecho más resistente, y más rápida y ágil. Esto fue lo que más le costó. La rapidez y la agilidad, pero ahora no tenía ningún problema al pasar por los crudos entrenamientos de su ‘sensei’.

 

-Pasa por este circuito cincuenta veces seguidas sin parar y luego ya veremos.

 

Y ella lo hacía sin rechistar. Eso no era nada. Una vez tuvo que hacer mil flexiones por quejarse, y eso la hizo cambiar el modo de pensar. Si se quejaba, lo hacía para ella misma.

 

Pero el día de hoy era diferente. Era el ‘día libre’, que una vez a la semana les proporcionaba el reino. Era toda esperanza de cualquier soldado. Llegar al día libre era como a los padres de familia llegar al domingo, sólo que este día era miércoles, y ahora no había mucha gente en el Daiteitaku, sólo los servicios especiales, como limpieza, guardia, entre otros.

 

Estaban todos reunidos, sentados al lado de la fuente que había detrás de Daiteitaku, con las vistas fijas a los demás. Cada uno tenía tres cartas, y no dejaba que nadie las viera. Ranma tenía la mano temblorosa, y no paraba de sudar. Miró fijamente a la compañera que tenía al lado, Akane, la cual le estaba mostrando sus tres cartas. Él dirigió dudoso su mano hacia la carta del medio, mientras que Akane lo miraba con estupor. Los demás contuvieron el aliento. Al final, Ranma se decidió y cogió la carta del medio. La giró y Akane empezó a reír, igual que los demás.

 

-¡¡Has cogido el Joker, jajajaja!! –dijo ella sin poder contenerse. Ranma empezó a maldecir mientras todos se reían.

 

-¡Has hecho trampa, seguro que las tenías todas Joker! – dijo el chico de la trenza hacia su prometida.

 

-¡Mira! –Akane le dio la vuelta a sus otras dos cartas. Era un as de corazones y un cuatro de robles. Él notó que se le caía el mundo encima - ¡Jajajaja, vamos, vamos, prenda!

 

Con desgana, Ranma entregó a Akane su última prenda, los pantalones, de manera que se quedó en calzoncillos allí mismo, y eso se venía repitiendo cada vez que jugaban a ese juego de cartas.

 

-Grr… ¡¡Vamos Ryoga, coge una!! –dijo el chico mostrando sus cartas a Ryoga. Él con decisión cogió la primera por la izquierda. No era el Joker. El chico perdido dio un suspiro de alivio mientras Ranma se ponía histérico.

 

La vuelta pasó, y de nuevo le tocó a Ranma. Ukyo y Shampoo estaban nerviosas. Si Ranma volvía a sacar el Joker, tendría que darle a Akane otra prenda más, y ahora como ahora sólo tenía una… Las dos se pusieron nerviosas. Akane también estaba roja. Y no digamos el chico.

 

-Oye Saotome, se acabó, no pienso permitir que enseñes tus vergüenzas a mi Shampoo. –dijo Mousse.

 

-¡Como si quisiera! Además, esto es un juego. Y no voy a sacar el Joker – dirigió su manos a la baraja de Akane, la cual lo miraba algo nerviosa también. Ranma rezó para que esta vez no le tocara esa endiablada carta.

 

-O-Oye, ¿en serio tendré que… si saco el Joker? –dijo Ranma, colorado, a los demás.

 

Ukyo y Shampoo asintieron con fuerza, mientras que Mousse se encogía de hombros, igual que Ryoga.

 

-Pensándolo bien, me gustaría verte humillado delante de mi Shampoo… -dijo él.

 

-Sí, eso, eso. ¡Vamos Ranma, compórtate como un hombre! –se rió Ryoga.

 

-Tsk. Me da igual. No pienso sacar el maldito comodín – Ranma dirigió su mano hacia la carta de la derecha con decisión. Akane lo miró rojísima. Ranma cogió la carta y la miró.

 

-¿Cuál has sacado, Ranma? –le preguntaron todos menos Akane.

 

-Pues…pues… - dijo Ranma. Akane estaba nerviosa.

 

Ranma les mostró la carta. Era un esqueleto negro con un gorro de bufón, y las letras ‘Joker’ en él. Todos se rieron, mientras que Akane daba un suspiro.

 

-Ehh…esto… ¡¡Yo ya no juego!! – y Ranma se puso en pie, pero Ryoga, Mousse, Ukyo y Shampoo le cortaron el paso.

 

-¡No, no, Ranma! ¡El juego es duro, y tienes que pagar las consecuencias! ¡Haberte plantado!

 

-¿¡Es que me puedo plantar!? –exclamó el chico de la trenza.

 

-Pues claro, tonto –le dijo Akane – si no quieres continuar, te plantas y ya está –dijo ella encogiéndose de hombros.

 

-Pe-Pero Ukyo y Shampoo me dijeron que… -Ranma miró enfadado a las chicas, que miraban hacia otro lado, desentendiéndose del asunto.

 

-Sea como fuere, el caso es que le debes una prenda a Akane –dijo Mousse.

 

-¡No, da igual, yo no la quiero! –dijo la chica rápidamente.

 

-¡Calzoncillos de Ranma ser para mi!

 

-¿Qué dices? ¡Serán para mi! ¿Eh, Ran-chan?

 

-¡Ni para ti ni para nadie! –dijo él.

 

-Veo que la conversación está muy animada…

 

Todos pararon al instante y vieron detrás suyo a la reina, junto con Bonjo. Todos se quedaron estáticos.

 

-¿Cuánto tiempo…?

 

-Más o menos… “le debes una prenda a Akane” –dijo la reina, algo roja.

 

Ranma se dirigió a sus ropas y se vistió rápidamente - ¡Es sólo un juego, no malpenséis! ¡Ni loco le daría yo una prenda a esta fea marim…!

 

Akane le estampó un mazo antes que la insultara delante de la reina. Luego se dirigió hacia ella - ¿Ocurre algo? – Ya lo creo, seguidme – Shaidril y Bonjo se giraron y caminaron hacia el palacio, mientras que todos los seguían algo confusos y a la vez disgustados. Ese era su día libre.

 

Tras pasar todo el corredor, llegaron a la sala de reuniones, donde ya habían estado previamente. Esa sala enorme con una mesa redonda al medio y un gran mapa de toda la Antigua Unhion, con la U.B y la U.N. ¿Para qué los habían hecho venir aquí? Nada bueno, seguro. Es lo que pensaron todos. Y no iban muy mal desencarrilados.

 

Pero esta vez había sentados allí numerosos inquilinos que no habían visto nunca, cada uno totalmente diferente al otro,  vestidos con túnicas y pieles exóticas. De entre ellos, Akane reconoció a un pequeño hombre, viejo, de cejas pobladas y bigote y barba china. No daba crédito a lo que veía. Ranma también lo reconoció.

 

-¡¡Usted!! –dijo Ranma, señalándolo. Akane se avergonzó de la reacción del chico.

 

-¡Jua, jua, hola! –dijo el buen hombre.

 

-¡Pe-pero qué hace aquí! –le preguntó Akane.

 

Shaidril les ofreció asiento mientras le respondía – Querida, él es el rey de Ivinia.

 

Akane y Ranma se quedaron en silencio, mirándolo boquiabiertos. ¿Ese viejo, rey? La reina se sentó la última, y los dos chicos se calmaron. Ella empezó a hablar.

 

-Os he hecho venir aquí porque os necesito para una misión.

 

*Crack.* Qué directa…

 

-Supongo… que habréis oído hablar de la frontera de Kandu. –más que preguntárselo a todos, Shaidril sólo miró a Akane. Ella asintió – Kandu es la frontera por excelencia de la Unión Blanca, custodiada día y noche por nuestros ejércitos. Se dice que cuando la frontera caiga, toda la unión caerá. –todos asintieron, impactados – bien, Kandu ha recibido numerosos ataques de Hak últimamente, más de los usuales. Aunque resiste bien, tememos que Hak use su arma secreta y Kandu caiga. Por eso hemos decidido que vayan refuerzos. Pero no refuerzos comunes. Llevaremos algo que les vaya a costar derrotar. Llevaremos allá el Ostirith.

 

Un silencio invadió la sala. La reina se quitó el collar y todos lo observaron anonadados. Era una piedra preciosa. Akane ya la había visto hacía poco, el mismo día que llegó. Era una piedra de color azul intenso, brillante, colgada de un pequeño hilo de plata fina. El Ostirith brilló, y luego su eterna ama lo volvió a esconder entre sus ropas.

