LOS PIONEROS

 

2.0    SEGUNDA ENTREGA DE FEDERICO G. MACIÑEIRA Y PARDO DE LAMA DE SU ESTUDIO PRELIMINAR DE LOS CASTROS PREHISTÓRICOS DE GALICIA.

 

 

CASTROS PREHISTÓRICOS DE GALICIA

(APUNTES PARA SU ESTUDIO)

(II)

por   Federico G. Maciñeira.

 

REVISTA CRÍTICA DE HISTORIA Y LITERATURA

Españolas, Portuguesas é Hispano-Americanas

Nos. 8-9, 1.897

 

 

2.1    EL CASTRO PREHISTÓRICO  ARTIFICIAL DE CÉLTIGOS.

 

El castro de Céltigos

 

(1)  En este nombre de Céltigos, que lleva la parroquia donde el castro se halla, ha creído encontrar el erudito gallego Verea y Aguiar un argumento de fuerza para probar la población céltica de Galicia (Hist. de Galicia, parte I, pág. 26); opinión que se recogió para el propio objeto en la Hist. de España de Mariana, editada en 1.848 (tomo I, pág. 110), y últimamente el Sr. Murguía (Hist. de Galicia, tomo I, pág. 484), que abunda en la misma idea.

 

—situado á la vera de la carretera de la costa, á 9 kilómetros de Ortigueira, en dirección á la ciudad de Vivero, —reviste también gran interés por sus especiales condiciones.

 

Hállase emplazado en la cima de una loma, á 205 metros sobre el nivel del mar, ocupando el justo vértice del ángulo recto que forman el extenso valle de Loiba y la cañada de Espasante, que terminan en la costa, por lo cual resulta una posición estratégica admirable, pues aunque cerca tiene montes mayores, aparece muy aislado de toda altura con horizontes despejados, que permiten el disfrute de la encantadora vista.

 

Del lado O. domina el castro artificial de Ladrido, que también enfila la cañada de Espasante, flanqueada á su mitad por el castro natural de Sardiñeiras; por el N. descubre la costa, y por el SE. las mámoas del primitivo camino de la sierra Faladora.

 

La cúspide en la que se asienta está muy bien defendida, pues por una parte tiene vertientes altas y rápidas que llegan hasta el cercano río que serpentea por la cañada, y por la otra se eleva unos 20 metros sobre el nivel del terreno.

 

En cuanto á la forma del monumento, cuyo recinto es de una hectárea, puede perfectamente juzgarse de ella por el dibujo tomado del natural que más adelante publicaremos, donde se ve que consta de un parapeto circular de regular altura hecho con tierras, mostrando en varios sitios vestigios de un muro en seco de revestimiento interior, con su correspondiente foso ya muy atascado y que por el lado N., dando frente al valle de Loiba, tiene la entrada defendida por un antecastro en forma de media luna.

 

(2)  Este mismo caso se da en algunas fortificaciones térreas de Ohío (América), pues según R. Cronau (América, edición española, tomo I, pág. 46) las hay con barrera en forma de medio círculo que defiende la entrada.

 

Lo que en primer término llama la atención dentro del castro de Céltigos es un gran peñasco muy imperfecto, naturalmente adherido al suelo, que se destaca de bastante distancia por sobre el nivel del parapeto. Esta masa de piedra esta situada hacia el Naciente, y siempre hemos abrigado la sospecha de si la respetarían los constructores del monumento por haberles merecido veneración, ya que gran número de pueblos en su infancia han mirado las cumbres y las peñas como las moradas de los dioses superiores.

 

(3)  R. Cronau (América, tomo I, pág. 115) habla de la isla Titicaca, en el lago de su nombre Perú—, donde se halla una peña sagrada cubierta de alfombras adornadas de oro y plata, á la cual los peregrinos llevaban ofrendas. Dice luego (tomo III, página 73) que algunos montes y peñascos estaban considerados como santuarios de determinadas divinidades entre los chibchas (Colombia), donde también se ofrendaba.

 

Y más puede permitírseme esta creencia si nuestros aborígenes son de estirpe aria, pues sabido es que prestaron mucho culto á la materia bruta, especialmente á las montañas y á las rocas que en Galicia persistió porción de tiempo aun en pleno período cristiano, costando no poco trabajo desarraigarlo.

