NUESTRO SENTIDO OLVIDADO
Si nosotros, afortunados seres urbanos,
fuésemos arrancados de nuestra vivienda de concreto y ladrillos,
y depositados en la selva más cercana abandonados con nuestros recursos
para sobrevivir, resultaríamos un completo desastre. No sabemos
encender ni un fuego pequeño sin tener un encendedor o cuando menos
unos cerillos, no tenemos idea de qué plantas son comestibles y
cuáles venenosas, nos agarra el corazón el sólo hecho
de matar a un animal para comérnoslo (crudo, para peor) y estaríamos,
en verdad, bastante indefensos. Y, en el caso de salir airosos y comenzar
a adecuarnos al medio natural, tendríamos dificultades para utilizar
nuestros sentidos. Habituados a ver televisión, difícilmente
podríamos localizar un mono en la espesura. Acostumbrados al ruido
progresista de cláxones y discoteques, no sabríamos distinguir
el llamado de un pájaro del de una culebra. Por ahí rozaríamos
una planta que nos produciría una serie de ronchas. Y, desde luego,
no sabríamos cómo diferenciar los olores.
El olfato, nuestro sentido olvidado, es
uno de los medios más efectivos de supervivencia que utilizan los
animales mal llamados salvajes. La leona, por ejemplo, sabe sin que nadie
se lo haya enseñado, que debe acechar a la manada de gacelas poniéndose
contra el viento, porque si su olor llega a la presa, ésta estará
en alerta y adiós comida. El olfato lo usan las criaturas animales
para elegir pareja, para saber si un enemigo está cerca, para ubicar
su próximo almuerzo, para orientarse e, incluso, para encontrar
agua. Por nuestra parte, hemos hecho todo lo posible por engañar
a nuestro sentido del olfato, desdeñando su utilidad práctica
y disfrazando nuestros olores con perfume y demás productos cosméticos.
Vemos, tocamos, saboreamos y escuchamos conscientemente, pero hemos olvidado
a nuestra nariz. Las que tienen que recordarla son, paradójicamente,
aquéllas personas que son anósmicas, es decir, que han perdido
este valioso sentido. Las personas con anosmia sufren de frecuentes intoxicaciones
porque no pueden oler cuando un alimento se halla en mal estado; son las
más propensas a morir en los incendios porque el olor del humo no
les avisa que algo se está quemando y, desde luego, corren peligro
de envenenarse en caso de una fuga de gas porque sus nervios olfativos
no perciben el olor desagradable y salvador. Y a todos nos ha pasado que,
cuando no podemos olfatear debido a una fuerte gripe, perdemos el apetito,
simplemente porque no nos es posible el deleitarnos con el olor de la comida,
de modo que el sentido del gusto depende del olfato casi en un cincuenta
por ciento.
COMO FUNCIONA TU NARIZ
En realidad, el olfato es un sentido olvidado,
pero no inactivo. Por algo tenemos nariz que, para que lo sepan, es mucho
más complicada en su interior que lo que parece por fuera. Tiene
tabique, cornetes y fosas nasales, que por dentro están recubiertas
de mucosa con pelos que se llaman vibrisas, y que son las encargadas de
detener las partículas que de otro modo entrarían hasta la
cocina, o bueno hasta el pulmón. Si alguna partícula logra
colarse, viene el estornudo o la tos, que son mecanismos de defensa del
cuerpo para expulsar lo que no debió de haber entrado en primer
lugar. Hasta atrás de las fosas, ya casi en la laringe, hay dos
ventanas que se llaman coanas. Ahí se encuentran unos orificios
por donde se comunica parte del oído a través de las trompas
de Eustaquio, y también se comunican las glándulas lagrimales
(por eso, cuando hacemos el oso y lloramos, se nos tapan los oídos
y empieza la moquera). ¡Toda tu cara está comunicada por dentro
a través de tu nariz!. Entonces, las fosas nasales, están
forradas con un recubrimiento de mucosa, que es la que protege a las terminaciones
nerviosas que captan las partículas odoríferas del ambiente,
y que están situadas arriba, en una zona que se llama mancha amarilla,
no sé por qué. Así mismo, la nariz tiene turbinas,
que así es como se llaman. En esa zona, las células de la
mucosa calientan el aire a 36 **C, para que no se te congele el árbol
respiratorio, o bien lo enfrían para que entre en tus pulmones a
esa misma temperatura fisiológica.
EL OLFATO... ¡TIENE MEMORIA!
¡En serio! Uno "aprende" los olores
en la misma forma en que se graba las caras de las personas. Tú
no podrías identificar un olor desconocido, como tampoco reconocerías
una cara que nunca has visto. Pero a diferencia de las imágenes,
fugaces la mayoría de las veces, los olores son mensajes que permanecen
durante toda nuestra vida, guardando su propio caudal de recuerdos. Yo
siempre relaciono, por ejemplo, el olor del café tostado con una
hermosa casa que visité en mi niñez, en cuya cocina estaban
preparando la aromática bebida. Esta asociación olfato-memoria
(llamada memoria olfativa), es más que una mera coincidencia. Después
de todo, ambos tienen lugar en el cerebro. Los aromas entran por las fosas
nasales hasta llegar al techo de la nariz, donde ascienden hasta la mancha
amarilla para encontrar los cilios mucosos de millones de pequeños
nervios olfativos, los cuales son, de por sí, toda una curiosidad,
porque los olfativos son los únicos nervios de todo el cuerpo capaces
de regenerarse completamente. Tienen una vida media de un mes, al cabo
del cual son sustituidos por otros nuevos. Una vez que el olor ha alcanzado
a los nervios olfativos, las moléculas aromáticas reaccionan
con receptores nerviosos específicos y envían señales
a los bulbos olfativos, que son los que comienzan a interpretar la señal:
sabemos que hemos olfateado algo, pero todavía no podemos identificarlo.