 

-El Ostirith contiene poderes curativos y a la vez ofensivos. Puede sanar, y a la vez enfermar. Puede ayudar y puede perjudicar. Eso depende de las manos en que esté. Ahora mismo, sólo conocemos de la piedra azul su parte ‘buena’. Si por alguna razón cayera en manos de Hak, el Ostirith se convertiría en uno de los más potentes enemigos. Por eso Hak lo quiere. Lo necesita. Puede ayudarle a vencernos, al igual que a nosotros nos puede ayudar.

 

-¿Y cuál es esa misión, si se puede saber? – preguntó Ranma.

 

-Pues… -Shaidril miró con duda al anciano – Ese grupo de rijinomours encargados de llevar el Ostirith a Kandu seréis vosotros. Allí, el Ostirith creará una barrera de energía, que mantendrá alejados a los esbirros de Hak durante algún tiempo, dándonos tiempo a nosotros para llevar allí más hombres o atacar. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que iréis vosotros, y al llegar allí inmediatamente colocaréis la barrera.

 

Ranma, Akane, Ukyo, Ryoga, Mouse y Shampoo asintieron no muy convencidos.

 

-¿Y cómo se supone que llegaremos allí? –preguntó Ryoga.

 

-Con el espejo de la Señora – dijo una mujer sentada al lado de Shaidril, de tez pálida y atuendos de colores.

 

-¿Qué espejo? –preguntó Akane mirando a Shaidril.

 

-Oh, eso ya os lo explicaré mañana, que será cuando partiréis. Ahora id a descansar, mañana será un día duro.

 

-Un momento. ¿Y luego, qué haremos? –preguntó Ranma.

 

-Ya te ha dicho que os lo explicará mañana – le dijo el capitán Bonjo con severidad. Ranma lo miró algo enfadado.

 

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

-Lo harás bien, lo hemos estado practicando todo este tiempo, tranquila…

 

-¿Y por qué no vas tú?

 

-Vamos, Akane, sabes que aquí me necesitan para los asuntos exteriores y tal. No puedo irme simplemente.

 

-Pe-pe-pero yo no podré…

 

-Vamos, practiquemos un poco más. Pudiste con todo lo que te he enseñado, ¿por qué no podrías ahora?

 

Akane empezó a recordar.

 

Ya hacía un par de semanas que Shaidril empezó a instruir a Akane en el arte de la magia. ‘Magia’, según los forasteros. Pero para la gente de la Antigua Unhion, la ‘magia’ era simplemente una forma de defenderse a si mismo y/o atacar, usando los antiguos pergaminos que los Seis maestros escribieron hará miles de años para las futuras generaciones. Era curioso porque allí también constaban los ataques del Shishi Hokodan, el Mouko Takabisha y el Hiryu Shoten Ha, entre otros distintos. Akane había aprendido otros ataques, que hacían más para ella. Eso es lo que le dijo Shaidril. Y al referirse a que eran ‘más para ella’, se refería a que cada tipo de ataque corresponde a una persona, al igual que todas las personas tienen distintas energías y distintas maneras de hacerlas emanar del cuerpo, cada ataque se ajusta a las capacidades de la persona en cuestión. Había ataques neutros, ataques con carga negativa, otros con carga positiva, otros que con las dos, otros que eran a causa de fenómenos del tiempo, otros que se hacían con agilidad… Había muchos. Y si se paraba a pensar, el Rugido del León Asesino iba mucho con Ryoga. Según le había explicado, era una técnica que se basaba en la infelicidad. Ryoga no era muy feliz, siempre tan solo y sin familia… Y el Ataque del Tigre Gallardo era propio de Ranma,  con su energía positiva, siempre tan optimista y –indiscutiblemente- arrogante. Cada ataque se hacía a la persona.

 

Y a Shaidril  le costó mucho encontrar alguno que se hiciera para Akane. Tras muchos intentos, Akane descubrió que su fuerte estaba en la carga neutra. Sin mostrar alegría, tristeza o sentimiento alguno. Así comprobaron ella y Shaidril. Probaron hacer el ‘Espiral del cielo’ estando ella contenta, triste o sin ninguna de las dos. El resultado fue que con la carga neutra ella generó mucha más energía. Shaidril le había enseñado muchos ataques diversos, pero el más potente y el que mejor se le daba a Akane era ese Espiral del cielo. Según Shaidril, una de las técnicas ancestrales que usaron siempre las koiko-samas de toda la Antigua Unhion. Había esperado que pasara cierto tiempo para que ella estuviera preparada, ya que era necesaria gran potencial de energía, y ahora como ahora Akane estaba en sus mejores momentos. Así pues, un buen día se la llevó a las afueras de Banhelia – un ataque tan destructor como este es peligroso de hacerlo manejable dentro de la ciudad, dijo – y allí empezaron a practicar. Lo dominó en tres días. Tres días. Admirable. El tiempo que tardó Ranma en aprender el Hiryu Shoten Ha. Tres. Akane no daba crédito a si misma.

 

 

Flash Back

 

 

Akane y Shaidril se encontraban a unos cuantos kilómetros a las afueras de Banhelia, en un pequeño descampado lleno de rocas calizas. Era primera hora de la mañana, y soplaba un frío helado.

 

-¿Espiral del cielo? – Akane miró con duda a su sensei.

 

Ella asintió – Es una técnica que hemos pasado de generación en generación, a través de los años. Ya iba siendo hora de encontrar un discípulo digno… -dijo más para ella que para Akane. Luego la miró – Bien. Apártate.

 

Akane había oído esas palabras salir de la boca de su prometido veces y veces. Señal de que haría algo. Se apartó por prudencia unos diez metros, y aún así creyó que no bastaban. Vio que Shaidril se quedaba en su sitio, rígida, con los ojos cerrados y los brazos pegados al cuerpo. Parecía que se concentrara. Una de las muchas cosas que le enseñó Shaidril fue a ‘sentir la energía’, y ahora mismo estaba sintiendo mucha, mucha emanar de su ser. “¿Qué está haciendo?”

Sin aviso, Shaidril levantó sus brazos hacia el cielo y abrió sus ojos con decisión. Luego bajó rapidísimamente sus brazos hacia la primera piedra –más que piedra, pedrasco- que se le pasó por delante. Todo duró poco, pero lo suficiente para que Akane supiese qué pasó para que la piedra se desintegrase sola. Un finísimo hilo rojo pasión salió de sus manos y fue a parar al corazón de la piedra. Como si destruyesen su interior, la piedra se hizo añicos. Shaidril se dirigió hacia Akane.

 

-Tienes que empezar siempre a matarlo por dentro.

 

Akane quedó algo impactada por la frase. En lo más profundo de su ser sabía que esas palabras las recordaría por años que ella viviese. Y después del ejemplo, vino la práctica.

 

Tres días. Se levantaban con el sol y se acostaban cuando la luna estaba ya alta. Horas y horas seguidas sin parar, durante tres largos días, aunque para ella fueron tres largos años. Hasta que por fin Akane entendió el secreto de esa Espiral del cielo. Como todas las técnicas, hay su truco. Nada de hacer espirales ni de sentirse muy bien o muy mal. Lo suyo era la carga neutra. Así que, como tal, tenía que tener un perfecto corazón de piedra. Ese ataque se formaba en el perfecto equilibrio de todos sus sentimientos, le explicó Shaidril. Y el equilibrio entre la tristeza y la alegría, el querer y el odiar, está en no sentir nada. Carga neutra. Así es como se realizaba correctamente la Espiral del cielo. Ranma, positiva. Ryoga, negativa. Y Akane, Akane carga neutra. Cada persona tenía su tipo de ataque, ya se lo dijeron una vez.

 

 

Final del Flash Back

 

 

 

-Pero…pero esto es mucho peor que la Espiral del cielo… -dijo exhausta. – no podré perfeccionarla… y menos para mañana…

 

-Akane, ¡tienes que hacerlo! ¿de qué servirá llevar allá el Ostirith si no hay nadie para manejarlo?

 

-Por eso te he dicho que…arf…vayas tú…

 

-¡Se acabó! Vas a aprender hacer funcionar el Ostirith como me llamo Shaidril Lenthyrllia.

