
LOS PIONEROS
2.0 SEGUNDA ENTREGA DE FEDERICO G. MACIÑEIRA Y PARDO DE LAMA DE SU ESTUDIO PRELIMINAR DE LOS
CASTROS PREHISTÓRICOS DE GALICIA.
CASTROS PREHISTÓRICOS DE GALICIA
(APUNTES PARA SU
ESTUDIO)
(II)
por
Federico G. Maciñeira.
REVISTA CRÍTICA DE HISTORIA Y LITERATURA
Españolas, Portuguesas é
Hispano-Americanas
Nos. 8-9, 1.897
2.1 EL CASTRO PREHISTÓRICO ARTIFICIAL DE CÉLTIGOS.
El castro
de Céltigos
(1) En este nombre de Céltigos, que lleva la parroquia donde el castro
se halla, ha creído encontrar el erudito gallego Verea y Aguiar un argumento de
fuerza para probar la población céltica de Galicia (Hist.
de Galicia, parte I, pág. 26); opinión que se
recogió para el propio objeto en
—situado
á la vera de la carretera de la costa, á
Hállase
emplazado en la cima de una loma, á
Del lado O. domina el
castro
artificial de Ladrido,
que también enfila la cañada de Espasante, flanqueada á su mitad por el castro natural de Sardiñeiras; por el N. descubre
la costa, y por el SE. las mámoas
del primitivo camino de la sierra Faladora.
La cúspide en
la que se asienta está muy bien defendida, pues por una parte tiene
vertientes altas y rápidas que llegan hasta el cercano río que
serpentea por la cañada, y por la otra se eleva unos
En cuanto á la
forma del monumento, cuyo recinto es de una hectárea, puede
perfectamente juzgarse de ella por el dibujo tomado del natural que más
adelante publicaremos, donde se ve que consta de un parapeto circular de
regular altura hecho con tierras, mostrando
en varios sitios vestigios de un muro en seco de revestimiento interior,
con su correspondiente foso ya muy atascado y que por el lado N., dando frente
al valle de Loiba, tiene la entrada
defendida por un antecastro en forma
de media luna.
(2) Este mismo
caso se da en algunas fortificaciones térreas de Ohío
(América), pues según R. Cronau (América, edición
española, tomo I, pág. 46) las hay con barrera en forma de medio
círculo que defiende la entrada.
Lo que en
primer término llama la atención dentro del castro de Céltigos
es un gran peñasco muy imperfecto, naturalmente adherido al suelo, que
se destaca de bastante distancia por sobre el nivel del parapeto. Esta masa de piedra esta situada hacia el Naciente,
y siempre hemos abrigado la sospecha de si la respetarían los constructores
del monumento por haberles merecido veneración, ya que gran
número de pueblos en su infancia han mirado las cumbres y las
peñas como las moradas de los dioses superiores.
(3) R. Cronau (América, tomo I, pág.
115) habla de la isla Titicaca, en el lago de su nombre —Perú—, donde
se halla una peña sagrada cubierta de alfombras adornadas de oro y
plata, á la cual los peregrinos llevaban ofrendas. Dice luego (tomo III,
página 73) que algunos montes y peñascos estaban considerados
como santuarios de determinadas divinidades entre los chibchas (Colombia),
donde también se ofrendaba.
Y
más puede permitírseme
esta creencia si nuestros aborígenes son de estirpe aria, pues sabido es
que prestaron mucho culto á la materia bruta, especialmente á las
montañas y á las rocas que en Galicia persistió
porción de tiempo aun en pleno período cristiano, costando no
poco trabajo desarraigarlo.
(4) Según Murguía (Galicia, pág. 196), cuenta San Martín que en los campos de Galicia se encendían teas en
honor de los árboles, las fuentes y los peñascos,
invocándolos y prestándoles ofrendas. Y Saralegui (Estudios sobre la época
céltica en Galicia, 3ª edición, pág. 65),
hablando de la célebre inscripción grabada en la peña de
la torre de Hércules de
Al O. de esta
peña grande existen otras varias que alcanzan muy poco del piso,
describiendo un medio círculo mal trazado abierto hacia ella y por lo
tanto hacia oriente. Estas contienen en su superficie pequeñas cavidades
dispuestas algunas en escalones imperfectos, ejecutado todo por la mano del
hombre, sin que sea posible achacar tales receptáculos á la
propia naturaleza de la piedra ni tampoco a los agentes atmosféricos,
quedando por consiguiente refutada en este caso la opinión de Mr. Cambry
de que pueden ser debidos á un juego de azar estos fossettes
—como llaman los franceses— que se encuentran en muchos monumentos
prehistóricos.
(5) Véase
lo que acerca de este punto ha escrito el Sr. Villaamil y Castro en sus Antigüedades prehistóricas y
célticas en Galicia, pág. 33.
