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 ï¿½LTIMA REDAKCI�N D INGL�S:

Letter to the Secretary of Education


Zacar�as Piedras del R�o
Josep Tarradellas 21-23; 5�3�
Vilafranca del Pened�s
08720, Barcelona

5 May 2004

Mr Secretary of Education
Calle de la Castellana, 23-67
28080, Madrid

Dear Mr Gonz�lez,
During the last years the educational system in this country has been getting worse and I think that the last PAAU exams have been the drop which has filled the glass. I say this due to these kind of exams �if they can be called so � are a total attack to the future of many students. When me and the other 500 people who sent the exam began to read it, we could know that we will not pass it. That can be explained, for example, by the fact that there was thirty very large question, and only one hour to resolve them. In addition, the topics that were asked, as I have investigated, have not been studied at any of the fifty seven secondary schools of the district and only are taught in third course of university. Finally, it is important to say that no one of the instructor teachers answered a doubt and the quality of printing of the exam copies was shameful, so no one could read properly the questions.
Due to the exposed reasons, I demand you that consider the opportune measures and decide to make a new assembly of the PAAU and repeat the exam.
Thank you for your assistance. I look forward to hearing from your decision as soon as possible.

Yours sincerely,



Zacar�as Piedras del R�o





 ï¿½LTIMO KOMENTARIO D FILO:

KOMENTARIO SBR EL TXT D MARX:

�El consumo de la fuerza del trabajo, al igual que el consumo de cualquier otra mercanc�a, se opera al margen del mercado o de la �rbita de la circulaci�n. Por eso, ahora, hemos de abandonar esta ruidosa escena, situada en la superficie y a la vista de todos, para trasladarnos, siguiendo los pasos del poseedor del dinero y del poseedor de la fuerza de trabajo, al taller oculto de la producci�n, en cuya puerta hay un cartel que dice: �No admittance except on business.� Aqu�, en este taller, veremos no s�lo c�mo el capital produce, sino tambi�n como se produce �l mismo, el capital. Y se nos revelar� definitivamente el secreto de la producci�n de la plusval�a.�


W.t, 23, p.189; C.t. 1, p.128)

1. Explica brevemente la idea general del texto.
En el texto Marx habla de que el consumo de la fuerza de trabajo funciona, en el capitalismo, al margen y de una forma independiente al mercado y su movimiento. Por este motivo incide en la necesidad de ir m�s all� de lo meramente superficial y dejar de pensar en el sistema capitalista como la soluci�n a todos los problemas y el motor b�sico y fundamental de progreso. Para hacerlo, Marx plantea el seguimiento del poseedor del dinero, es decir el empresario o burgu�s, y del que posee la fuerza de trabajo, el trabajador. En este punto se descubrir� la mentira que esconde el comercio liberal, donde se hace evidente que el dinero y las ganancias son lo �nico importante, constituyendo un panorama de desigualdades, condiciones de vida precarias, pobreza y total falta de derechos. Es por esto que Marx concluye que el capitalismo esta condenado a desaparecer gracias a su injusticia y a que, aunque se intente cambiar todo lo anterior, esto no ser� posible dado que esa es su esencia: la explotaci�n y vulneraci�n de los trabajadores, lo cual es el secreto de la plusval�a o diferencia entre el salario del trabajador y el valor de los bienes producidos.