 

Akane se la quedó mirando. Era la primera vez que oía su apellido. Se extrañó a si misma de no habérselo preguntado antes. Sonaba algo extraño. Shaidril hizo caso omiso y prosiguió.

 

-A ver, en posición – dijo con voz severa.

 

Akane cogió el Ostirith y lo elevó en alto. Con una mano cogió delicadamente la cadena de plata y con la otra hacía de base para la piedra. Luego cerró los ojos.

 

-Concéntrate. Sabes la teoría a carretilla, sólo hace falta ponerla en práctica.

 

Akane gruñó – La teoría era sólo ‘convertirse en la piedra’ –dijo algo enfadada.

 

-¡Silencio!

 

“Bien. Convertirse en la piedra. Oh, genial, ahora soy una piedra. Mírame, Ranma, miradme todos. Soy una piedra, yuju.” Pensó algo frustrada.

 

-Intenta sentir su poder.

 

-Intento sentir su poder.

 

-Intenta sacarlo a flote.

 

-Lo intento sacar a flote.

 

-¡Ahora!

 

-¡Ahora…! ¿Huh?

 

En lugar de hacer salir toda la fuerza de la piedra, salió una pequeña nube azul, haciendo conjunto con la misma piedra.

 

-¿Qué es esta porquería? –se quejó la reina. - ¡Venga, otra vez!

 

Akane asintió, cansada.

 

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

 

-¿¡Qué dice!? ¿¡Que aún no lo domina!?

 

-Pues no… y realmente lo ha intentado. Además, lleva semanas y semanas esforzándose al 100%. Temo que si la gasto un poco más no tenga fuerzas para el viaje, aunque sea con mi espejo…

 

-¿Y eso qué más da? Si no tenemos a alguien que sepa utilizar el Ostirith, ¿de qué servirá traerlo a Kandu?

 

-Pues…

 

Bonjo y Shaidril se encontraban en la sala de reuniones ellos solos. Ni uno ni el otro tenían ideas para salir adelante. ¿Qué hacer?

 

-Creo que lo único que nos queda es…- Shaidril suspiró, sin creerse del todo lo que decía - …confiar en ellos.

 

Hubo un largo silencio en la sala. Una guerra se basaba en algo más que la ‘confianza’, ¿no? ¿O esa era la forma de pensar de Hak? Tal vez sí que hacía falta un poco de eso…

 

-Vamos Bonjo, ayúdame a prepararlo todo para mañana.

 

El capitán asintió y los dos se dirigieron al dormitorio de ella. Mañana sería un día difícil para todos, en especial para el escuadrón formado por los seis rijinomours.

 

 

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

 

Una luna rojo intenso brillaba en el punto más alto del oscuro y frío firmamento. Una larga y extensa muralla rodeaba un enorme castillo surgido de las Tinieblas, negro, sin vida. Ella corría por un extraño sendero hasta que el camino oscuro le llevó a la misma entrada del castillo. Todo tenía un extraño y anormal color rojizo, sangre. Se oían gritos incesantes, como un gemido que no paraba de gritar y gritar. Hacía horas que corría, y ella estaba cansada. Abrió la puerta con pesar, mientras esta crujía. El interior estaba igualmente oscuro, alumbrado por la sombría luz de alguna que otra vela. Ella continuó andando a tientas, buscando alguien. Sabía que no tendría que haber entrado allí, y aún así…

Salió del corredor y entró en una gran sala con cientos de gárgolas a las partes cumbres. Cogió una vela para alumbrar su camino y a su mismo espíritu.

 

-¿Hola? –dijo ella con voz firme- ¿Ha alguien?

 

Las puertas que habían detrás suyo se cerraron con gran estrépito como respuesta. Ella se dirigió rápidamente hacia ellas, y por mucho que intentó abrirlas, no se movieron un centímetro. Y entonces vio que unas grandes antorchas se alumbraban ellas mismas. Al fondo de la estancia había un gran trono, y poco a poco, cual fantasma, fue surgiendo de la nada, volatizado, un espectro de la noche, un enviado de la muerte…

 

Por un momento, los dos se miraron fríamente a los ojos. Los dos se reconocían el uno a la otra. Él no portaba aún ningún antifaz, sino que lucía todo su rostro al descubierto, vestido completamente de negro, con su cabello grasiento y oscuro cayéndose por los hombros.

 

-Cuanto tiempo… ya empezaba a pensar que no vendrías a visitarme nunca más… -exclamó él, irónico.

 

-¡Ja! Ríete cuanto quieras, tu ejército ha caído, no te queda nada. Ríndete, jura lealtad a la reina y tal vez intenten que tu muerte sea rápida. –dijo ella, igual de irónica.

 

Él sonrió – No creo que lo tenga todo perdido. Las chiquillas como tú acaban siempre mal, ¿lo sabías?

 

-Tienes a todo el ejército de la Unión Blanca rodeando tu fortaleza. No seré yo la que acabe mal. Ríndete. –dijo ella con frialdad.

 

-Nunca.

 

La mujer desenvainó algo que parecía una extraña espada, mucho más larga, parecida a una lanza con una extraña gema azul al centro que brillaba intensamente. Apuntó la parte del filo hacia el hombre.

 

-¿Tus últimas palabras? –dijo ella en tono quedo.

 

- Jaz Mellienz Hanz…

 

Un extraño brillo surcó sus ojos. Ella vio que, hiciera lo que hiciera, ya estaba hecho. Seguramente habría intentado conjurar algo, pero ya no le quedaban fuerzas para hacer un conjuro que durase siquiera una hora, así que ella apuntó con decisión su espada hacia él.

 

-Acuérdate de esto, Cerezane, me las pagarás bien caras… dentro de un año como dentro de mil.

 

Ella, sabiendo que lo que mejor se le da a un hechicero negro es matar con la palabra, no escuchó un mote más y a la vez que pronunciaba ‘Morte’ salió una enorme luz azul resplandeciente y el hombre, sentado aún con arrogancia en su trono, desapareció de la faz de la Nueva Unhion.

 

 

 

“Acuérdate de esto, Cerezane, me las pagarás bien caras… dentro de un año como dentro de mil.”

 

 

 

*Yo, Cerezane, rijinomour de primer grado, consejera de la reina Elludriel, hija de Shirasel y Edmontril, koiko-sama de Sense y de toda la Nueva Unhion, por primera vez en mi vida, tengo miedo. No miedo por mi, ni miedo por este presente que tan vanagloriosamente nos ha sido otorgado gracias a la victoria de la Unión Blanca contra Hak. Temo por el futuro, no por el mío, sino por el de mis progenitores. Temo por el día que, seguramente muy lejano, el rey de Hak despierte de su largo letargo para vengarse de mi descendiente. Temo por el día en que una nueva guerra invada este mundo, temo por todas las vidas de los seres que habrá más adelante y que yo ya no podré proteger. Por esto has soñado hoy conmigo, por esto te he mostrado esto, pase lo que pase, por favor, no dejes que él diga nada. Mantenlo  en silencio hasta que veas que desaparezca. Que no conjure. Nunca se sabe hasta qué punto puede perturbar en la memoria un recuerdo, nunca se sabe cómo pudieron alterar tanto unos hechos que pasaron hace miles de años. No lo olvides, y ahora duerme.*

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

 

Aún era temprano. Pero ella se había despertado bruscamente por un extraño cosquilleo en el cuerpo. Tenía la almohada moja de sudor. Aún tenía la respiración entrecortada. No se acordaba de mucho, sólo de sombras oscuras que se movían, y de una luz azul impactante; luego, una voz tierna y maternal que le hablaba, pero no se acordaba de nada…

 

Ya era de mañana. Habían pasado las horas desde que Akane se despertó. Vio que Ukyo y Shampoo, a sus respectivas camas, empezaban a levantarse – gruñendo, en el caso de Ukyo – de mal humor como siempre.

 

-Vamos Ukyo, hoy tenemos que darnos prisa… - Akane la movió algo suavemente para intentar sacarla de una vez por todas de sus sueños, sin embargo ella seguía en su estado de ensoñación. - ¡Ukyo!

 

-Ñgññ… un poco más, Ran-chan…

 

Akane la miró algo molesta, y vio cómo Shampoo se despertaba al más puro estilo sonámbulo, como hacía cada día.

 

-Hgñgñ… ¿qué hora ser? –preguntó buscando a tientas el espejo.

 

-La hora de levantarse, dormilonas –dijo Akane, algo contenta de que por alguna vez fuera ella la que mandara allí.

