Publicado en el volumen Nueva dimensión 145
Ediciones Nueva dimensión
Colección Revista, número 145
Edición de 1982.
Derechos de autor 1982, Joan Carles Planells
"Por supuesto que hay novelas de ciencia ficción mejores que las de Dick.
Pero Dick es el autor que más me gusta."
Emilio Serra.
1. El hombre es su obraLa inesperada muerte de Philip Kendred Dick �inesperada por lo repentina�, puede dar ya el espaldarazo definitivo para convertir en total leyenda a quien en buena medida lo era ya en estos últimos años; una leyenda viviente. Curiosamente, y ya bien entrada la década de la setenta, una década de crisis personales para el autor que estudiamos, le han elevado a las más altas cotas de fama y popularidad, de reputación y valoración de su obra. Ese interés, esa atención, se habían redoblado, no ya en el extranjero, sino incluso en nuestro país, en estos últimos tiempos. Y así estábamos, en plena fiebre de Dick, cuando nos enteramos de su muerte, en marzo de 1982.
Así, lo que en principio debía ser un detallado estudio de su obra se convierte en un "in memoriam" de regusto muy amargo para el que esto escribe. Tanto es así, que en un principio se pensó en no retocar el estudio ya escrito en su momento, cual si Dick siguiera vivo entre nosotros. Un cierto sentido de responsabilidad, empero, nos ha decidido a modificarlo, y creemos, por lo demás, que los lectores estarán de acuerdo con ello.
Dick ha sido un escritor muy complejo, fruto buena parte de su propia complejidad como persona. Es únicamente comprendiendo �aunque sea parcialmente� ésta, como lograríamos entender su obra. Así, pues, trataremos de aproximar al lector la figura de Dick como hombre a la par que como escritor, puesto que ambas están íntimamente ligadas y dicha obra depende de sus propias experiencias personales
Philip Dick nace en Chicago, en diciembre de 1928, siendo sus padres funcionarios del gobierno. La madre, Dorothy, es censora de los discursos de los portavoces de! gobierno federal, hecho éste que influirá en la obra de Dick. El padre es un furibundo reaccionario, otro hecho clave para el escritor. Padre e hijo nunca se llevaron precisamente bien y terminaron rompiendo violentamente. La figura de Dick padre ha llegado a atormentar fuertemente a Dick y conserva de la misma borrosos y nada alegres recuerdos. Sabiendo esto, cualquier psicólogo extraería interesantes deducciones de su relato de 1954 EI padre falso (Father�Thing), que estudiaremos más adelante.
La mayor parte de la vida de Dick discurrió en California. En Berkeley, donde cursó sus estudios, dio ya muestras de su interés por la escritura, publicando entre 1942 y 1943 dieciséis trabajos ��cuatro de ellos poesías�, en la Berkeley Daily Gazzete; en la columna de Club de Jóvenes Autores, bajo su nombre y con el seudónimo de Mark Van Dyke. Después de sus estudios, trabajó durante un tiempo en una emisora de radio, conduciendo un programa dedicado a la música clásica, el único tipo de música que le gustaba. Casado varias veces, todos sus enlaces han terminado fatalmente; unido a otras mujeres, con posterioridad, sus relaciones también terminaron de mala manera, abandonándole; y, sin embargo, muchas de ellas han sido musas inspiradoras de sus obras o de personajes fundamentales de las mismas. Deja, cuando menos, dos hijos de distintos matrimonios.
Lector de ciencia ficción desde muy joven �encontrarse un día en las manos una revista con un relato de Van Vogt fue la iniciación al género�, empieza a escribirla en 1951 durante su primer matrimonio. "Deseo Ilevar al género hacia una mayor conciencia social y responsabilidad", afirmará por aquel entonces. Así, escribe su primer relato, Rug (Roog), que, sin embargo, no será publicado hasta febrero de 1953, en F. and S.F. y que, paradójicamente, fue también; primer relato que vendiera a su editor. Serán publicados otros antes que este, en diferentes revistas, siendo el primero en ver la luz pública en 1952 y en el número de julio de PLANET STORIAS el relato Más allá yace el wub (Beyon lies the Wub). Otros tres relatos irán apareciendo en ese mismo año. Hasta 1955 escribe la nada desdeñable cifra de más de setenta relatos y cuentos, siendo uno de los pocos escritores que jamás haya visto rechazada una historia. Su inventiva, originalidad y temática llaman la atención de los lectores, y así, en 1955, se publica una selección de quince de estos primeros relatos publicados, con el título de A Handful of Darkness, en Inglaterra. Al contrario que tantos y tantos autores, solo en una ocasión empleará un seudónimo a lo largo de toda su carrera: para el relato Some Kinds of Life, en el número de octubre�noviembre de 1953 de FANTASTIC UNIVERSE y que aparece firmado como Richard Phillips.
Su estilo Ilama pronto la atención del editor y también escritor Anthony Boucher, quien se decide apadrinarle literariamente, y a alentarle en su trabajo. Así, en 1955 publica su primera novela Lotería solar (Solar Lottery), que al año siguiente es publicada en Inglaterra con el título de World of Change y con notables variaciones con la edición original americana, puesto que ambos editores exigían al original cambios opuestos y diferentes. La versión que en España se conoció en su tiempo de la novela correspondía a la traducción de la versión americana de la misma. La amistad entre Boucher y Dick se afianzaría con los años, y sería el propio Dick quien escribiera el editorial�homenaje en FANTASY AND SCIENCE FICTION de agosto de 1968, con motivo del fallecimiento de Boucher.
Lotería solar es una novela con claras. influencias vanvogtianas (autor que, como sabemos, impacto fuertemente al joven Dick), influencias detectables por lo demás en el Dick de aquellos años y que la crítica conformaría. El argumento nos presenta a un terrestre elegido al azar según las reglas del "Minimax", para regir los destinos del planeta. Ello dará lugar a una serie de intrigas y luchas despiadadas, de conspiraciones y asesinatos, para eliminar aI elegido por el azar. Digamos que este curioso tema sería también utilizado por el alter�ego de Gérard Klein en su novela El cetro del azar (Le Sceptre du Hasard) firmada como Gilles D'argyre para Fleuve Noir. Las luchas son parecidas, si bien escenarios y situaciones varían, lógicamente. No cabe por tanto hablar de plagio, pero sí de curiosa coincidencia con un tema tan chocante y nada corriente.
Lotería solar obtiene un notable éxito. Es una buena novela, hay acción, luchas, interés, y una cierta crítica política como fondo de todo ello. Era, sin duda, uno de los mejores textos largos que había escrito hasta entonces.
En 1956, aparecen dos nuevas novelas: El tiempo doblado (The world Jones Made) y Planetas morales (The Man who Japed). El tiempo doblado (cuyo título en principio iba a ser Womb for another y que el editor cambió por el más comercial de The World Jones Made) nos presenta ya la primera incursión de Dick en el terreno de la cuestionabilidad de la realidad, o de lo que entendemos por realidad. Podríamos incluso decir que es la primera novela dickiana químicamente pura, por cuanto en ella confluyen ya la mayoría de sus temas recurrentes: la dudosa fiabilidad de un gobierno que se rige mediante principios del relativismo, los problemas que crea el mismo Jones, un mago de feria que puede ver el futuro a un año vista y que consigue hacerse con una secta de adeptos, el dudoso destino de los colonizadores a otros planetas... Es una novela menos espectacular en incidencias que Lotería solar, sin excesiva acción, salvo en determinados momentos, y cuyo interés radica en el desarrollo de los acontecimientos, marcados por ese extraño Jones, que aún previendo su muerte con antelación, nada puede hacer por evitarla. EI tiempo doblado significa, pues, la primera incursión firme por los mundos dickianos.
Por su parte, Planetas morales tiene mucho de anti�utopía, al estilo de 1984 �con la que ha sido comparada un tanto exageradamente pero no sin cierto tino�. Coinciden en el mismo futuro negro y autoritario. Una sociedad tiránica en la que cada vecino espía a cada vecino, y las porteras de los edificios controlan a todos sus moradores. Esa misma idea sirve un tanto de telón de fondo a The Simulacra (1964). Y ya en Planetas morales encontramos la firme descripción de un personaje �el protagonista�, luchando contra el estado de las cosas, y enfrentado a la opinión contraria de su mujer.
En 1957 aparece Ojo en el cielo (Eye in the Sky), cuyo título en principio iba a ser With Opened Mind, novela que ha sido señalada por diversos comentaristas como el compendio, resumen y catálogo de todos los temas habituales del autor: mundos alternos, fanatismo religioso, persecución política, personajes psicóticos, personajes con poder sobre los objetos... si bien no están todos presentes: faltarían las drogas, los juegos y el siempre presente personaje de la esposa destructiva, tan caro a Dick y cuyo máximo desarrollo se producirá al cabo de pocos años. En esta novela, la esposa del protagonista nada tiene de destructivo sino que es su fiel compañera. Dick introdujo ahí un detalle autobiográfico: en aquellos años, el FBI obsequió a Philip Dick con una visita de cortesía y le instó a que vigilase a su mujer y les mantuviera al corriente de las actividades políticas que desplegaba, a lo cual Dick se negó rotundamente. Eran los años del macarthysmo y tanto Dick como su mujer eran tachados como "rojillos". Este hecho fue empleado textualmente por Dick en la novela.
Ojo en el cielo presenta un accidente durante la visita a una poderosa instalación nuclear, a consecuencia del cual los personajes afectados por el mismo quedan inconscientes por un tiempo, pasando todos a vivir en el universo particular de cada uno de los accidentados y sufriendo las consecuencias y peligros inherentes a ello. Finalmente, las cosas parecen arreglarse y consiguen regresar al mundo real. Pero, ¿podemos estar seguros de que es el real? Dick, mediante un pequeño truco (que volverá a emplear en otras ocasiones), no nos deja muy convencidos de ello.
La novela sirvió para introducir a Dick en Francia ��si bien ya habían sido publicados allí con bastante puntualidad algunos de sus primeros relatos�. Y en Francia se convertiría en uno de los autores mimados por la critica y los especialistas, principalmente, y por los lectores. Si hay una nación que sienta un delirio total por Dick que no sea los Estados Unidos, país en donde su cotización ha subido y bajado repetidas veces), esa es Francia. Quienes se mueven por los mundos del cine y la literatura y cualquier otro medio de expresión y comunicación, conocen sobradamente de la afición del país galo a ensalzar hasta lo indecible a todo lo que en América resulte incomprendido, "maldito" o ligeramente "antiamericano". 0, cuando menos, que los franceses lo interpreten como tal. Ejemplos de ello se encuentran en todos los campos y por citar algunos para orientación del lector, mencionaremos los casos de Jim Thompson y Chester Himes (novela negra), Henry Miller (literatura), Orson Welles y Jerry Lewis (cine), aparte de contar con inmigrantes ilustres como Patricia Highsmith o Samuel Beckett. Nombres todos ellos ilustres y dignísimos. Pero, a su lado, y dentro del terreno de la ciencia ficción, se encuentra la contrapartida de Van Vogt, que en Francia hace literalmente furor, pese a que sus obras más recientes sean simplemente penosas. Resumamos todo ello diciendo que cualquier tema o arte que ataque a USA o muestre algunas de sus taras más características, será siempre objeto de calurosa acogida por parte de la intelligentsia francesa. Así, pues, Dick fue recibido con los brazos abiertos y su popularidad fue en constante aumento desde finales de los sesenta, hasta el encumbramiento definitivo.