2. Explica un concepto o expresi�n del texto.
Marx pretend�a desvelar las leyes que iban ligadas al desarrollo del capitalismo. Pensaba que cada �poca hist�rica siempre ha tenido un modo de producci�n espec�fico que se correspond�a con el sistema de poder establecido y, por lo tanto, con una clase dirigente en constante conflicto con una clase oprimida, de esta forma dedujo que la historia estaba repleta de episodios de lucha de clases, como fueron los casos de hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, se�ores y siervos o burgueses y proletarios, lo que en resumen significa opresores y oprimidos. Estos dos grupos se enfrentaron siempre y mantuvieron una lucha constante, velada unas veces, y otras franca y abierta, que termin� siempre con la transformaci�n revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes. As�, por ejemplo, la sociedad medieval estuvo caracterizada por el modo de producci�n feudal, en el que la clase poseedora de la tierra obten�a una plusval�a del campesinado que la trabajaba. Las sucesivas transiciones del sistema de esclavitud al feudalismo, y del feudalismo al capitalismo, se produjeron cuando las fuerzas productivas (es decir, los grupos relacionados con el trabajo y los medios de producci�n como las m�quinas) no pod�an seguir desarroll�ndose con las relaciones de producci�n existentes entre las distintas clases sociales. As�, la crisis que afect� al feudalismo cuando el capitalismo necesitaba una creciente clase trabajadora conllev� la eliminaci�n de las bases legales e ideol�gicas tradicionales que ataban a los siervos a la tierra. Por tanto, s�lo el estudio del conjunto de aspiraciones de todos los miembros de una sociedad o de un grupo de sociedades permite, seg�n Marx, fijar con precisi�n cient�fica el resultado de estas aspiraciones. Ahora bien, el origen de esas aspiraciones contradictorias es siempre las diferencias de situaci�n y condiciones de vida de las clases en que se divide toda sociedad. A partir de aqu�, critica la moderna sociedad burguesa, a la cual consideraba que hab�a salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, pero que no hab�a abolido las contradicciones de clase. �nicamente hab�a sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresi�n, las viejas formas de lucha por otras nuevas, quedando un enfrentamiento directo entre la burgues�a y el proletariado.
Siguiendo con el pensamiento de Marx, �ste tambi�n evidenciaba la exigencia de la sociolog�a para analizar objetivamente la situaci�n de cada clase en la sociedad moderna, de aqu� que dijera que de todas las clases que se enfrentaban a la burgues�a, s�lo el proletariado era una clase verdaderamente revolucionaria. Las dem�s clases iban degenerando y desaparec�an con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, era su producto m�s peculiar. Las capas medias - el peque�o industrial, el peque�o comerciante, el artesano, el campesino -, todas ellas luchaban contra la burgues�a para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No eran, pues, revolucionarias, sino conservadoras. M�s todav�a, pensaba Marx, eran reaccionarias, ya que pretend�an volver atr�s la rueda de la historia. Eran revolucionarias �nicamente cuando ten�an ante s� la perspectiva de su tr�nsito inminente al proletariado, defendiendo as� no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros; cuando abandonaban sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado.
Volviendo con el capitalismo en cuesti�n, Marx se�ala sus perjuicios y el da�o que puede causar a la sociedad. La relaci�n fundamental del capitalismo, basada en salarios, parte de un contrato entre partes jur�dicamente iguales. Los propietarios del capital (capitalistas) pagaban a los trabajadores (el proletariado, poseedor �nicamente de su fuerza de trabajo) salarios a cambio de un n�mero de horas de trabajo acordado. Sin embargo, para �l esta relaci�n disfrazaba una desigualdad real: los capitalistas se beneficiaban de parte de lo producido por los trabajadores y no remunerado en sus salarios. Esta plusval�a generada en favor de la clase capitalista proporcionaba a los propietarios del capital una gran riqueza y el control sobre el desarrollo econ�mico de la sociedad. De esta manera se apropiaban no solamente de la riqueza, sino tambi�n del poder. La compleja superestructura pol�tica, el conjunto de leyes e ideolog�as, regular�a y reforzar�a este tipo de relaciones sociales. De hecho, al poseer la plusval�a, los capitalistas pod�an acumular riqueza y poder, determinando la direcci�n que seguir�a la sociedad. Los bienes producidos mediante el sistema capitalista deb�an tener valor de uso, ya que de no tenerlo, no se podr�an encontrar compradores; pero, para el capitalista, ten�an que tener valor de cambio: no se producir�an para el consumo del propio capitalista, sino para que �ste pudiera intercambiarlos por dinero. As�, la producci�n capitalista estaba esencialmente dirigida al intercambio y no a la satisfacci�n de necesidades. La competencia har�a el resto, logrando que las empresas capitalistas ineficaces fueran a la quiebra, y se tendiera a la concentraci�n y creaci�n de monopolios, al tiempo que los mercados no dejar�an de crecer, pues las t�cnicas productivas y las medios de intercambio estaban continuamente cambiando y mejorando.
Por otra parte, Marx tambi�n afirmaba que las crisis eran y son un fen�meno inherente al capitalismo. Los capitalistas intentaban aumentar la intensidad de la jornada laboral y, en consecuencia, la productividad del trabajo. Por su parte, los trabajadores, si estaban organizados, resistir�an. Los capitalistas intentar�an entonces ampliar los mercados, pero al mismo tiempo pagar�an a sus trabajadores el m�nimo posible. Por tanto, si lo consegu�an, tanto el consumo como la demanda de los trabajadores disminuir�a, los mercados se reducir�an y el capitalismo entrar�a en crisis.
Por todo lo anterior, Marx, con la inestimable colaboraci�n de su amigo y colaborador, Friedrich Engels, elabor� en 1848 el Manifiesto del Partido Comunista (Manifest der kommunistischen Partei) donde concluy� que la derrota de la clase capitalista estaba cerca y que �sta ser�a suprimida por una revoluci�n mundial de la clase obrera (el proletariado) que culminar�a con el establecimiento de una sociedad sin clases y sin Estado: el Comunismo, el cual ser�a la futura sociedad ideal, a la que se llegar�a tras pasar previamente por el Socialismo.
Este sistema se basar�a en la aspiraci�n de consecuci�n de una sociedad en la que los principales recursos y medios de producci�n pertenecieran a la comunidad y no a los individuos; es decir, que la propiedad privada no existir�a. En teor�a, pues, estas sociedades permitir�an el reparto equitativo de todo el trabajo en funci�n de la habilidad, y de todos los beneficios en funci�n de las necesidades. Algunos de los conceptos de la sociedad comunista supon�an que, en �ltimo t�rmino, no se necesitaba que hubiera un gobierno coercitivo y, por lo tanto, la sociedad comunista no tendr�a por qu� tener legisladores o gobernantes. Sin embargo, hasta alcanzar este �ltimo estadio, el comunismo deb�a luchar, por medio de la revoluci�n, para lograr la abolici�n de la propiedad privada; por esta raz�n, la responsabilidad de satisfacer las necesidades p�blicas reca�a, pues, en el Estado.