 

Se oyó un golpe suave en la puerta y acto seguido entraron algunas doncellas.

 

-La reina nos manda para que ayudemos a vestir –dijo una muchacha un poco más pequeña que Akane, de cabello largo y sedoso y de un color rubio intenso y brillante. Tenía unos ojos azul claros preciosos, parecía una hada salida de un cuento de hadas.

 

-Dale las gracias de mi parte – le contestó Akane, algo cautivada por su belleza.

 

La joven, junto a otras tres mujeres les entregaron como cada mañana las vestiduras que tenían que llevar para aquel día. Aunque esta vez no eran las de siempre, eran los uniformes de rijinomours. Un conjunto chino con cuello mao, mangas de tres cuartos y pantalones hasta el final. Tenían unos bordados dorados y una insignia en la parte izquierda de la camisa, una especie de redonda partida por la mitad, con una preciosa gema roja.

 

-Oh, ir a la perfección – dijeron las cuatro doncellas a la vez.

 

-Pero a mi no me gustar color verde… - se quejó la amazona.

 

-¡Ya habló la presumida! – exclamó la cocinera de okonomiyakis.

 

Y con el comentario se dio a lugar una nueva disputa entre las dos cocineras, mientras que Akane se cambiaba pasando de todo. Muy acostumbrada estaba ya como para que eso le afectara en lo más mínimo.

 

Pero no se encontraba muy bien. Estaba nerviosa. Miró hacia la ventana. Hacía un día espléndido, y seguramente donde tendrían que ir sólo habrá oscuridad… la frontera Kandu. Nunca había estado, claro que era la primera vez que estaba allí, en este extraño reino. Pero Shaidril le había dicho alguna cosa, más de lo mismo. Que era una frontera que protegía la Unión Blanca de la Negra, situada al norte de Kikton, protegida por millares de rijinomours, que tal y que cual, y que estaba en peligro. Esa “arma secreta” que poseía Hak, según Shaidril, se bastaba y sobraba para terminar con la muralla entera. Pero se suponía que con el Ostirith nada de eso pasaría. Se suponía. Sin embargo ella aún no había conseguido dominar la piedra azul. ¿Y si en el momento de la verdad fracasaba?

 

La puerta de la habitación se abrió de nuevo y entró otra doncella más, algo más anciana y se dirigió hacia Akane.

 

-La reina me mandó llamar para avisaros. Mi señora dice que quiere hablar con vos, que la esperéis en sus aposentos.

 

-¿Shaidril?

 

Se dirigió obedeciendo a la habitación de la reina. Ya había estado antes, y no había cambiado nada. Vio a Shaidril con su larga cabellera rubia meciéndose al son del viento, sentada al lado de la ventana.

 

-Hola, Akane.

 

-¿Me habías llamado?

 

-Sí. Quería darte algo…

 

La reina se acercó con cuidado hasta Akane y allí se sacó su colgante, donde había la piedra azul. Con cuidado, posó el Ostirith alrededor de la cabeza de Akane. Por un momento, la piedra lucró más de lo habitual.

 

-Cuídala bien, Akane, es muy importante para nosotros – dijo ella en tono, más que de preocupación, maternal.

 

-Como si me fuera la vida en ello.

 

-No, tanto como eso no. Recuerda tus prioridades, jovencita – le dijo en tono divertido, Akane sonrió.  – Ah, se me olvidaba.

 

Shaidril caminó hacia una mesa donde había una cajita de piel oscura. La abrió con una llave cuidadosamente y sacó unos objetos. Akane los miró desde su sitio dudosa, cuando Shaidril se los mostró y se quedó aún más sorprendida.

 

-Sh…Shaidril…esto es…

 

La reina sólo sonreía.

 

-Es precioso… -dijo Akane sin quitarle la vista.

 

-Estaba segura que te gustarían. A ver, póntelos.

 

Akane cogió lo que eran unas joyas que la reina guardaba con mucho carisma. Eran unos pendientes con forma del escudo de Sense que colgaban, bastante grandes, lo que hacía que resaltasen mucho. También había una especie de gema con el símbolo de Sense también, atada a un cordel transparente. Shaidril le indicó que eso se ponía alrededor del pelo, y que la gema iba justo a su frente (N.a.1)  

 

 

-Son precisos… ¿de dónde los has sacado? –dijo Akane sin quitarse la vista del espejo.

 

-Oh, realmente son una verdadera reliquia de la familia. Hace siglos que las tenemos. Dicen que la koiko-sama de Sense de quien tanto te he hablado los usó en su batalla contra las fuerzas de Hak: Cerezane.

 

La palabra hizo eco en la cabeza de Akane. ¿Cerezane? ¿Ha dicho Cerezane? ¿De qué le sonaba  a ella ese nombre?

 

-El sueño… - murmuró.

 

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

A medida que avanzaban las horas, alrededor del Daiteitaku se iban reuniendo más y más personas, campesinos y ciudadanos venidos de todos los rincones para apoyar a los suyos. Al interior de palacio había mucho movimiento: doncellas yendo de aquí para allá, rijinomours vigilando a tuerto y siniestro…

 

La sala principal, donde había el trueno de la reina y al lado uno de más pequeño del príncipe Shaika estaba llena de banderas, las cuales había una que sobresalía, una de color blanco con un símbolo azul al medio: la bandera de la Unión Blanca.

 

Ranma y los otros estaban esperando en unas sillas a que viniera la reina. A su alrededor había todo tipo de artilugios extraños, los cuales sobresalía un enorme espejo de unos dos metros y algo de alto por unos dos de ancho. Tenía el cuerpo de oro y el vidrio estaba como los chorros del oro.

 

-¿Y cómo se supone que vamos a llegar a la frontera de Kandu con este espejo? –dijo Ranma mirando con desconfianza aquel espejo.

 

-Hmm… - Akane se puso la mano a la boca, pensando – Shaidril dijo que no nos preocupáramos, que de eso se encargaba ella. Nosotros sólo tenemos que concentrarnos en nuestra tarea y listos.

 

-¿Nuestra tarea? ¿Y cuál se supone que es nuestra tarea? –dijo Ranma.

 

-Pues hacer funcionar el Ostirith como barrera, digo yo. – Akane dijo eso en tono de “¿si no era eso, entonces qué, listo?”.

 

-Perdona, pero esa es TU tarea. Eres TÚ la que lo tienes que hacer arrancar, eso a mi no me incumbe –dijo él cruzándose de brazos.

 

-¿Y entonces a qué vienes tú, a tomar el Sol? –dijo irónicamente.

 

-Pues no.

 

-¿Ah, no? ¿Y entonces a qué?

 

Ranma se cruzó de brazos – Bonjo nos dijo que cuando llegáramos allí ya nos darían las órdenes.

 

Hubo un redoble de tambores y un soniquete de trompetas, y las grandes puertas de la sala que daban al exterior se abrieron. Entró la reina, escoltada de rijinomours por todas partes, con uno de sus mejores vestidos. A su lado iba el capitán Bonjo, tan autosuficiente como siempre, vestido con el uniforme de gala de los rijinomours. La reina avanzó hasta el fondo de la sala, donde había el espejo y los chicos. Las puertas se cerraron, mientras la multitud los vitoreaba: sería una ceremonia a puertas cerradas, no querían correr el riesgo de que hubiera un espía por allí y supieran cómo iba el espejo.

 

-Bueno, espero que estéis preparados… -dijo la reina a todo el escuadrón de rijinomours. Ellos asintieron con pesadez.

 

-¿Y cómo se supone que funciona el espejo? –preguntó Ryoga inquieto.

 

-A eso iba, Ryoga.

 

La reina les hizo ademán de que la siguieran hasta que los siete estuvieron delante del espejo.

 

-Ahora formad un círculo y daos las manos.

 

Hubo una serie de miradas asesinas para ver quién daba la mano a Ranma. Al final Ukyo y Shampoo se pusieron una a cada lado, mientras que Ryoga daba gracias a todos los dioses del mundo por ir cogido de la mano con Akane, ante la furiosa mirada del chico de la trenza.

 

-Bien. Ahora sólo tenéis que cerrar los ojos y llegaréis allí en un santiamén. A la frontera está al mando el teniente Kordkel, le obedeceréis como si de mi se tratara, ya que obedece mis órdenes. Y ahora, cerrad los ojos.