Porque Ojo en el cielo no es más que un vistazo a los principales defectos americanos de su tiempo (y, ¿por qué no?, también del presente). Recordemos: fanatismo religioso. En Estados Unidos las sectas religiosas (o pseudo) están a la orden del día, desde tiempos inmemoriales. Charlatanes, santones, puritanistas, aprovechados en muchos casos, son un fenómeno corriente y aceptado por el entorno natural de las cosas. Hasta que se extralimitan, claro, como en el caso tristemente conocido de las Guyanas. Persecución política: ¿quién no recuerda o ha oído hablar de la caza de brujas del senador McCarthy? Aún hoy día se siguen escribiendo libros, artículos, estudios sobre la misma, siendo objeto de continuos comentarios e interpretaciones y habiendo dejado huella imborrable en quienes la sufrieron. Muchos americanos tuvieron que abandonar el país y proseguir en Francia o Inglaterra sus carreras artísticas o Iiterarias. Caracteres psicóticos o esquizoides: un poco en broma y un mucho en serio se dice que cada americano tiene su psiquiatra particular. Consultar a un psiquiatra en Estados Unidos es tan natural como entre nosotros tomar una aspirina cuando nos duele la cabeza.
En el mismo año, aparece Muñecos cósmicos (The Cosmic Puppets), adaptación del serial publicado en 1956 en la revista Satellite con el título de A Glass of Darkness y que, sin duda, es una de las peores novelas de Dick y de las menos divulgadas (¡en Francia aún inédita!). Cercana más a la fantasía que a la ciencia ficción, nos presenta a dos gigantes que se disputan el mundo. Uno representa el bien y el otro el mal. Este triunfa sobre su adversario y se apodera de un pueblecito de Virginia, como primer paso para cambiar toda la faz de la Tierra a su gusto. Un antiguo residente del pueblo, que llega a él de visita tras largos años de ausencia, advierte extraños cambios en él, y empieza a investigar. En su ayuda acude un borracho que es el único que reconoce los cambios habidos y que recuerda como eran las casas y las calles antes de la alteración. Unos cuantos chiquillos con poderes telekinéticos animan la acción, y, finalmente, el forastero y el borracho conseguirán devolver a la ciudad su antiguo aspecto. Perfectamente desdeñable.
Abramos ahora un paréntesis y preguntémonos: ¿es realmente ciencia ficción lo que desea escribir Dick únicamente? ¿O es tan solo lo que sus editores le permiten o le aconsejan? Han sido precisos muchos años para descubrir que Dick alternaba sus novelas de SF con otras novelas de ficción general, para las cuales nunca encontró un editor dispuesto a cargar con ellas. Dick Ias llamaba novelas experimentales y fueron escritas entre 1954 y 1959, año en que Dick decidió prescindir ya de ellas ante los continuos rechazos que sufría por las mismas, él que jamás viera rechazado un relato de ciencia ficción. Siete de esas novelas permanecen inéditas y sólo una consiguió finalmente publicarse en 1975, habiendo sido escrita aproximadamente en 1958�1959: Confessions of a Crap Artist (cuya traducción significaría Confesiones de un artista de mierda). Y uno se sorprende, por cuanto es una novela realmente magistral, fabulosamente escrita y cuya demora en publicarse no tiene ni lógica ni explicación, de no ser la ceguera o estupidez de los editores a los que fue sometida a juicio (?) o un cierto desinterés del propio Dick. La reseñaremos a continuación, puesto que su escritura se sitúa hacia 1959, como hemos dicho, prescindiendo de su posterior fecha de publicación, en 1975.
Confesions of a Crap Artist nos presenta a unos personajes sencillamente increíbles, típicamente dickianos y desde luego los mejores de su obra hasta aquel entonces. Uno de los temas principales de la novela es un adulterio normal y corriente. Pero, ¿puede ser tan normal cuando quien lo describe es alguien como Dick y cuando los personajes parecen extraídos de cualquiera de sus pesadillas esquizoides? No.
La novela está escrita aportando tres puntos de vista distintos y alternados: el de Jack Isidore, el "artista de mierda", hermano imbécil de la protagonista, empeñado en escribir algo así como una enciclopedia que reuniera todos los conocimientos de la humanidad, chiflado por los platillos volantes; el otro punto de vista es el de Fay, su hermana, mujer inteligente, profundamente egoísta y hermosa, derrochadora y acostumbrada a toda clase de lujos y comodidades. Y el tercero, corresponde al tradicional narrador en tercera persona. Con ello, la obra consigue un enfoque psicológico francamente logrado y fascinante. Los escasos personajes se mueven en un clima siniestro de aprensión y amenaza, de humor y sorpresas típicamente dickiniano. Fay vive en una lujosa mansión campestre con su marido, Charley. quien se mata trabajando para poder mantener a duras penas el carísimo tren de vida que Fay está acostumbrada a llevar. Aburrida de Charley, Fay sostiene un amorío con un nuevo vecino de la localidad, Nathan, un recién casado que poco a poco empezará a temer a Fay; sin embargo, no se atreve a rechazarla y sigue el juego de Fay, favorecido al sufrir Charley una grave crisis cardíaca que le apartará de los negocios y hará tambalear finalmente toda su ya precaria economía. Sabedor del adulterio de Fay, Charley, lleno de odio, abandona el hospital aún no repuesto y llega a su casa, en un momento en que su mujer no está. Entonces, en una escena realmente aterradora y alucinante, de gran vigor narrativo, Charley mata implacablemente a todos los animales que posee Fay: su caballo, su perro, sus pájaros. El esfuerzo de la matanza le desmoraliza totalmente, le llena de congoja y sufrimiento, por lo cual se suicida a continuación.
Novela sin concesiones al lector, dura y tierna a la vez, y que es sin duda alguna una de las obras maestras de Dick. Una obra francamente espléndida y cuya espera de tantos años en publicarse realmente no tiene explicación.
Ignoramos �lo mismo que muchos otros comentaristas de Dick�, si las demás novelas "experimentales" aún inéditas son de igual calidad. Harlan Ellison dijo una vez que "Phil Dick se movió en la SF basándose en lo que había hecho anteriormente dentro de la literatura general". Lo cual nos lleva, claramente, a la conclusión de que Dick es, sencillamente, un escritor, sin a veces molestas etiquetas de género que pueden llegar a perjudicar o desfigurar un autor y su obra, encasillándolos dentro de un específico ghetto de géneros. A veces los autores tienen la suficiente fuerza para poder ultrapasar esos ghettos y romper barreras, como ocurre con el caso de Patricia Highsmith (autora con la que Dick tiene, por cierto, no pocos puntos en común).
Para finalizar con esta obra, digamos que el personaje de Fay estaba inspirado en la esposa de Dick de aquellos años.
Inspirándose no poco en los acontecimientos y varias características de Confessions of a Crap Artist, Dick publica en 1959 Time out of Joint, que sería su última novela durante algunos años. Estamos, en la acción de la obra, en los años cincuenta (al menos, en apariencia), el protagonista es un ser ligeramente imbécil que se entretiene día tras día en resolver los acertijos del periódico, con un afán similar al de Jack Isidore de la anterior novela. su hermana es también un ser egoísta y amante de lujos y comodidades. El entorno es típicamente americano de provincias. Pero, en realidad, todo ello no es más que un gran simulacro, montado en exclusiva para el protagonista, Ragel Gumm, puesto que los acertijos que se esfuerza en solucionar diariamente no son más que las claves para interceptar las bombas que se dirigen a destruir el planeta, lo que no descubrirá hasta el final de la obra, moviéndose en un ambiente de pesadilla. Novela en la que nadie es lo que aparenta ser y en la que la realidad es fuertemente cuestionada por el autor en su obra quizá más característica al respecto, pese a algún que otro altibajo narrativo.
En esta época, Dick fue abandonado por su primera esposa, quien se marchó con su hijo. Dick sufre una fuerte depresión, de la que se resiente su carrera literaria, que es prácticamente abandonada también. Decide dejar de escribir, y aún así, en 1960 se publicarán dos novelas suyas, Dr. Futurity y Vulcan's Hammer, que en realidad no requieren ningún esfuerzo por cuanto son sendas prolongaciones de viejos relatos anteriores. Dr. Futurity se basa sobre Time Pawn, una novela corta de 1954, muy vanvogtiana, muy incomprensible, muy mal escrita, pese a su interesante comienzo: un médico que se dirige a la ciudad en su coche, se encuentra de pronto con que la carretera por la que circula ya no es la misma de siempre, así como tampoco el paisaje; se halla en un universo diferente en donde le acontecerán extrañas peripecias que desencadenarán en un final tonto y tan estúpido como las tres cuartas partes de la obra. No mucho mejor es Vulcan's Hammer, sobre el relato EI martillo de Vulcano (Vulcan's Hammer) escrito en 1956, si bien está mucho mejor escrita que la anterior y tiene mayor lógica y coherencia. Sus temas principales son la política y el poder de las máquinas sobre el hombre y la sociedad. Un opresor es combatido por unos pocos resistentes liberales, que, sin embargo, emplean métodos tan poco ortodoxos como sus propios antagonistas. Un detalle este último frecuente en sus obras y que encontramos también en Lotería solar y Our Friends From Frolik�8. Ninguno de los dos bandos resulta demasiado recomendable, por lo cual el protagonista de turno vacila en tomar partido entre ambos.
Dick se casa por segunda vez al cabo de un tiempo. Su nueva mujer es de buena. posición y está empeñada a rodearse de la "buena sociedad". Dick, por consiguiente, se aburre y comienza a escribir, un poco por juego, una nueva novela, en 1962: El hombre en el castillo (The Man in the High Castle). Dos años antes había descubierto el I Ching al tiempo que lo hacen sus personajes en la narración y escribiendo do que el oráculo chino le depara en suerte, con los inevitables giros argumentales a que ello le conduce. Años después, confesó todo ello y añadió que el libro le había engañado al final de la obra, lo cual le decepcionó enormemente. Un divertido proceso de escritura, desde luego, y que le reportó a su autor el único Hugo de toda su carrera, otorgado en la convención americana de SF de 1963, pese a que muchos se opusieron luego, por considerar que no era una novela estrictamente de ciencia ficción y se quejaban de la cantidad de cabos sueltos que la obra dejaba al final. Viendo el proceso de elaboración seguido en la misma, no es nada de extrañar, desde luego.
