Recuerdos de una madre

Hola, Soy Jade, más conocida como MadVeg, autora intelectual de esta página y de Veggie Home page, la que sigue existiendo pero que ya no tendrá más modificaciones por culpa de que el servidor no reconoce el password, así que este es un mensaje de reconocimiento póstumo a ella y Q.D.E.P. (la página ya tenía cerca de 5000 visitas y me da pena dejarla morir), de todas maneras, dedico esta historia a mi único y gran colaborador para esa página, quien también para a formar parte de esta familia. Gracias VegDemon.

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Los recuerdos tienden a agolparse y regresar en los momentos menos oportunos, algunos, los más agradables los recordamos vagamente, pero los dolorosos se quedan contigo para siempre...


Era una noche callada en el palacio de los saiyajin, todos estaban preocupados de sus propios asuntos (ya saben, conquistar algún planeta) y nadie vio cuando una joven mujer se acercó a la cuna incubadora del recién nacido príncipe de su raza. Era ella la madre del bebé, pero le estaba prohibida la visita al niño por el propio rey, quien pensaba que si el niño tenía contacto con su madre sería un débil sentimental.

-Mi pequeño Vegeta- susurró ella para no despertarlo, conteniendo las ganas de sacarlo de allí y apretarlo contra su pecho- te pareces tanto a tu padre, es casi una desgracia para ti- le sonrió y levantó la cubierta para tocar su manito y su peluda cola- pero tú serás mucho mejor que él,  más fuerte y mucho te temerán, incluido el gran Vegeta, quien se va a arrepentir siempre de haberme prohibido estar contigo.

Escuchó ruidos cerca de la sala donde estaban los bebés así que se agachó y se escondió bajo la incubadora de su hijo.

-¿Es verdad que el príncipe marcó 8 mil unidades al nacer?- dijo un hombre de pie frente a la incubadora.

-Si, señor Nappa, el príncipe Vegeta es uno de los saiyajin más fuertes que han nacido en los últimos años.

-Eso no le va a agradar a Su Majestad- dijo pensativo- esperaba que el niño marcase 3 mil, tal vez 4 mil, máximo 5 mil unidades, pero no ocho mil unidades, es más de lo que marcan muchos guerreros adultos, claro que de clase baja, pero esto significa que su Alteza, cuando tenga unos diez años, va a marcar cerca de los 15 mil.

La joven madre sonrió en silencio, orgullosa de la preocupación que su hijto estaba causando en su futuro tutor, pero luego se preocupó muchísimo, sabía que el Rey Vegeta era muy despiadado y si consideraba que su hijo podía ponerse en su contra algún día, sería capaz de matarlo.

-Bueno, pero el Rey deberá considerar la situación, tal vez él sea el legendario Super Saiyajin que derrote a Freezer- le dijo el galeno.

-Si, es posible- aceptó y salieron.

La mujer salió de su escondite mirando fijamente al bebé ¿sería el capaz de destruir a Freezer? Se veía tan pequeño e indefenso, allí dormido que no podía creerlo, además ¿Que era eso de un legendario Super saiyajin? ¿Era el pequeño Vegeta este ser del que hablaron Nappa y el médico?  Preocupada, salió de la sala y se dirigió a sus habitaciones, ella nunca accedió a vivir en el palacio, después de todo también era orgullosa y no iba a dejar que nadie la tuviera de juguete, aunque fuera su rey.

Una vez allí se encontró con el objeto de sus atribulaciones sentado en el sofá de la salita.

-¿Dónde andabas, Mujer?- él rey jamás la llamaba por su nombre- ¿Acaso...?

-No he desobedecido sus órdenes,  Gran Vegeta- se apresuró a contestar- sólo fui a preguntar cuantas unidades de poder había marcado su alteza.

-Si, han estado muy silenciosos al respecto, me parece que me ocultan algo, tal vez el mocoso no es digno de ser mi heredero.

