Este fic está basado en los personajes de la serie Ranma ½, cuyos derechos pertenecen única y exclusivamente a la autora Rumiko Takahashi, la editorial Shogakukan y a Kitty Films. Dado que sólo escribo por placer para todos los Ranmaníacos del mundo y sin fines de lucro, no estoy quebrantando ninguna ley, por lo que no me hago responsable de ningún cargo.

 

 


 

 

De CCF para todos vosotros, un nuevo capítulo más del fanfiction Sense. Como podréis comprobar, al nacer CCF hago una variación a las entregas de los capítulos, cambiando el módulo de presentación, espero que os guste más este.

Y como iba diciendo, un nuevo capítulo más de esta serie, donde podréis encontrar un poquito de todo –espero – y disfrutarlo. Para todos vosotros, un nuevo capítulo de Sense que espero sea de vuestro agrado…

 

 

 

 


 

= SENSE =

 

 

“Dicen que es en los peores momentos, en los más adversos, cuando sale a flote todo un poder dormido. El caso es que cuando todos, incluso Ranma empezaron a dudar de salir vivos de allí, un extraño resplandor los iluminó. Los dos bandos, rijinomours y orcos miraron confundidos a esa extraña luz, y al ver de dónde procedía, se quedaron – algunos – más que sorprendidos.

 

Cuando Kordkel, Ranma, Ryoga, Mousse, Shampoo, Ukyo y el resto de rijinomours vieron a Akane con el Ostirith en lo alto y brillando de una manera extrañamente azul, sintieron de nuevo la esperanza brotar en sus corazones.

 

 

 

Fue todo muy rápido, apenas unas fracciones de segundos. Algunos con más confianza, otros con menos, la cuestión es que todos dirigieron sus energías, sus ‘chis’ hacia Akane. Para su sorpresa, no fue doloroso. Más bien ni lo notó. Se encontraba en un periodo de ensoñación del que no sabía cómo había entrado. Sólo vio azul. Poco a poco y sin ser consciente de ello, bajó las manos y  dirigió un enorme resplandor azul hacia la frontera negra, la cual se había quedado sin habla ni capacidad de reacción.

 

 

 

 

Y el azul, en llegar a su destino, ‘inundó’ todo el valle con el negro dentro. Y el azul ganó. Y cuando el azul se disipó, ya no quedó negro. Y todos los rijinomours, en silencio, empezaron a gritar. De alegría. Se abrazaron unos a otros, dando gracias a los cielos y a su salvadora, la cual no oía nada porque estaba al suelo frío, tumbada, en lo alto de la torre de vigilancia, muerta… “

 

 

 

 

 

De CCF al mundo entero presenta…

 

 

 

 

 

 

“SENSE”

 

 

                                                                                                                         Un fic de Ranma ½ escrito por CCF

 

 

PARTE 3: GUERRA

 

Cap. X : Cuidado con el paso

 

 

 

 

 

 

Los últimos minutos fueron muy confusos. La multitud empezó a gritar y a vitorear. Las mujeres reanudaron su tarea de guarición. Los corresponsales empezaron a notificar la gran victoria, la victoria de la batalla de Kandu, que sería recordada durante años. Aunque eso no significase que hubiesen ganado la guerra, claro, pero nadie quería pensar ahora en eso, simplemente querían creer que ahora vendrían tiempos mejores.

 

Con gran organización, los heridos fueron llevados por múltiples rijinomours e enfermeras al interior de las murallas. Había habido muchas pérdidas, la victoria había costado un alto precio, como en todas las batallas. Al menos ellos habían causado más daño que recibido. Eso siempre era bueno.

 

Ranma miró al horizonte. Donde había habido hace segundos un fuertísimo ejército de orcos y lorcos, ahora sólo quedaban extrañas cenizas y un suelo de un color azulado. El ataque había sido eficaz. No había quedado piedra sobre piedra. Él, desde su posición, junto con Ryoga y Mousse, se sentía impotente. Lanzando ataques y más ataques, mientras que miles de hombres bajaban al campo de batalla a luchar espada contra espada. Pero ahora todo había terminado. Ryoga y Mousse estaban sentados junto a él, apoyados a una pared, agotados al desprenderse de tanta energía vital.

 

-Parece…ser…que…ya…hemos…gana…do…

 

-Sí… pero… esto…es…sólo…el…principio…

 

Los tres chicos pararon de hablar al darse cuenta que suficientes esfuerzos hacían ya para no caer en el misterioso mundo de la inconsciencia. Fue entonces cuando les pareció oír pasos, y dos siluetas de mujer se pararon delante de ellos. Eran ni más ni menos que Shampoo y Ukyo, despeinadas y con rasguños varios.

 

-¿Airen… encontrarse bien? – preguntó, al límite de sus fuerzas.

 

-¡Shampoo…! ¡Cuánto me alegro de que estés bien! – De repente el chico pato recobró todas sus fuerzas.

 

-Vamos, Ran-chan, tenemos que… llevaros a… enfermería. Órdenes de… Kordkel de socorrer a los… heridos.

 

-Pero si sólo estamos cansados, Ut-chan, de verdad… - el joven miró a la cocinera de okonomiyakis; la verdad es que parecía que en un momento u otro fuera a desplomarse allí mismo.

 

Aún así, la chica no se dejó convencer y ayudó a ponerse en pie a Ranma y Ryoga, mientras que Shampoo ayudaba a Mousse. Cuando este se puso en pie, se dirigió rápidamente a socorrer a Ranma.

 

-¿Y dónde está… mi Akane? – preguntó el chico perdido, preocupado.

 

Entonces Ranma recordó que la que había hecho posible la victoria, la que había hecho posible ganar la batalla, a la que debían estar agradecido por haber vencido, no era otra que Akane. Su prometida. Y recién recordó que todos le lanzaron su energía. ¿Cómo se había podido olvidar de ella en un momento así? Se maldijo a si mismo y sin aviso previo empezó a correr en dirección a la torre central, donde estaría ella.

 

Cuando llegó a lo alto vio que había mucha gente allí reunida, demasiada. Se acercó al centro de la multitud y vio a Kordkel cargando a una Akane que yacía inmóvil, con los ojos cerrados, llena de rasguños y numerosos hilillos de sangre aquí y allá.

El chico quedó impactado al verla. Al cabo de un momento, aparecieron Ryoga y los demás. También se quedaron inmóviles.

 

-¿Q-Qué le ha pasado? ¡Akane, despierta! – sin darse cuenta de lo que hacía, Ranma quitó a Akane de los brazos de Kordkel y le dio suaves palmaditas a la cara - ¡DESPIERTA!

 

-¡Ya basta, chico! Tenemos que llevarla a enfermería cuanto antes, así que te sugiero que…

 

Antes que Kordkel pudiese acabar la frase, Ranma cogió a Akane, se la cargó a la espalda y de un salto bajó a la base de la muralla y se encaminó hacia enfermería.

 

No le costó mucho encontrarla ya que la muralla en si en estos momentos era la enfermería. Heridos aquí y allá, gente corriendo con numerosos fármacos…

 

-¡RANMA…!

 

El grito seco de su nombre hizo parar al chico. Miró hacia atrás, donde estaban Kordkel y los demás chicos. Ranma miró a Akane, inconsciente. Ella lo había llamado aún sin conocimiento…

 

-Necesita tratamiento especial. ¡Así que te sugiero que si quieres salvar a nuestra koiko-sama me hagas el favor de hacerme caso de una vez y obedecer mis órdenes! ¡Sígueme!

 

Ranma no dijo nada y le siguió en silencio. Él los condujo a una pequeña estancia con una cama. Allí recostó a Akane suavemente.

 

-¡Kayumi! ¡Sasha! ¿Dónde se supone que se meten en los momentos cruciales?

 

Se oyeron pasos apresurados a la puerta. Acto seguido, entraron estrepitosamente dos mujeres. La primera, Kayumi, era alta y esbelta, pelo corto y un extraño pendiente a la oída izquierda. Sasha era mucho más bajita y de constitución arisca. Tenía una mirada buena y gentil. A Ranma le pareció que si llevase puesto el traje de una monja podría hacerse pasar por ella perfectamente.