El hombre en el castillo se ha convertido por derecho propio en un clásico dentro del apartado de las ucronías, género subyugante que pocos autores se han atrevido a tratar. Alemania y Japón ganaron la segunda Guerra Mundial. Estados Unidos está dividida en tres zonas: la del Pacífico bajo el dominio japonés; la del Atlántico, regida por los alemanes; en medio, una zona libre, pero bajo la influencia de ambas. Los nazis se han ido extendiendo por el resto del planeta, conquistando toda África, y empiezan a planear la invasión de sus propios aliados, el Japón. En la zona libre americana, un escritor ha publicado un libro, un tanto a trancas y barrancas, en el que se cuenta cómo sería el mundo si los aliados hubiesen vencido en la contienda. Sólo que ese mundo tampoco es el nuestro, sino otro paralelo. Nuevamente, la realidad cuestionada y esta vez, por partida doble.
Dick toma partido, en su novela, por los japoneses, influido en buena parte por la conmoción sufrida en 1945 al conocer lo de Hiroshima y que, precisamente, fue el motivo de la ruptura definitiva con su padre, militarista a ultranza y orgulloso veterano de la primera contienda.
El éxito obtenido parece estimular a Dick, que en 1963 emprenderá nuevamente, y con fuerza, su carrera literaria. Para lo cual, desgraciadamente, intervendrán las anfetaminas, que le llevarán a escribir toda una serie de novelas a increíble velocidad, sin detrimento alguno de su calidad, lo cual no deja de ser admirable. Años después, al verse obligado a prescindir de ellas, sobrevendrá otra crisis, la más fuerte de todas. Empieza de nuevo a mandar relatos a las revistas (el último que publicara fue en 1959) y escribe una novela, Torneo mortal (The Game�Players of Titan). Dick está de nuevo en marcha.
Torneo mortal es una entretenida novela de aventuras e intriga, no especialmente memorable, y en la que el juego, una de sus constantes en su obra, juega el papel primordial, así coma la invasión de la Tierra por fuerzas extraterrestres, fuerzas, como casi siempre también, ligeramente ambiguas.
1964 será el año fuerte del autor, principalmente en cuanto a novelas se refiere, si bien no hay que desdeñar algunos muy importantes relatos que se alternan con ellas. En Tiempo de Marte (Martian time�slip), utiliza un relato escrito el año anterior y que, según él, es exactamente el género de ficción que desearía escribir. Lo cierto es que sus personajes están muy cuidados, aunque la narración en sí peca de cierta lentitud. En esa novela aparece ya un personaje drogadicto, la mujer del protagonista, que es también el típico ejemplar de esposa destructiva que en estos años adquirirá pleno desarrollo. Tiempo de Marte es una novela de acogida dispar: para unos, de lo mejor de Dick; para otros, simplemente vulgar.
Iniciando también una costumbre que se irá prolongando más adelante, Dick realiza revisiones de sus viejos relatos, a fin de aprovechar sus temáticas para posteriores novelas. Así aparece La penúltima verdad (The Penultimate Truth), basada en el relato Los defensores (The Defenders), publicado en 1953. Ha estallado la tercera guerra mundial y la población terrestre vive en ciudades subterráneas, en fábricas bajo tierra, produciendo robots y máquinas de guerra con destino a los temerarios defensores de la superficie. Solo que no son ni temerarios ni defensores; el armisticio se firmó a poco de iniciada la guerra y los robots y las máquinas son empleados para atender a las comodidades de quienes viven en la superficie gozando del placer de enormes fincas. Nuevamente el tema de la sociedad opresora y la manipulación de las noticias: los habitantes de las ciudades subterráneas son engañados mediante falsos noticiarios que presentan el desarrollo de una guerra cruentísima y aparentemente interminable. En uno de los capítulos, un personaje le muestra a otro un famoso documental de la segunda guerra mundial y le prueba que el mismo es totalmente falso y que su falsedad alteró el destino de diversas naciones. La penúltima verdad es una de las mejores y más sólidas novelas de Dick, aunque no tan espectacular como otras de este mismo año.
The Simulacra fue, desde luego, la que más llamó la atención de las tres que aparecieron en 1964 firmadas por Dick. Elementos de la novela fueron retomados del relato Novely Act, escrito en 1963 y publicado en febrero del siguiente año. The Simulacra es, ante todo, un completo "tour de force" del autor. Pocas veces introdujo tantos temas, tantos personajes, tantas intrigas en una sola novela, dentro de un clima social que recuerda fuertemente al de Planetas morales: los vecinos se espían unos a otros. El dirigente máximo de este nuevo estado es una mujer que Ileva cerca de cien años en el cargo... y que se conserva tan joven y bella como desde el primer día. Se trata de un androide, un simulacro con el que engañar a la nación, en tanto el gobierno real permanece en la sombra. Un sector de ese gobierno decide traer desde el pasado a Herman Goering a fin de alterar el curso de los acontecimientos y de los tiempos pasados. Animando la acción, tenemos diversos personajes psicopáticos, algunos con el poder de alterar la realidad; un taller de fabricación de androides, casi en la bancarrota, y que recibe el encargo "top secret" de construir un nuevo simulacro del jefe del estado; unas extrañas tribus prehistóricas ocultas en las afueras de la ciudad, aguardando su momento de entrar en acción; todo ello servido con considerables "coups d'effet", dando así lugar a una de las novelas más completas y repletas de Dick. Contrariamente a lo que podría deducirse de la acumulación de personajes e incidencias, Dick no pierde las riendas de la trama y consigue con The Simulacra una de sus novelas más absorbentes. Las anfetaminas trabajan bien.
Clans of the Alphane Moon, la última novela del año, es una obra menor, aunque bastante interesaste. En la luna de Alfa, desolada y mísera, se hallan una serie de tribus o clanes, formadas por locos, desequilibrados, esquizofrénicos y psicópatas, exiliados allí desde la Tierra, que ha convertido dicha luna en un manicomio espacial. La idea ya aparecía en el relato Shell Game, escrito en 1954. Los acontecimientos obligan a las diversas tribus, cuyas relaciones no son muy buenas entre sí, a aliarse cuando la Tierra decide invadir la luna de Alfa, convirtiéndola en un campo de batalla. EI protagonista en la Tierra es un agente de la ClA cuyo trabajo consiste en crear frases publicitarias para el contraespionaje (influencia sin duda del oficio que desempeñara la madre de Dick); su mujer está decidida a matarle por motivos no muy claros precisamente, pero que hay que aceptar de partida, y constituye el típico ejemplo de la esposa destructiva en Dick, también sin duda inspirado por los fracasos de sus matrimonios. También tenemos, cómo no, la típica jovencita con poderes de percepción extrasensorial, de la que se enamora el personaje. Todos ellos tendrán su cita final en la batalla de la luna de Alfa. EI fin de la novela recuerda al de Ojo en el cielo, por su ambigüedad. ¿Se reconcilia el matrimonio protagonista, o no?
Tal como indicamos, 1964 es también un año notable en la producción de relatos; no en la cantidad, como en 1953, pero sí en el interés y la calidad. Hay que mencionar, entre ellos, la novela corta Lo que dicen los muertos (What the Dead Men Said), aparecida en el número de junio de Worlds of Tomorrow, en la cual y dentro de una interesante intriga política (temática casi constante en su obra de ese año), encontramos que los vivos pueden comunicarse con los muertos. los cuales se hallan en un estado de animación suspendida en un gran sanatorio, el mismo que aparecerá en 1969 en Ubik y regido por el mismo personaje.
También hay que destacar otra novela corta, Cantata 140 (Cantata 140), publicada en julio en F & SF, y en la que reaparece un viejo personaje creado en 1963 en los relatos Cargo de suplente máximo (Stand by) y What we"ll do with Regland Park?: Jim Briskin. En Cantata 140 se nos narra la carrera hacia la presidencia en USA por parte de un negro, candidato a ella, y las diversas intrigas políticas a que ello da lugar. En 1966, dos años después, aparecería en volumen con el título de The Crack in the space, y con nuevos capítulos añadidos al final de Cantata 140, cuando Briskin, ya presidente, debe enfrentarse al problema que supone el descubrimiento de un mundo paralelo al nuestro y sus posibilidades de colonización. Si Cantata 140, por separado, es un estimable relato, The Crack in the space, al completo, no tiene excesiva hilazón, y se nota demasiado que son dos novelas distintas, constituyendo una de las novelas menos distinguidas de Dick.
Una tercera novela corta, The Unteleported Man, aparecida en diciembre en la revista FANTASTIC, también sería publicada como novela, en un volumen doble de Ace, compartiendo el resto del tomo una obra de Howard Cory, en 1966 igualmente. En ella se nos narra una extraña intriga político�utópica, que tiene como centro el planeta "Boca de la ballena", colonizado por millones de terrestres que, sin embargo, no han regresado nunca y de los que no se tienen noticias. Un extraño sistema de teleportación es el centro de la intriga, y el protagonista decide usarlo para averiguar lo que hay en la realidad de "Boca de la ballena". La novela es de las menos afortunadas de Dick, y ofrece la curiosidad de que su segunda parte (lo que la convertiría en novela de extensión normal), ha permanecido inédita durante todos estos años, junto con todos los manuscritos de "novelas experimentales" del autor, en una alacena de la Universidad de California, en Fullerton. Sin embargo, deberá aparecer ya al completo, en fecha próxima (o ha aparecido ya. cuando esto se escribe), con el nuevo título de Lies, Inc.
En 1965, Dick consigue ser nominado al Nebula de novela por Los tres estigmas de Palmer Eldritch (The Three Stigmata of Palmer Eldritch), una de sus novelas más controvertidas y especialmente admirada por la crítica francesa, pero que personalmente no considero como una de sus más acertadas creaciones. En Marte, la vida de los colonos es tan miserable (los colonos de Dick siempre lo pasarán muy mal en sus novelas, allá donde aparezcan), que están autorizados a ingerir drogas alucinógenas. No mejor van las cosas en la Tierra donde reina un calor horrendo, y la gente está prácticamente alienada con los productos de Perky Pat. De hecho, ahí Dick invirtió un tanto los términos de su relato The Days of Perky Pat (1963), retomando los mismos personajes pero trasladándolos en la novela a las colonias de Marte. Un día, aparece de repente Palmer Eldritch, regresando de una lejana expedición a Centauro y trayendo consigo una nueva y más poderosa droga. Señalemos otro punto presente en varias obras de Dick: la salvación para los personajes oprimidos llega siempre desde el exterior, de lugares ignotos, por mediación de alguien que marchó tiempo atrás y que retorna trayendo consigo algo o alguien que no se sabe con certeza qué es, pero que, cuando menos a primera vista, es decididamente inquietante, casi peligroso. Otro claro ejemplo de ello es Our Friends From Frolix�8. Palmer Eldritch regresa, pues, con su droga salvadora... que borra la realidad y sumerge a quien la toma en una continuada serie de realidades�irrealidades, hasta el extremo de que nadie sabrá ya lo que es real y lo que no lo es, cayendo en una pesadilla total. Novela en la que la droga es figura principal, junto a la siniestra e invisible personalidad de Eldritch, para el cual Dick se inspiró en su propio padre, que solía asustarle de pequeño con su careta antigás, cortesía de los servicios prestados en la primera guerra mundial. Hay muchos que han creído ver en la obra un transfondo religioso, agravado en parte por el título que la obra recibiera para su edición en Francia: Le dieu venu du Centaure (El dios que vino de Centauro). Novela compleja, muy celebrada, y desde luego de las más discutibles de su autor.
