Las doradas arenas del
desierto del Sahara ocultaban en su silencio grandes misterios y así lo
comprendieron muchos hombres, pero ninguno descubrió algo, y aquellos pocos que
lograron saber algo, murieron antes de revelar sus secretos.
Era ésa la misión de Veg - Demon, quien se paseaba por el desierto
provocando el terror de aquellos que se aventuraban a cruzar por sus dominios.
Ahora, el desierto estaba en calma, pues el demonio guardián dormía
a no ver amenazados los secretos que custodiaba.
Apenas amanecía cuando un pequeño grupo de exploradores abandonó la
ciudad adentrándose en el desierto.
-Los hombres en el bar me dijeron- le decía uno de los exploradores
a su novia- que muchos han intentado llegar a las pirámides, pero han regresado
sin nada, y los que han logrado llegar han regresado malditos y a los pocos
días mueren.
-Esas son supersticiones, Yamtcha.
-Podría ser, Bulma, pero dicen que han visto una extraña criatura
que parece de fuego corriendo a toda velocidad por el desierto poco antes de
que se desaten violentas tormentas de arena.
-Pues a mi no me van a meter miedo con esas tonterías.
-Bueno, pero igual tomaré precauciones en el viaje, nunca está de
más.
Bulma montó sobre el lomo de su camello mientras Yamtcha lo hacía
en su caballo, luego se adentraron en el desierto siguiendo a los demás,
dejando atrás el protegido puerto.
Era casi medio día cuando detuvieron su andar, debido a que el
calor era mucho y los sofocaba.
-Armaré una tienda para que tengas un poco de sombra, Bulma- le
dijo a su novia solícito al desmontar.
El resto de los exploradores, que tan sólo eran dos más, también
hicieron lo mismo mientras los guías y cargadores se sentaban un poco más allá.
-Gracias- le dijo ella y se dedicó a preparar un poco de comida
para ambos.
-Me dijeron los demás que cuando baje un poco el sol continuaremos
nuestro camino- le dijo Yamcha- no quiero tener una novia asada.
-De seguro cuando lleguemos a nuestro destino, encontraremos que el
soportar este calor valió la pena.
-Si, estoy seguro de que será así y cuando nos regresemos a casa,
nos casaremos.
-Si- le sonrió ella y se comió un emparedado.
Siguieron conversando un buen rato, tanto que no se dieron cuenta
cuando ya eran las cuatro, así que levantaron todo y siguieron su camino junto
a los demás.
¡Veg - Demon!- atronó una voz en el silencio del cashba. Este
despertó sobresaltado, pero de inmediato se rehízo- va un grupo de humanos
atravesando tus dominios y tú, en vez de alejarlos ¡estás durmiendo!
El joven bostezó y no contestó. En realidad, nunca lo hacía, así
que al jefe no le importó.
-Saca a Black Fire y alejalos de aquí de inmediato- le ordenó.
Veg - Demon odiaba que le dieran órdenes, pero nada podía hacer, o
si no lo regresarían al infierno y perdería su libertad.
Se dirigió al establo y sacó a Black Fire al patio, donde lo montó
y salió al desierto.
Era Black Fire un caballo muy especial. Debido a que era un ser sobrenatural,
su color era el del fuego, sus crines eran verdaderas llamas cuando cabalgaba
por el desierto y por su nariz resoplaba humo gris. Sus ojos eran profundos
pozos negros que cuando se enojaba lanzaban destellos rojos y negros.
En cambio, su jinete era moreno, de ojos tan negros como la
oscuridad y tan fríos como el hielo. No era muy alto, pero tenía buen físico,
que era necesario para mantener la posición que tenía entre los demonios.
Además era muy astuto, seguro de si mismo y muy orgulloso; se había ganado ese
puesto sin mucho esfuerzo y pretendía conservarlo, no era su estilo el pasarse
la eternidad encerrado y sin hacer nada.
Jaló las riendas de su animal y se detuvo a cierta distancia de los
intrusos para saber cuantos eran. Molesto, vio que grupo lo formaban apenas
quince personas, la mayoría gente de la zona.
Reinició la marcha azuzando a Black Fire a que galopara a toda
velocidad, provocando que destellos de fuego se vieran a su alrededor.
Los primeros en verlo fueron los guías, que gritaron aterrados,
echando a correr, olvidados por completo de que se le había pagado para llevar
a lo exploradores al otro lado del desierto.
Yamtcha trato de detenerlos cortándoles el paso, ya que sabía que sin
ellos no podrían continuar, pero lo esquivaron y se alejaron.
Veg - Demon hizo que el animal se parara en dos patas antes de
iniciar la carrera para cortarles el paso mientras una tormenta de arena se
desataba tras él.
Gruesas cortinas de arena se elevaron al cielo y los hombres se
dispersaron tratando de evitar que, tanto la tormenta como el demonio, los
atraparan.
Yamtcha, aterrado, siguió a los guías en su huida esperando que
Bulma pudiera seguirlo.
Mientras, Black Fire y su jinete cruzaron la tormenta de arena de
regreso al lugar de donde salieran, pero encontraron algo que frenó su
carrera...