Enseguida, el mensaje es enviado a la corteza olfativa, que revela naturaleza
del olor (¡claro, ya decía yo que era café!). De ahí,
el mensaje toma dos vías: hacia el tálamo y la corteza cerebral,
donde el olor es relacionado con una imagen ("olfateo el café tostado,
pero no estoy en aquélla casa, sino en una cafetería"), y
hacia la amígdala y el hipotálamo, donde se controlan las
emociones y la memoria ("cómo quisiera estar de vuelta en aquélla
hermosa casa con aroma a café tostado") que se asocian con ese olor
en especial. ¿Eh?.
NUESTRO SENTIDO SEXUAL
Y ahí te va: el olfato es tal vez el
sentido más importante en la sexualidad. Tú puedes sentir
atracción por alguien: pensar que es la persona adecuada para tí;
encontrarle todas las cualidades que quieras y que siempre soñaste.
Pero si no te gusta su olor...¡no hay modo!. El olfato es un sentido
más sexual que, por ejemplo la vista. Tú puedes romancear
con alguien que no te guste físicamente (apagas la luz y ya). Pero
hacerlo con alguien que huele mal...¡para nada, pero para nada!.
Y el fenómeno no es extraño. Nosotros tendemos a cubrir nuestro
olor natural, porque se nos ha enseñado, a lo largo de muchas generaciones,
que dicho aroma es espantoso, y que hay que esconderlo, lo cual, de paso,
no es cierto. Pero los animales, que por lo visto son mucho más
sabios que nosotros, utilizan su olfato para despertar su estímulo
sexual. Los machos de muchas especies despiden sustancias olorosas para
captar la atención de una posible novia que ande cerca. En aquellas
especies donde niños y niñas son aparentemente iguales, el
olfato es básico para saber si se está cortejando a una hembra
o si, por el contrario, se trata de otro macho que puede sentirse muy ofendido
de que le tiren la onda, y propinar al enamorado despistado una mordida,
cornada, zarpazo o picotazo. En la época de celo, las hembras producen
hormonas especiales que indican a los machos que están dispuestas
para el amor, y lo hacen con mejores resultados que si anduvieran por la
selva cargando un anuncio luminoso, porque atraen a varios galanes a la
vez. Curiosamente, nos pasa lo mismo, Un hombre o una mujer sexualmente
excitados despiden olores específicos, diferentes en cada persona,
cuya utilidad primaria es estimular a la pareja. Sólo que si a ésta
le disgusta el olor, mal asunto. Y así tenemos que el amor (considerado
como la suma de atracción sexual), más comunicación,
más identificación, más afecto, más todo lo
demás, debe ser una cuestión completa. Así como te
gustan los ojos de tu amor y su manera de ser, debes sentirte estimulado
(a) por su olor. ¿Porqué? Bueno, recuerda que una vez que
captaste un olor, parte de este mensaje sensorial se va hacia el hipotálamo.
Y resulta que el hipotálamo es, entre muchas otras cosas, el regulador
de las funciones sexuales. Si el olor de una persona no es capaz de estimular
los centros nerviosos adecuados, tu hipotálamo reaccionará
con disgusto o indiferencia. Esto provoca que bloquee los mecanismos de
excitación sexual. Pero si el olor resulta estimulante, el hipotálamo
se excitará y dará marcha a todos los mecanismos necesarios
para lograr una relación sexual satisfactoria. O sea, que amas con
el corazón, pero también, y principalmente con la nariz.
¡CUIDA TU OLFATO!
Bueno, ya viste que tu sentido del olfato
es más importante de lo que crees. No solamente interviene en tu
sexualidad, sino también en tu supervivencia. Desde luego, hay formas
de cuidarlo. El polvo lo lastima, por ejemplo, así que si te vas
a exponer a una polvareda, utiliza una mascarilla. Cuándo se te
tape la nariz con una gripe feroz, ¡no te estés poniendo gotas
cada diez minutos! Es malo para tu mucosa y, además, no te servirá
de mucho, porque tu nariz se tapará más rápido. Así
que si no puedes dormir por una nariz tapada, acuéstate boca arriba,
para que sus cornetes se desinflamen naturalmente y el aire pueda pasar.
¿Qué más? Las drogas. Además del daño
horrible que le hacen a tu organismo, a tu cerebro y a tu personalidad,
las drogas inhaladas o aspiradas, como el cemento y la cocaína,
entre otras, secan la mucosa interna de la nariz, dejando al descubierto
los nervios olfativos, hasta que llega un momento en que se atrofian, aparte
de que el tabique, que es el que separa a ambas fosas nasales y le da forma
a tu nariz, se perfora con estas sustancias. Te quedarás sin olfato,
y ya sabes los peligros a los que se exponen las personas anónimas.
Tu olfato es algo maravilloso. ¡Así
que cuídalo y sácalo del olvido!.
¡Es más útil de lo
que crees!.
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