Bulma
despertó sobresaltada, aquel extraño sueño la dejó angustiada, aunque no lo recordaba
muy bien. Se sentó en la cama, luego se levantó y se acercó a la ventana de su
habitación, en donde se quedó mirando el amanecer. De repente, ya no quería
cruzar el desierto, regresaría a su casa. Se vistió para ir a comunicarle de su
cambio de opinión a Yamtcha y bajó.
En el comedor no
había nadie, tal vez todavía no se levantaban, así que salió a caminar un rato
para pensar como le diría a su novio sobre su cambio de opinión. Iba tan
embebida en sus pensamientos que no vio al hombre hasta que se chocó con él.
-Perdón- le dijo
levantando la mirada.
-Oh, no, perdóneme
usted- le dijo mirándola con sus ojos negros- fue mi culpa.
Bulma sintió que
aquellos ojos negros la embrujaban al cruzar su mirada con la suya. Casi sin
saber cómo, apoyó sus manos sobre los hombros de él mientras la sostenía. Cerró
los ojos y sintió su aliento en su boca antes que la besara, a lo que ella
correspondió con pasión.
-Eres hermosa- le
dijo volviéndola a besar con pasión, estrechándola con fuerza entre sus brazos
mientras las manos de ella le acariciaban la nuca, presionándose contra él.
Cuando finalmente se
separaron, Bulma estaba totalmente ruborizada ¿Cómo se había entregado con
tanta pasión si ni siquiera sabía su nombre? Se preguntó. Además, ella estaba
comprometida.
-Mi nombre es
Vegeta- le dijo- ¿Cuál es el tuyo?
-Bulma.
-Es tan bonito como
tú- le sonrió acariciándole una mejilla- ¿te gustaría venir conmigo?
-No puedo, mi novio
...
-Debe estar dormido-
le sonrió de nuevo- Dime ¿quieres venir conmigo?- insistió.
-¿A dónde?- aceptó
rindiéndose a sus caricias.
-A una nueva vida,
juntos.
Bulma
sintió algo extraño al volver a cruzar sus miradas, aquel era el amor que
siempre había buscado, el amor de su vida, que ahora había encontrado en una
mirada árabe.