-Su Majestad, temen su ira pero no por el motivo que pensáis, sino que al contrario, Su Alteza ha marcado lo de un guerrero de elite.

-¿Y cuanto es éso?- la miró desconfiado, sabía que las mujeres saiyajin eran muy duras, pero a la hora de proteger a sus cachorros eran capaces de enfrentar la ira hasta del propio Freezer aunque eso les costase la vida.

-Ocho mil unidades, Gran Vegeta.

-Cómo me estés mintiendo...

-Gran Vegeta- se acercó a él acariciando su brazo- No le estoy mintiendo, escuché a Nappa decir que tal vez fuera el Legendario Super saiyajin, pero yo no había escuchado de él.

-Es posible- siguió con el ceño fruncido, típico de su familia- El legendario Super saiyajin es el guerrero más poderoso jamás nacido.  Se supone que nace una vez cada mil años, pero nadie sabe a ciencia cierta como es, pero suponemos que debe ser el mejor de todos.

-Y es posible que el príncipe se llegue a convertir en este poderoso guerrero- trató de contener la sonrisa orgullosa- Señor, ya sé que no se me permite estar con el, pero yo quisiera saber como es ¿Se parece a usted?

-Yo no he visto al mocoso- se apartó de ella.

-Si, no le gustan los niños- dijo sin pensar y recibió un golpe.

-Insolente- le dijo el rey- acuérdate a  quien le hablas- agregó y se marchó.


Si, de eso ya eran casi medio siglo, pensó Arlenia.   Ella había abandonado Vegetasei el mismo día que el Gran Vegeta decidió que su hijo sirviera bajo las órdenes directas del tirano y nunca volvió, ya que cuando el príncipe tenía diez años, el planeta fue destruido. 


Ella había seguido de cerca la evolución física del pequeño príncipe, estaba interesada en ver la cara del rey cuando el muchacho se convirtiera en el legendario super saiyajin al que Freezer tanto temía, pues había escuchado las profecias de los Konnos que decían que un guerrero saiyajin descendiente de la casa real de Vegtasei iba a terminar con la existencia del tirano.

Sonrió al pensar en que aquel niño era la salvación de su raza, pero le preocupaba que llegara a los oidos del Gran Vegeta, de seguro le molestaría mucho el enorme poder que su hijo estaba alcanzando, el que muchos sospechaban era superior al de su  padre.

Miró al prícipe entrenando bajo la atenta mirada de Nappa antes de volverse y chocarse de frente con su principal preocupación, el Gran Vegeta.

-¿Qué haces aquí, mujer?  ¿No se supone que tenías una delicada misión en Mith?

-Bardack y su equipo tomaron la misión antes que yo, Su Majestad.

-Y tu aprovechaste que yo no estaba para tratar de acercarte a Vegeta ¿no?

-Yo sólo lo veía entrenar- replicó- no me acercado a él, ni lo intentaría, es tan terrible como su padre por lo que he llegado a saber de él.

-Sí, es muy problemático, y le gusta demostrar su poder ante los enviados de Freezer, por lo que este me ha pedido que lo envíe a servirlo directamente a sus órdenes.

-¿Y va a obedecerlo?  podría ser peligroso.

-Que se las arregle por su cuenta.

Ella dirigió una última mirada a su hijo y se decidió a marcharse, pero se encontró con la barrera de un brazo del Rey.

-No sé por qué me da la impresión de que me rehuyes- le dijo el rey rodeándole la cintura con su cola- y yo quiero que me entretengas ahora.

-Usted puede tener la compañía femenina que quiera, Su Majestad.

-¿Te niegas acaso?  Sabes perfectamente que eres  mi mujer y que yo puedo exigir mis derechos conyugales cuando se me antoje.

-Pero su majestad...

-No tienes misiones, tú misma lo admitiste hace un rato- y tuvo que someterse.