 

-Bien, ya saben lo que tienen que hacer. Así que háganlo. Chico, tú tienes que irte fuera.

 

-¿Y eso por qué? – replicó él.

 

-Porque sólo estorbarías. Así que hazme el favor de quedarte fuera de la estancia, y tal vez seas de utilidad para alguien.

 

Con empujones, lograron sacar a Ranma de la habitación. Antes de irse le dio un último vistazo a Akane. ¿Por qué tenía que ser ella la que sufriera más siempre? ¿Por qué nunca podía hacer nada para evitarlo? Esta escena le recordó a la misma vez que ella se enfrentó contra aquel dichoso kamuflair. En esa ocasión, Shaidril también le ordenó que se mantuviera al margen esa noche. ¿Por qué todos querían separarlos? Aunque, visto desde otro punto de mira, quizás se estaba excediendo un poco…

 

- Ran… - Ranma oyó un pequeño gemido de la habitación - ¡¡RANMAAAAAAAAAAAAAA!! – era de Akane.

 

Ese grito hizo añicos su alma. Era la voz de Akane, alta y clara, y se oía desde dentro de la habitación. Sin pensárselo dos veces, y haciendo caso omiso  a los guardias que Kordkel había colocado a la puerta, Ranma entró sin contemplaciones. La escena era algo impactante. Kayumi y Shasha, cada una al lado de la cama, inmovilizando a Akane. Kordkel, al pie de la cama, con ambas manos extendidas hacia Akane. Ella estaba llorando de dolor, aún inconsciente. Había llamado a Ranma como si de un acto reflejo se tratase. Cada vez que ella notaba el dolor, algo en su interior le impulsaba a llamar ese nombre.

 

-¿¡SE PUEDE SABER QUÉ LE ESTÁIS HACIENDO!? – Ranma entró colérico y se enfrentó a Kordkel.

 

-¿Es que no lo ves? ¡Intentamos curarla!

 

-¡Ya lo veo! – dijo él irónicamente - ¿Y por qué me da la sensación de que ahora mismo le estáis causando más daño que el que ya tenía?

 

-¡Pues porque no hay otra manera, Ranma! ¿¡O te crees que me satisface ver sufrir por mi culpa a la koiko-sama? ¿¡De veras lo crees!? ¡Y ahora haz el favor de irte!

 

Kordkel y Ranma se miraron durante un momento. Entonces aparecieron dos hombres de vigilancia y lo llevaron hasta la puerta. Ranma no opuso resistencia. Se quedó al otro lado de la pared, igual que en esa otra ocasión, oyendo durante toda la noche los gritos desgarradores de Akane. En esa ocasión se juró que no se volvería a repetir. Había faltado a su propia palabra. Pero ya no volvería a pasar. Ya no. Ranma pensó en eso con ironía: ¿cuántas veces se lo había planteado ya…?

 

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

 

El incesable ruido de gritos desgarradores no cesaba ni un instante en el interior de la muralla de Endurias, donde se encuentra la capital de Hak

 

Múltiples reuniones de jefes y capitanes ha habido en estos últimos días. La noticia de la batalla perdida en Kandu había corrido como un chismorreo más. El rey de Hak, que hasta ahora se lo estaba tomando todo a la ligera, empezó a tomarse las cosas en serio, con calma. Cierto era que él ya se esperaba el fracaso de los inútiles orcos y lorcos; pero no había sido todo en vano. Ahora sabía cual era el límite de la fuerza de la koiko-sama. Al hacer funcionar el Ostirith en un 25%, ella casi perece en el intento. En caso que tuviesen que hacer un enfrentamiento cara a cara, haría falta un 110% para vencerle a él. Estaba claro que la suerte jugaba en su favor.

 

-¿Y qué se supone que vamos a hacer ahora? ¡La guerra ya ha sido declarada, no podemos quedarnos quietos! Yo digo que enviemos todas nuestras fuerzas a Banhelia. Los puertos de la unión negra nos darán miles de efectivos. Así podremos conseguir la victoria de una vez por todas.

 

-Estimado amigo, no creo que sea esa una buena decisión… - dijo el rey de Hak, que salió de sus pensamientos – Yo siempre digo que en la guerra, uno de los factores incondicionales es el espíritu, el ánimo… Ahora mismo, todos los de la unión blanca están con la moral alta. Evidentemente porque han vencido en Kandu. Atacarles ahora sería una batalla más perdida. Además, le recuerdo que no disponemos de muchos efectivos más que ellos. Nuestras fuerzas están más o menos igualadas.

 

-¿Y qué se supone que debemos hacer? ¡Haga el favor de sugerir algo!

 

-Por supuesto. La única fuerza que nos podría hacer sombra es la del Ostirith, y por eso debemos aniquilarlo. Ahora mismo está en manos de la koiko-sama. Si llega de nuevo a las manos de la reina, ella lo sabrá manejar mucho más que esa novata. Por eso propongo que se lo quitemos a ella…

 

-Mi señor, se olvida que ahora mismo están todos a la frontera de Kandu.

 

-…Llena de heridos. Pero mi plan no es el de atacarles allí; sería mejor un ataque sorpresa, inesperado… no como el de Kandu. En el que no tengan tiempo de atacar… Y dado que en Kandu no hay el espejo Mithrall, por lo que no podrán volver con un hechizo. Tendrán que recorrer el trayecto a pie, y entonces les cogeremos.

 

-¿Y quién sería el suicida que querría afrontarse a la koiko-sama con el Ostirith en su pleno esplendor? No sacrificarás más soldados míos, querido rey…

 

-No tenía intención de sacrificar a orcos que… ¿cómo les has llamado? ¿Soldados? – el rey de Hak empezó a reír irónicamente.

 

-¡Esto es una ofensa para los orcos! ¡Exijo que se disculpe ahora mismo! – inquirió el general orco con un fuerte puñetazo propinado a la inocente mesa.

 

El rey de Hak lo miró centelleante – Mi queridísimo amigo Gondoll… me parece que has olvidado quién manda aquí. Vuélveme a levantar la voz y no corresponderé a mis actos. Nadie querría sufrir la pérdida de un general de su categoría, Gondoll.

 

Hubo algunas risas aisladas. El general orco sólo gruñó.

 

-En fin, retomando la conversación… tenía planeado obsequiarles con un regalito maravillosamente maquiavélico. Pero no pretendía poner carne al asador… simplemente les mandaré el regalito desde aquí mismo.

 

-¿Un hechifrsko? – preguntó Frshk, el rey de Helidion.

 

-Exactamente. Un hechizo.

 

-¿Y dhe qufrshé?

 

-¿De qué…? Ah, eso es una sorpresa que me reservo…

 

Se oyeron pasos acelerados y las puertas del gran concilio se abrieron de par en par, dando golpes a los centinelas.

 

-¡SEÑOR!

 

Todos los presentes se giraron hacia un joven de unos veinte años, mirada fría, que les observaba desde la puerta con la mirada desafiante y los brazos cruzados.

 

-Si me permite, quisiera ir yo en persona. – dijo él, tranquilamente.

 

Se oyeron pequeños susurros de disconformidad.

 

-Pero si es sólo un crío… Sería mejor que llevásemos a mis ejércitos de fuego – dijo el rey de Arenalia.

 

-Unkei, Vrintdir sería más efectivo que cien millares de soldados tuyos juntos. Vrintdir, tienes todo mi apoyo… - susurró el rey de Hak, en tono amigable.

 

El joven sonrió frívolamente – Muchas gracias, mi señor… - con una leve reverencia, desapareció tras la puerta principal de la sala de reuniones del castillo de Hak; pensando para si mismo lo que iba a ser el gran golpe de su vida. El golpe que le haría subir el último escalón para ganarse la confianza de su rey y después…

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

 

Un escalofrío de terror hizo despertar a Akane. Estaba cansada, adolorida, asustada… Su último sueño no había sido bueno. Mejor dicho, nada de lo que había soñado últimamente era bueno. Sombras y más sombras se movían de aquí para allá dentro de lo que era una grandiosa fortificación negra. Las siluetas eran extrañamente anormales; no correspondían a las de un ser humano.