 

Todos cerraron los ojos con inquietud. El capitán Bonjo, al igual que toda la guardia de palacio y las doncellas que allí había esperaban expectantes, pues nunca antes su reina había dejado ver públicamente el funcionamiento del espejo.

 

-Espejo Mithrall, forjado por los hombres del Quinto Mundo, viejo como ninguno, invoco tu sabiduría y tus poderes para hacer uso de tu magia y poder. Transporta a estos seis valerosos rijinomours a la frontera de Kandu sin ningún peligro y a mis órdenes hazlos regresar. Si por cualquier motivo hubiese algún obstáculo, no te arriesgues y mándamelos sanos y salvos… ¡¡UNSO!! (N.a.2)

 

Shaidril bajó lentamente las manos y empezó a entreabrir los ojos. El espejo iluminó la sala con un extraño brillo azul intenso. Ranma, Akane, Ryoga, Ukyo, Shampoo y Mousse notaron como una corriente de aire les envolvía. Notaron movimiento, mucho movimiento, y voces. Se cogieron fuertemente unos a otros, con miedo a que si se soltaran se esparcirían por algún universo paralelo.

 

Y cuando volvieron a abrir los ojos no vieron ni a Shaidril, ni a Bonjo, ni a la guardia ni a las doncellas de palacio. Tan siquiera vieron al palacio. Ni a Banhelia. Se encontraban en un territorio desconocido. ¿La frontera Kandu?

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

En el Palacio oscuro, donde las Tinieblas mandan, había habido unos movimientos extraños últimamente. La traición de Mordko era ahora pública y todas las extrañas criaturas se miraban unas a otras preguntándose si el compañero de su lado era también un traidor.

 

El rey de Hak andaba más sonriente que de costumbre. Más sonriente según lo que se podía apreciar con la máscara que le cubría todo el rostro. Eso creían sus siervos, ya que le notaban mucho más excitado que de costumbre. En un solo día había matado una veintena de sospechosos, y parecía bastante nervioso por algo. Tal vez nostálgico. Y eso no podía ser bueno, lo sabían todos los esbirros.

 

Las puertas de la oscura sala crujieron y se abrieron. Vrintdir, el más fiel guerrero del rey de Hak entró con sus habituales vestimentas oscuras, su armadura oscura y su capa oscura.

 

-Tenemos novedades – le dijo el joven a su rey. Él no dijo nada y simplemente le miró – Según nuestros comandantes al pie de Kandu, ha habido un movimiento telepático. Creen que han venido refuerzos desde Banhelia, mi señor.

 

-Sí… yo también lo he notado – dijo el rey sin prestar más atención – La koiko-sama y seis rijinomours.

 

-¿A la koiko-sama? – su voz se tornó ahora más interesada – Me gustaría conocer aquella que venció el kamuflair sin saber nada de hechizos.

 

-La conocerás, Vrintdir, la conocerás.

 

-Bien, y sobre la frontera… ¿quiere que alerte a los generales de la estancia de la koiko-sama de Sense?

 

El rey se lo pensó unos segundos – No… sólo son escoria, no tengo ningún interés en salvar a esos orcos malolientes. Los lorcos sí que me interesan, y están listos para la guerra, reunidos a diferentes puntos de la Unión Negra. Dejaremos morir a los orcos. Eso siempre y cuando puedan, claro.

 

El joven hizo una reverencia y se marchó. El rey de Hak continuó sonriendo, sus largos años de letargo por fin habían llegado a su fin. Era la era de un nuevo despertar. Una nueva orden reinaría a su victoria, todos estarían a su merced, nadie le haría sombra… y aquella que una vez lo venció pagaría por ello. No directamente, pero pagaría.

 

-Cerezane…te lo dije una vez y te lo volveré a decir… me las pagarás bien caras, y si tú ya no estás viva para morir, otra en tu lugar sufrirá las consecuencias.

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

La primera impresión fue desconcierto total. Un cielo gris que amenazaba lluvia, quizás algo peor. Mucho movimiento a su alrededor. Decenas y decenas de soldados armados con las más bellas y relucientes armaduras, y millares de banderas blancas con un pequeño símbolo negro. La bandera de la unión negra.

 

Akane estaba bastante confundida. Miró a lo lejos y dedució que se encontraban a unos veinte o treinta metros de altura. Estaban en la muralla de Kandu. En frente suyo, a algunos metros, se encontraba un extenso y desierto valle con numerosas montañas altas y puntiagudas al horizonte. Allí se podían entrever pequeños hilos de humo. ¿Campamentos militares? Sin duda eran las legiones de Hak.

 

Un hombre se les adelantó. Era alto y esbelto, con una armadura algo más bien lograda y con más detalles que las que lucían los demás soldados normales. Tenía el pelo largo y marrón oscuro recogido en una cola. Sus ojos, marrones miel, escudriñaron a los recién llegados uno por uno.

 

Los chicos, por su parte, no sabían qué hacer. Hasta que todos irrumpieron en gritos de victoria y esperanza, alabándoles. Fue entonces cuando el hombre se presentó.

 

-Bienvenidos, rijinomours, os encontráis al cuartel base de la frontera de Kandu – el hombre les hizo una ligera reverencia – Yo soy el teniente Kordkel, será mejor que vayamos adentro.

 

Nadie dijo nada pues todos seguían medio embobados mirando el enorme paisaje que se extendía a sus narices. Siguieron el teniente rodeados de cuatro guardias y los condujeron a una sala poco iluminada con una mesa y alumbrada con una vela. Allí se sentaron todos y la guardia se quedó fuera.

 

-Bien, supongo que mi Señora os habrá dicho en qué consiste vuestra estadía en Kandu… -empezó Kordkel.

 

Todos se miraron dudosos. Él interpretó el gesto como respuesta negativa.

 

-Mirad, no pretendo desanimaros ni nada antes de empezar la lucha, pero debéis ser conscientes de la verdad. El ejército de Hak que hay al otro lado del valle, si bien todo orcos inútiles que no saben nada, es muy fuerte a causa del número. Cerca de seis cientos mil o más guerreros, entre orcos, lorcos y otros seres inferiores forman su ejército. Si bien aquí tenemos en toda la frontera bastantes rijinomours, no damos al alcance para contenerlos, y es por eso que pedimos ayuda a la Base, y por eso estáis vosotros aquí.

 

Todos escucharon al teniente algo impactados. ¿Orcos? ¿Lorcos? ¿Seis cientos mil?

 

-Por eso habéis venido aquí – prosiguió – para ayudarnos. Nuestros espías nos han informado que es probable que ataquen a Kandu en menos de tres días, por esto os hicieron llegar aquí tan repentinamente. Estamos en alerta máxima, habrá un ataque inminente del cual no tenemos aún constancia. Cuando llegue el momento, deberéis estar todos preparados para hacer el plan de ejecución. Porque me figuro que mi Señora os habrá explicado en qué consiste… - Kordkel miró a las dudosas caras de los rijinomours y se desesperó - ¿No os han dicho en qué consiste? En fin, da igual…

 

“A un orco, un lorco, y todos los otros engendros de Hak no se les puede ‘matar’. Fueron creados en el pozo de Edrusiahell juntando todos los experimentos más viles y crueles que no os podríais imaginar. Fueron creados por magia y deben ser destruidos con magia. Y, evidentemente, para destruir cerca de setecientos mil haría falta gran cantidad de magia que nosotros no podemos tener… y que el Ostirith nos puede proporcionar. Por eso os hicieron traer al Ostirith. La Piedra Azul se encargará de proporcionarlos suficiente energía como para destruirles, o eso esperamos. Claro que necesitará de nuestra ayuda, todos los rijinomours que hay en toda la frontera –cerca de mil kilómetros – más los que hay a los alrededores emitirán su energía vital para ayudar a hacer la bola de energía más grande. ¿Entendéis más o menos de qué va la cosa?”

 

-¿Y cómo se supone que transmitimos nuestra energía? – preguntó Ranma.

 

Kordkel, quien desde el principio había hablado más que para el grupo para la koiko-sama, miró a Ranma de arriba a bajo, como si lo inspeccionara centímetro a centímetro.

 

-Tú debes de ser Ranma Saotome, ¿cierto? – el chico de la trenza asintió devolviéndole la mirada – Es fácil. Es como si hicierais un ataque de chi, sólo que tendréis que dirigirlo hacia la koiko-sama.

 

Hubo un silencio general, precedido por un “¿¡QUÉ!?” de todos.