3. Compara una idea o concepto del texto con otro autor.
Para comenzar y primero que todo, cuando se habla de Marx, necesariamente se tiene que hacer referencia a su m�s grande colaborador y amigo: Friedrich Engels; por lo que la relaci�n entra estos dos autores es m�s que evidente. En sus obras, Marx y Engels intentaron analizar la sociedad capitalista. Pusieron de manifiesto las contradicciones existentes en el seno de la sociedad contempor�nea: los derechos fundamentales no hab�an abolido la injusticia; los gobiernos constitucionales no evitaban ni la mala gesti�n ni la corrupci�n; la ciencia posibilitaba el dominio de la naturaleza pero no el de las fluctuaciones de los ciclos econ�micos; y la eficiencia de los modernos modos de producci�n no evitaba la existencia de barrios marginales en medio de la abundancia.
Describ�an la historia de la humanidad como el intento, de hombres y mujeres, por desarrollar y aplicar su potencial creativo con el fin de controlar las fuerzas de la naturaleza para poder mejorar la condici�n humana. Al realizar este esfuerzo para desarrollar y controlar las fuerzas productivas, la humanidad ha logrado grandes �xitos; la historia consiste en la historia del progreso. No obstante, al buscar el desarrollo de la productividad se han creado varias instituciones que han provocado una explotaci�n, dominaci�n y muchos otros males; el precio que la humanidad tiene que pagar por el progreso es el tener una sociedad injusta.
Seg�n Marx, todos los sistemas sociales del pasado hab�an sido un medio para que unos pocos, ricos y poderosos, pudieran vivir a costa del trabajo y la miseria de una mayor�a pobre. Por eso, todo sistema est� amenazado por un posible conflicto surgido de cada contradicci�n hist�rica. Adem�s, cada modo de producci�n que se sucede en el tiempo tiene fallos que, antes o despu�s, terminar�n por destruirlo, bien por su propia desintegraci�n, bien por una revoluci�n alentada por la clase oprimida. Engels y Marx pensaban que el sistema capitalista tambi�n ten�a fallos y, por lo tanto, estaba condenado a su autodestrucci�n. Intentaron demostrar que cuanto m�s productivo fuera el sistema, m�s dif�cil ser�a que funcionara: cuantos m�s bienes fuera acumulando menos utilidad marginal se obtendr�a de esos bienes; cuanto m�s preparada estuviera la poblaci�n, menos podr�an utilizar sus capacidades. En definitiva, el capitalismo acabar�a ahog�ndose en su propia riqueza.

El segundo fil�sofo que influy� y que tiene mucha relaci�n con Marx es Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Siguiendo el discurso filos�fico de Hegel, basado en la sucesiva superaci�n de contradicciones entre tesis y ant�tesis a trav�s de respectivas s�ntesis, Marx logr� trazar las l�neas generales de su teor�a del devenir hist�rico y pudo profetizar el fin de la explotaci�n de unas clases por otras. Adem�s, Hegel tambi�n fue clave en que pudiera identificar la lucha de clases como el motor primario de la historia, as� como describir el mundo moderno como escenario de una confrontaci�n tr�gica y sangrienta entre la burgues�a dirigente y el proletariado. Sin embargo y a pesar de que Hegel fue uno de los inspiradores de Marx, tambi�n existen contradicciones entre estos dos fil�sofos. Mientras Marx defend�a la no existencia del Estado en el marco de una sociedad comunista como medio para alcanzar la perfecci�n pol�tica, social y econ�mica, Hegel consideraba que la pertenencia al Estado es uno de los mayores deberes posibles que cabe asumir al individuo. De una forma ideal, opinaba que el Estado es la manifestaci�n de la voluntad general, que es la m�s alta expresi�n del esp�ritu �tico. Por eso el sometimiento a esa voluntad general es el acto propio de un individuo libre y racional. No obstante, Hegel aparece as� como un fil�sofo conservador, pero no hay que deducir por ello que su obra apoye el totalitarismo ya que tambi�n afirmaba que la limitaci�n de la libertad por parte del Estado es inaceptable en el orden moral. Por �ltimo, cabe destacar que Marx sustituy� el idealismo filos�fico de Hegel por el materialismo.

Un tercer fil�sofo que guarda similitud con Marx es John Locke.. Locke afirmaba, de una forma paralela a la inexistencia gobernantes propugnada Marx, que la soberan�a no reside en el Estado sino en la poblaci�n, y que el Estado es supremo pero s�lo si respeta la ley civil y la ley natural. Pero Locke defiende tambi�n el principio de que Estado es necesario con su aparato legislativo, judicial, policial y militar, contradiciendo de esta forma a Marx. Por otro lado, tambi�n considera que el gobierno siempre depende de los ciudadanos, quienes han de decidir sobre la naturaleza del cuerpo legislativo y del gobierno, as� como aqu�llos a quienes otorgar su confianza para desempe�ar tales tareas. Por lo tanto, el r�gimen depender�a de ellos, durante tanto tiempo como el que fuera capaz de servir al bien p�blico. Locke tambi�n coincid�a con Marx en la defensa de la revoluci�n. Este manten�a que la revoluci�n no s�lo era un derecho, sino, a menudo, una obligaci�n, y abog� por un sistema de control y equilibrio en el gobierno, que ten�a que tener tres ramas, siendo el poder legislativo m�s importante que el ejecutivo o el judicial. Para �l, si el poder perjudicaba a los derechos naturales, especialmente a la libertad y a la propiedad, los gobernados ten�an el derecho a sublevarse. Entonces, los ciudadanos tendr�an el deber de desencadenar la "insurrecci�n sagrada" y dotarse de unos gobernantes decididos a hacer del Estado un poder al servicio de las libertades inherentes a cada individuo.
Finalmente y para terminar con Locke, no todo son coincidencias con Marx, ya que en el tema fundamental, el de la propiedad estos dos fil�sofos est�n claramente enfrentados. Mientras Marx patrocina a toda costa la propiedad colectiva y com�n, Locke se decanta por la propiedad privada. �ste sostiene que la propiedad privada existe en el estado de naturaleza, que es anterior a la sociedad civil. Esta teor�a de la propiedad ocupa en Locke un destacado lugar: atestigua los or�genes burgueses de su pensamiento y contribuye a aclarar su �xito. Seg�n su parecer, la propiedad privada no s�lo beneficia al propietario privadamente, sino a todos los hombres.
Para Locke, es el hombre "industrioso y razonable" -y no la naturaleza- quien est� en el origen de casi todo lo que tiene valor. Por consiguiente, la propiedad es, a su modo de ver, natural y bienhechora, no s�lo para el propietario, sino para el conjunto de la humanidad: �El que se apropia de una tierra mediante su trabajo no disminuye sino que aumenta los recursos comunes del g�nero humano.� Finalmente, Locke concluye que la propiedad confiere la felicidad y la mayor felicidad coincide con el mayor poder: "La mayor felicidad no consiste en gozar de los mayores placeres, sino en poseer las cosas que producen los mayores placeres". De esta forma queda definido un "hedonismo capitalista" en su forma de pensar.
Con todo lo anterior, la filosof�a de Locke respecto a la propiedad queda resumida en tres frases:
o �Un individuo tiene derecho a la propiedad privada y de tanta tierra como pueda labrar, sembrar y cultivar para aprovechar sus productos.�
o �La propiedad privada es un derecho natural tan primitivo como el derecho a la vida, a la libertad, a la salud y a la integridad.�
o �El gobierno no tiene m�s fin que la conservaci�n de la propiedad.�

