Era un día normal en la capital del Oeste, nadie presentía lo que
iba ocurrir esa mañana al levantarse el sol por el horizonte.
Más allá, en un pueblito pequeño, un profesor y su esposa, vieron
caer lo que ellos pensaron sería un meteorito, por lo que se acercaron a
investigar. Pero poco antes de llegar escucharon el débil llanto de un bebé.
Preocupados, avanzaron más rápido hasta localizar al dueño del llanto. Era él
un bebé muy extraño, tenía una cola café dorada, los cabellos elevados hacia
arriba con cuatro mechones sobre la frente, las cejas gruesas y tan negras como
su cabello, al igual que su mirada, que parecía estar atenta a todos los
movimientos de los dos extraños. La mujer trató de tomarlo, pero él no se dejó,
la alejó con un violento golpe de su cola como diciendo "no se me
acerquen", y trató de ponerse de pie para alejarse.
-Es muy violento- murmuró el profesor.
-Si, pero sería muy peligroso para él que lo dejemos solo aquí,
algún animal salvaje podría atacarlo y hacerle daño- le dijo su mujer.
-Pero ¿y cómo lo llevamos a nuestra casa? Ya viste como reaccionó
cuando trataste de tomarlo.
-Lo sé, pero podríamos tratar de convencerlo de que no queremos
hacerle daño, tal vez si le ofrecemos de comer...
El bebé levanto su mirada hacia la mujer al oír sus últimas
palabras como pensándolo antes de tenderle los brazos para que lo cargara.
-Es un chico muy listo- dijo el profesor divertido- vamos a casa
y démosle de comer.
El profesor llamó a la policía preocupado por el bebé, pero ellos
le dijeron que nadie había informado sobre la pérdida de un bebé con cola, por
lo tanto pidieron su custodia temporal mientras aparecían los padres del niño.
-Es mejor que el niño permanezca con ustedes- les dijo la
encargada- es demasiado agresivo y no permite que nadie se le acerque lo
suficiente como para cuidarlo adecuadamente.
-Pero si es muy lindo- lo tomó la esposa del profesor, Marta.
-Lo sé, pero es demasiado independiente.
-Está bien, nosotros no tenemos hijos, así que lo cuidaremos.
-Suerte- le dijo la mujer antes de marcharse.
Marta miró a los ojos al bebé y le sonrió.
-Te quedaras con nosotros mientras aparecen tus padres, pequeño.
-Veg- la corrigió molesto.
-¿Sabes hablar?- el negó con la cabeza- pero me entiendes.
-Si- asintió.
-¿Sabes qué edad tienes?- el bebé se miró la manito y levantó el
dedo índice- un año- dijo ella mirándolo- eres muy inteligente, Veggie- el la
miró un momento como dispuesto a alegar por el nuevo nombre, pero primero se
puso a llorar, estaba hecho- ¿Qué pasa?- él le mostró el pañal- voy a necesitar
una buena dotación de pañales para tí- se dirigió al dormitorio para mudarlo-
ahora iremos de compras ¿te parece?
Salió hacia la habitación que le servía de oficina a su marido y
lo vio revisando los exámenes de sus alumnos, así que decidió no molestarlo.
Tomó la llaves del auto y se llevó a Veggie con ella.
Dos jóvenes extraños revisaban el bosque donde se había
estrellado una pequeña nave espacial con forma de esfera.
-Su alteza no puede andar muy lejos de aquí, después de todo es
sólo un bebé-dijo uno.
-Un bebé demasiado astuto, querrás decir, además de travieso-
replicó el otro- además hay que tener en cuenta de que él mismo programó la
nave con estas coordenadas.
-Si, pero debe haber sido una casualidad que apretara los botones
correctos cuando jamás se había subido a una de estas cosas.
-Posiblemente, pero si no lo encontramos luego y lo llevamos de
regreso a nuestro planeta el rey se pondrá furioso con todos.
-Lo sé, pero no es nuestra culpa que ese par de tontos no se
fijara que el príncipe se subía a la nave y la hacía despegar.
-Quién iba a pensar de que fuera capaz de ponerla a funcionar con
tanta facilidad.
-Por lo mismo nos dijeron que debíamos de andar con cuatro ojos
con él cuando anduviera cerca, pues era capaz de cualquier cosa.
-Y resultó cierto.
Marta puso a Veggie en el asiento del carrito del supermercado
para evitar que se le perdiera si lo llevaba de la mano, pero el niño era muy
inquieto y había tenido que alejarlo de las torres de tarros de conservas
varias veces para evitar que los botara, así que para entretenerlo le dio una
paleta mientras iba por la leche.
Veggie la miró alejarse y se puso nervioso, así que trato de
salirse del carro cosa que no conseguía, por lo que se puso a gritar primero,
luego se puso a llorar y finalmente elevó su poder de pelea hasta los límites,
enviando una onda de energía que derribó las estanterías a su alredor.
-¡Veggie!-gritó la mujer por lo que el bebé dejó e emitir su
energía y se tranquilizó.
Los dos jóvenes miraron sus rastreadores al marcar una potente
onda de energía que parecía haberse calmado en ese momento, pero era suficiente
para saber donde estaba aquel a quien buscaban.
-Los humanos deben de haberlo encontrado, por éso emitió esa
tremenda onda de energía.
-Pobrecito, le están haciendo experimentos.