Otro éxito del mismo año es Dr. Bloodmoney o como nos apañamos después de la bomba (Dr. Bloodmoney or How We got Along After the Bomb), para la cual Dick en principio barajaba dos títulos distintos: A Terran Odissey e In Earth's Diurnar Course, sin duda ambos mucho más reflectivos que lo que en la novela se narra, pero quedando al fin como Doctor Bloodmoney. La novela, con un estilo pausado y tranquilo, nos refiere la vida cotidiana de una pequeña población provinciana, típicamente americana, antes, durante y después del holocausto nuclear. Holocausto que es producto de la voluntad de una mente alocada y acomplejada, que volveremos a retrovar, años después, en Deus Irae, si bien los nombres de los personajes difieren. Tras el holocausto, la vida sigue igual, en apariencia, pero ya nada es lo mismo. Nadie tiene esperanzas en nada, aunque se limitan a fingir y a seguir adelante como pueden. Los eternos personajes con poderes telekinéticos animan la acción, a la que pone música de fondo un astronauta condenado a dar vueltas en su nave a la Tierra de por vida, sin posibilidad de retorno. Esta novela ha recibido una cantidad de críticas y comentarios totalmente opuestos. Para Jacques Sadoul es una "obra maestra de horror", lo cual es cuando menos francamente estúpido. Para Antolín Rato es una novela de risa, barata y estúpida, lo cual significa que la leyó en un ataque de indigestión. Para el propio Dick constituyó su novela favorita durante muchos años, opinión muy discutible, pero lógicamente personal. La verdad es que Dr. Bloodmoney o como nos apañamos después de la bomba es una correcta novela, ni mejor ni peor que las otras, muy agradable, muy entretenida, pese a su lentitud. Hay a su favor una perfecta comprensión de esos típicos americanos de provincia (ya escritos en otras obras de Dick), quintaesencia de las virtudes y defectos de ese país y tan preciados para muchos autores a fin de reflejar mediante ellos la realidad del "american way of life". Eso era, precisamente, lo que fue calificado de estúpido y barato, por no saber comprender quien lo dijo que era nada más que el reflejo y la descripción de una villa rural vulgar y corriente tras una situación de caos.
En 1966 aparece �dejando aparte las ya comentadas The Crack in the Space y The Unteleported Man�, una de las mejores novelas de Dick, si bien no haya recibido los elogiosos comentarios destinados a otras obras. Nos referimos a Now Wait for Last Year. Repleta de personajes típicos del autor �hombres fracasados, esposas destructivas, políticos corruptos, joven amante benefactora para el antihéroe, extraterrestres de ambigua personalidad e intenciones, traidores no se sabe muy bien a qué causa, etc.�, incide también en forma predominante en el tema de las drogas, en forma más satisfactoria por cierto que en Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Nos encontramos en el año 2055, cuando la Tierra está aliada con el planeta de los Proxmen o Lilistarianos, en su guerra contra la raza de los Reegs. Dos razas extraterrestres especialmente siniestras y, como no, de conducta ambigua. Las cosas no marchan muy bien para la alianza Proxman�Tierra, que parece estar a punto de perder la guerra, guerra en la que no sabe muy bien cómo y porqué se ha mezclado en ella y porqué ha escogido el bando en que lucha. Es en ese momento cuando hace su aparición la JJ�180, una nueva y extraña droga que puede inclinar definitivamente la balanza del conflicto hacia uno u otro lado. Esta droga tiene la propiedad de alterar el tiempo y la realidad, bien retrocediendo hacia el pasado, o bien avanzando hacia futuros alternos. En algunos de esos futuros, la guerra es ganada por los Reegs; en otros, por los Proxmen; en otros, la Tierra estuvo desde el principio del bando de los Reegs y contra los Proxmen o Lilistarianos; y así sucesivamente. ¿Qué es real?, ¿cuál es el camino o futuro verdadero. tras un bombardeo de JJ�180?, empezará a preguntarse el lector, así como los propios personajes. También nos encontramos con que el todopoderoso dictador de la Tierra, Gino Molinari, puede ser simplemente un simulacro, un androide o un sustituto procedente de cualquiera de estos universos alternos producidos por la JJ�180. Ahora bien, ¿cómo pudo Gino Molinari ser ya el dictador del planeta antes de que se empezara a elaborar la droga? Quien toma la JJ�180 muere más tarde o más temprano a causa de sus efectos, pues su uso es terriblemente letal, crea una poderosa dependencia y destruye progresivamente el organismo. El protagonista la ha ingerido descuidadamente cuando su esposa, que le odia, se la ha vertido en el café. Le cabe la posibilidad de salvarse cruzando, mediante la droga a un universo paralelo, o a un tiempo en el que no tomó la droga... Las posibilidades que ello abre a los personajes son múltiples, de pesadilla, y la intriga y los acontecimientos van adquiriendo tonos sombríos y espeluznantes, llegando en ocasiones a ser un pequeño anticipo de la posterior Ubik. Now Wait for Last Year es una de las mejores y más sólidas creaciones del autor y una de sus novelas más representativas y recomendables.
En este año, es llamado por Harlan Ellison para colaborar en las Dangerous Visions, la ambiciosa y revolucionaria antología que aparecerá en 1967. Dick escribe la novela corta La fe de nuestros padres (The Faith of Our Parents), relato en que presenta un futuro alienado, totalitario, y la posibilidad de rebelión del protagonista. Sin embargo, el relato no convence demasiado y nada de revolucionario había en él, según el espíritu de lo que debía ser la antología, dentro de la cual constituye una de las varias decepciones. Dick echó mano de sus temas recurrentes escribiendo un relato discreto, útil para cualquier revista de ciencia ficción, pero no especialmente indicado para el propósito de Ellison. En el postfacio explicativo�justificativo que Ellison pedía a los autores, Dick afirmaba no ser partidario de ninguna de las ideas expuestas en su historia, pero le apasionaba el tema de la experiencia teológica que algunas gentes percibían tras una dosis de LSD, y que él mismo había experimentado. Entre noviembre de 1965 y enero de 1966, Dick escribió como serial para Worlds of Tomorrow la novela Projet Plowshere que aparecerá finalmente en libro en 1967 y con el nuevo título The Zap Gun. Es una obra francamente incongruente, nada satisfactoria y con grandiosos desniveles de calidad e interés, causa derivada de su desorientación argumental. El motivo cabe buscarlo en lo que, según la expresión creada por el novelista Raymond Chandler, Dick "canibalizó" entre viejos relatos suyos de años anteriores y que mal ensamblados daban soporte a The Zap Gun. Entre ellos están Juego de guerra (War Game), escrito en 1959 y Veterano de guerra (War Veteran), de 1955; relatos que nada tienen en común entre sí, pero que son utilizados por Dick para ir tejiendo más que escribiendo, la novela, con técnica igual a la del citado Raymond Chandler, pero con resultados más bien pobres. The Zap Gun es una novela divertida en ese aspecto, pero perfectamente olvidable y sin especial relieve.
Mejor resultará El Mundo contra reloj (Counter�clock World), aparecida en 1967, y cuyo título en principio debía ser The Dead Grow Young. Para ella, Dick retomaba la idea y varios personajes de su relato de 1966 Your Appointmen Will Be Yesterday, dando más relieve a la figura del Anarca y mejorando la ambientación. Aún así, el tema se le escapa un tanto de las manos, por excesivamente rebuscado. El tiempo ha invertido su curso, los muertos resucitan, se hacen jóvenes, y "nacen". Los hombres no se afeitan sino que se "crecen" la barba. No se saludan, sino que se despiden, y viceversa. No falta el consabido toque de fanatismo religioso, aprovechando las circunstancias. La novela es floja, pese a algunos momentos especialmente memorables, como cuando Dick elimina de un plumazo al policía Joseph Timbane, que en ese mismo año aparecía en el relato Return Match, publicado en GALAXY, cuyo destino final tampoco era precisamente afortunado.
En ese mismo año aparece su primer trabajo en colaboración con otro escritor. Se trata de Ray F. Nelson, que empezó a escribir SF en I963, y que así ve publicada su primera novela, conjuntamente firmada con Philip Dick: The Ganymede Takeover. Contrariamente a lo que ocurrirá con la posterior Deus Irae, su colaboración con Zelazny, aquí sí se advierte una mano distinta a la de Dick en la confección de la novela. Novela que, ciertamente, es penosa. Deshilvanada, insatisfactoria, caótica, desordenada... Tan solo algún aislado chispazo (obra indudable de Dick, por el estilo), la eleva por encima de su aplastante mediocridad. Nos presenta la Tierra tras la invasión de los ganimedianos, seres vermiformes, a los cuales se opone un único foco de resistencia en las montañas de Tennessee, encabezado por el negro Percy X. Se envían espías para capturarle y contraespías para hacer que muera como un héroe. Tras diversos acontecimientos, los rebeldes consiguen poner en funcionamiento unas máquinas bélicas creadoras de ilusiones para destruir mediante ellas al enemigo. Sin embargo, las máquinas destruyen igualmente a quienes las emplean. Cabe decir que la escena de esta batalla está resuelta con tal cúmulo de absurdos y despropósitos, con una narración literaria tan francamente infame, que difícilmente el más infecto space opera podría empeorarla. Un psiquiatra ligeramente esquizofrénico, Rudolph Balkani, anima algo la acción en sus apariciones, no demasiadas, y además es pronto eliminado de la acción, al suicidarse (consiguiendo con ello Dick una de las dos o tres mejores y salvables escenas de la novela). El final es realmente tonto, excesivamente prolongado y remata con ello lo que no es más que un space opera nada distinguido amenizado por los fantasmas recurrentes de Dick y una ambientación al aire libre que le presta un cierto encanto.