 

Oía voces, susurros. Alguien la llamaba. ¿Para bien o para mal? Era la voz de una mujer…

 

Akane empezó a correr sin aliento y jadeando al largo de los corredizos solitarios. Y por fin llegó a una puerta. Era enorme. Y extrañamente familiar. Ya había soñado con ella otras veces. Pero siempre se despertaba justo antes de atravesarla. Esta vez fue diferente. La abrió con decisión. Estaba oscura, aunque se podía vislumbrar una figura sentada en un trono. Llevaba una máscara parecida a las de los payasos. Vestía unas extrañas capas oscuras y empuñaba fuertemente un extraño bastón de metal.

 

La figura empezó a avanzar hacia ella.

 

-Hola, señorita, ¿se ha perdido usted?

 

A Akane le pilló de improvisto la pregunta.

 

-Em…sí, bueno…

 

-¿Querría quedarse un poco?

 

-Bueno, yo… la verdad es que tengo mucha prisa y…

 

Akane hizo ademán de irse, pero el extraño hombre hizo un chasquido de dedos y Akane fue envuelta por unas extrañas cuerdas invisibles, impidiéndole todo movimiento. Hasta se le hacía difícil la respiración.

 

-¿Te duele? –preguntó el misterioso sujeto, todo divertido.

 

-¡Haga el favor de soltarme! – inquirió la chica, moviéndose aunque sin lograr liberarse.

 

El rey hizo un golpe seco con el bastón en el suelo. Automáticamente, las cuerdas tomaron una forma extraña. Parecían, más que cuerdas, truenos azules. La chica empezó a notar calor. Demasiado calor; no pudo evitar gritar.

 

-Siente el dolor…siente el mismo dolor que yo sentí… ¡Esto no es más que el principio!

 

-¡¿Q-Quién es usted?! – masculló la chica - ¡Se arrepentirá!

 

-Yo creo que no. Y ahora, el golpe de gra…

 

Las puertas de la sala se abrieron estrepitosamente, creando ráfagas de viento. La silueta curvilínea de una mujer hizo apariencia. Vestía un extraño kimono adornado con unas joyas muy conocidas para Akane. Ella también empuñaba fuertemente un bastón que le pasaba tres palmos. A la parte superior, había un perfecto encaje en el cual yacía una piedra preciosa azul que brillaba enormemente.

 

La mujer andó hacia ellos con paso decidido. Ella y el individuo se miraron por unos momentos. Entonces, él empezó a desvanecerse, poco a poco, al igual que las cuerdas que ataban a Akane. La mujer se acercó a ella. Era extrañamente familiar. Pelo largo y negro oscuro, ojos oscuros también. Era una mujer bellísima.

 

-¿Estás bien? – le preguntó con voz dulce.

 

-Eh…sí…

 

-Ese engendro nunca aprenderá… - dijo ella en tono divertido, como si esto no fuera más que un juego para ella.

 

-Ah… ¿q-quién eres tú?

 

-Hm… ¿eres Akane, cierto?

 

La chica asintió dudosamente. La mujer le tocó la cabeza inocentemente.

 

-¡Qué orgullosa estoy de ti, Akane!

 

Ella se quedó a cuadros.

 

-¿Por qué…?

 

-Bueno, por lo que has hecho hoy y… por lo que harás.

 

Esta frase la dijo en un tono misterioso que dejó a Akane confundida. Ella la miró con una mirada profunda y misteriosa. Akane estaba liada. ¿Acaso era vidente? Algo en su interior le decía que no, precisamente.

 

La mujer se acercó a ella y le dio un tierno beso a la mejilla. Luego le sonrió y se volvió.

 

-Volveremos a vernos, Akane…

 

-¿Eh? ¿Se va? ¡Espere un momento!

 

De repente, la silueta de la mujer empezó a desvanecerse, al igual que todo el decorado.

 

-¿Quién eres tú? ¿Cómo sabías que me llamaba Akane?

 

La mujer ya casi ni se veía.

 

-¡CONTESTA POR FAVOR! – Akane extendió su mano hacia la mujer. Ella dejó caer un objeto que Akane recogió.

 

-Cuidado en el paso…

 

Akane no entendía.

 

-¿¡Qué paso!? – Akane notó como ya casi ni se notaba que allí hubiese otra persona. Parecía un fantasma al amanecer. En un último esfuerzo dijo - ¿¡Quién eres!?

 

Ella se volvió, atendiéndola. Le sonrió y miró de esa manera tan extraña y a la vez familiar y…

 

-Yo soy… Cerezane.

 

Y desapareció por completo.

 

Y el decorado cambió radicalmente.

 

 

Akane se vio envuelta por un blanco intenso. Esa mujer que la había salvado era… ¿Cerezane? ¿El mito de quien todos hablaban? Entonces, ¿por qué la había visto en sueños? Ella ya hacía tiempo que estaba muerta… ¿Qué era eso de que tuviera cuidado en el paso?¿Y por qué estaba orgullosa por lo que haría en un futuro? Preguntas y más preguntas revoloteaban en la cabeza de Akane.  Entonces reparó en el objeto que había al suelo y que Cerezane había dejado caer silenciosamente.

 

Era una flor extraña. Blanca. Sus pétalos eran parecidos a los de la margarita, sólo que en la cúspide había sutiles puntos azules. Era una flor preciosa. Sin embargo, era la primera vez que la veía. No le sonaba de nada.

 

Y al mismo tiempo en que cogió la flor, el suelo se desmaterializó y notó que empezaba a caer y a caer…caer y caer…caer y caer…

 

 

…y se despertó.

 

Akane jadeaba por la impresión de la caída. Al despertarse, parecía más bien que todo hubiese sido una mera ilusión, un sueño más sin tener que tomar en cuenta. Sin embargo, vio un indicio que empezó a preocuparla. A hacerle pensar que tal vez todo eso sí era cierto.

 

Akane empezó a pensar seriamente el ir a un psicólogo.

 

Porque…

 

…allá, agarrada fuertemente en su mano, a la cama, había una flor blanca…

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

 

- ¿¡CÓMO TE ENCUENTRAS, AKANE!?

 

-Bien, bien…

 

-¿¡SEGURO!?

 

-Sí, sí…

 

-¿¡PERO ESTÁS COMPLETAMENTE SEG…!?

 

 

Ranma le propinó un golpe a Ryoga que lo condujo a un largo letargo.

 

Ya habían pasado dos días desde la victoria en Kandu. Ahora se encontraban de vuelta a Banhelia. Cada uno iba montado en un corcel. Todos eran negros, excepto el de Akane, que era blanco. Iban acompañados por numerosos rijinomours. El teniente Kordkel no quiso ir. Se quedó en la muralla, acabando de curar a los heridos y rehaciendo las paredes caídas.

 

Habían recibido el soplo que en Banhelia les esperaba una grata fiesta de bienvenida. Pero, por el momento, aún se encontraban a un par de días o tres de camino.

 

Akane se había recuperado por completo. El extraño sueño, no se lo contó a nadie. Ryoga no paró de preguntarle si se encontraba bien desde que despertó, lo cual acabó por poner histérica a la chica. Por alguna vez, Akane dio gracias a Ranma de que él se ocupase de todo.

 

-Ah…Shampoo estar agotada, nunca jamás en su vida atender a tanta gente… - Shampoo se recostó al animal, intentando no quedarse dormida.

 

-Pues yo creo que había muchos que se hacían pasar por heridos. – dijo Ukyo de mala gana.

 

-¿Qué estarán haciendo ahora en Nerima? – preguntó Akane, con melancolía.

 

-A saber. Mi viejo y Ciruela seguramente dirían algo al dojo… aunque tal vez ni ellos mismos sepan qué nos ha ocurrido.