-Es mejor que vayamos por él.
Ambos se elevaron y volaron hacia el pequeño pueblo en que habían
detectado la energía del príncipe.
Veggie miraba como Marta pasaba lo que había adquirido por la
caja registradora como llevando la cuenta de lo que compraba vigilando de que
no se les pasara nada.
-¿Pasa algo malo?- le dijo al ver que fruncía el ceño, pero él
negó y le señaló un yogur y luego su boca- tienes hambre ¿eh?- pagó la cuenta y
le pidió al empaquetador que le llevara los paquetes al auto mientras ella
cargaba a Veggie.
El niño puso los paquetes en la cajuela del auto y Marta le dio
una propina. Luego fue a la juguetería y le intentó comprar a Veggie un oso,
pero éste se opuso terminantemente a ello y escogió un enorme gorila, después
le compró una sillita para el auto y regresó a su casa.
-¡Buahh!- empezó a llorar pidiendo el yogur.
-Está bien, está bien, te daré uno- le dijo tratando de calmarlo-
se detuvo ante un semáforo y le dio un yogur con bombilla para que se
entretuviera mientras llegaban a la casa.
-¡Maldición!- exclamó el joven- perdimos la señal de su alteza.
-Y aquí es difícil que utilicemos nuestros poderes para
encontrarlo, llamaríamos la atención.
-Ya bastante hemos hecho con no haber enrollado la cola antes de
mezclarnos con los humanos.
-Esperemos que su alteza se encuentre a salvo o vamos a tener
problemas en casa.
-Ya de por sí tenemos uno por la fuga de su alteza.
-Eso nos pasó por confiarnos de los guardias del hangar.
Caminaron un buen tramo, alejándose de los humanos antes de
elevarse de nuevo a ver si tenían una nueva señal de su pequeño príncipe.
Marta se puso a cocinar luego de dejar a Veggie en un corralito
con su gorila. Lo dejó soló por unos minutos mientras le preparaba un biberón y
cuando regresó el gorila estaba al otro lado de la habitación y su dueño estaba
sentado a pocos pasos de él. Ella tomó al bebé y al muñeco y los regresó al
corralito antes de darle la leche.
-¿Cómo te saliste?- le preguntó, pero Veggie no era capaz de
contestarle porque, además de no hablar, tenía la boca llena con el chupete del
biberón- eres terrible.- le dijo y le acarició la frente antes de volverse.
En eso entró el profesor y vio que algo pasaba volando por sobre
la cabeza de su esposa seguido de un risita de bebé. Caminó hasta donde había
caído el "proyectil", que no era otra cosa que el gorila que ya había
arrojado una vez, lo tomó y lo regresó junto al bebé.
-¿Cómo les ha ido?- les preguntó.
-Bueno, fuimos de compras y eligió ese muñeco, pero ya lo ha
arrojado lejos dos veces y ha comido mucho, pero aún así tiene hambre.
-Tal vez estaba mal alimentado.
-No lo creo, el doctor de la policía dijo que tenía buen peso
para ser un bebé abandonado.
-Pues, es extraño, si está bien cuidado, alguien debería de
estarlo buscando ¿no te parece?
Los dos jóvenes estaban muy preocupados ya que el pequeño
príncipe no había vuelto a dar señales de energía, por lo que se les hacía
imposible encontrarlo. Se sentaron en una roca mientras hacían una proyección
energética para dar con su paradero.
-¿Sientes algo?
-Si, parece que lo he localizado, vamos- se elevaron una vez más
y volvieron al pueblo.
Una vez allí guardaron sus rastreadores y enrollando su cola en
su cintura, se acercaron al lugar donde habían sentido la presencia del pequeño
príncipe.
-Aquí es, estoy seguro.
-Debemos comportarnos como humanos- golpeó la puerta.
Marta salió a abrir la puerta con el bebé en brazos y los tres se
miraron un minuto que a la mujer se le hizo eterno.
-¡Por fin lo encontramos, su alteza!- exclamó uno muy serio.
-Perdone, señora, pero andamos buscando a este bebé hace horas.
-¿Los conoces, Veggie?
-¿Veggie?- los dos jóvenes lo miraron- su nombre es Vegeta- la
corrigieron.
El bebé los miró molesto, al parecer no quería regresar con
ellos.
-Yo creo que no quiere venir a casa- murmuró uno al oído del
otro.
-Pues si no lo llevamos de regreso su padre no matará por
descuidados- le replicó- debemos de regresar, su alteza- le dijo al bebé
inclinándose ante él- por favor, no haga más rabietas y vamonos.
-No- respondió autoritario.
-Vamos, Su alteza, si usted no regresa nos van a castigar a
nosotros por no haberlo vigilado bien, y usted sabe cuales son los castigos que
da su padre por irresponsabilidad.
-Mmmm...-respondió mirando a la mujer y luego le tendió las manos
a uno de los jóvenes.
-Gracias, Su alteza- le dijeron respirando más tranquilos.
Marta los miró entristecida, pero le entregó el bebé a los
jóvenes junto con el gorila, el que Veggie le regresó con la promesa silenciosa
de volver algún día, cuando sus guardianes se descuidaran de nuevo.
-Hasta pronto, Veggie- lo besó en una mejilla y los vio partir
con una lágrima corriendo por su mejilla.
Y Veggie dijo adiós con su manito.
Fin