En 1968 la producción literaria de Dick descendió bastante y en el terreno de las novelas sólo una se publicó: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?, que ha merecido el honor de ser Ilevada al cine, con el título de Blade Runner en 1981, con resultados que en el momento que esto escribimos aún no conocemos. La novela relata las veinticuatro horas de un cazador de androides, Ilegados a la Tierra desde Marte y que significan competencia para la ya afligida y necesitada mano de obra en la Tierra. Tierra que aún no se ha rehecho del trauma psicológico que representó la extinción de todos los animales a consecuencia del conflicto atómico, y que se consuela como puede con simulacros electrónicos, yendo los escasos animales supervivientes a precios elevadísimos. Rick Decard aspira a poder adquirir un animal autentico con la prima que obtendrá por la aniquilación de seis androides recientemente detectados en la ciudad. La novela nos relata la persecución y destrucción de dichos androides, así como una visión de la vida cotidiana en ese triste futuro. Dick no se resiste a la tentación, por puro capricho, de incluir en la historia, y sin que venga demasiado a cuento, el personaje de Wilbur Mercer, un extraño santón con el que la gente puede conectarse a través de sus televisores, y que ya aparecía en el relato The Little Blak Box, de 1964. Asimismo nos presenta a la familia Rosen, cuya historia se nos referirá un año después en Abraham Lincoln, Simulacrum. El tema de la sociedad que otorga "licencia para matar" �aunque aquí sea, a los androides�, ya figuraba en el relato Misadjusmen, de 1957, donde los seres a exterminar eran los telépatas, así como el de la sustitución de los animales por simulacros, en El precioso artefacto (Precious Artifact), de 1964, en la que se engaña al protagonista haciéndole pasar un gato androide por un gato de carne y hueso. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? fue nominada para el Nebula del año y constituye una de las mejores y más redondas novelas del autor, conteniendo algunas escenas particularmente patéticas, como la tortura a que los androides someten a una araña no simulacro.
Al año siguiente aparece la para muchos obra maestra de Dick, Ubik (Ubik) cuyo título en principio debía de ser Death of an Anti�Watcher; novela fuerte, compleja, absorbente, de lento principio que de pronto se convierte en un frenesí de acontecimientos, por lo cual se lee de un tirón. La novela relata en principio el enfrentamiento entre humanos con poderes psi, y una red encargada de localizarles y neutralizarles, usando otros humanos con poderes anti�psi. Pero bien pronto este tema es dejado atrás, para adentrarnos en un torbellino alocado, en el que el tiempo no tiene sentido, en el que las cosas, los objetos, los mismos personajes, se degradan y perecen, se transforman o mueren horriblemente. Los vivos pueden hablar con los muertos, pero ¿quién está vivo y quién muerto? La novela en una continua caja de sorpresas que desembocan en un final abierto a mil posibilidades. Indudablemente, Ubik es una de las más tensas, sobrecogedoras y alucinantes novelas de Dick. Señalar sus diferentes y muy particulares escenas memorables, sería largo y engorroso. Decir que es una novela espléndida incluso sabe a poco. Ubik solo tiene parangón posible dentro de la propia producción de Dick.
Aparecida también en 1969, Gestarescala (Galactic�Pot�Healer), cuyo título previsto por el autor era el de The Glimmung of Plowman's Planet, es notablemente inferior, y se limita a ser un space opera, discreto y sin pretensiones, agradable y tranquilo. Quizá su mayor punto de interés radique en el pausado dibujo que el autor realiza de su personaje, Joe Fernwright, el típico perdedor y anti�héroe, tan caro al autor, metido en una confusa intriga en un lejano planeta y entre los inevitables y ambiguos extraterrestres, también igualmente caros para Dick. Personaje que, finalizada la aventura, continuará siendo tan perdedor y solitario como al principio de la misma. Quizá no sería exagerado aventurar que en Gestarescala es en donde Dick más se ha retratado a sí mismo en el personaje de Joe Fernwright, que en otras novelas suyas. Una obra claramente menor, pero agradable.
Para terminar el año, aparece su segunda colección de relatos (no puede considerarse propiamente como a tal Guerra con Centauro (The Variable Man), de 1957, puesto que su contenido se limitaba a dicha novela corta y cuatro relatos para rellenar el volumen), La máquina preservadora (The Preserving Machine), con relatos de muy diversas épocas, escogidos por el propio autor.
En 1970 solo publicará Dick dos novelas, y ningún relato, si bien aparecerá una tercera antología de relatos, The Book of Philip K. Dick. Las drogas y las anfetaminas han empezado a minar su salud y su propia psique, y ahí será donde se inicie un nuevo silencio de varios años. Más adelante nos referiremos a ello.
La primera de las novelas, Our Friends From Frolix�8, es generalmente considerada como una novela menor, pero, sin duda alguna, tiene méritos y elementos suficientes como para situarla en una clasificación mucho más alta, y aspirar a un mejor reconocimiento. Nuevamente estamos en una Tierra sometida a la tiranía de un estado totalitario, tramposo y brutal, que no tiene escrúpulos en falsear documentos y pruebas de aptitud para los estudiantes que aspiran a obtener un buen puesto en la vida y la sociedad, privándoles por tanto de ello. Dos partidos políticos se turnan paulatinamente en el poder, aunque no hay entre ellos diferencias y la situación no varía esté quien esté en dicho poder. Las drogas son totalmente legales, mientras el alcohol está prohibido y castigado con fuertes penas su consumo clandestino. Los supergenios dominan cómodamente esa Tierra y la gente normal, sin talentos extraordinarios, lo pasa muy mal (situación ésta no demasiado satisfactoriamente descrita por Dick). Individuos fingiéndose miembros de los grupos clandestinos que combaten al régimen, a la busca de resentidos o descontentos (o simplemente vacilantes en sus opiniones respecto al régimen), a los que atraer y perjudicar dejando "descuidadamente" libros comprometidos en algún rincón de la casa, que la policía acudirá poco después a registrar. Dick consigue con ello, una de las mejores situaciones de la novela, en sus capítulos iniciales. Ante tan desolador panorama, la noticia del regreso desde lejanos planetas de Thors Provoni , ex�Genio desengañado de sus propios correligionarios, en apoyo ahora de los Ordinarios (la gente común y corriente, oprimida por el estado), y que regresa acompañado de un extraterrestre del planeta Frolix�8, con cuya ayuda piensa liberar a la Tierra de sus tiranos, esta noticia, pues, corre como el único aliento de esperanza para la población engañada y sometida al estado, alienada por las drogas y confusa por los distintos miembros "liberadores" que corren en la clandestinidad. Un detalle es que el nombre de ese extraterrestre, Morgo Rahn Wilc es fonéticamente similar al de Philip K. Dick. Ahora bien, ¿será la Ilegada de esos alienígenas de Frolix�8, de los cuales la nave de Provoni no es más que una avanzadilla, un bien u otro mal para la humanidad? ¿Cuáles son los verdaderos fines de los frolixianos? ¿No son más que una amenaza distinta? Sean lo que sean, los terrestres acuden a recibirlos jubilosamente, pues su creencia es que nada puede ser ya peor y siempre es mejor una esperanza. Por su parte, el Estado decide presentarles batalla, una batalla que ya saben está perdida de antemano.
Our Friends From Frolix�8 no es quizá una novela muy brillante en su conjunto, pero su fuerza argumental supera fácilmente los diversos fallos de hilación y las diversas ambigüedades de desarrollo y desenlace. No puede por menos de tomársele afecto.
La siguiente, A Maze of Death, constituye una de sus más extrañas creaciones. Novela que linda entre el interés y el fiasco. Cómicamente podría considerársela como un cruce entre Ubik y el clásico de Agatha Christie Diez negritos, lo que por otra parte da una idea de un argumento y desarrollo. Una pesadilla en un escenario sombrío en la que los personajes van desapareciendo misteriosamente, son asesinados o enloquecen. Para. terminar descubriendo que, en efecto, todo era más que una pesadilla, una especie de sueño experimental programado. No faltan algunos toques de fanatismo religioso, un capítulo que Dick afirmó haber escrito tras una experiencia con la LSD y una notable acumulación de sorpresas y "coups d'effet" típicos en Dick. Una novela que produce la sensación de no ser más que un montaje aparatoso, con unos extraños títulos para cada capítulo que no corresponden a nada de la acción descrita en ellos. Novela que deja, tras su lectura, un cierto sabor a frustración y a disgusto, y que no sabe muy bien si tomarse en serio o en broma. Posiblemente, ni el mismo Dick hubiera podido contestar a tal pregunta.
Entre noviembre de 1969 y enero de 1970, Dick escribió para AMAZING el serial A. Lincoln, Simulacrum, obra sobre la cual corren numerosas leyendas. Se sabe que en principio era una de sus inéditas "novelas experimentales", ya comentadas anteriormente, a la que Dick añadió los elementos de ciencia ficción necesarios para su inclusión en el género. Ocurre asimismo, que el final del serial en revista será escrito por el director de la misma, Ted White, no apareciendo el verdadero final de Dick hasta su edición en libro, la cual se hará esperar hasta 1972, con el nuevo título de We Can Build You (considerándola bajo su título definitivo), constituye una de las novelas más chocantes y extrañas de Dick, posiblemente causa también de la amalgama de acontecimientos que rodeó su escritura. Sorprendentemente está escrita en primera persona, técnica que Dick hasta entonces sólo había usado para determinados capítulos de Confessions of a Crap Artist, y que no utilizó en ninguna otra obra anterior, hasta donde conocemos. Nos narra las peripecias de la familia Rosen (que con variaciones notables ya aparecía en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?). La narración es muy deslavazada y se rige por el comportamiento psicopático y esquizoide de diversos personajes. Si en la anterior obra citada, se efectuaba un test para averiguar quién era androide y quien humano, en We Can Build You aparece un nuevo test, para determinar quién es esquizoide y quien no. Ambos tests son, también, difícilmente fiables. La manipulación de las noticias es tema también notorio en el argumento, puesto que con la fabricación de androides el estado pretende hacer creer a la población que los colonos de los planetas exteriores son felices, lo cual es absolutamente falso, a fin de estimular emigraciones a ellos. Tratan de inducir a los Rosen a colaborar en la fabricación de estos androides, ante el éxito que han tenido creando un simulacro de Abraham Lincoln. La novela desconcierta por los diversos cambios de actitud de los personajes .y su final no le anda a la zaga. Parece ser que el final de Ted White, nos presentaba al protagonista como un simulacro escribiendo la novela. Pese a sus irregularidades, We Can Build You es una novela interesante y curiosa.
La decadencia de Dick empieza ese año, 1970. Abandonado otra vez por su nueva mujer, abandonado también por sus amantes ocasionales (todo lo cual ha ido reflejando en sus novelas), sin casi dinero, con su casa permanentemente invadida por extraños personajes que campan allí por sus respetos y se llevan cuanto se les antoja, Dick cae en una de sus más fuertes crisis y decide abandonar la literatura por segunda vez. Contribuye a ello el tener que prescindir de las anfetaminas y demás estimulantes, que le mantenían en continua producción creativa en los años anteriores. La repercusión de su obra en Francia, Alemania y otros países, por aquel entonces, le permitió subsistir algo mejor, ante el abandono de la práctica de la creación literaria. Años después, Francia, cómo no, se ufanaría manifestando que si Dick no murió de hambre en aquel tiempo, fue gracias a ellos, lo cual no puede por menos que considerarse bajo una sonrisa.