 

-Ahora que lo pienso, ya hace como dos meses que nos fuimos; estarán preocupados… - Akane bajó la cabeza. Se avergonzó que en tanto tiempo no se hubiese dignado a preocuparse por sus seres queridos. Hasta ahora no había reparado en el hecho de que ellos también lo estarían pasando mal; sin saber qué les había ocurrido, dónde estaban, sin saber siquiera si estaban vivos o muertos…

 

<<Cuidado con el paso…>>

 

Ese pensamiento volvió a la cabeza de Akane. Ese sueño… Últimamente se le iba repitiendo, noche tras noche, desde que pasó esa noche en enfermería. Y despertó con la flor blanca. De momento, eso no lo sabía nadie. Preguntó a gente si sabían de alguien que le hubiese dejado una flor allí mientras dormía. Uno de sus primeros pensamientos fue que la dejase Ranma, pero desisitió. Demasiado bonito para ser cierto.

 

Todo se estaba volviendo demasiado complicado. Estaba claro que su estancia en estas extrañas tierras no fue sin querer; ya estaba escrito. No llegaron aquí por mera casualidad. Quién sabe, quizás el gato de Ciruela, Koko, no hubiese entrado allí por casualidad. Aunque también cabía la posibilidad de que Akane se estuviese volviendo majara, que no era imposible.

 

-¿Cuánto falta? – preguntó por enésima vez el chico pato.

 

-¡Mousse, si volver a decir ‘cuánto falta’, Shampoo matar! – dijo la amazona histérica, con los nervios de punta de que el chico preguntase lo mismo cada cinco minutos.

 

-P-Pero Shampoo… tú sabes que me llevo fatal con estos animales de bellota… - el chico pato se puso a llorar.

 

-Pues ponerte a andar, tonto.

 

-Es que estoy cansado…

 

“¿Cómo es posible que tras haber ganado una batalla tan importante como es la de Kandu estemos hablando de esto?”, era el pensamiento que pasó por la mente de todos.

 

 

El camino llegó a su final. Ya era de noche. Había oscuros nubarrones que impedían ver las estrellas. Habían llegado a la mitad de su viaje; hacía sólo unas horas que habían traspasado la frontera de Sense (N.A.1). Más o menos les faltaban unas diez horas para llegar, por fin, a Banhelia. Todos tenían ganas de llegar, puesto que en este extraño mundo, el sitio que de momento les hacía sentir como en casa no era otro que Banhelia.

 

Seguro que allí estarían todos orgullosos de ellos. Pero la idea de ser ascendidos no les hacía gracia. Tampoco es que hubiese muchas razones para que lo hicieran, en fin.

 

Por fin llegaron a Terkeberos, un pueblo de unos doscientos habitantes, al más recordatorio y puro estilo chino antiguo. Ni que fuese de noche, allí había reunidos sin falta toda la población. El escuadrón de rijinomours, custodiados por otras decenas de estos y algunos superiores, se peinaron todo el paseo principal hasta llegar, por fin, a su casa por esta noche: el hostal Giri-Giri.

 

Era una casa de tres plantas, bastante grande, y que tenía una pinta de ser cara. Sin embargo eso no es lo que les emocionó más. La multitud, reunida por todas las esquinas, intentaba por todos los medios traspasar sus custodiantes para poder tocarles, como si con este acto recibiesen la divina sagración o tuviesen mejor suerte. Eso incomodó, en cierta manera, a Akane. Estos últimos días había pensado mucho en sus posibilidades. ¿Qué fue lo que le hizo sacar toda esa energía del Ostirith? Se miró a la piedra azul que le colgaba por debajo sus ropas, bien guardada. ¿Cómo una cosa tan pequeña podía ser tan letal?

 

De sus actos sólo se acordaba de vagas imágenes… manos alzadas, concentrada, el Ostirith elevado… y azul. Mucho resplandor azul. Entonces vio cómo todo la llanura, antes de color negra, infestada por las miles de tropas de orcos y lorcos, no era más que un extraño lago azul. ¿Ese era el verdadero poder de la piedra Azul? No lo sabía. Ya se lo preguntaría a Shaidril  cuando llegase, dentro de unos días.

 

-Hey, Akane, ¿te encuentras bien?

 

Akane salió de su estado de ensoñación - ¿Uh?

 

Ranma hizo un gruñido – Hace días que te noto rara. ¿Ocurre algo? Te quedas con la mirada perdida; casi no pruebas bocado; no hablas, nos evitas, no sonrí… - Ranma se paró automáticamente, rojo.

 

Akane se emocionó un poco al notar que Ranma se percataba que ella no se encontraba en uno de sus mejores momentos, pero aún así sonrió – No, no pasa nada, es sólo que estoy un poco…cansada.

 

Sin más, Akane apresuró el paso y entró en Giri-Giri, donde todos les estaban esperando. Ranma se quedó un momento parado, y luego la siguió refunfuñando. No se lo había creído. ¿Cansancio? Imposible. Hace una semana, se saltó unas horas de entrenamiento de Bonjo para ir a inspeccionar los progresos de Akane. Y si con el entrenamiento de Shaidril, Akane apenas sudaba, ahora debía estar más que recuperada de la donación de energía. Pero si no era eso, ¿entonces qué? Habían pasado demasiadas cosas. Él empezaba a creer seriamente que ya no había nada imposible. Y si todo era posible, entonces a saber cuál sería la preocupación de Akane. ¿Espíritus que la acosan cuando se va al baño? Imposible de imaginar.

 

Empezaba a preocuparse. Ya hacía días que Akane no era la misma de siempre. Algo la había cambiado. A decir verdad, desde el preciso instante en que salieron de Tokio, ella ya empezó a cambiar. Y él también. Y todos. En cierta manera, estas experiencias los habían hecho madurar. Ya no se acordaba de cuándo fue la última pelea en serio que tuvieron Shampoo y Ukyo por él. Ahora no se enfadaban tanto; es más, a sus ojos parecía que empezaban a llevarse bien. Y Ryoga y Mousse, últimamente no mencionaban tanto a Akane y Shampoo. Todos empezaban, en cierta manera, a unirse más. Pero Akane… Ella siempre iba sola, entrenaba sola, dormía sola, comía sola… Ella se sentía sola. Ranma notó que sus piernas flaqueaban. ¿Cómo no se había dado cuenta de algo así? Él siempre había tenido a Ryoga y a Mousse junto a él a los entrenamientos. Ukyo y Shampoo se tenían la una a la otra, y además hicieron muchas amistades en el escuadrón femenino. Pero Akane… Akane dormía en su habitación, entrenaba con Shaidril, comía con Shaidril, entrenaba, comía y dormía. Ya está. Sólo se veían de vez en cuando al largo del día.

 

Hablaría con ella, decidido.

 

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

Shaidril iba de aquí para allá. Su hijo, Shaika, revoloteaba cual bebé a su alrededor, haciendo preguntas en todo momento.

 

-¿Y se puede saber por qué tenemos que homenajear a ese chico? – dijo el príncipe.

 

-A él y a todos. Ganamos una batalla muy importante, hijo, hay que celebrarlo.

 

-¡Yo quiero celebrarlo a solas con la señorita Akane! – dijo el chico enfadado.

 

-Qué cosas tienes, hijo… anda, ve y pregúntale a Bonjo si los preparativos de bienvenida ya están listos.

 

El niño, a regañadientes, obedeció y salió de los aposentos de su madre. Ella se sentó pesadamente en su cama. No muchas habían sido las explicaciones de los recientes hechos en Kandu. La victoria había moralizado a los desmoralizados, y en parte a ella también, pero aún así, había algo que la atormentaba, que la atormentaba sobremanera…

 

…Hak. No estaba mostrando su auténtico poder en absoluto. Tenían noticias que en los puertos de la Unión Negra se estaban almacenando gran cantidad de engendros, y eso sin contar los que ya tenían por si mismos. ¿Por qué no los habían usado en la batalla de Kandu? En esta batalla se determinaban muchos aspectos importantes. Si la Unión Negra hubiese salido victoriosa, Kandu, y todos los terrenos de alrededor, serían suyos. Y eso en una guerra jugaba un papel importante.