 

(4)  Según Murguía (Galicia, pág. 196), cuenta San Martín que en los campos de Galicia se encendían teas en honor de los árboles, las fuentes y los peñascos, invocándolos y prestándoles ofrendas. Y Saralegui (Estudios sobre la época céltica en Galicia, 3ª edición, pág. 65), hablando de la célebre inscripción grabada en la peña de la torre de Hércules de la Coruña, encuentra, como Hübner, una comprobación de la costumbre de consagrar á las falsas divinidades las peñas. Tan arraigado estuvo en nuestro pueblo este fetiquismo, que en muchos Concilios se vieron precisados los padres á lanzar contra él fuertes anatemas.

 

Al O. de esta peña grande existen otras varias que alcanzan muy poco del piso, describiendo un medio círculo mal trazado abierto hacia ella y por lo tanto hacia oriente. Estas contienen en su superficie pequeñas cavidades dispuestas algunas en escalones imperfectos, ejecutado todo por la mano del hombre, sin que sea posible achacar tales receptáculos á la propia naturaleza de la piedra ni tampoco a los agentes atmosféricos, quedando por consiguiente refutada en este caso la opinión de Mr. Cambry de que pueden ser debidos á un juego de azar estos fossettes —como llaman los franceses— que se encuentran en muchos monumentos prehistóricos.

 

(5)  Véase lo que acerca de este punto ha escrito el Sr. Villaamil y Castro en sus Antigüedades prehistóricas y célticas en Galicia, pág. 33.

 

Las cavidades abiertas en estos peñascos están toscamente ejecutadas y son desiguales en su tamaño, aunque todas de pequeñas dimensiones, pues la mayor no pasa de tener 20 centímetros de radio por 10 de alto, afectando la forma de tazas muy chatas; mas también he visto en una de las piedras seis hoyuelos de forma elíptica dispuestos en hilada. Tengo, sin embargo, que hacer mención especial de uno de estos fossettes: encuéntrase solo y ocupa el punto más elevado de todos, al frente de la roca grande, siendo de la exacta forma de un huevo desprovisto del extremo más plano, con un radio de 10 centímetros en la boca por 12 de profundidad, denotando, desde luego, que ha sido hecho con mucho más cuidado que los restantes.

 

Yo encuentro grandes analogías entre estos hallazgos y los del Morro de A Nogueira (Portugal), que ha descrito mi sabio amigo Leite de Vasconcellos,

 

(6)  O Archeólogo portugués, vol. I, pág. 9.

 

en cuya nación son comunes, según el mismo, los castros dotados de peñas con fossettes. Y sobre el empleo que hayan tenido tales receptáculos, que también se encuentran en otras peñas de Galicia,

 

(7)  Murguía en Galicia, pág. 57, cita el Castro Valente que flanquea el Ulla, donde se hallan esparcidas rocas naturales dotadas algunas de estanques; y en la Historia de Galicia, tomo I, pág. 500, habla de varias peñas con grandes cavidades que califica de altares al servicio del bárbaro culto druídico.

 

y en las piedras brutas que forman las sepulturas neolíticas de Scandinavia, Inglaterra, Escocia y la Bretaña francesa, asunto en que andan disconformes los sabios, creo yo que, aunque como pretende Mortillet  y otros

 

(8)  Le Prehistorique, 2ª edición, pág. 603.

 

tuviesen objeto puramente decorativo las de los megalitos citados, los que aparecen abiertos en las rocas del castro de Céltigos —siempre en el plano horizontal— debieron, por el contrario, de servir para recoger el agua pluvial mirada como sagrada, y por consiguiente dotada de virtudes

 

(9)  Véase Villaamil y Castro, Antigüedades prehistóricas y célticas de Galicia, pág. 35; y Murguía, Galicia, pág. 170, donde, además, inserta esta nota: “El agua que el cielo derrama sobre sus cavidades (las de las rocas de los gigantes) cierra las heridas y da la vista á los ojos enfermos —decía Merlín”.

 

ó lo que conceptúo menos probable, que se empleasen como quemaderos de hierbas o preparados aromáticos.

 

A unos 500 metros de este castro hacia el valle, forma la pendiente una pequeña meseta, llamada desde antiguo Oldar, dato que no dejo de apuntar, ya que en sentir del sabio gallego P. Sarmiento, olas, oleiros y sus derivados fueron nombres que se dieron á los sitios en que han aparecido abundantes vasijas de barro usadas por las gentes primitivas para depositar los restos mortales de sus semejantes. Cerca también hay un lugar llamado das Figueiras (de las higueras), árbol venerado en la antigüedad como generador; y un poco más adelante se denomina otro Callobre, nombre citado por Verea y Aguiar como céltico.