Las cavidades
abiertas en estos peñascos están toscamente ejecutadas y son
desiguales en su tamaño, aunque todas de pequeñas dimensiones,
pues la mayor no pasa de tener
Yo encuentro grandes
analogías entre estos hallazgos y los del Morro de A Nogueira (Portugal), que ha descrito mi sabio amigo Leite de Vasconcellos,
(6) O
Archeólogo portugués, vol. I, pág. 9.
en cuya nación
son comunes, según el mismo, los castros dotados de peñas con fossettes. Y sobre el empleo que hayan
tenido tales receptáculos, que también se encuentran en otras
peñas de Galicia,
(7) Murguía en Galicia,
pág. 57, cita el Castro Valente
que flanquea el Ulla, donde se
hallan esparcidas rocas naturales dotadas algunas de estanques; y en
y en las piedras
brutas que forman las sepulturas neolíticas de Scandinavia, Inglaterra,
Escocia y
(8) Le Prehistorique, 2ª
edición, pág. 603.
tuviesen objeto
puramente decorativo las de los megalitos citados, los que aparecen abiertos en
las rocas del castro
de Céltigos —siempre en
el plano horizontal— debieron, por el contrario, de servir para recoger
el agua pluvial mirada como sagrada, y por consiguiente dotada de virtudes
(9) Véase Villaamil y Castro, Antigüedades
prehistóricas y célticas de Galicia, pág. 35; y Murguía,
Galicia,
pág. 170, donde, además, inserta esta nota: “El agua que el
cielo derrama sobre sus cavidades (las de las rocas de los gigantes) cierra las
heridas y da la vista á los ojos enfermos —decía Merlín”.
ó lo que
conceptúo menos probable, que se empleasen como quemaderos de hierbas o
preparados aromáticos.
A unos
(10) Diccionario de M. Voulet, Estudios sobre la época
céltica en Galicia, por Saralegui, 3ª edición, pág.
116.
2.2 EL CASTRO PREHISTÓRICO ARTIFICIAL DE LADRIDO.
Otro castro
notable por su situación es el de Ladrido
(Ortigueira) emplazado en la
cúspide de uno de los montes más altos del litoral de esta
comarca, de buena forma cónica y pendientes rápidas, que se
encuentra entre la ría de Ladrido
y la rada de Espasante,
constituyendo una península, aislado, por lo tanto, de toda otra altura.
De su recinto se
descubre una de las más deliciosas vistas de este país, dominando
por un lado el cabo Ortegal y el Océano, y por el otro las
fértiles campiñas y montañas abruptas del viejo condado de Santa Marta. Hacia el E.,
á tres kilómetros de distancia, dirigiendo la vista por la honda cañada
de Espasante, se ve el castro
de Céltigos y el natural
de Sardiñeiras; por el O. al
lado opuesto de la ría, el también natural de
La traza y
extensión son las mismas del de Céltigos,
con las únicas diferencias de que no conserva vestigio de muro alguno de
revestimiento y que al antecastro se
halla situado hacia la parte E.. En su interior nada
he visto de particular, aunque quizá algo se conserve bajo las malezas
que lo cubren, ni tampoco tengo noticia de que se haya encontrado objeto
alguno, y eso que los supersticiosos campesinos practicaron algunas
excavaciones dentro de su recinto á la luz de la luna, á fin de
buscar imaginarios encantos, que según vieja tradición, existen
allí desde el tiempo dos mouros.
Al pie de este castro
y en una saliente ó cabo que forma por el S.O. la rada de Espasante, se conserva uno
de los varios Castris stativis á que dejo hecha referencia en una nota de estos apuntes, dando frente á otros tres situados como
él en puntos avanzados de la costa de la ría. Y de la
parte E., donde termina la vertiente del monte en que el castro se asienta,
sirviéndole á manera de istmo, hay una meseta muy llana de buena
tierra de cultivo conocida de viejo por “Leira
de Agromayor”.
(11)
Sin duda el Agro de los griegos y
latinos.
Las gentes que
viven en la porción de parroquias que comprende la falda S. de este monte castramentado se diferencian de todos los
habitantes de esta comarca, por sus caracteres físicos y morales. Son
los hombres, en su mayoría, tipos altos, de fuerte complexión,
rubios con ojos azules, reputados como los mejores mozos del país,
viviendo sumamente apegados al trozo de terruño en que nacieron, y
mirando con indiferencia cuanto ocurre fuera de sus linderos; y por hacer
generalmente los enlaces matrimoniales dentro de su grupo, conservan esa
fisonomía especial que los distingue de los demás.
(12)
Dice Saralegui —Estudios sobre la
época céltica en Galicia, pág. 38—
que cada parroquia de Galicia tiene aún hoy rasgos propios y peculiares
que la distinguen de las demás, y yo ninguna he encontrado donde esto se
manifieste tan ostensiblemente como en el mencionado punto denominado Barral de Ladrido.
En este lugar he
visto emplear con frecuencia, como amuleto, la concha que los técnicos
denominan Nática glancinoides,
cuyos ejemplares son abundantes en esta costa —aunque otros
géneros abundan más— á la cual practican un agujero
hacia los bordes de la boca para poder colgarla de una cinta o cordón,
caso idéntico de la concha perforada de Dolium,
que citan los autores de Geología y Protohistoria
Ibérica (pág. 372, fig. 69).
2.3 OTRAS OBSERVACIONES DE
FEDERICO G. MACIÑEIRA.
Algunos otros castros
que he visitado son de la forma y
perímetro de los de Céltigos
y Ladrido, encontrándose, ya
en la cima de montes altos, ya en laderas bajas, sin que en ellos observase en
mis breves reconocimientos nada que los particularice. Más adelante
pienso hacerlos objeto de detenidas exploraciones, cual las que llevé á cabo en las mámoas de esta comarca, trabajos que practico
á costa de no pequeños sacrificios, dados mis escasos medios, sin
contar con protección de ningún género en estos estudios
indispensables como primer elemento de la historia de
Federico G. Maciñeira Pardo.
CRONISTA DE
ORTIGUEIRA.