 

Intentó ponerse en la piel del rey de Hak. Primero, antes que nada, tuvo un escalofrío. Luego se concentró. ¿Cuál era el objetivo del rey de Hak? Estaba claro que todos los demás generales, capitanes y amos de los países de la Unión Negra eran sus títeres, pero, ¿cuáles eran sus intenciones? ¿Ganar la guerra? ¿Y con ello, qué? ¿Hacerse el amo del mundo? Una idea tópica. Sin embargo, el rey de Hak era mucho más complejo que esto… Por muy fuerte que fuera, nunca tendría suficiente poder como para enfrentarse al mundo entero. No obstante, estaba olvidando algo importante… el rey de Hak hacía miles de años que había muerto.

 

Extraño, pero cierto. Y casi nadie había reparado en ese hecho.

 

-Cerezane lo mató. Ella lo destruyó. Volvió a revivir hará unos cuantos años y empezó a planear esta venganza. Suena tan estúpido que no me haya parado a pensar nunca en cómo consiguió volver a la vida… su cuerpo fue destruido, todos lo vieron, se carbonizó en las llamas azules, todos lo vieron; pero su alma… dicen que el alma nunca muere. Tal vez usando algún conjuro y…

 

Shaidril abrió los ojos con temor. Se alzó de un salto y fue a buscar un libro a la estantería. Lo abrió y empezó a ojearlo rápidamente, con gran maestría.

 

Su atención paró en el apartado de hechicería negra, vulgarmente llamada “magia negra”. Shaidril no daba crédito a lo que veía. Con grandes letras, a la cabecera de la página, ponía:

 

“Jaz Mellienz Hanz”

 

Shaidril, con voz trémula, empezó a leer.

 

-J-Jaz Mellienz Hanz. Significa ‘congelación del alma’ en extrañas lenguas nórdicas. Requiere gran dosis de poder, su efecto es la congelación de la mente a través de los años. Sin embargo, este hechizo jamás ha sido probado con nadie y se desconocen sus efectos secundarios y ni siquiera se sabe si funciona.

 

El labio inferior empezó a temblar. Allí estaba, allí se encontraba la clave de su reencarnación. Aunque, visto así, él nunca murió, simplemente fue naciendo poco a poco, recuperando el poder perdido, hasta llegar a ser lo que era ahora.

 

-Ahora que lo pienso…m-mi madre dijo una vez que…

 

Shaidril se levantó bruscamente y abrió un cajón. De allí extrajo un antiguo libro, hecho añicos, con la cubierta de piel gastada y oscura, y las hojas amarillas y rotas por el desgaste. Hojeó las hojas como una histérica, y entonces paró.

 

 

 

“Día séptimo de Luna Roja.

 

 

[…] Increíble, pero cierto… Ganamos. Mis tropas y yo llegamos a las puertas de Medusell. Algo extraño ocurrió. Una esfera negra nos impedía el paso por muchos ataques que les mandásemos. Temíamos por los seis rijinomours que se encontraban en su interior, en una lucha cara a cara contra el mismísimo rey de Hak…

 

Ya nos veíamos en nuestros funerales, cuando una luz nos cegó. Cuando, por fin, pude volver a ver, la esfera oscura había desaparecido.

 

Nos apresuramos a entrar en el castillo. Pero no había esa energía negativa que caracterizaba ese sitio… Aún así, seguimos. Llegamos a la sala central, y allí nos encontramos a nuestros seis valientes guerreros, tumbados al suelo, algunos conscientes y otros dormidos. Todos heridos. Habían luchado con valentía y habían salido victoriosos. Aún ahora, días después, no me lo puedo creer… ¿Cómo pudieron vencer al rey de Hak? Nunca lo supimos. Y eso tiene una explicación, y es que los misteriosos guerreros, los seis valientes rijinomours, nuestros seis ángeles de la guarda…desaparecieron.

 

Fue al cabo de dos noches. Hacía una luna llena preciosa. A la mañana siguiente, ya no estaban. Nos dejaron una nota, pero estaba escrita en otra lengua y no supimos qué decía; mas aún, la conservaremos por siempre…

 

Y otra cosa que debe quedar en la mente de futuras generaciones es lo que la nota decía, lo único que pudimos leer ya que estaba en nuestro idioma, tres palabras:

 

“Jaz Mellienz Hanz” , lo último que dijo el rey de Hak antes de morir.

 

Y por eso, según el consejo de Kektos el Sabio, lo escribí todo aquí, para no olvidar nunca lo que hicieron esos valerosos rijinomours y la koiko-sama de Sense, Cerezane…

 

 

Butao, General de las tropas ofensivas de la Unión Blanca. Banhelia, Sense, quinto año de la caída del meteorito.”

 

 

 

Shaidril lo releyó varias veces antes de convencerse de lo que allí había. Entonces era cierto. Sus sospechas tenían fundamento. El rey de Hak, ese espíritu vengativo hizo un hechizo para sobrevivir. Y ahora, más fuerte que nunca, desea…desea…

 

A Shaidril se le cayó el libro de las manos. Se sentó con pesar a su cama, pálida. Ahora comprendía. Comprendía todas las gestas del rey de Hak, y ya sabía cuál era su objetivo…

 

 

…la venganza.

 

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

 

Ya era de noche. En Giri-Giri los huéspedes, cansados, empezaban a irse a sus aposentos. La que más, Akane. Tenía dolor de cabeza, y pese a la rehabilitación, se notaba extraña. Lo más probable es que esos pensamientos, esos sueños, tuviesen la culpa.

 

“Cuidado con el paso” – pensó – “¿Qué querría decir? Ah…tengo sueño…

 

Akane se dirigió a su habitación. Era para ella sola, aún suerte. Andó a tientas y se tumbó a la cama sin siquiera ponerse el pijama. Casi no tenía fuerzas para moverse. Su cabeza empezó a dar vueltas y más vueltas…

 

 

Cuidado con el paso… Me vengaré… ¡Idiota!… Él quiere venganza… Pronto será mi hora… ¡Marimacho!... Has puesto demasiada sal… Me debes mil yenes… No toleraré que te cases con ese inepto de Saotome… Ah…er…esto… ¿Akane? … ¡Descoordinada! … ¡Ooooojojojojo!... Airen mío… Ran-chan es mi prometido… Me vengaré… Cuidado con el paso… ¡Estúpida!... No le pongas tanto azúcar… La cuenta asciende a tres mil… ¡Lela!...

 

La muchacha se tapó los oídos con las manos, intentando ignorarlo.

 

-¡¡AAAAAAAAGH!! ¡¡RANMA NO BAKA!! –dijo ella al límite de la locura.

 

-¿Y eso por qué?

 

Akane dio un respingo. Asustada, miró a la ventana, y, aliviada, vio a Ranma, que por cierto hacía una cara larga. Entonces ella recordó lo que había dicho.

 

-Ah, no bueno…es que… no lo he dicho con mala intención, es sólo que…

 

-¿No puedes dormir?

 

-No.

 

-Pues ya somos dos. ¿Puedo hablar contigo un momento? –preguntó él, algo nervioso.

 

-Ah, claro…

 

Ranma de un salto llegó al suelo y se sentó frente a Akane.

 

-¿Hay algo que quieras contar? Ya sabes… algo que te preocupe.

 

-Eh…bueno, no…

 

Él la miró molesto - ¿Por qué niegas lo evidente?

 

Akane bajó la mirada – Es que… no lo comprenderías…

 

Aquello fue una estocada para el chico. Se alzó bruscamente, enojado - ¡RAYOS AKANE, AL MENOS PODRÍAS DECÍRMELO, NO? ¡YO ME PREOCUPO POR TI!

 

Akane se quedó cabizbaja, algo emocionada. El chico no hizo ademán de querer rectificar lo dicho y esperó que ella dijese algo. Ya estaba a punto de lanzar la toalla y irse, cuando ella habló con un hilo de voz.

 

-¿Te has sentido alguna vez que no eres tú el que controla tu vida?

 

Ranma se la quedó mirando, preocupado – Constantemente.

 

Ella frunció el ceño – No me refiero a lo del compromiso o las prometidas… va en serio.

 

-Y yo también lo digo en serio.

 

-Sí, claro, pero tú no tienes que aguantar lo que yo… - dijo Akane, triste.