 

-¿¡Nos está diciendo que más de un miliar de rijinomours van a ATACAR a AKANE!? – Ryoga se encaró rápidamente hacia Kordkel, él lo miró confundido.

 

-Sí, ¿y?

 

-¿¡CÓMO QUE SÍ, Y?! ¿¡QUÉ NO VE QUE PODRÍA SALIR LASTIMADA!?

 

-Pero muchacho, ¿es que no sabes aún cómo funciona el Ostirith? Bueno, nadie sabe a ciencia cierta cómo funciona exactamente. Sólo sabemos que hay determinados elegidos, la koiko-sama mejor dicho, que hacen despertar al Ostirith. No sabemos muy bien por qué, pero esto ya pasó hace miles de años en la Otra Guerra. Hicimos lo mismo con la sagrada koiko-sama Cerezane. Le enviamos todas nuestras fuerzas y ella las fusionó con la del Ostirith y aniquiló a más de un millar de enemigos. No va a pasar nada.

 

-Pero esta tal Cerezane era muy fuerte, ¿no? – dijo Ranma.

 

-Pues sí, lo era.

 

-Bien, tenemos un problema. Esta de aquí – dijo señalando a Akane – es una debilucha. Si hacemos lo que dice no sale con vida.

 

Akane cogió la mesa y la estampó en la cabeza de Ranma mientras Kordkel los observaba algo confundido.

 

-Bien, pues. Si ya está todo aclarado, ahora podéis ir a descansar. Si por lo que fuera oyeseis un ruidoso timbre,  sería la señal que el ejército enemigo se mueve y que tenéis empieza el juego. Simplemente debéis subir a la parte exterior de la muralla y concentrar vuestra fuerza en la señorita.

 

 

Todos abandonaron la sala cansados. Les dirigieron a sus habitaciones, una para ellas y otra para ellos, y cada uno se durmió, esperando no oír nunca ese terrible timbre que anunciaba el comienzo de una nueva era, de una nueva guerra…

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

Recién habían pasado unas horas desde que el sexteto de rijinomours abandonó la gran sala y dejó a los presentes con el corazón palpitante.

 

Shaidril se encontraba en su habitación, sentada y pensativa. Había algo que la torturaba…Akane. No había conseguido ‘sentir’ la fuerza del Ostirith. Y la batalla cada día estaba más próxima.

 

Tenía miedo, miedo de lo que podía pasar. Una reina nunca debía de tener miedo, una reina era la fuente de esperanza del pueblo. Si ella se veía triste, el pueblo se vería triste. Y si ella no tenía esperanza, inevitablemente el pueblo tampoco tendría esperanza.

 

Aún así, ella tenía todas sus esperanzas en que Akane se saldría con ello. Tenía que hacerlo, o si no todo estaría perdido…

 

Shaidril se levantó y abrió su cajón. De él sacó una pequeña cajita de madera con adornos de oro. Se sacó un pequeño colgante con una llave de oro y la introdució en el candado de la caja. Allí dentro había varias cosas: varias cartas, papeles y viejas fotografías. Shaidril cogió la que siempre le inspiraba más calma, la que desde su niñez la había protegido de las adversidades. Era un retrato de una mujer, algo borroso, vestida de chino y con una larga cabellera negra. Ella había sido su luz en la oscuridad, hacia ella iban todos sus rezos.

 

 

 

 

 

 

Una pequeña niña con su camisón de dormir y sus largos cabellos de oro ondulantes corría por los silenciosos pasillos del Palacio. En la niña de unos cinco años se podía ver la angustia de quien acaba de levantarse de sus peores pesadillas.

 

La niña corrió hasta llegar a una enorme puerta. La abrió sin contemplaciones y se dirigió a la mujer que había en la cama intentando dormir.

 

-¡¡Mamá, mamá, despierta!!

 

La mujer, harto cansada por el agotamiento de ese día, se molestó un poco. Se sentó y puso a la pequeña a su lado.

 

-¿Qué pasa a estas horas de la noche? Deberías estar en la cama, jovencita.

-¡Pero mamá! – la niña empezó a humedecer sus ojos - ¡Había un orco muy feo y grande en la ventana y quería entrar para comérseme!

 

La mujer la miró con asombro.

 

-Todo son imaginaciones tuyas, cariño…

-¡No! –la niña empezó a llorar - ¡Tengo miedo mami! ¡Se oyen ruidos a fuera, y hay un orco que quiere comérseme!

-Venga, venga… - la mujer empezó a tocarle la cabeza intentando consolarla. – Cariño, no puedes echarte atrás sólo porque te imagines cosas… dentro de unos años serás tú la encargada de velar por todos nosotros y no queremos que te acobardes por nada. Tienes que ser valiente, ¿vale?

 

La niña empezó a sollozar, mas aún asintió entristecida.

 

-Toma. – la mujer cogió algo de su cajón y se lo entregó a la niña. Era una vieja y carcomida fotografía – Es nuestra salvadora, la poderosa koiko-sama que una vez hace mucho nos salvó…

-¿Cerezane?

-Sí,  cielo, esa es Cerezane. Claro que es sólo un dibujo pintado por un hombre que sabía bastante de dibujo y que la vio confusamente, por eso no hay muchos detalles… Ella auyentará todos los monstruos que te quieran hacer daño, ¿vale? Piensa que dentro de unas semanas ya vas a ser una niña de seis años, toda una mujer.

La niña puso un aire serio - ¡Sí, mamá! ¡Ahora ya no soy una niña pequeña, soy toda una princesa!

 

Tomó el dibujo con cuidado, le dio dos besos a su madre y se marchó decidida a su habitación.

 

 

 

 

Y desde entonces, cada vez que había algún problema que ella no podía solucionar, acudía a su cajón secreto y observaba la inmutable mujer, el obsequio que le dio su difunta madre hará unos veinticinco años. Shaidril lo volvió a guardar cuidadosamente, cerró el cajón con llave y se acostó, esta vez con la moral más alta.

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

El Sol empezaba a salir por las lejanas montañas de la frontera de Kandu, y la actividad laboral empezaba, un día más. El hecho de que estuvieran en una muralla y no en un palacio resultó ser bastante incómodo, pues aquí no había amplios salones, bellos jardines y un gran paseo por donde ir y mirar cosas y utensilios curiosos.

 

Ranma empezó a abrir sus ojos. Se encontraba en una pequeña y oscura habitación alumbrada únicamente por un pequeño rayo de luz que salía de un orificio encarado al este.

 

Estuvo un rato más en la cama, disfrutando de uno de los pocos momentos en que puede descansar un poco. Miró a Mousse y Ryoga, tumbados, igual que él, al suelo, en unos futones algo deteriorados y fríos. Ellos seguían durmiendo.

 

Él se levantó y se vistió con el uniforme de rijinomours; acto seguido, salió de la ‘habitación’ silenciosamente, dejando a sus dos compañeros durmiendo aún. Era extraño que él se levantase tan temprano, a la salida del Sol. No era muy normal, y más aún haberse despertado sólo, siendo siempre despertado por su impaciente prometida para darle prisa y no llegar tarde a Furinkan.

 

Ranma se dirigió hacia fuera y pasó al lado del dormitorio femenino. Allí estaba Akane. Pero tenía una extraña sensación, como si en realidad no estuviese allí. Con algo de temblor dirigió su mano hacia el pomo de la puerta y la abrió lentamente. Shampoo se encontraba acurrucada consigo misma, tendría frío. A su lado, Ukyo le había quitado su manta y dormía a pierna suelta. Al lado de las dos chicas había el futón de Akane. Las ropas que usó ella ayer. Su colchón. Su mochila. Y nada más.

 

El chico empezó a preocuparse. Quiso despertar a las chicas y preguntarles, pero notó que alguien se movía detrás suyo.

 

-¿Ranma?

 

El chico de la trenza se giró.

 

-¿Akane?

 

-¿Qué haces aquí? – preguntó la chica algo desconfiada – No estarías espiándolas, ¿verdad?

 

-¡No! – El chico meneó  la cabeza con fuerza – Sólo que… em… pasaba por aquí y… bueno, ya sabes, yo pasaba por aquí…y bueno…

 

Akane se lo miró algo divertida disfrutando del momento y de haber puesto a su prometido en una situación bastante comprometedora.

 

-¿Y tú qué haces aquí Akane? – preguntó Ranma, intentando cambiar de tema.

