Chicos: ¿víctimas
de sus hormonas?
Tal parece que en la mente de los chicos
sólo existe un pensamiento: sexo. ¿Acaso serán unos
degenerados? Pues no, no lo son, pero mejor tratemos de entenderlos, ¿no
creen?
Aunque no lo crean, esto no tiene que
ver con una obsesión malsana. Para ellos, a veces es muy difícil
controlar los estímulos provocados por sus hormonas. Por eso, antes
de acusar a un chico de ser un depravado, es necesario entender cómo
funciona su sexualidad, que es completamente distinta a la de las mujeres.
¿Empezamos por el principio?
La edad de la curiosidad sexual
Como se sabe, durante la adolescencia los
chicos sufren una serie de modificaciones orgánicas: el peso casi
se duplica y la altura aumenta; se desarrollan sus órganos reproductivos
y los testículos comienzan a producir espermatozoides.
Con todos estos cambios llega también
una enorme curiosidad por todo lo relacionado con el sexo. Algunas veces,
sus preocupaciones sexuales son tan fuertes que prácticamente les
impiden pensar en otra cosa. Tienen duda de cómo es el cuerpo de
una mujer, de qué se sentirá acariciarlo, de cómo
usar su órgano sexual, etc.
Por eso empiezan a poner mucha atención
a las chicas y las observan en todas sus actividades. También se
fijan en los otros chicos para saber si les sucede lo mismo, si el tamaño
de su pene es el mismo, más grande o más chico. Algunas veces
tienen sueños eróticos o se masturban para liberar toda esa
tensión sexual, y todo esto los desconcierta tanto que incluso llegan
a pensar si será normal esa actitud, o estarán obsesionados
con el tema. La verdad es que todo esto es perfectamente normal.
El sexo según los chicos
A las mujeres les parece inconcebible que
los chicos tengan tanta fascinación por las cuestiones sexuales
y por obtener placer físico. Quisieran que fueran más sensibles,
más románticos y que se concentraran más en tomarlas
de la mano, acariciar su cabello, que les regalaran flores y oír
cuánto las aman. Pero la sexualidad de los hombres no funciona así,
y menos durante la pubertad. A ellas, la actitud de los chicos les puede
resultar incomprensible, pero deben de ponerse a pensar que a ellos también
les pueden parecer bastante extrañas e impredecibles cuando están
en sus "días difíciles". La razón es muy sencilla:
son diferentes, sienten diferentes, piensan diferente... y lo más
importante: tienen hormonas diferentes.
Desde niños, los chicos empiezan
a buscar la manera de obtener placer sexual - tocando o frotando su pene
- y de satisfacer su curiosidad - jugando al doctor y viendo a las niña
sin ropa. Y aunque a las chicas les parezca chocante, no es más
que parte de un desarrollo sexual normal. Que la chicas funcionen diferente,
es otra cosa. Cuando los chicos empiezan a notar cambios drásticos
en sus cuerpos y en sus emociones, al igual que las chicas, les es difícil
entenderlos y adaptarse a ellos. Y todo se complica porque nadie habla
mucho del tema. Es difícil dirigirse directamente a los papás
o a algún maestro para preguntarles cómo se supone que deben
controlar sus hormonas.
Las primeras noticias que tienen respecto
al sexo suelen ser "extraoficiales": pláticas informales con amigos
o hermanos mayores, revistas de mujeres desnudas que se encontraron por
ahí o una película pornográfica que un amigo consiguió
de contrabando. A través de todo esto descubren que el "pene" es
la estrella del sexo y que la satisfacción, tanto de ellos como
de las mujeres, depende de su buen funcionamiento. Desde ese momento empiezan
a centrar su atención en ese órgano sexual y no conciben
el placer sin él; las relaciones sexuales en este momento son más
bien una cuestión recreativa. El sexo está orientado hacia
el pene, que por cierto, a veces les juega malas pasadas.
El sexo según las chicas
El primer contacto de las mujeres con los
aspectos sexuales es muy diferente. Suelen obtener la información
de fuentes más ortodoxas, como libros de educación sexual,
folletos y conversaciones con las mamás o hermanas mayores. Además,
a ellas no les llama tanto la atención ver a los chicos desnudos.
Quizá con ver alguna foto, si se presenta la ocasión, satisfacen
su curiosidad y es suficiente. Les importa más la cuestión
de cómo crecen los senos y, por supuesto la menstruación.
Prefieren ver películas o leer
novelas en las que hay galanes tiernos, cariñosos y apasionados
que le dan más importancia al romance que a abalanzarse sobre los
senos o los glúteos de una chica. Se imaginan como heroínas
a las que conquistan con detalles, flores y cenas a la luz de las velas.
Para las chicas, lo más traumático
del desarrollo físico puede ser que la regla les llegue en algún
lugar público y que todos se den cuenta. Es algo que no pueden controlar,
pero sólo sucede una vez; las siguientes ocasiones ya estarán
preparadas y sabrán qué hacer. No es como con los chicos,
cuando tienen erecciones involuntarias en los lugares menos indicados.
A ellos les cuesta mucho más trabajo adaptarse a ello y dominarlo.
Las chicas no suelen acariciar sus senos
para obtener placer, ni piensan en ellos todo el día. La masturbación
no es tan frecuente en ellas y no les divierte tanto hablar de sexo con
las amigas. La orientación de las chicas sobre el sexo es más
bien romántica e idílica.
Cambios físicos y los dominios
de la testosterona
La hormona sexual masculina, la testosterona,
se elabora en los testículos y es necesaria para producir espermatozoides.