Entre los extraños personajes que pululaban periódicamente por su casa, drogadictos en su mayoría, uno de ellos era un policía del departamento de estupefacientes, el cual fingiéndose un drogadicto más, trataba de sacar información sobre las amistades de Dick y sobre el propio escritor, lo cual no tardó éste en apercibir, y que posteriormente serviría para inspirarle el personaje principal de Una mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly).
Uno de los más extraños acontecimientos en la vida de Dick tuvo lugar en noviembre de 1971, cuando, al regresar a su casa de San Rafael, se encontró con que una bomba había estallado en ella, destrozándola. La policía no toma ningún interés especial en averiguar los motivos ni los culpables del atentado y se limitan a aconsejarle que cambie de aires por una temporada. Al mismo tiempo, Dick recibe varios avisos anónimos y llamadas notificándole que le matarán allá donde se encuentre. Aterrado, corre a refugiarse a casa de su amigo, el también escritor de SF Avram Davidson, donde permanece oculto por una temporada. En marzo de 1972 debe acudir a la convención anual de ciencia ficción, que se celebra en Vancouver, Canadá, donde ha sido invitado para pronunciar una conferencia. En principio, desiste de presentarse, pero al final accederá, pues significa una forma de seguir huyendo. Llega a Vancouver, pronuncia su conferencia "The Android and the Human", con ciertos aires de epitafio. Y, ya al borde prácticamente del suicidio, decide ingresar en X�Kalay, una institución para desintoxicación de drogadictos, que en realidad le servirá únicamente para retratarla también en Una mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly).
Cierto tiempo después, Dick se casará nuevamente, con una jovencita, por las que sigue teniendo una fuerte atracción, la misma que han experimentado tantos personajes suyos en sus obras. De regreso nuevamente en California, las cosas parecen haberse calmado un poco, y empieza a pensar en reanudar su actividad literaria, en 1974. Así, acepta participar en la antología que preparan Barry Malzberg y Edward Ferman, Ultima etapa (Final Stage), compuesta tomando como base los principales temas de la SF y tratando de darles otra vuelta de tuerca. A Dick le corresponde él tema sobre el viaje por el tiempo, y escribe el relato Algo para nosotros, temponautas (A Little Something for Us, Temponauts), que será posteriormente escogido por Terry Carr para su antología sobre los mejores cuentos del género publicados en ese mismo año, dándose así el espaldarazo definitivo a su reincorporación al género.
Sus otras dos ficciones publicadas ese año levantarán las iras de Joanna Russ, feminista radical. Son el relato Las prepersonas (The pre�persons), por el cual recibirá una carta de la Russ totalmente impublicable, y la novela Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (Flow my Tears, the Policeman Said), cuyos personajes femeninos volverán a encender la hoguera de odio de la Russ.
Fluyan mis lágrimas, dijo el policía había empezado a escribirse en 1969, aprovechando parte del material inédito de Dick, e interrumpido por las causas ya mencionadas de los últimos años. La acogida dispensada a su aparición fue muy dispar, y sin embargo quedaría finalista del Nebula 1974 y ganaría el John W. Campbell Award. Sin ser de sus mejores obras, resulta interesante y correcta, incidiendo de nuevo en el tema de las drogas, dentro de un marco de pesadilla en el cual el personaje pierde su identidad real con los peligros que ello supone dentro de la sociedad policial que Dick retrata en la novela. EI final no es muy satisfactorio, cosa por otra parte muy usual en Dick, y nos ofrece la curiosidad de que el autor nos cuenta en el último capítulo el destino futuro de cada personaje.
En 1975 lega a la Biblioteca de la Universidad de Fullerton, California, la mayoría de sus manuscritos inéditos, los cuales, al parecer, no pueden volver a salir de la entidad. Son, por un lado, la segunda parte de The Unteleported Man y de otro las novelas experimentales Voices From the Street, Mary and the Giant, The Man Whose Teeth Were All Exactly Alike, Gather Yourselves Together, In Miltom Lumky Terrotory, The Broken Bubble of Thisbe Holt y Puttering About in a Small Land. También un relato y dos guiones de televisión. Afortunadamente, sin embargo, ese mismo año le era publicada su novela "experimental" Confessions of a Crap Artist, por Entwhistle Books, que ya hemos comentado anteriormente y que fue calurosamente recibida por la crítica.
La mayor parte de su producción de estos últimos años son diversos artículos para revistas y fanzines, en torno a la SF y sus temas. Para 1976, junto con varios de ellos, aparece su novela en colaboración con Roger Zelazny, Deus Irae (Deus Irae). Dicen las leyendas que esta colaboración se remontaba a unos veinte años atrás. La novela se recibe con notable frialdad en todo el mundo. ¿Razones? Probablemente se esperaba del tándem Dick�Zelazny la novela del siglo, lo cual Deus Irae no es ni tenía por qué serlo. No necesariamente la colaboración entre dos fenómenos de la SF tenía que dar a luz a una especie también de fenómeno literario, o "supernovela". Bastaba con que se tratase de una buena novela, que es lo que Deus Irae se limita a ser, una novela inteligente, bien escrita y estimable. Ni uno ni otro autor se propusieron más que esto, y sin embargo la mayoría �incluyendo a los lectores�, se negaron a admitirlo.
Difícilmente podría considerarse a Deus Irae como novela de Zelazny en un estudio dedicado a este autor, pues Dick se lleva el gato al agua con toda facilidad, consiguiendo hacerla enteramente suya. La novela, en principio, debía llevar por título The Kneeling Legless Man, y en ella Dick aprovechó las ideas de dos viejos relatos suyos: The Great C. y Visitantes en un planeta extraño (Planet for Transients), ambos de 1953. Por sus personajes, ambientación, situaciones y buena parte de la escritura, Deus Irae es una novela realmente dickiana, a la que Zelazny aportó algunos toques poéticos. Incluso, no sería equivocada considerarla como una continuación en el tiempo al Doctor Bloodmoney.
En 1977 prepara una recopilación de sus cuentos y relatos, que aparecerá con el título de The Best of Philip K. Dick y con un prólogo de John Brunner, a cuyo cargo está la edición. Dick seleccionó personalmente los relatos, que abarcaban los diversos y mejores aspectos de su producción, redactando una presentación para cada uno de ellos. A continuación, aparecerá Una mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly), novela que bien poco tiene de SF, y en la que recoge innumerables experiencias personales, a la par que prefigura principalmente lo que serían sus siguientes novelas, con la trilogía Valis (o Sivainvi) ya en embrión. Novela que Dick dedicó a sus diversos amigos y conocidos, en un epílogo justificativo francamente estremecedor, y en la que el mismo se retrataba en varios aspectos de los diferentes personajes de la ¿ficción? novelesca. Con Una mirada a la oscuridad, conseguía otra obra maestra, una de sus novelas más estremecedoras, mejor escritas �quizá por aquello de que nadie escribe mejor que cuando escribe acerca de sí mismo� e impactantes. La excusa �que solo era eso�, de una poderosa droga que destruye el cerebro humano era motivo de presentarnos una galería de personajes y conflictos cotidianos del mundo de la droga, con un ambiguo protagonista de cambiante personalidad, testigo y a la postre títere de los acontecimientos. Los diversos personajes que por ella cruzan dejan un sabor a tristeza por lo real y amargo que de ellos vemos. Con esa novela, pues, Dick llegaba a lo más alto dentro de su propia producción literaria, en cotas difícilmente superables, y prescindiendo de etiquetas de género.
Era evidente, no ya para el propio autor sino también para sus lectores y seguidores, que el Dick de la década de los setenta escasamente tenía que ver con el de las dos décadas que le precedieron, no ya por lo limitado de su producción, sino por los caminos que estaba tomando. Una mirada a la oscuridad dejaba tal sabor a testamento literario que era evidente que su obra y sus intereses se encaminaban hacia nuevos horizontes. Por aquel entonces, ya Dick empezaba a convertirse en leyenda viviente, sostenida firmemente por Francia, país que cada vez le idolatraba más. Menudeaban las entrevistas, los estudios en torno a su obra y así, el propio Dick, al amparo de todo ello, se creaba, como muy bien ha señalado Miquel Barceló en Kandama núm. 5, no sin cierta ironía, "una especie de autopropaganda personal, distinta a la de un Asimov, pero no menos efectiva". Ello iría in creciendo en estos últimos tiempos, aprovechando sus creencias religiosas, notablemente extrañas, reflejadas sin disimulos en sus últimas novelas. AI parecer este encuentro o descubrimiento de la religión había relajado a Dick, como ninguna droga lo había relajado anteriormente, y le permitía contemplar al mundo bajo otro aspecto. No se cansaba de repetir que en cierta forma, había nacido en 1974...
Producto de todas estas experiencias acumuladas en los últimos años, hacia 1978 empieza a trabajar en una nueva novela, de la que más tarde asegurará que es la primera de una trilogía, lo cual es algo discutible, puesto que no guardan relación argumental clara entre sí ninguna de las tres, si bien algo en el espíritu, y, desde luego, en lo que de nexo argumental religioso las unifica, donde estaría ya justificado lo de trilogía. Esa novela que empieza, demorará su aparición hasta febrero de 1981, lo que no deja de sorprender en un autor que en un año escribiera más de cuatro novelas, dedicase a ésta tres años de escritura. Se barajan diversos títulos: To Scare the Dead, Valisystem... quedando finalmente como Valis, un anagrama que en su traducción española se convirtió en Sivainvi (Sistema de Vasta Inteligencia Viva).
Sivainvi recibió una acogida notablemente fría en todos los países, incluso en Francia, lo cual no deja de maravillar un poco. Curiosamente, ha sido en España donde ha recibido mejor acogida crítica y de lectores, lo cual es muy encomiable. Es una novela ciertamente difícil, por cuanto ya de partida es discutible llamarla "novela". Dick realiza autoanálisis mediante ella, para liberar su alma de los tormentos sufridos a lo largo de muchos años y así renacer con fuerza. Dick se autorretrata sin disimulos en la novela, mediante el personaje de Amacaballos Fat (transposición de su nombre y apellidos) y del propio Philip Dick, que aparecerá ya muy avanzada la obra. Obra que contiene muchos, muchísimos detalles biográficos, personajes reales, detalles íntimos de su vida y anécdotas disfrazados con un cierto aire argumental. En ella descubrimos también que, al final, Dick se retrataba ya en anteriores personajes de sus novelas, principalmente en Confessions of a Crap Artist y Time Out of Joint, cuando a lo largo de la misma nos va relatando los pasos de Amacaballos Fat redactando su Tractates Cryptica Scriptura, con fragmentos de la misma, recogida con integridad en un epílogo. Sivainvi es evidente que sólo puede ser juzgada a la luz que desprende el propio autor, a lo que sabemos de su vida y milagros. Literariamente es otro gran paso adelante, por el mismo motivo que lo era ya Una mirada a la oscuridad: que nadie escribe mejor y más interesante que cuando habla acerca de sí mismo, y dedica a ello años y esfuerzos. Y así, aparte de un autoanálisis, Sivainvi reflejaba también claramente las preocupaciones de Dick de estos últimos años: de acuerdo con lo que manifestaba públicamente de que había nacido en 1974, presentaba en la obra la idea de que nuestro mundo era un holograma, que todo en él era falso, y que había recomenzado realmente en 1974. Toda esta intriga y todo el intríngulis de acompañamiento son, sin embargo, escasamente afortunados, y de ahí el que la obra recibiera una acogida poco cálida.