 

-¿Y tú qué sabrás? ¡Tienes suerte de no soñar cada noche con una maniática que no para de aconsejarte y decirme qué debo y qué no debo hacer! ¿Y para colmo aparece allí un tipo vestido de negro con una máscara que parece sacado de una peli de payasos de terror!

 

Akane lo miró con intensidad - ¿Qué…?

 

-Tsk, ahora ya lo sabes… - él se cruzó de brazos y se giró hacia otro sitio.

 

-¿P-Por casualidad esa chica no tendrá el pelo largo…?

 

-¿Largo? Largo es poco, le llega al suelo, creo. Y es bastante guapa, deberías aprend… un momento, ¿cómo lo has sabido?

 

-¿Qué te dice esa chica, exactamente?

 

-¿Que qué me dice? No me acuerdo muy bien…

 

-¡Vamos, Ranma! Es importante.

 

-Eh…bueno, decía algo que debía proteger a alguien, pero no daba nombres. También me decía algo que vigilase con el…

 

-…paso.

 

Ranma y Akane se miraron a los ojos, confundidos.

 

-¿Cómo lo…?

 

-Ranma, te pasa lo mismo que a mí…

 

-¿Entonces por eso estabas tan rara? ¿Porque tenías estos sueños?

 

-Sí…desde que me hicieron la rehabilitación no he parado de tenerlos. Ranma, esa chica es Cerezane.

 

-¿Cerezane? –dijo él sorprendido.

 

-Exacto…

 

-¿Y quién es esa?

 

Akane se cayó de espaldas. Luego de haberse incorporado le dio un golpe a la cabeza – Cerezane es la koiko-sama que hace miles de años derrotó a Hak, estúpido.

 

-Hey, no te pongas así, ¿cómo iba yo a sab…?

 

-Da igual. La cuestión es que ella siempre me dice ‘ten cuidado con el paso’… ¿a qué se referirá?

 

-Bah, no creo que haya problema. Esto seguro que es una coincidencia, Akane.

 

-Ah, claro, una coincidencia que tú y yo soñemos con las mismas personas una y otra vez. Claaaaaaaaaaro, ¿cómo no se me había ocurrido? –dijo en tono irónico.

 

-Eh, yo sólo intentaba…

 

-Sí, sí… en fin, será mejor que vayamos a dormir. Si alguien nos encuentra a estas horas en mi habitación… en fin, buenas noches Ranma.

 

-Hasta mañana. Jeje. A ver si soñamos hoy en cosas más divertidas…

 

Akane advirtió que Ranma se ponía algo colorado. Ella no pudo evitar tirarle la mesita de noche - ¡Eres un pervertido…!

 

 

Él se despidió y Akane le sonrió. Luego se puso el pijama y se cerró en la cama, como un sobre. Le había reconfortado mucho el hablar con Ranma. Para bien o para mal, él siempre estaba allí para ayudarla. Él fue el único que se dio cuenta de su malestar, y mira por dónde también lo compartía. Esa idea se le tornó extraña… ¿cómo podían tener una y otra vez el mismo sueño? ¿Sólo era un sueño? Algo en su interior le decía que no… Así pues, habría que ir con cuidado de tomar algún paso…

 

 

Ranma llegó a la habitación,  dónde Mousse y Ryoga ya hacía rato que dormían. Ryoga tenía su pie en la cabeza de Mousse, el cual hacía gestos de horror. Ranma se tumbó en su cama con ambas manos a la cabeza, pensando en lo de antes. Y él que creía que era el único que tenía esos extraños pensamientos… y ahora resultaba que eran los mismos que Akane, y que por ellos había estado tan extraña estos días. Tal vez él también tendría que haberlo estado, pero Ranma, a diferencia de Akane, no se lo tomaba en serio. ¿Hacía bien?

 

No era muy común soñar lo que él. Sinceramente, no se acordaba exactamente de lo que soñó, sólo de extrañas imágenes borrosas, que se le hacían pesadas, pesadas…cada vez pesaban más… ¿las imágenes o sus párpados…? Se durmió.

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

Ya era un día más en Sense. El cielo azul, el Sol brillante… Ranma despertó con una sensación agobiante, sudando. Miró a ambos lados. Ryoga y Mousse no estaban; era más, habían recogido el equipaje y sus camas ya estaban hechas. Ranma se levantó de un salto y bajó al comedor de Giri-Giri. Tranquilidad, silencio…

 

-Buenos días, joven rijinomour, ¿qué le apetece comer?

 

Un pequeño hombre de alta edad, vestido a las antiguas apariencias, el jefe de Giri-Giri, entró en la sala.

 

-Ah, ehm, verá… ¿dónde están todos?

 

-Salieron hará unas horas… ¿es que no te esperaron?

 

-¿Se han ido? ¿Adónde?

 

-Pues dónde va a ser… a Banhelia…

 

-¿¡QUÉ!?

 

-¿Quieres un poco de te?

 

 

Pero Ranma ya no estaba. Corría y corría a través del desierto pueblo de Terkeberos. No había niños, mujeres, hombres, ancianos… desierto. ¿Lo habían abandonado? Algo no iba bien, ellos nunca harían algo así. Y no quería creer que Akane hubiese sido capaz de tal acto, era imposible.

 

Así pues, se alejó del pueblo sin rumbo aparente, intentando buscar alguna razón elocuente para la situación, pero no encontró ninguna.

 

-Debe…esto es una broma… una broma muy pesada. ¡Eh, ya podéis salir! ¡Está bien, lo admito, me habéis engañado! Venga, chicos, salid…

 

No hubo respuesta.

 

-¿Ryoga…? ¿Mousse…?

 

Sólo el crujir del viento.

 

-¿Shampoo…? ¿Ut-chan…?

 

Ranma empezó a temblar.

 

-A…¿Akane…?

 

Nadie contestó.

 

-Cuidado con el paso.

 

Ranma se giró de una vuelta y vio aparecer tras ella a una silenciosa figura femenina. Era alta, de cabellos oscuros y largos, ropas extrañas chinas y lucía varias joyas de oro.

 

-¿Cómo dice? – dijo el chico, harto confundido.

 

-Estos caminos que no llevan a ningún sitio…no son buenos.

 

-Eh… -Ranma se acordó de la descripción que le hizo Akane horas antes de la mujer de su sueño - ¿Tú eres Cerezane?

 

Ella sonrió. Efectivamente, era la sonrisa de Akane. O la sonrisa de Akane era su sonrisa. Daba igual.

 

-¿Dónde están todos? –inquirió el chico.

 

-Sígueme.

 

La mujer lo guió a través del bosque y al cabo de un rato llegaron a un claro. Ranma notó al instante un ambiente muy cargado. Involuntariamente miró hacia el centro. Allí había tumbadas varias siluetas. A medida que se fue acercando, el pánico fue creciendo cada vez más y más. Cerezane, desde su sitio, sin alterarse en lo más mínimo, contemplaba la escena.

 

Los últimos pasos ya no los pudo dar. Faltaban fuerzas. Fuerzas que le habían sido arrebatadas al ver a sus amigos yaciendo al suelo, inmóviles, con heridas varias y numerosos charcos rojos a su alrededor. Él no decía nada, sólo miraba de un sitio a otro… si bien su estado era deprimente, aumentó por segundos a medida que sus sentidos fueron depositados hacia la chica que yacía junto a los demás, de pelo corto y azulado, y ahora tez pálidamente mortal…

 

Ranma se acercó a Akane. La reposó en sus rodillas y le pulsó unos puntos al cuello. Ranma aún se angustió más; no había pulso.

 

Oyó pasos acercándose. Él, con su mirada mantenida en Akane, no se inmutó.

 

-Qué es esto… - susurró el chico con la mirada vacía.

 

-No temas. No están muertos.

 

Una luz de esperanza brotó y el corazón del chico se aceleró. Dejó a Akane al suelo con cuidado y se encaró a la mujer, de su misma estatura.

 

-¿¡NO!? ¿¡ME DICE QUE NO!? ¿¡SE PUEDE SABER QUÉ ES LO QUE HA OCURRIDO AQUÍ!? ¡¡TÚ TIENES LA CULPA DE…!!