En la adolescencia, también tiene otras funciones como agrandar
el pene y los testículos, contribuir al crecimiento corporal, estimular
el crecimiento del vello facial, hacer más grave la voz y, claro,
dar inicio a la actividad sexual (¡y de qué forma!).
Algunos estudios y encuestas demuestran
que los chicos tienen mucho más contacto con sus órganos
sexuales que las chicas. Aproximadamente el 90 por ciento de los varones
adolescentes se masturban, en contraste con un 60 por ciento de las chicas.
La razón de esto puede ser la antigua idea de que las mujeres no
deben disfrutar del sexo; muchas chicas se sienten avergonzadas por ello.
En fin, es muy frecuente que los chicos
se enteren de la sensibilidad de sus genitales mediante la masturbación.
Es decir, tocar o frotarse los órganos sexuales para obtener placer
y por lo general llegar al orgasmo. Para la mayoría de ellos, ésta
es su primera experiencia sexual.
Las altas dosis de testosterona hacen
que los chicos tengan un constante deseo de satisfacer sus necesidades
sexuales, a las que por el momento no pueden dar rienda suelta. Lo que
hacen es masturbarse, tener increíbles fantasías o incómodas
erecciones, a veces frente a todo el salón de clase.
Un personaje voluntarioso e incomprendido:
el pene
Todos los chicos tienen algo en común:
el pene. Las primeras erecciones (cuando el pene se pone duro), generalmente
ocurren a las pocas semanas o meses de nacidos, y suceden muy esporádicamente
durante la infancia. Sin embargo, durante la adolescencia empiezan a tener
lugar más a menudo. A veces pasan sin ningún motivo. Otras
veces, cuando ven a una chica que les gusta y piensan qué sentirían
si la tocaran o le dieran un beso. La mayor parte de las erecciones se
inician en la mente de los chicos debido a lo que están pensando.
Esto hace que una gran cantidad de sangre se dirija al pene desde otras
partes del cuerpo y lo haga crecer. La zona que lo rodea se vuelve muy
activa de repente y los espermatozoides, que son producidos en los testículos,
quieren salir.
Las erecciones a veces llegan en el momento
más inoportuno. Algo tan simple como ver a una chica con falda corta,
el movimiento de sus senos cuando camina, o el olor de su cabello cuando
voltea, puede provocarlas. Y no hay nada que los chicos puedan hacer. La
testosterona está ahora más alta que nunca en su vida y eso
provoca sensaciones extraordinarias... pero vergonzosas. Lo único
que se les ocurre, cuando lo tienen a la mano, es colocarse disimuladamente
un libro encima del "asunto", lo cual lo hace aún más obvio.
Pero, las chicas antes de burlarse o tacharlos de degenerados, deben pensar
en que si a ellas les gustaría que de repente sus senos perdieran
el control y se pusieran grandes, grandes, y que todos supieran que eso
quiere decir que están excitadas. Sería muy desagradable,
¿verdad? ¿Cómo lo ocultarían? A las chicas
las delatan sus cambios bruscos de humor antes de que llegue la menstruación,
pero no pasa de que los chicos digan que están en sus días.
Nadie les dice que son unas libidinosas.
El exceso de testosterona hace que los
chicos tengan muchas necesidades e impulsos sexuales, pero las normas sociales
y la moral les impide darles escape libremente. No está bien visto
que un chico se la pase masturbándose, viendo películas pornográficas
o teniendo relaciones para liberar toda esa energía sexual que se
acumula y que busca salir a como dé lugar. Por eso, los chicos se
ven forzados a enfrentar uno de los mayores retos de la pubertad: desarrollar
un control interno y aprender a lidiar con sus impulsos sexuales de una
manera segura y socialmente aceptable.
Los adultos pueden ayudarlos a superar
la etapa, o agravarla. Si los padres y maestros les explican que lo que
les sucede es normal y deben aprender a dosificarlo, no dañarán
su autoestima y contribuirán a que tengan una visión sana
del sexo. Si, por el contrario, los ponen en evidencia y los hacen sentir
avergonzados de sus impulsos sexuales, sólo harán que cuando
sean adultos puedan llegar a tener problemas al momento de tener una relación
sexual.
El hecho de que los hombres aprendan sobre
el sexo por su cuenta, hace que asuman que la virilidad únicamente
tiene que ver con el pene y éste tiene que estar listo para ponerse
firme cada vez que ellos lo ordenen. Cuando llegan a los 50 ó 60
años y su órgano sexual ya no funciona como antes, se sienten
frustrados porque piensan que son un fracaso. Lo normal es que las erecciones
se hagan menos automáticas con la edad.
Como se ve, en cuestión de sexualidad,
hombres y mujeres tienen orientaciones completamente distintas, que tienen
que ver con las hormonas que les dio la naturaleza. Ahora que las chicas
saben un poco más de los cambios (a veces tan traumáticos)
que tienen que sobrellevar los chicos, en vez de burlarse de ellos u ofenderse
porque tuvieron una erección involuntaria, deben pensar en lo mucho
que eso puede afectar a su autoestima y en lo mal que se deben sentir,
pues no es algo que hagan a propósito para molestar a nadie. Lo
que hace falta es una mayor educación sexual, y orientación
para ayudarlos a saber que lo que les sucede es normal y que requiere de
un autocontrol que irán aprendiendo con los años. Después
de todo, nadie dijo que la adolescencia fuera fácil. O tú,
¿qué crees?
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