No sucedería lo mismo con The Divine Invasion, la pretendida continuación de Sivainvi, que no es tal, y que apareció a finales de 1981, mereciendo las mejores críticas y situándola en la línea de lo mejor del autor. En ella, Dick retornaba en cierta forma a sus orígenes, si bien no prescindía de detalles nuevamente biográficos (uno de los personajes es la cantante Linda Rodstad, con el nombre de Linda Fox, por la cual Dick siempre sintiera particular devoción). Una intriga religiosa, en torno a la frustrada Segunda Venida, que deriva a la postre en un caos temporal manejado por el mejor Dick en sus típicos momentos de narrador caótico. Aquí, al fin, la religión se combinaba felizmente con la aventura y The Divine Invasion sacaba la espina que a muchos lectores les supusiera Sivainvi.
La supuesta trilogía Valis (o Sivainvi, como, se prefiera), quedaba completada con Bishop Timothy Archer, la novela final, que apareció en marzo de 1982 con el título de The Transmigration of Bishop Timothy Archer, coincidiendo por ello con la muerte de Dick, ocurrida en la noche del 3 al 4 de marzo, al reventar una vena en su cerebro. Muerte apacible y tranquila que ha Ilenado de estupor, de aflicción y de desolación al mundo de la SF en todas partes y en todos los países. A sus cincuenta y cuatro años, Dick se encontraba en plena forma, había regresado con fuerza al campo de la novela e incluso prodigado algunos cuentos, con el celebrado Rautavaara's Case, aparecido en el número de octubre de 1980 de la prestigiosa revista Omni; queda incluso una novela póstuma, cuya aparición estaba programada para 1982, titulada The Owl in Daylight, así como la de Lies, Inc, que era la obra The Unteleported Man al completo. Quedaba también por resolver la ordenación de todos los manuscritos inéditos, ya citados anteriormente. Dick volvía, por tanto, a ocupar un lugar de primera fila en el género, que en realidad tan solo había abandonado en cuanto a niveles de producción, que no por méritos que en estos últimos tiempos se le venían reconociendo cada vez en mayor medida. Su desaparición, por todo ello, nos llena de desolación y sorpresa a cuantos admiramos su genio creador. A sus francamente prometedores cincuenta y cuatro años, puede decirse que Dick ha muerto en plena juventud creadora. Era quizá el único paso que le quedaba por dar para entrar de lleno en la leyenda. Leyenda que siempre le había acompañado desde hacía ya tiempo. Con su muerte, no sólo desaparece uno de los escritores más importantes e influyentes de la moderna ciencia ficción, sino también un escritor, sin etiquetas, cuyo reconocimiento por parte de la literatura general, sin etiquetas, probablemente terminará Ilegando un año de estos, como con tantos otros genios desgraciadamente ha ocurrido. Queda, empero, el consuelo de que un notable sector de lectores y especialistas han consagrado su atención, la atención que se debía, a esa obra.
2. El armazón de la obra
Aunque hayamos venido estudiando a Dick preferentemente de sus novelas, no debe olvidarse su bien nutrida producción de relatos, cuentos y novelas cortas, vertiente no tan conocida en nuestro país como las novelas, por cierto, y en la cual el autor se mostró especialmente prolífico, cerca de 140 narraciones, entre relatos, cuentos, poemas, sin entrar en ese apartado, desde luego, de los diversos artículos sobre temas de la SF. Y bueno es también señalar que la mitad de esta impresionante cifra fue escrita entre 1952 y 1957. EI cuento es, por tanto, un importante campo narrativo en Dick, y no solo por la cantidad, no debiendo dejarse aparte ni desdeñarse, como hacen algunos dickianos de pro. El cuento ha sido �se ha indicado así ya anteriormente�, el armazón sobre el cual Dick construyera muchas de sus novelas, una especie de borrador particular, a veces a sabiendas, otras inconscientemente. Por lo demás, bueno es dejar constancia por igual de una variedad temática más amplia en ellos que en las novelas. Así, tenemos cuentos puramente fantásticos, como Sobre la melancólica tierra (Upon the Dull Earth); humorísticos como Araña acuática (Wasterspider); de exploraciones en planetas desconocidos y lo que de extraño puede haber en ellos, como Colonia (Colony) o Flautistas en el bosque (Piper in the Woods); ecológicos como Los reptiles o Los reptadores (The CrawIers); de universos alternos, ¡cómo no!, de Ios que citaremos EI cliente perfecto (Captive Market), pues ahí es donde más se prodigó; de terror, como The Father�Thing; sentimentales, como Lo humano (Humain is); de tema social o político, como Si no existiera Benny Cemoli (If there were no Benny Cemoli); de androides, como La hormiga eléctrica (The Electric Ant); de mutantes, como The Golden Man; de paradojas temporales como Algo para nosotros, temponautas (A little something for us, Temponauts); de invasiones extraterrestres, como The War with the Fnools; de extrañas religiones, como The Skull; en fin, la lista podría prolongarse un poco más. Muchos de estos temas se repiten o alternan en diversas historias y, por supuesto, se reflejan en las novelas, a veces casi todos a un tiempo. Algunos de los relatos de Dick son justamente célebres y repetidamente editados y compilados en diversas antologías, como es el caso de La hormiga eléctrica, Impostor (Impostor), El padre falso (The Father�Thing). Es interesante remarcar aquí este último relato, The Father�Thing, publicado en diciembre de 1954 en THE MAGAZINE OF F & SF, puesto que es la antítesis de Lo humano (Humain is), que apareció a finales de 1955 en STARTLING STORIES, y que ya al principio de este estudio comentábamos, sin extendernos. Son el mismo relato, y sin embargo, el final difiere por completo. En EI padre falso (The Father�Thing), un niño descubre que su padre ha sido suplantado por un extraterrestre, por un procedimiento semejante al que emplearía poco después Jack Finney en su novela The Body Snatchers, llevada dos veces al cine. El niño destruye a su padre, puesto que ya no es tal, y destruye asimismo al ente que trata de apoderarse de su madre. En Lo humano la esposa descubre que su marido ha sido suplantado por una entidad extraterrestre, pero pudiéndolo denunciar para que sea destruido, no lo hace, prefiriendo así quedarse con ese falso marido, que es ahora un ser mucho más cariñoso, mucho más humano que cuando lo era realmente. Dick, por otra parte, siempre sostuvo que Lo humano era su relato predilecto de todos cuantos había escrito, y su credo particular. La contradicción entre ambas historias, queda explicada sabiendo lo malas que eran las relaciones entre Dick niño y su padre...
Reafirmemos, pues, que el cuento, el relato, en Dick tiene tanta notabilidad como la novela larga, si bien es evidente que dentro de una producción tan enormemente amplia en tal apartado, los niveles de calidad e interés varían ostensiblemente, como ya se ha visto igualmente en las novelas.
Se ha señalado que Dick ha escrito siempre la misma novela. Jean Renoir, director de cine hijo del pintor Renoir, decía que un auténtico maestro es aquel que a lo largo de su vida realiza siempre la misma obra. Renoir se refería al cine, pero la frase es por supuesto aplicable a la literatura. Según ella, por tanto, Dick es un auténtico maestro, puesto que ha dedicado su obra a una determinada temática, con escasas variaciones, puliéndola o enfocándola bajo distintos prismas. El tema predominante es la cuestionabilidad de lo que entendemos o llamamos "realidad". En una entrevista concedida a Patrice Duvic, a mediados de los setenta, Dick confesaba: "Escribí novelas para plantearme la siguiente pregunta: ¿qué es real? Y propuse una gran cantidad de respuestas. Pero no eran realmente respuestas eran más bien intentos de investigación de la naturaleza de la realidad. Y finalmente, un tipo me escribió para decirme: Bueno, usted se ha planteado esta pregunta libro tras libro: ahora escriba otro y diga qué es real, conteste a la pregunta, diga: las siguientes cosas son reales... Y me dije, sí, es algo que verdaderamente debería realizar. En el fondo, plantear siempre esa misma pregunta se vuelve muy monótono".