El siguiente autor con el que Marx puede relacionarse es el economista ingl�s Adam Smith. Smith opinaba y logr� demostrar que la fuente fundamental de todos los ingresos, as� como la forma en que se distribuye la riqueza, radica en la diferenciaci�n entre la renta, los salarios y los beneficios o ganancias. La tesis central de su pensamiento econ�mico era que la mejor forma de emplear el capital en la producci�n y distribuci�n de la riqueza es aquella en la que no interviene el gobierno, es decir, en condiciones de laissez-faire y de librecambio, elemento fundamental del capitalismo, por lo que queda claro que Smith es un fil�sofo opuesto a Marx. Seg�n Smith, la producci�n y el intercambio de bienes aumenta, y por lo tanto tambi�n se eleva el nivel de vida de la poblaci�n, si el empresario privado, tanto industrial como comercial, puede actuar en libertad mediante una regulaci�n y un control gubernamental m�nimos. Para defender este concepto de un gobierno no intervencionista, Smith estableci� el principio de la �mano invisible�: al buscar satisfacer sus propios intereses, todos los individuos son conducidos por una �mano invisible� que permite alcanzar el mejor objetivo social posible. Por ello, cualquier interferencia en la competencia entre los individuos por parte del gobierno ser�a perjudicial. De igual forma que Adam Smith, tambi�n existe otro economista que ayud� a Marx a conocer el funcionamiento y, de forma indirecta, los peligros del capitalismo y que fue David Ricardo. Ricardo establec�a varias teor�as basadas en sus estudios sobre la distribuci�n de la riqueza a largo plazo. Pensaba que el crecimiento de la poblaci�n provocar�a una escasez de tierras productivas, por lo que su teor�a de la renta est� basada en la productividad de la tierra. Tambi�n, al igual que Smith, defendi� la teor�a cl�sica del comercio internacional, subrayando la importancia de la especializaci�n internacional y la libre competencia. Su teor�a del valor del trabajo, que influy� en el pensamiento de Marx, afirmaba que los salarios dependen del precio de los alimentos, que a su vez dependen de los costes de producci�n, los cuales dependen de la cantidad de trabajo necesario para producir los alimentos; lo que, dicho en otras palabras, significa que el trabajo es el principal determinante del valor.

Para terminar, las ideas de Marx tienen tambi�n una correspondencia con Plat�n y Nietzsche. El concepto comunista de la sociedad ideal de Plat�n tiene lejanos antecedentes, incluyendo La Rep�blica de Plat�n, aunque �ste haga una defensa de la propiedad privada en sus obras, mientras que Nietzsche cre�a que el hombre siempre busca poder y por lo tanto una sociedad sin dirigentes no ser�a posible porque siempre habr�a alguien dispuesto a hacerse con el mando.


4. Razona a favor o en contra de lo que dice el autor del texto.
Personalmente, yo creo que ciertas ideas de Marx, tales como la excesiva exaltaci�n del comunismo y el rechazo total del capitalismo, no son del todo acertadas. El capitalismo, aunque ha estado en peligro en ocasiones, no se ha colapsado y en los pa�ses autodenominados comunistas siguen produci�ndose desigualdades e injusticias como en los gobiernos coercitivos, como puede ser el caso de Cuba o Corea del Norte. Por otra parte, asimismo creo que los seguidores de Marx han alcanzado el poder en pa�ses que no reun�an las condiciones que Marx y Engels consideraban esenciales.
Sin embargo, tambi�n quiero destacar que hoy como nunca las ideas de Marx resultan de trascendental importancia para la humanidad, cuando la mayor potencia del planeta, EEUU, trata de imponer un nuevo orden imperialista y con su guerra preventiva logra la desestabilizaci�n mundial. Pero el revolucionismo de Marx se muestra en la respuesta a este imperialismo: continuas movilizaciones, protestas, movimientos antiglobalizaci�n y grupos que muestran su desacuerdo con la pol�tica neoliberal que desarrolla Estados Unidos, que se oponen a la guerra contra Irak, etc.





 LO �LTIMO DE HISTORIA:

KOMENTARIO D LS MAPAS D LA GUERRA CIVIL

1. PRESENTACI�N
1.1 Espacio representado: los mapas propuestos representan el espacio de la pen�nsula ib�rica, el norte de �frica y las Islas Canarias, comprendiendo los actuales estados de Espa�a, Portugal, Francia y Marruecos.

1.2 Cronolog�a: a�os comprendidos entre 1936 y 1939, siendo en los mapas mostrada la situaci�n correspondiente a Julio de 1936, Diciembre de 1937, Abril de 1938 y Febrero de 1939.

