¿Qué es el matrimonio?

El matrimonio es sin duda la peor de las convenciones que el hombre impuso a la sociedad. Una convención totalmente antinatural impuesta a la muy natural atracción entre hombre y mujer. Es la segunda atrocidad del hombre para con sus semejantes, la peor es la guerra, aunque muchos hombres han ido a la guerra para huir del matrimonio y, obviamente, ha sido proyectada para castigar al hombre por no amar a Dios: se destruye el afecto normal mediante un pacto que humilla a los participantes y transforma lo que debería ser placer en una obligación.
 
Empecemos por el principio. Dos personas enamoradas: inmaduras y generalmente poco instruidas acerca del amor y del matrimonio, con no más conocimientos al respecto de lo que han adquirido observando, que el cielo los ayude!, sus propios hogares, escuchando a la desdeñable gente de su edad u oyendo los aullidos de algún loco barbudo, feo y mugroso que rasga una guitarra con amplificador. No saben mucho el uno del otro, salvo que pueden besarse sin chocar las narices y que pueden crear mutuas y agradables sensaciones en sus entrepiernas.
 
La sociedad ahora conspira para inducir a estos niños a casarse, y tarde o temprano los dos se someten a un ritual trivial tan pintoresco como los que practican los aborígenes más atrasados. Ella y El, y todos sus amigos juegan a disfrazarse, y todo el grupo termina ridículamente vestido dentro de una Iglesia. Allí siempre hay, por lo menos, un sacerdote o enviado del Señor a mano para farfullar algunas palabras antiguas a las que nadie presta la menor atención -además de que nadie entiende nada-. Se hacen votos imposibles, se juran varias mentiras, se cambian anillos metálicos y en un tono que más valdría para anunciar el fin de los tiempos, los dos infortunados reciben la información de que son marido y mujer.
 
Después hay una fiesta donde todos beben demasiado y la madre de la novia llora ritualmente. El padre de ella habla a regañadientes y los hermanos gozan porque su cuñado acaba de adquirir a quien antes mandaba en la casa en ausencia de los padres. Una vez que termina este disparate obligatorio, los infelices se meten a un coche pintarrajeado con inscripciones obscenas y botes en la defensa trasera, y se van a un cuarto de hotel que huele a tabaco y alardea de inodoro desinfectado. Allí, pese a que están completamente agotados y algo borrachos y lo único que quieren es dormir, se sienten obligados a copular.
 
Tiempo después, los pobres "tortolitos", rentan un cuartucho de tercera que para ellos es "hogar dulce hogar". Comiendo las sobras del día anterior, o friendo tortillas duras con huevo y salsa, bebiendo agua del grifo, que más que agua con cloro parece cloro con agua. Así pasan los primeros años "felices" del matrimonio. Sobreviviendo. Una vez que El o Ella tienen un empleo más o menos aceptable, y ganan un poco más como para comprar una casa, la compran y se empiezan a llenar de crías, que son "la delicia del hogar".
 
Así pasarán el resto de su pobre vida, arrepintiéndose y maldiciendo el día en que ambos dijeron "sí" en una Iglesia y recordando los bellos momentos que pasaban juntos cuando eran novios, y sin poder darse los "lujos" que se daban antes. Pero la vida es así, y por más que uno hable y reflexione sobre qué es el matrimonio, todos -salvo uno que otro inteligente que le pensó-, vamos a caer en esto. Por eso más vale decir: "y vivieron felices para siempre..."       

 

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