 

-Atrás.

 

Ante la suave palabra, Cerezane dirigió a Ranma y su acoso estampados contra un árbol próximo. El chico gimió y ella lo miró.

 

-Te he dicho que no están muertos.

 

-¿Ah, no…? – el chico estaba al borde de la desesperación. Sus amigos, Akane, el color rojo… nunca pensó que odiaría tanto ese color a sangre.

 

-Esto es un simulacro de lo que os podría pasar…

 

-¿Qué quiere decir?

 

-Yo sólo quiero vuestro bien. Ranma, cuídalos, cuídala, te necesita. Llegado el momento, te necesitarán todos… Mi pequeña es fuerte, pero no lo suficiente. Necesita a alguien con quien poder sentirse protegida.

 

-¿Qué…? ¿Tu pequeña?

 

-Akane.

 

Ranma ahora se escandalizó - ¿¡USTED ES LA MADRE DE AKANE!?

 

La mujer no se movió – Más bien no… - parecía, según Ranma, que lo dijese con amargor – Y ahora escúchame bien, Ranma. Esta premonición sólo vale para ti y para esta noche, no la volverás a tener… tened cuidado con los pasos, no conducen a nada bueno. No vayáis solos, id siempre acompañados. Evitad viajar de noche. Y no los pierdas de vista, sobretodo a ella…

 

-¿A Akane? – preguntó él confuso.

 

-De ahora en adelante ella empezará a hacer cosas que no desea y que no puede controlar. El rey negro tiene su mirada clavada en ella. No la dejes sola…

 

Ranma no entendía muy bien, pero de todos modos la miró con confianza y la típica sonrisa burleta.

 

-No lo haré.

 

Ella asintió, contenta – Todos los Saotome sois iguales… - susurró.

 

-¿Eh? ¿Qué quieres decir?

 

La mujer empezó a desaparecer. Ranma notó sueño, mas no se dejó vencer.

 

-¡Contesta! ¿Qué relación tienes tú con mis antepasados?

 

Ella lo miró de una forma misteriosa, a la vez que desaparecía cual fantasma.

 

-¡Eh, espera!

 

-Cuídate mucho.

 

Y desapareció. Y se durmió.

 

 

 

* * * * * * * * * *

 

 

 

-¡¡AHORA VERÁS, CERDO!!

 

-¡YA TE HE DICHO QUE NO HA SIDO CULPA MÍA!

 

-¿¡QUE NO HA SIDO CULPA TUYAAAAAA!? ¡¡POR TU CULPA HE ESTADO DURMIENDO TODA LA NOCHE CON TU PIE EN MI CARA ESTAMPADA, Y HE TENIDO PESADILLAS!? – dijo el pobre chico pato a la vez que recordaba como un queso enorme le perseguía a través de corredizos oscuros.

 

Ryoga se empezó a enfadar - ¡Oye cegato, que tampoco hay para tanto! ¡No si al final resultará que eres igual de nenaza que Ranma!

 

Una aura azul empezó a brillar desde su futón. Ryoga y Mousse se giraron con pánico para ver a Ranma cual fantasma mirándolos de manera sepulcral.

 

-¿Quéeee…haaas…dichooooo…? – dijo arrastrando las palabras.

 

-Eh…bueno…yo…verás… - de repente todo el coraje del chico perdido desapareció. Por alguna razón Ranma parecía más enfadado y fuerte que nunca.

 

En menos que cantó un gallo, un cerdito y un patito salieron por el tejado, cortesía Ranma.

 

Ahora que no había los gritos de esos dos, pudo concentrarse. Recordaba haber tenido una noche muy intensa…intensa en el sentido de que había tenido un extraño sueño, del cuál sólo recordaba imágenes que no quería volver a recordar. Sus amigos, semi-muertos, y esa chica de nuevo. ¿Cómo se llamaba? Le había advertido de un peligro. “Cuidado con el paso.” 

 

-¿Ranma? El desayuno ya está a la mesa. Date prisa.

 

La voz de Akane desde el otro lado de la puerta le hizo volver a la realidad.

 

-Ah, voy… eh, estoo… ¿cómo has dormido?

 

La respuesta desde la otra pared tardó algo a manar – B-Bien, bien… te-te espero abajo.

 

Ranma paró atención. Los tartamudeos no eran un buen indicio. ¿Significaba eso que había vuelto a soñar con alguna cosa extraña? Y si ese era el caso… ¿por qué no se lo decía? Tal vez había soñado lo mismo que él…de nuevo.l

 

Decidió no darle más rodeos y empezó a vestirse. Se puso sus habituales ropas chinas, hizo el equipaje y bajó a desayunar. Allí estaban las tres chicas. El pato y el cerdo aún no habían llegado. También estaban sus acompañantes. Un montón de chicas jóvenes y vestidas con un muy sutil vestido de Giri-Giri les sirvió. Las tres chicas pararon su atención en Ranma, observando cada uno de sus movimientos para comprobar si sus ojos se deslizaban hacia ellas. Pero, por suerte o por desgracia, Ranma sólo observaba con codicia los alimentos que ellas traían. Akane, Ukyo y Shampoo dieron un suspiro de alivio.

 

-¿Y cuánto falta para que lleguemos? – preguntó Akane al que estaba al mando, ahora, de todo el escuadrón.

 

-Hum… si avanzamos a buen ritmo llegaremos antes que se haga de noche – contestó él.

 

-Aún queda un largo trozo, entonces…

 

-Hey, ¿dónde están Ryoga y Mousse, Ran-chan?

 

Ranma siguió comiendo. Por experiencia, las tres prometidas supieron que a esas horas los dos individuos masculinos estarían bajo el inconsciente mundo de la inconsciencia.

 

 

 

Cuando Ryoga y Mousse regresaron y tomaron parte de su venganza con el desvalido Ranma, y todos hubieron preparado sus bolsas y equipajes, se despidieron de todos los de Giri-Giri y Terkeberos y reanudaron la marcha.

 

Por órdenes superiores, ahora iban vestidos todos a lo paje, sin el uniforme real, para evitar cualquier tipo de peligro.

 

Primeramente, se dirigieron a los establos, donde cada uno montó al corcel que les llevó desde Kandu hasta Terkberos, cosa que no hizo mucha gracia a Mousse.

 

-Tengo unas ganas de llegar ya a Banhelia… -suspiró Ukyo.

 

-Allí tratarte a cuerpo de reina, y no cómo ahora… - musitó la bella amazona.

 

-¿Cómo estarán todos los heridos de Kandu? – esa era Akane, mirando al cielo con melancolía.

 

-¿No creer que ser muy extraño que rijinomours que luchar, al oír que chica de la espátula y Shampoo ser enfermeras, de repente estar todos malheridos? – dijo ella con los brazos cruzados.

 

Ukyo asintió con convicción y Akane rió.

 

-Ah… ¿cómo estarán todos…? Papá…Kasumi…Nabiki…

 

-Y bisabuela.

 

-Madre mía, con dos meses sin abrir el Ucchan’s… ¡mis beneficios caerán en picado! – se horrorizó la cocinera.

 

-Bisabuela no tener ahora repartidora ni chico tonto para que ayude a cocinar.

 

-Creéis…¿Que algún día podremos volver? –suspiró Ukyo, triste.

 

-Pues claro. Shaidril nos lo prometi… ¡¡EEEHH!!

 

De repente, el caballo de Akane empezó a correr como alma que lleva el diablo, avanzando a todos los que tenían delante, ante las extrañadas miradas de todos. Akane se agarró fuertemente al corcel para intentar no caer.

 

-¡¡PÁRATEEEE!! ¡¡SOOO, CABALLO!!

 

Nada, el caballo seguía su rumbo, imperturbable.

 

-¡Hey, Akane, no te adelantes! – le gritó Ranma desde atrás, intentando atraparlas, al igual que Ryoga.

 

-¡Cállate estúpido baka y para esta cosa!

 

-¡¿Qué me has dicho, fea marima…?!