1.3 Momento hist�rico: La Guerra civil se enmarca en un periodo de continua inestabilidad, con constantes atentados y huelgas sindicalistas, de pistolerismo exagerado, con el anarquismo en auge, con los partidos nacionalistas despuntando y en donde se sale de la Segunda Rep�blica, pasando as� de un periodo reformista y de progreso, a uno militar y de represi�n, violencia y atraso. Por otra parte tambi�n es importante destacar que se han producido hechos muy importantes en los a�os anteriores y que ser�n decisivos en el desarrollo de la guerra, tales como la creaci�n de la CNT en 1911, el Estatuto de Autonom�a de Catalu�a en 1932, el pacto de San Sebasti�n en 1930, la fundaci�n de la Falange Espa�ola en 1933 o la Constituci�n de 1931.

1.4 Tema clave: el conjunto de mapas trata sobre c�mo se desarroll� la Guerra Civil, mostrando el avance o retroceso de cada bando a lo largo del territorio y seg�n unos periodos de tiempo determinados. Si se concreta m�s, estos mapas ense�an como, en un periodo relativamente corto de tiempo, el bando franquista pas� de ser un simple levantamiento regional y aislado, en Julio de 1936, a ser una fuerza controladora de todo el estado, en Abril de 1939.

1.5 Tipo de mapa: mapa tem�tico.

2. DESCRIPCI�N DEL MAPA
En cada uno de los cuatro mapas se explica el avance y desarrollo de la Guerra Civil en el mes de Julio de 1936, Diciembre de 1937, Abril de 1938 y Febrero de 1939. En cada uno de los mapas se muestra el territorio que cada bando dominaba mediante la utilizaci�n de variables de color, correspondiendo el color oscuro a la zona controlada por los insurrectos, mientras que el color claro equivale al espacio republicano. En lo que se refiere a la divisi�n territorial, es importante destacar que el mapa s�lo trata sobre el territorio espa�ol, aunque se reflejen tambi�n los pa�ses de Francia y Marruecos. A nivel estatal, la organizaci�n provincial juega un papel clave en la explicaci�n del avance de cada bando al permitir una mayor sencillez y entendimiento de los hechos rese�ados. Finalmente, sobresale la existencia de leyendas tanto en cada provincia como en cada capital provincial, as� como la presencia de una l�nea m�s gruesa en la frontera entre el territorio controlado por un bando y otro.