Dick nos presenta casi siempre un personaje que descubre poco a poco que el mundo en el que creía vivir es un simulacro, una burda fachada, un engaño, una casa de muñecas, acaso un sueño. En lucha contra esa nueva realidad, que al ser descubierta se va corroyendo, lo ha de perder todo para salvarse él mismo a duras penas. Ese es el caso de Time Out of Joint, EI hombre en el castillo, Ubik, Now Wait For Last Year, El tiempo doblado. A veces, la trama se vuelve más compleja y el personal va cruzando de una realidad a otra, igualmente terrible y amenazadora: Ojo en el cielo, Now Wait For Last Year, Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Sus personajes nunca dan la sensación de ser totalmente libres; están condenados a huir de esa pesadilla que se empeña a alcanzarles y destruirles, sin que en algunas ocasiones sepan muy bien qué es a lo que se enfrentan, como en Una mirada a la oscuridad, o We Can Build You. No son nunca héroes, sino eso tan querido hoy en día que es un anti�héroe, un fracaso. Hombres normales y corrientes, de pobres ambiciones, más preocupados por subsistir dentro de lo posible, en un mundo no demasiado feliz, en el que predominan los dictadores y en el que la libertad no pasa de ser otro simulacro. Decididos perdedores que en muchas ocasiones no han sabido amoldarse a los tiempos que les ha tocado vivir, anclados en épocas pasadas o en modas ya caducas, como el solitario protagonista de Gestarescala, su personaje más conseguido en este terreno, junto con el Joe Chip de Ubik. En no pocas ocasiones son hombres ya maduros, llenos de amargura, cansados, con esposas mucho más jóvenes, que o les son infieles, o les odian sin disimulos. Su aportación al desarrollo de la acción es totalmente nula o bien claramente negativa para el protagonista. Citemos entre las más memorables, la Julia de EI hombre en el castillo, la Mary de Clans of the Alphane Moon, o la Kathy de Now Wait For Last Year. La única excepción entre ellas se encuentra en Ojo en el cielo. El protagonista encontrará siempre consuelo y comprensión en una amante mucho más joven que él, casi una adolescente, en ocasiones personajes bastante insólitos y vagamente amenazadores, aunque no contra el protagonista. La amante se sostendrá moralmente, pero a cambio le sumergirá en nuevas incertidumbres. Y todos ellos �antihéroes, esposas, amantes�, no son más que un reflejo de las circunstancias que han rodeado la vida del propio Dick, sus propias esposas y sus propias amantes como ya habíamos indicado anteriormente. Así, si la trama, el universo de Dick es, a fin de cuentas, el mismo con escasas variaciones de una a otra historia, otro tanto cabe decir de sus personajes, que parecen cruzar de una novela a otra, alterando simplemente sus nombres. No ya en protagonistas, sino en los demás personajes que sostienen la acción. EI Leo Bulero de Los tres estigmas de Palmer Eldritch y el Rucinter de Ubik son el mismo personaje, por ejemplo. Y todo es igualmente aplicable a los amigos y enemigos del protagonista de turno. Dick, por tanto, es pues fundamentalmente fiel a su universo particular y ni engaña ni traiciona al lector. Todo consiste en que éste acepte el juego que se le propone desde el principio. Alguien, espero que con ingenuidad, dirá: "pobreza imaginativa por parte del autor para crear nuevos personajes". En absoluto. Puesto que esos personajes Dick los ha sacado de la vida real y los ha trasplantado, tal como son, con defectos y virtudes, al papel. En sus novelas jamás encontraremos un bueno rematadamente bueno, sino un bueno vacilante, inseguro, dudoso, ingenuo; ni un malo completamente malo. En realidad, los malos en Dick parecen no existir. Son personajes que tan solo sostienen puntos de vista opuestos o intereses en conflicto con los que generan la acción. Pueden parecer fríos o calculadores, pero difícilmente serán crueles. Y caso de producirse la crueldad, es impulsada más por la curiosidad de lo que ésta traerá consigo, que por afán de maldad.
Personalmente, considero a Philip Dick como el mejor escritor dramático de ciencia ficción. Sin demérito, desde luego, de las notas de humor, un humor muy personal, que con frecuencia acompañan incluso a sus más negras novelas en las cuales no falta una sutil ironía que sirve para retorzar los nudos de la trama, y que alivian la tensión producida por los acontecimientos. Y es que Dick es, ante todo, un escritor. Un escritor que ha conseguido hacerse un nombre y una reputación dentro de la ciencia ficción, en tal forma que sus miras superan ya al propio género, en la misma manera que un Raymond Chandler se sitúa más allá de la novela negra o una Patricia Highsmith de la novela de suspense. La mala suerte �o incomprensión� que Dick ha sufrido con sus novelas experimentales, le han relegado a ese ghetto que es �o ha sido� la ciencia ficción. Ghetto a veces cerrado a veces abierto, del que algunos han escapado apresuradamente y al que a otros no les ha importado entrar. Al final de todo, quien queda siempre a flote es el escritor, sin más y sin etiquetas. Escritor que a veces ha disfrazado de SF algunas de sus obras mayores, para conseguir que un público determinado las aceptase, puesto que el otro las rechazaba (o, más exactamente, no se le permitía su acceso a él). Un autor a veces mal leído y mal interpretado, tachado por algunos de ¡reaccionario! Tal epíteto sólo puede proceder de una persona que haya leído sus obras superficialmente y que, por lógica, tenga un desconocimiento de su personalidad y avatares. Dick ha pasado muchas malas épocas en su vida, sufrido muchos altibajos, y pasado no pocos períodos de terror �la era de Nixon fue fatal para el como ser humano y le llevó a extravagantes declaraciones públicas, en las que negó incluso su experiencia con las drogas, por temor a represalias del gobierno�. Pero no puede ser tachado de reaccionario, sin más. Dick está muy por encima de reaccionarismos: Dick fue siempre fiel y consecuente consigo mismo a lo largo de toda su obra, la cual no es más que un reflejo de un mundo, del que le tocó vivir en suerte y que no pudo hacer mejor de lo que era. Y su mundo estaba perfectamente diseñado dentro de su mente, no siendo en buena parte más que un reflejo de nuestro propio mundo, distorsionado. Y como nuestro mundo es deforme, el espejo de Dick aumentaba aún más su deformidad.
Afortunadamente la obra de Dick no termina con su muerte. Ella está ahí, y sobre ella seguirá escribiéndose en el futuro. Cuando se superen prejuicios e incomprensiones, marginaciones literarias y demás etiquetas vanas, llegará ya ese reconocimiento pleno y total que la misma merece y que por parte de los aficionados a la SF tenía desde hace años.
3. Apéndices
1. El hecho de que Dick escriba en un estilo sencillo y claro hace que en principio no sea un autor particularmente difícil de traducir. Lo complejo de sus tramas tiene la contrapartida en una claridad fraseológica y una sencilla construcción literaria, no por ello menos efectiva, desde luego, sino más bien al contrario: esa sencillez resulta su más aplastante efectividad, al prescindir de florituras o ejercicio de estilo. Los traductores no deberían, en teoría, tener dificultades con Dick. Particularmente considero muy afortunadas las traducciones de Manuel Espín sobre Ubik y Antonio Ribera (personalidad bien conocida), sobre La penúltima verdad. También Jordi Arbonés hizo un buen trabajo con Los tres estigmas de Palmer Eldritch. Arbonés es un traductor especializado en autores difíciles, como Henry Miller entre otros, y divulgador de la obra de muchos importantes novelistas de este siglo. En cambio hemos de calificar de mala a la de Muñecos cósmicos, a cargo del fallecido F. M. Sesén. Pero eso, en Galaxia, era cosa corriente. Es obligado señalar un gravísimo error en la traducción de Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, que, aunque venga firmada por Domingo Santos, fue hecha por tres traductores distintos y alternativamente. En la página 46 de la edición de Acervo, el tercer párrafo dice: "Sobre una mesa de mimbre, un ejemplar de Recuerdos de cosas pasadas, de Proust". Esta frase, en su correcta traducción castellana, debe decir en realidad: "Sobre una mesa de mimbre, un ejemplar de En busca del tiempo perdido, de Proust". Pues tal es la obra que el personaje de la acción está leyendo. EI traductor vertió literalmente el título que en inglés lleva la inmortal obra proustiana, o sea: "Remembers of past Things" por contra del original francés de "A la recherche du temps perdu", y que como "En busca del tiempo perdido", es conocida en España, de manos de la traducción del poeta Pedro Salinas. No he conseguido, en cambio, situar la referencia que el personaje hace dos líneas más abajo, en la misma página, cuando menciona que sólo ha leído "hasta Dentro de una florida enramada". Bien, pudiera tratarse, sin embargo, y siguiendo la traducción castellana de Salinas (única autorizada), del segundo volumen de la obra, cuyo título es A la sombra de las muchachas en flor (A l'ombre des jeunes filles en fleurs), aunque para ello mejor sería conocer las versiones inglesas de la obra. En cualquier caso, es muy posible que así sea, por cuanto el personaje de Jasón dice seguidamente: "no has llegado muy lejos" (en la lectura). En efecto, de una obra compuesta por siete densos volúmenes, el personaje declararía haber iniciado la lectura del segundo.
2. Las novelas dickianas. No está de más hacer una mención sobre las llamadas "novelas dickianas" escritas por otros autores de SF y reconocidas como tales por críticos y comentaristas. Nos limitaremos, eso sí, a las más destacadas o que puedan ser conocidas por el lector hispano.
Mundo simulado (Simulacron�3),1964, de Daniel F. Galouye. Existen dos ediciones en castellano; con tal título en Verón Editor y como Simulacron�3 en Infinitum (antigua). Quizá sea la mejor novela dickiana, tanto por su tema como por su correcto desarrollo. Daniel Galouye fue un buen autor y sus diversas novelas y relatos lo prueban. En Mundo simulado los personajes estudian un aparato simulelectrónico para reducir una sociedad en maqueta. Repentinamente tienen la sospecha de que ellos mismos y su propio mundo es otro gigantesco simulacro, estudiado por seres desconocidos. Se inicia la típica búsqueda de la realidad verdadera.
La rueda del cielo (Tre Lathe of Heaven),1971, por Ursula K. LeGuin. Edición castellana en Selecciones Fotón, Argentina, estando prevista una reedición en España en fecha próxima. Su tema es un personaje cuyos sueños y pesadillas van convirtiéndose en realidad ante su asombro y espanto. Recurre a un psicoanalista, el cual se dedica a aprovecharse de esa facultad para sus propios y turbios fines, iniciándose una intriga a escala universal y de proporciones catastróficas. Lamentablemente la obra peca de excesiva lentitud y es floja en general, no yéndole por lo demás a Ursula LeGuin ni el tema ni la intriga, de la que obtiene un pobre resultado.
El tiempo incierto (Le temps incertain), 1973, de Michael Jeury. Edición en Acervo Ciencia Ficción. Gran admirador de Dick, Jeury abre su novela con una cita del autor americano. Los personajes viajan a través del tiempo mediante drogas, lo cual da pie a desarrollar una complejísima trama en torno al viaje por el tiempo. Muy mal acogida en nuestro país a su publicación, premiada en Francia como la mejor novela del año es, pese a las incomprensiones, una obra aceptable, que hay que saber leer. Jeury proseguiría con el mismo tema y situaciones en novelas y relatos posteriores (uno de ellos traducido en el fanzine Zikkurath), con menores resultados y entrando ya en clara decadencia.
Súbitamente (Sideslip), 1968, de Ted White y Dave Van Arnam. Edición en Romeu Editor. Francamente indigerible, con un principio muy parecido al de Doctor Futurity (el protagonista está caminando por una calle, encontrándose de repente con que su ciudad ya no es su ciudad), y un desarrollo posterior a nivel de intrigas lejanamente parecidas a varias obras de Dick juntas. La novela es tan mala, que no merece mayor comentario.
Por supuesto, las incursiones a los universos dickianos son más numerosas, tanto en novelas como en relatos, pero la lista pecaría de larga, por lo cual la reducimos a estos pocos modelos representativos de lo que la imaginación de Dick obró en sus propios compañeros de profesión, incluso en otros países. Permítaseme pecar un instante de inmodestia y citar mi propia novela inédita El enfrentamiento (1981), en la que en un universo paralelo al nuestro unos personajes dispuestos a derrocar a un líder político entran en contacto con su doble de un segundo universo paralelo �que no es tampoco el nuestro�, a fin de sustituirle por él, fracasando el plan por un error temporal.
Es indudable, en fin, que Dick ha creado escuela en la SF, y de ahí que pueda hablarse con toda propiedad de "novelas dickianas" no refiriéndose precisamente a las del propio Dick sino a las de otros autores.
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