 

El caballo frenó de golpe y Akane por poco no cayó hacia delante. Ranma llegó a su lado con su caballo sin aliento.

 

-¿Se puede saber qué mosca te ha picado? ¿Es que necesitas que te vaya detrás a todas horas? – dijo él, disfrutando con la situación.

 

Sin embargo, Akane no respondió. Se limitaba a mirar hacia delante, con una mirada desconocida en ella, vacía…

 

-¿Akane?

 

-No…

 

-¿No qué?

 

Akane bajó de su corcel. Ranma hizo lo mismo. Al cabo de un momento, todo el grupo de rijinomours llegaron a su lado. Nadie dijo nada. Todos miraban enfrente.

 

Porque allí, a escasos metros del paso donde se encontraban, había un chico. Si la cosa acabase aquí, no habría problema. Lo que pasaba es que Ranma, Akane y todos notaron que ese chico poseía una extraña aura negra que, según habían aprendido en estos dos meses de entrenamiento, no podía traer nada bueno.

 

El sujeto fue avanzando hacia ellos. Los rijinomours, conscientes que por mucho que corriesen no podrían huir, le esperaron con su mirada clavada en él. A medida que se acercaba, sus rasgos fueron siendo más visibles. Era joven, muy joven, de unos veinte años. Tenía el pelo corto y perfectamente cortado, brillante y de un color gris claro. Sus ojos eran alargados y su mirada era frívola. Vestía unas ropas basadas en un origen chino, negras, con una enorme capa oscura que ondeaba al viento y una extraña espada empuñada al costado.

 

Cuando apenas les separaban cuatro metros, él se paró.

 

-Buenas. Estaba buscando el famoso escuadrón que dicen ha vencido a los engendros de Hak – su tono extrañamente positivo dio la alerta máxima a todos, que en secreto dirigieron sus manos más cerca de las empuñaduras de sus armas.

 

-En efecto, somos nosotros – el robusto hombre que estaba ahora al mando, Johilliart, avanzó un paso por delante de Ranma y Akane.

 

-Ya me lo parecía… - su tono era igual de arrogante. –Vaya suerte la mía. Estaba buscando a la famosa chica que empuñó el Ostirith, nuestra queridísima koiko-sama de Sense… - un extraño fulgor apareció en sus ojos y no pasó desapercibido por los fríos ahora ojos del chico de la trenza, que involuntaria y disimuladamente se puso en medio de ese sujeto y Akane, como ángel protector que nunca descansaba. Ryoga se puso al lado de Ranma, oliendo algo no nada bueno. - …quizás es esa chica de allí que está protegida por dos valerosos rijinomours.

 

Todas las sospechas se confirmaron. Nadie sabía que ellos eran rijinomours, a parte, claro, de los aliados.  Y a este tipo no lo tenían fichado como tal.

 

-Estamos muy ocupados. Deseamos llegar pronto a nuestro destino; si no tienes nada más que alegar, entonces…

 

El joven cortó a Johilliart.

 

-Le aconsejo que guarde silencio. No he venido hasta aquí para malgastar mí tiempo hablando con alguien como tú… - esta última frase la pronunció con cierto aire despectivo. De nuevo, su mirada se posó entre Ryoga y Ranma y volvió a sonreír – Me ordenan…

 

El joven empezó a avanzar a grandes pasos hacia ellos.

 

-…que intercambie…

 

Ranma y Ryoga, hasta ahora neutros, empezaron a prepararse para una muy posible batalla, al igual que todos.

 

-…algunas palabras…

 

Akane sentía miedo de nuevo, esa oscura sensación que la perseguía desde que llegó a Kandu y que ni en sueños la dejaba tranquila.

 

-…con la señorita Akane.

 

Miradas de duda de los rijinomours se posaron en Akane, la cual yacía pálida. Ranma y Ryoga crujieron.

 

-Dile al que te lo ordena que para hablar con Akane antes hay que pedir hora – dijo Ranma, correspondiendo a la misma arrogancia que el joven. Él simplemente rió.

 

-Hombre, quién tenemos aquí… ni más ni menos que el mismo que ganará a Shinma… si sales con vida, claro.

 

Ranma, Akane, Ryoga, Ukyo, Shampoo y Mousse se quedaron en trance… ¿Shinma? Ese nombre…era el de…el joven con el que lucharon en Jusenkyo, justo antes de venir a Sense, el que quería poseer el Jianshu… ¿¡Cómo lo sabía él si para eso aún faltaban miles y miles de años!?

 

-¿Sorprendidos? Pues esto no ha hecho más que empezar…

 

 

Antes siquiera que pudieran reaccionar, el joven misterioso alzó su espada al aire, de un extraño color negro y una empuñadura perfectamente acabada, y pronunció algunas palabras en un lenguaje ya olvidado. Acto seguido, todos fueron cayendo al suelo, uno a uno, apoderados por una extraña sensación de calidez que les seducía a no luchar y dejarse embalsamar por esa sensación. Uno a uno, todos fueron sucumbiendo ante la mirada burlesca del joven.

 

Pero Akane no notaba nada. E iba viendo como, uno a uno, sus amigos fueron cayendo. Ranma no aguantó el estar en pie y tuvo que apoyarse en su rodilla.

 

-¡Ranma! –Akane se puso rápidamente a su lado - ¡Aguanta…!

 

El chico apenas podía mantener los ojos abiertos. Akane empezó a notar que sus lágrimas brotaban. Se estaba quedando sola…

 

-¡Ranma, no me dejes sola…!

 

-Es inútil, dentro de una fracción de segundo este chico yacerá bajo mi total control como todos los demás.

 

Sin embargo, Akane no escuchaba. Sólo tenía atención para Ranma, el cual apenas mantenía sus claros ojos abiertos. Aún así, él vio como Akane estaba allí, a su lado, y notó una húmeda sensación a su mejilla. Ella estaba llorando. Se estaba quedando sola. Les advirtieron, les advirtieron muchas veces, y no hicieron caso. Ellos, finalmente, pasaron por el paso, y ahora él no podría mantener la promesa que hizo a tanta gente y a si mismo de proteger a Akane, estaba perdiendo, lo notaba, no resistiría nada más.

 

-A…Akane…

 

El chico cerró los ojos por completo. Akane se quedó en silencio, en shock, esperando que de un momento a otro él se levantase y la insultara, diciéndole que era una tonta por habérselo creído. Pero no tuvo esa suerte. Él no despertó. Y los demás tampoco. El joven empezó a avanzar hacia ella.

 

Nuevamente, se había quedado sola… sola ante lo desconocido…

 

 

 

 

Fin del cap. X

 

 

 

CONTINUARÁ

 

 

NOTAS DE LA AUTORA

 

 

¡¡Uoooolas a todo el mundoooooo!! Hoy estoy de fiesta, sip, porque en estas últimas semanas han pasado cosas muy, muy favorecedores y eso me ha ayudado mucho moralmente, y fíjate tú, ya he acabado un nuevo capítulo de Sense… como diría Shampoo… ¡Yipeee! XD

 

Y ahora adentrémonos en lo que es el capítulo: tenía pensado de poner esta batalla entre Akane y el chico misterioso (¿no sabéis quién es…? ¿Os lo digo? … ¡Ná! :p) pero luego me dije… “Será mejor que lo termines aquí que sino la gente se cansa de leer capítulos tan largos y cuanta más intriga mejor, así me aseguro que estáis enganchados”, jijiji,. Soy muuuuy mala, lo se… :D

 

Y para los que no sepan de letras romanas, la “X” no significa nada rarote… es el capítulo 10, pero me vino por ponerlos todos en números romanos, soy así de rara jajaja

 

Para concluir, agradeceros a todos los que habéis llegado hasta aquí, a todos los que me enviáis vuestras críticas, me alegra mucho que os guste tanto.

 

Salu2 a todos los del ya.com y a los chicos del msn por sus buenas críticas, espero que me sigáis apoyando.

 

Y ya sabéis, dudas, quejas, reclamaciones, opiniones a

 

[email protected]

 

 

Hasta la próxima, amigos

 

 

CCF

 

 

 

 

 

-1 de Abril del 2003-

 

 

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