3. AN�LISIS DEL MAPA
El 17 de julio de 1936 los militares m�s conservadores del Ej�rcito se levantaron contra el gobierno de la Rep�blica. El alzamiento comenz� antes de lo planeado en Melilla y pronto se extendi� a Tetu�n y Ceuta. En la pen�nsula, el mismo d�a del inicio de la sublevaci�n los principales enfrentamientos se concentraron en Andaluc�a. En Sevilla, el general Gonzalo Queipo de Llano llev� a cabo un espectacular golpe de mano y con el apoyo de diversas formaciones militares y de la Guardia Civil se hizo con el control de la ciudad y aplast� la resistencia obrera. Tambi�n ese d�a las guarniciones de C�diz se sublevaron con los generales Enrique Varela y L�pez Pinto al frente. En C�rdoba el gobernador militar consigui� la rendici�n de su colega civil. En Granada el enfrentamiento qued� moment�neamente en tablas pero las autoridades no armaron al pueblo y dos d�as despu�s la guarnici�n militar sali� de sus cuarteles y gan� la ciudad para los rebeldes. En Ja�n por el contrario el coronel al mando de la Guardia Civil se declar� leal a la Rep�blica. En M�laga la guarnici�n se sublev� pero ante las amenazas del gobierno de un bombardeo por parte de la escuadra leal, los sublevados depusieron las armas. Tambi�n Almer�a y Huelva fueron ganadas para la Rep�blica, aunque �sta ultima hab�a quedado totalmente aislada, rodeada de territorio controlado por los rebeldes.
Por su parte, en Madrid y Barcelona tambi�n hubo diversos intentos de sublevaci�n que no tuvieron �xito, con la direcci�n de los generales Fern�ndez Burriel y Manuel Goded en la capital catalana, mientras que en Madrid estuvo a cargo Joaqu�n Fanjul. En el resto de Espa�a se produjeron victorias y derrotas para la Rep�blica. En Oviedo la ciudad parec�a ganada para el gobierno, pero el coronel Antonio Aranda convenci� a los mineros para que abandonaran la ciudad en direcci�n a Madrid. Entonces por la tarde se declar� partidario de la rebeli�n. Pero todo el resto de Asturias era republicana y pronto se encontr� aislado aunque pudo resistir el asedio de los mineros enga�ados. En Santander la ciudad se mantuvo tranquila y leal a la Rep�blica. En el Pa�s Vasco, �lava fue ganada para los rebeldes con la misma facilidad con que Vizcaya y Guip�zcoa se ganaron para la Rep�blica. En Navarra, centro de la conspiraci�n, mon�rquicos tradicionalistas y j�venes fascistas se unieron a las tropas rebeldes, as� lo hizo tambi�n la Guardia Civil. En todas las ciudades conservadoras de Castilla la Vieja la rebeli�n triunf� aunque en Valladolid los falangistas y tropas sublevadas tuvieron que superar la resistencia obrera. En Arag�n, Zaragoza, el feudo anarquista por excelencia, fue ganado por un r�pido golpe de mano para la sublevaci�n. En el resto de Arag�n, Huesca y Teruel fueron dominadas con la misma facilidad. As� ocurri� tambi�n en La Rioja. En Extremadura, C�ceres y su provincia fueron dominadas por la rebeli�n pero Badajoz, gracias a la lealtad de su guarnici�n, se mantuvo republicana. En Valencia, Murcia y toda Castilla la Nueva (hoy Castilla la Mancha) las unidades rebeldes vacilaron y pronto se vieron arrolladas por el �mpetu de los militares de izquierda que junto a polic�as leales aplastaron la rebeli�n. S�lo en Albacete se produjo un triunfo moment�neo de los sublevados al un�rseles la Guardia Civil, en unos d�as su propio aislamiento en territorio leal acab� por hacerlos rendir. Por �ltimo cay� Galicia, que lo hizo muy r�pida y eficazmente para los sublevados.
Finalmente en esta primera fase, en lo que se refiere a los territorios insulares y africanos, cabe destacar que Canarias fue desde un principio nacional, al igual que la zona espa�ola de Marruecos. En las Baleares, todas las islas, excepto Menorca, se declararon insurrectas.
En el segundo mapa destaca que los rebeldes debieron cambiar la estrategia gracias a que su hasta entonces objetivo prioritario, Madrid, hab�a sido imposible de doblegar, con el total fracaso de las ofensivas para conquistarla. Es en este momento cuando el Alto Mando Nacional decidi� iniciar la campa�a del Norte que preve�a la conquista de las provincias de Bilbao, Santander y Asturias. En este punto las ofensivas nacionales comenzaron hacia 1937 y poco tiempo despu�s culminaron con el control de todo el norte. La guerra en el norte fue relativamente f�cil para los nacionales porque las tres provincias en manos de la Rep�blica hab�an hecho la guerra por su cuenta, hab�an sido pr�cticamente tres estados independientes y ante esto la coordinaci�n de una defensa com�n fue imposible. Este momento supuso un importante punto de inflexi�n en la guerra. Por otra parte, al tiempo que el norte ca�a, tambi�n se produjeron importantes victorias nacionales en el sur, las cuales permitieron que a finales de 1937 las provincias de C�ceres, Badajoz, Huelva, Sevilla, C�diz, M�laga, Toledo, C�rdoba, Guadalajara y Madrid pasaran a dominio de los insurrectos.
En el tercer mapa queda evidenciada una de las ofensivas nacionales m�s importantes de la guerra: la campa�a de Arag�n y Levante, que permiti� dividir a la Rep�blica en dos zonas aisladas y cada vez m�s d�biles.. Muy pronto la superioridad nacional fue evidente, lo que posibilit� un avance r�pido y que hubiera gran cantidad de refugiados, que en su mayor�a huyeron hacia Catalu�a. Sin embargo esta hu�da pronto se vio frustrada cuando las tropas nacionales comenzaban a invadir el territorio catal�n. De esta forma y tras cruentos combates, la ciudad de Lleida cay�.
En el mes de abril parec�a que la guerra iba a llegar a su fin. Los nacionales alcanzaron el Mediterr�neo por el pueblo castellonense de Vinaroz. Hab�an dividido en dos la zona republicana y aislado completamente a Catalu�a. Ante ellos se encontraba un frente pr�cticamente inexistente. En este momento los generales ten�an ya planes de atacar a una indefensa Barcelona pero de forma sorprendente Franco decidi� cambiar de estrategia y opt� por conquistar Valencia, iniciando as� la ofensiva del Levante, que tendr�a en la batalla de Ebro su escenario principal. Sin embargo y a pesar de lo complicado que fue esta batalla para los sublevados, al final pudieron vencer, haciendo de esta forma que el ej�rcito republicano quedara totalmente diezmado y debilitado.
Por �ltimo, en el cuarto mapa el hecho principal fue la ocupaci�n de Catalu�a. Su ocupaci�n fue el golpe decisivo para la Rep�blica Espa�ola que, muy limitada en recursos desde el desgaste producido en el Ebro, no estaba ya en condiciones ni de plantear una nueva ofensiva que alargara la guerra ni de resistir al avance que los nacionales iniciaron sobre ella a finales de 1938. Es por esto que el avance nacional fue muy r�pido en pocas semanas ya hab�an llegado a la frontera, haciendo que tanto el gobierno de la Generalitat como miles de combatientes y soldados tuvieran que huir por la frontera y exiliarse en Francia. Con la conquista de Catalu�a la guerra qued� pr�cticamente terminada, hasta que el 1 de Abril de 1939 el General Franco pronunciaba el �ltimo parte de guerra y el conflicto terminaba, quedando instaurada una dictadura que durar�a 36 a�os.