 

-Pues vengo de darme un baño. – Akane le mostró sus utensilios de baño y la toalla bastante húmeda. Ahora que Ranma se fijaba, tenía el pelo algo mojado.

 

-¿Tan temprano?

 

-Bueno, es que pensé que en todo el día no me daría tiempo, seguro que en el día de hoy estaremos muuuy ocupados.

 

-Hum, puede…

 

-Supongo que no habréis montado mucho alboroto esta noche, ¿verdad? No me gustaría que me avisasen de vosotros…

 

-¡Oye, oye! ¡No es culpa mía que esos idiotas se lo tomen todo tan seriamente!

 

Ranma y Akane notaron que alguien hacía crujir sus siluetas a la vez que sentían unas ardientes auras. Los dos se giraron lentamente, para ver a Ryoga y a Mousse bastante enfadados.

 

-Jujuju… - Ryoga hizo crujir sus nudillos - …¡¡RANMAAAAA!!

 

-¿¡CÓMO TE ATREVES A INSULTARNOS!?

 

Los dos atacaron a Ranma a la vez y no pararon hasta que lo dejaron hecho sisco. El alboroto despertó a las chicas, las cuales sufrieron un shock al ver a su Ranma en tan mal estado.

 

-¡Airen! ¿Quién te eso hacer…? – Shampoo alzó sus ojos hacia Akane - ¡¡Chica violenta, ¿cómo atreverte a…?!!

 

-¡Akane, eso no te lo consiento! ¿Cómo has podido hacer algo tan indigno?

 

-Eh, eh, a mi no me miréis… yo no…

 

-¡Estar claro que haber obligado a Airen a que… a que…!

 

Shampoo no pudo continuar, y ambas se abrazaron en tono de llanto. Luego las dos cocineras se separaron y miraron a Akane con bomboris/espátulas en mano. Akane las miraba aterrada.

 

 

-¡Ya os he dicho que no he sido yo!

 

-¡Akane, matar!

 

-¡Me las pagarás Akane!

 

Las dos chicas se lanzaron contra Akane, la cual intentó esperarlas con pose de lucha, hasta que Ranma salió de su estado de ensoñación.

 

-Chicas, chicas, ¿cómo queréis que una cosa como esa me seduzca? – dijo Ranma. – ¿Una chica como Akane? Bah, ¿cómo se os ha ocurrido?

 

-Hombre, pues quizás… - Ukyo miró con duda a Shampoo.

 

-Visto así… - la amazona se tiró a los brazos de Ranma - ¡Estar claro que Shampoo ser la única que seducir a airen!

 

-¡Suéltalo, bruja!

 

 

No obstante, Ukyo, Shampoo, Ryoga, Mousse y el propio Ranma se dieron cuenta que esa situación no acabaría con una pelea por Ranma… sino con un Ranma muerto. Todos vieron como Akane, intentándose contener, se abalanzó contra Ranma y le propició uno de esos mazazos que duelen.

 

-Aghaaaneee….eghes una brgutaaagh…

 

Akane  sólo hizo crujir sus manos mientras que Ranma la miraba como si del Demonio se tratara. Akane iba a seguir magullándolo, cuando un ruido les paró a todos sus corazones. Era el sonido de un cuerno, alto y claro. Todos se quedaron mirándose unos a otros.

 

Hubo un silencio general, hasta que empezaron a oír voces aquí y allá del corredizo de piedra, cosa que les hizo reaccionar. Todos fueron a sus respectivas habitaciones, se vistieron con lo más básico y subieron rápidamente a la parte superior de la muralla. Allí había un sinfín de rijinomours, vestidos de verde igual que ellos, mirando todos hacia el horizonte, donde a la base de las montañas lejanas se podía entrever una minúscula mancha roja. La voz de Kordkel se oyó desde una de las más altas torres de vigilancia que disponía la muralla.

 

-¡¡Escuchadme bien, que no os domine el pánico!! ¡¡Todos a vuestros puestos, y esperad la señal para atacar!! ¡¡No hay motivos para estar nervioso, concentraos y todo saldrá bien!! ¡¡De nosotros depende la supervivencia de la Unión Blanca!!

 

Se oyeron gritos de multitud vitoreándolo, y posteriormente todos empezaron a correr hacia sitios distintos. Kordkel hizo una señal a Ranma y compañía para que se dirigieran a la torre donde él estaba.

 

-¡Ya era hora, chicos! ¿Dónde estabais?, ¿es que no sabéis que toda la muralla os estaba esperando? – dijo en tono enfadado. Luego se dirigió a Akane - ¿La tienes?

 

Akane se sacó el colgante con decisión y asintió.

 

-Bien, pues, señorita sabe lo que tiene que hacer. Mucha suerte…

 

-Gracias.

 

Akane se adelantó unos pasos hasta llegar casi al borde de la muralla. Todo se quedó en silencio, silencio que fue roto por un grito extrañamente anormal que venía de la pradera. Y luego todo fue muy rápido.

 

 

Toda la extensa pradera que se arremolinaba delante de la montaña de Kandu empezó a ondular, como si se tratara de un… ¿manto? Una extraña capa que calcaba el relieve de la pradera empezó a ser retirada para dejar ver a miles y miles de seres vestidos de negro. Tenían las caras deformes, babeaban de una manera asquerosamente asquerosa, sus ojos, amarillos, sobresalían de una manera espectral. Iban armados con extrañas espadas, flechas y otro tipo de armas desconocidas al ojo humano.

 

El teniente Kordkel miraba desde su posición atónito. ¿¡Cómo tantos miles y miles de orcos habían podido camuflarse bajo un manto al borde de Kandu? Sin duda eso era un hechizo de invisibilidad de Hak…

 

-¡¡HOMBRES A SUS PUESTOS!! –gritó el teniente a pleno pulmón.

 

Todos los rijinomours adoptaron una posición de ataque/defensa al instante.

 

-¡¡CARGUEN FLECHAS!!

 

Todos los rijinomours que habían a las primeras filas de Kandu sacaron sus arcos.

 

-¡¡DISPAREN!!

 

A los ojos de nuestros chicos de Nerima, ese día hubo ‘’lluvia’’. Las flechas parecía que tuviesen vida, moviéndose de una forma totalmente aerodinámica y clavándose cada una a los puntos menos protegidos de los orcos, que chillaron de agonía.

 

Y aquí empezó la batalla. Toda la carga que había a toda la llanura de orcos empezó a correr hacia la muralla con sus armas en alto. Los rijinomours cargaban y cargaban flechas y más flechas, además de tirar otros objetos similares.

 

Kordkel se dirigió firmemente hacia Akane.

 

-¡Bien, Akane! ¡Es hora de hacer funcionar al Ostirith!

 

Akane, quien había permanecido embobada mirando ese gran campo de batalla empezó a sentir miedo.

 

-Pero yo no… yo no se cómo hacerlo, teniente… - dijo la chica con un hilo de voz. El hombre se quedó de piedra.

 

-¿Qué…?

 

-L-Lo siento… intenté decírselo pero…

 

El hombre no contestaba. Miraba fijamente el campo de batalla que se extendía sobre sus tierras.

 

-Inténtalo.

 

Akane se quedó callada - ¿Eh?

 

-Que lo intentes, al menos. Eres nuestra koiko-sama, inténtalo siquiera.

 

-Pero yo no…

 

-¿Ves esos hombres de allí? Tiran flechas y más flechas. Los que hay detrás suyo empiezan a armarse para luchar cuerpo a cuerpo. Ellos están esperando el momento en que tú despiertes el Ostirith y puedan enviarte su energía. Por muy fuertes que seamos, hay demasiados orcos. Por favor, hazlo por todos ellos, inténtalo.

 

Akane se quedó realmente mal. Se puso a un sitio seguro donde sabía del cierto que no recibiría ninguna flecha ni nada y miró a la piedra azul que colgaba de su mano. Parecía que brillase más que nunca.

 

-Está bien, lo intentaré.

 

Kordkel sonrió y se marchó. Akane cogió con la mano izquierda el cordel de la piedra y con la derecha cogió al Ostirith suavemente. Mantuvo la posición en alto durante unos segundos, mirando al horizonte negro, y cerró los ojos.