 

(10)  Diccionario de M. Voulet, Estudios sobre la época céltica en Galicia, por Saralegui, 3ª edición, pág. 116.

 

 

2.2    EL CASTRO PREHISTÓRICO  ARTIFICIAL DE LADRIDO.

 

 

Otro castro notable por su situación es el de Ladrido (Ortigueira) emplazado en la cúspide de uno de los montes más altos del litoral de esta comarca, de buena forma cónica y pendientes rápidas, que se encuentra entre la ría de Ladrido y la rada de Espasante, constituyendo una península, aislado, por lo tanto, de toda otra altura.

 

De su recinto se descubre una de las más deliciosas vistas de este país, dominando por un lado el cabo Ortegal y el Océano, y por el otro las fértiles campiñas y montañas abruptas del viejo condado de Santa Marta. Hacia el E., á tres kilómetros de distancia, dirigiendo la vista por la honda cañada de Espasante, se ve el castro de Céltigos y el natural de Sardiñeiras; por el O. al lado opuesto de la ría, el también natural de la Piedra y al S. algunos otros castros romanizados.

 

La traza y extensión son las mismas del de Céltigos, con las únicas diferencias de que no conserva vestigio de muro alguno de revestimiento y que al antecastro se halla situado hacia la parte E.. En su interior nada he visto de particular, aunque quizá algo se conserve bajo las malezas que lo cubren, ni tampoco tengo noticia de que se haya encontrado objeto alguno, y eso que los supersticiosos campesinos practicaron algunas excavaciones dentro de su recinto á la luz de la luna, á fin de buscar imaginarios encantos, que según vieja tradición, existen allí desde el tiempo dos mouros.

 

Al pie de este castro y en una saliente ó cabo que forma por el S.O. la rada de Espasante, se conserva uno de los varios  Castris stativis á que dejo hecha referencia en una nota de estos apuntes, dando frente á otros tres situados como él en puntos avanzados de la costa de la ría. Y de la parte E., donde termina la vertiente del monte en que el castro se asienta, sirviéndole á manera de istmo, hay una meseta muy llana de buena tierra de cultivo conocida de viejo por “Leira de Agromayor”.

 

(11)    Sin duda el Agro de los griegos y latinos.

 

Las gentes que viven en la porción de parroquias que comprende la falda S. de este monte castramentado se diferencian de todos los habitantes de esta comarca, por sus caracteres físicos y morales. Son los hombres, en su mayoría, tipos altos, de fuerte complexión, rubios con ojos azules, reputados como los mejores mozos del país, viviendo sumamente apegados al trozo de terruño en que nacieron, y mirando con indiferencia cuanto ocurre fuera de sus linderos; y por hacer generalmente los enlaces matrimoniales dentro de su grupo, conservan esa fisonomía especial que los distingue de los demás.

 

(12)    Dice Saralegui Estudios sobre la época céltica en Galicia, pág. 38 que cada parroquia de Galicia tiene aún hoy rasgos propios y peculiares que la distinguen de las demás, y yo ninguna he encontrado donde esto se manifieste tan ostensiblemente como en el mencionado punto denominado Barral de Ladrido.

 

En este lugar he visto emplear con frecuencia, como amuleto, la concha que los técnicos denominan Nática glancinoides, cuyos ejemplares son abundantes en esta costa —aunque otros géneros abundan más— á la cual practican un agujero hacia los bordes de la boca para poder colgarla de una cinta o cordón, caso idéntico de la concha perforada de Dolium, que citan los autores de Geología y Protohistoria Ibérica (pág. 372, fig. 69).

 

 

2.3    OTRAS OBSERVACIONES DE FEDERICO G. MACIÑEIRA.

 

Algunos otros castros que he visitado son de la forma y perímetro de los de Céltigos y Ladrido, encontrándose, ya en la cima de montes altos, ya en laderas bajas, sin que en ellos observase en mis breves reconocimientos nada que los particularice. Más adelante pienso hacerlos objeto de detenidas exploraciones, cual las que llevé á cabo en las mámoas de esta comarca, trabajos que practico á costa de no pequeños sacrificios, dados mis escasos medios, sin contar con protección de ningún género en estos estudios indispensables como primer elemento de la historia de la Humanidad.

 

 

Federico G. Maciñeira Pardo.

 

CRONISTA DE ORTIGUEIRA.

 

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