4. CONCLUSIONES
La Guerra civil tuvo importantes hechos que fueron claves para su desarrollo y posterior consolidaci�n. En primer lugar, el golpe militar, que pretend�a dominar todo el territorio espa�ol no alcanz� la r�pida victoria esperada. Los sindicatos y partidos pol�ticos de izquierda resistieron, el golpe se convirti� en una guerra civil y la resistencia en una revoluci�n. Tambi�n, pocos d�as despu�s del inicio de la Guerra se produjo un acontecimiento importante. El general Sanjurjo, conspirador de 1932 y que deb�a ponerse al frente de las tropas sublevadas muri� en un accidente a�reo cuando part�a de su exilio de Lisboa. La muerte de Sanjurjo dej� un peligroso vac�o en la direcci�n militar de los rebeldes. Las personas m�s destacadas de dicha direcci�n pasaron a ser los generales Mola, Franco y Queipo de Llano. Sin embargo, el General Mola tambi�n falleci� en un accidente a�reo cuando el avi�n que lo transportaba se estrell� en un cerro cerca de Burgos. Estas dos muertes no parecieron afectar a Franco, quien no se emocion� en exceso al conocer la noticia; probablemente sab�a que hab�a eliminado a dos posibles rivales que pod�an frenar su poder absoluto. Finalmente, tambi�n destaca que uno de los hechos claves en la guerra fue la ca�da del norte, ya que permiti� que la balanza entre Republicanos y Sublevados se inclinara hacia estos �ltimos.
Por otra parte, tambi�n es importante destacar otros hechos que tuvieron especial relevancia durante el conflicto. Uno de ellos fue el que permiti� a las tropas nacionales dividir al bando republicano. A principios de 1938 el ej�rcito republicano se hab�a agotado en una serie de cruentos combates por la ciudad de Teruel. La ofensiva de Arag�n lanzada por Franco en marzo de ese a�o y que tuvo su continuaci�n en la de Levante fue una de las operaciones decisivas de la guerra. Dividi� a la Rep�blica en dos zonas, desmoraliz� a sus dirigentes y mostr� la infinita superioridad del Ej�rcito nacional en un frente que los republicanos siempre hab�an sido considerado m�s bien secundario.
El segundo y no menos importante suceso fue la Batalla del Ebro y posteriormente la batalla de Catalu�a. La importancia de la del Ebro radic� en que permiti� a las tropas nacionales dar el golpe definitivo a las ya maltrechas tropas republicanas y termin� siendo el episodio donde se decidi� el futuro que correr�a Catalu�a. Finalmente, la p�rdida de Catalu�a supuso para la Rep�blica el aislamiento total de su territorio de la frontera francesa y la p�rdida de las industrias, materias primas y alimentos que aportaba al esfuerzo b�lico republicano. Sin embargo, la Guerra Civil tambi�n tuvo consecuencias que se plasmaron sobretodo despu�s de su finalizaci�n. Como es evidente, la principal consecuencia de la Guerra Civil espa�ola fue la gran cantidad de p�rdidas humanas, ya que se calcula que murieron alrededor de 500000 personas, sin contar los no nacidos y la p�rdida de poblaci�n joven. Asimismo, el elevado n�mero de exiliados producido por el conflicto fue otro de los dramas humanos que dej� la contienda, entre los que destacan los "ni�os de la guerra" evacuados al extranjero, el gran �xodo de personas en enero-febrero de 1939 como consecuencia de la conquista de Catalu�a, el desesperado intento de hu�da en los puertos levantinos en marzo de 1939, y en general el conjunto de unos 450.000 exiliados que, aunque algunos fueron retornando durante la dictadura, muchos otros no volvieron. En lo que respecta al aspecto econ�mico, las consecuencias principales fueron la p�rdida de reservas, la disminuci�n de la poblaci�n activa, la destrucci�n de infraestructuras viarias y fabriles, as� como de viviendas �todo lo cual provoc� una disminuci�n de la producci�n�, y, en fin, el hundimiento parcial del nivel de renta. La mayor�a de la poblaci�n espa�ola hubo de padecer durante la contienda y, tras terminar �sta, a lo largo de las d�cadas de 1940 y 1950, los efectos del racionamiento y la privaci�n de bienes de consumo. En lo social, la Guerra tuvo ejerci� especial da�o en la poblaci�n, logrando la recuperaci�n de la hegemon�a econ�mica y social por parte de la oligarqu�a terrateniente, industrial y financiera, la p�rdida de todos los derechos adquiridos por los trabajadores, varias generaciones se vieron marcadas por el sufrimiento de la guerra y la posguerra, represi�n y con la censura y la falta de otras libertades como caracter�sticas principales.
Por �ltimo y para terminar, es importante decir que el r�gimen de Franco nunca opt� por la reconciliaci�n de los espa�oles y siempre record� su origen b�lico, persiguiendo y reprimiendo a los vencidos.



GR�FIKA DE NATALIDAD, MORTALIDAD Y POBLAZI�N (1860-1940)



1. Descripci�n del gr�fico

1.1. Tipo de gr�fico
Este gr�fico est� compuesto por la uni�n de dos tipos de gr�ficas: una de barras y otra de l�neas. La parte de barras representa la poblaci�n total de Espa�a en un a�o determinado y compara las diferentes cifras entre s�, mientras que la parte de l�neas muestra las diferentes fluctuaciones de la natalidad y la mortalidad entre el periodo de 1860 a 1940.

1.2. Tema del gr�fico
El tema del gr�fico es el conjunto de variaciones demogr�ficas que se produjeron en la etapa de la Revoluci�n Industrial espa�ola.

1.3 Introducci�n a la �poca
El periodo que abarca el mapa se enmarca en una etapa en la que la industria comienza a abrirse paso, en que la nueva burgues�a va ganando fuerza y contagia de todo su optimismo e innovaciones a la sociedad, en que las comunicaciones comienzan a ser aceptables para que se establezca una m�nima red comercial y en que el proceso industrializador se encuentra en pleno apogeo.

1.4. Descripci�n global
En cuanto a la poblaci�n, en el gr�fico se puede observar un aumento constante y sostenido del volumen poblacional, el cual creci� alrededor de un mill�n de habitantes por cada d�cada, pasando de los quince millones en 1860 a los veintitr�s millones en 1940.
En lo que se refiere a la natalidad, se nota una ca�da inconstante aunque continuada de �sta, logrando una reducci�n de alrededor de 10� habitantes en la tasa de natalidad, en 1940. Finalmente, en la tasa de mortalidad se percibe la misma tendencia que en la natalidad; es decir, un descenso continuado �aunque mucho m�s inconstante- con algunas variaciones importantes en la d�cada de 1870, 1890 y 1920. En cifras globales, en el lapso de tiempo representado en el gr�fico se produjo una disminuci�n en la tasa de mortalidad cercana a cifras de casi 15� habitantes.