Desde entonces no volvió a ver al Gran Vegeta, siempre procuraba alejarse de él para que no le pidiera su cuerpo, pues no se lo podía negar, claro que él nunca necesitó usar realmente la fuerza con ella, lograba siempre que se entregara sumisamente a sus deseos.

Suspiró cansada pensando en aquella criatura que pudo haber tenido entonces y que perdió a causa de la gran depresión que sufrió cuando se enteró que Vegetasei y todos sus  habitantes estaban muertos, incluido su amado rey, de seguro el Gran Vegeta se había rebelado contra Freezer y este había cortado por lo sano y había destruido a todos los saiyajin.

Claro que hacía diez años atrás había sabido que un Super saiyajin había destruido al tirano y a todo su imperio y se preguntó si era su hijo el que lo había hecho, pero le había parecido extraño que no se adueñase del Universo, como era la gran ambición de todos los saiyajin, por lo que pensó que no se trataba de él.  Era por éso que ahora andaba tratando de averiguar que había sido de los saiyajin.


Andaba de paso por un planeta llamado Yadrat, allí los habitantes no le temían a los saiyajin, incluso habían curado a uno y le enseñaron una de sus técnicas.

-¿Cómo era ese guerrero?- preguntó.

-Era un poco despistado, pero un buen alumno, le gustaba mucho pelear, pero no era conflictivo, acaso no parecía un saiyajin- sonrió el anciano- era muy alto para nosotros, con los cabellos disparados para todos lados y los ojos oscuros.

-Todos los saiyajin tienen el cabello y los ojos oscuros- señaló ella.

-Si,  pero este muchacho nos dijo que el era un  Super saiyajin y que hacía poco había derrotado a Freezer y a sus hombres.

“Vegeta no pudo haber sido” pensó segura, pero decidió indagar un poco más.

-¿Recuerdas su nombre?

-Me dijo que se llamaba Goku?

-Ese no es nombre de saiyajin.

-Tú también eres saiyajin.

Ella asintió y al día siguiente se marchó.  Vegeta no era el legendario Super Saiyajin que ella había soñado.


Ahora  que lo pensaba, recordaba que las profesías de los Konnos se cumplían siempre al pie de la letra, entonces ¿cómo había sido que otro saiyajin  había vencido a Freezer? ¿O era que su amado rey había tenido hijos con otra después que ella desapareció?  Después de todo, habían pasado tres años desde que eso ocurrió y su muerte.  Así que viajó a otro planeta, en donde habitaban algunos Konos y le pregunto si quedaban saiyajin por el universo.


-Señora- le dijo una adivina- no quedan muchos saiyajin en el universo y los pocos que quedan han perdido las ganas de dominar el universo.

-¿Quiénes son?

-Bueno, dos saiyajin de raza pura viven ahora en la Tierra y tienen sus propias familias allí, lo único que conservan de su orgulloso pasado son las ganas de pelear.

-¿Alguno de ellos tiene sangre real?

-Sí, uno de ellos fue el príncipe de los Saiyajin.

-¿Pudes decirme si alguno de ellos es un Super Saiyajin?

-Al parecer todos los saiyajin que están en la Tierra tienen esa cualidad, señora, tanto los padres como los hijos pueden transformarse en guerreros dorados.  El Príncipe de los Saiyajin tiene un hijo al que quiere mucho, es capaz de todo por él- agregó al verla interesada.


Arlenia sonrió al recordar, su hijo estaba vivo y no sólo era  muy opuesto a su padre, sino que tenía su propia familia e incluso le había traspasado a su hijo la habilidad de transformarse en Super Saiyajin.

Hubo un momento en que pensó en ir a buscarle, pero luego lo pensó mejor, después de todo el no sabía que ella era su madre y no quería recordar al Gran Vegeta nunca más.  Tal vez algún día no le doliera tanto pensar en él y lo fuera a ver...

fin

 

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