 

 

 

 

 

Mientras, la batalla seguía bajo la torre de vigilancia donde se encontraba ella. Las flechas empezaban a escasear y cada vez el frente negro se acercaba más y más a la muralla. El teniente Kordkel ordenó a su escuadrón de rijinomours expertos en energía que lanzasen sus ataques hacia el frente y así poder dar un poco más de tiempo a los arqueros y los distribuidores de flechas.

 

Ranma y Ryoga se pusieron delante de todo, y ambos se concentraron cada uno en un sentimiento opuesto. En pocos segundos, los orcos recibieron un ataque combinado de energía positiva y negativa que, al combinarse, creó una gran explosión. Un líquido negro y viscoso corrió por las secas praderas, pero eso no inmutó a los otros orcos que siguieron a la carga. Desde el horizonte se podían ver orcos y más orcos, un ejército que parecía no tenía fin.

 

Mientras, Mousse ayudaba a los cargamentos proporcionando todo tipo de bombas, cadenas y fuegos artificiales que seguro funcionarían. Ukyo y Shampoo, según las órdenes de Kordkel, serían las nuevas enfermeras, aunque eso no significaba que no pudiesen lanzar de vez en cuando un bombori/espátula al campo de batalla.

 

 

La batalla no se decidía. El cargamento empezaba a escasear, y por muchos ataques de energía y bombas que lanzasen al frente negro, este iba siendo reemplazado por la hilera siguiente de su ejército, una hilera que se extendía hasta las llanuras y que parecía no tener fin. Ranma y Ryoga empezaban a estar ya cansados de gastar tanta energía; Kordkel los hizo parar con el argumento que si querían servir de utilidad a la koiko-sama debían tener algo de energía.

 

La koiko-sama… Ranma miró a lo alto de la torre de vigilancia, donde Akane, con los ojos cerrados, mantenía en alto al Ostirith, la pequeña piedra azul. No había pensado mucho en eso, pero ahora de repente le vino a la cabeza el pensamiento que tendrían que lanzar su energía hacia Akane cuando esta hubiese liberado al Ostirith. Pero ella era demasiado torpe y débil como para aguantar un ataque de chi de milles y miles de rijinomours y luego lanzarlo contra esa barrera. ¿Seguro que podría? Basta haría con que al menos liberase al Ostirith. Ranma vio como su prometida tenía las facciones endurecidas, estaba intentando concentrarse al máximo y no podía hacer nada.

 

 

 

 

 

-Vamos…vamos…por favor, funciona…

 

Akane tenía desde hacía varios minutos la piedra en alto y por mucho que se esforzaba no podía hacerla funcionar. Aún con los ojos cerrados ella oía la multitud de gritos de los suyos a causa de algún ataque de los orcos, como flechas o vete tú a saber. Ellos confiaban en que ella los ayudaría. Y no podría decepcionarlos. Con cada célula de su ser intentó recordar los consejos de Shaidril ese día no muy lejano en que intentaron una vez más que Akane ‘sintiese’ al Ostirith.

 

 

“Ahora eres la Piedra…”

 

 

Akane cerró los ojos con decisión mientras oía como gritos de lucha y desesperación por parte de los suyos surcaban el aire. Frunció el ceño, aún más segura de si misma para salvarlos a todos.

 

Y de repente lo entendió. Ser la piedra no era ni mucho menos convertirse en una piedra. Era simplemente… era como… era como si ella tuviese un extraño objeto que debía utilizar sin saber cómo… el primer paso era, simplemente, entenderla. Y saber qué querer hacer con ella.

 

-Quiero salvar a mis amigos.

 

 

“Intenta sentir la piedra…”

 

 

Intentar sentir la piedra. Era un paso relacionado con el anterior. Sentir la piedra, sentir su aura y su poder… Akane acarició suavemente la piedra. ¿Eran imaginaciones suyas o estaba extrañamente…caliente?

 

“Y ahora…saca su poder a flote…”

 

Akane alzó los brazos de un tirón y tiró al Ostirith al aire. Aún con lo ojos cerrados, mas aún concentrada, recordó la última frase.

 

-Todos confían en mí.

 

 

 

 

 

Los orcos se habían cansado de recibir impactos y más impactos y procedieron al ataque (N.A.3). Camufladas, tenían centenares y centenares de…de… extrañas construcciones de madera, lo más preciso que pudieron decir Ranma y los otros. Parecían de juguete, hasta que les tiraron con esa especie de ‘catapulta’ una bola negra del tamaño de una pelota de fútbol y que impactó con gran parte de la muralla. Y se oyó una gran explosión. Y toda la muralla chirrió. Y se oyeron gritos de dolor. Y cuando el humo se disipó, allá donde había metros y metros de muralla, decenas y decenas de personas, amigos, sólo había vacío. Un enorme vacío…

 

 

Los orcos continuaron tirando bombas, esta vez con menos puntería, dando a la base de la fortaleza y ocasionando grandes daños y heridos. Ukyo y Shampoo iban de aquí para allá con otro grupo de mujeres que se unieron a ellas en las labores de enfermería.

 

 

 

Dicen que es en los peores momentos, en los más adversos, cuando sale a flote todo un poder dormido. El caso es que cuando todos, incluso Ranma empezaron a dudar de salir vivos de allí, un extraño resplandor los iluminó. Los dos bandos, rijinomours y orcos miraron confundidos a esa extraña luz, y al ver de dónde procedía, se quedaron – algunos – más que sorprendidos.

 

Cuando Kordkel, Ranma, Ryoga, Mousse, Shampoo, Ukyo y el resto de rijinomours vieron a Akane con el Ostirith en lo alto y brillando de una manera extrañamente azul, sintieron de nuevo la esperanza brotar en sus corazones.

 

 

 

Fue todo muy rápido, apenas unas fracciones de segundos. Algunos con más confianza, otros con menos, la cuestión es que todos dirigieron sus energías, sus ‘chis’ hacia Akane. Para su sorpresa, no fue doloroso. Más bien ni lo notó. Se encontraba en un periodo de ensoñación del que no sabía cómo había entrado. Sólo vio azul. Poco a poco y sin ser consciente de ello, bajó las manos y  dirigió un enorme resplandor azul hacia la frontera negra, la cual se había quedado sin habla ni capacidad de reacción.

 

 

 

 

Y el azul, en llegar a su destino, ‘inundó’ todo el valle con el negro dentro. Y el azul ganó. Y cuando el azul se disipó, ya no quedó negro. Y todos los rijinomours, en silencio, empezaron a gritar. De alegría. Se abrazaron unos a otros, dando gracias a los cielos y a su salvadora, la cual no oía nada porque estaba al suelo frío, tumbada, en lo alto de la torre de vigilancia, muerta…

 

 

 

 

Final del cap. IX

 

 

CONTINUARÁ

 

 

 

 

 

 

NOTAS DE LA AUTORA

 

 

Hola a todos, gracias de nuevo por leer mi noveno capítulo de este fic. Aaah… no sabéis lo pesado que se me ha hecho para escribirlo, y aún más alternándolo con los otros fics que tengo… Pero bueno, aquí está, ¿no?

 

¿Y qué? ¿Os ha gustado? Jejeje, ya se, ya se… termina en suspense total. Pero no pienso hablar del final porque acabaré diciendo cosas que no tocan decid aún, así que tendréis que esperar al próximo capítulo.

 

Sintiéndolo mucho,  

 

se despide

 

 

CiNtUrO-cHaN

 

 

N.A.1- Ya sé que la descripción en si no está muy lograda, pero quiero que sepáis que dentro de poco pondré un boceto de la Akane que yo me imagino en Sense, porque como sabréis (?) en este fic tiene un aspecto diferente, más que nada de físico – pelo y todo eso. Y como dentro de poco escaneraré muchos dibujos que tengo por casa, pues pronto la podréis ver mejor y allí se verá más claro.

 

N.A.2- “Unsô”  significa “transporte” en japonés. Como había que hacer el transporte, pues busqué al diccionario que tengo en casa – sí, tan viciada estoy a esto del manga y de Japón que tengo bastantes libros relacionados con el tema, diccionario inclusive – y allí encontré esta palabra que me vino de perlas.

 

N.A.3- Como es sabido por todos o casi todos, los orcos se caracterizan por ser unos completos idiotas, o al menos esa es la visión que les tengo yo y que pondré al fic. Por eso no atacaron hasta varios minutos después de ser agredidos, porque no cayeron antes a la cuenta de que ellos también tenían que atacar.

 

 

 

-16 de Marzo del 2003-

 

 

 

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