1.5 Descripci�n detallada
En l�neas generales, la poblaci�n aument� siempre y lo hizo de una forma m�s o menos proporcional a la natalidad y la mortalidad. As�, en los a�os en los que hubo mayor mortalidad y menor natalidad se gener� un descenso de casi la mitad en el crecimiento de la poblaci�n; esto sucedi�, por ejemplo en el intervalo entre 1860 y 1880, en donde la poblaci�n creci� poco m�s de un mill�n de habitantes, cuando en otros periodos este incremento se hab�a producido en tan s�lo diez a�os. De igual forma, se aprecia que entre 1890 y 1900 la poblaci�n s�lo creci� unos seiscientos mil habitantes, coincidiendo tambi�n con una crisis de la mortalidad y cuando lo normal era un aumento de un mill�n de habitantes cada decenio. Finalmente, se puede ver un crecimiento mucho m�s acusado en los periodos en los cuales la mortalidad fue sensiblemente m�s baja que la natalidad, como ocurri� en los periodos 1900-1910, 1910-1920 y 1920-1940, en los que el crecimiento de la poblaci�n estuvo en torno a los dos millones cada d�cada, una cifra bastante superior a la tendencia que hasta ese momento se llevaba. Estos �ltimos periodos de bonanza poblacional se tradujeron en que la poblaci�n de 1940 fuera de veintitr�s millones y medio de personas, ocho millones de personas m�s que hac�a ochenta a�os. En todo lo referido a la natalidad, se podr�a dividir el gr�fico en dos partes: una que abarca desde 1860 hasta 1905 y otra que abarca desde 1905 hasta 1940. En el primer periodo se constata la existencia de una tendencia de reducci�n de los nacimientos, pero de una forma muy irregular y que al final no signific� una ca�da dr�stica de estos. Tambi�n hubo algunos periodos de aumento del n�mero de reci�n nacidos, como fue el caso del espacio entre 1860-1870 y 1900-1905. El segundo periodo se caracteriza por una disminuci�n mucho m�s acusada en la tasa de natalidad y porque se produjo de una forma continuada y significativa, con muy ligeros repuntes entre 1920 a 1940.
Finalmente, en lo que tiene que ver con la mortalidad, en primer lugar se observan tres grandes periodos en los que �sta se dispar�, 1865-1875, 1890-1895 y 1920, en los cuales incluso se lleg� al extremo de que la mortalidad super� a la natalidad, origin�ndose un crecimiento vegetativo negativo o, lo que es lo mismo, una p�rdida de poblaci�n. Por otra parte, tambi�n se puede dividir el gr�fico correspondiente a la mortalidad en dos partes: una que va desde 1860 a 1895, en donde se ven pocas variaciones significativas (salvo en los a�os mencionados anteriormente:1865-1875 y 1890-1895), mientras que en el segundo periodo, que va desde 1895 a 1940, se observa una ca�da en la mortalidad de una forma algo irregular pero prolongada, y que s�lo se vio interrumpida en el a�o 1920.

2. Interpretaci�n del gr�fico
En la gr�fica se puede ver el proceso mediante el cual la demograf�a espa�ola comenz� a parecerse a la de los pa�ses que se industrializaban y que influy� de forma decisiva en que algo de desarrollo llegara a Espa�a. Este avance se debi� a la disminuci�n de las tasas de natalidad y mortalidad, por lo que la poblaci�n creci� de forma significativa. En primer lugar, es importante rese�ar que durante el periodo que el gr�fico representa se produjeron importantes cambios en la sociedad y la econom�a, los cuales influyeron de forma notable en que la poblaci�n pudiera crecer. La patata y el ma�z hab�an pasado a formar parte de la dieta, y los intercambios de grano con Europa se hab�an intensificado. Esto bast� para terminar con la mayor�a de las crisis de subsistencia, ya que se pod�an importar alimentos, aunque esto no significara que no produjeran muertes porque Espa�a segu�a siendo un pa�s en el que una mala cosecha segu�a significando una mayor mortalidad y una menor fecundidad. La peste y la mayor�a de las enfermedades infecciosas perdieron sus efectos catastr�ficos, quiz�s debido a las continuas mejoras que se experimentaban en la alimentaci�n, la sanidad y en la higiene.
En segundo lugar, otro factor que posibilit� el crecimiento del n�mero de habitantes fue la emigraci�n, que tuvo sus destinos m�s importantes en la ciudad y en el exterior, en especial hacia Am�rica. La explicaci�n del flujo migratorio hacia las ciudades se puede hallar en que la industria y las crecientes f�bricas necesitaban continuamente trabajadores para ocupar los nuevos lugares de trabajo, y �stos ve�an en la ciudad un lugar donde mejorar su dif�cil vida y donde poder prosperar. Este flujo migratorio posibilit� que las condiciones de vida mejoraran y que cada vez menos gente muriera.
En Catalu�a estos movimientos migratorios fueron muy acusados e importantes a principios del siglo XX, con una gran cantidad de personas venidas desde Andaluc�a, Murcia y regiones del sur. Finalmente es importante destacar que pese a que la situaci�n poblacional mejor�, aun siguieron habiendo espor�dicos repuntes de la mortalidad, como se muestra en el gr�fico en varias ocasiones y en especial en 1885, cuando hubo una gran epidemia de c�lera. Este hecho origin� que el crecimiento vegetativo y el super�vit demogr�fico no fueran los que la Revoluci�n Industrial requer�a.

3. Conclusiones
Despu�s de analizar el gr�fico, puedo concluir, en primer lugar, que si en un los periodos de crecimiento y decrecimiento fueron muy comunes. Esto se explica en que cuando hab�a un aumento de la mortalidad se perd�a poblaci�n, y sin embargo esto no sucedi� as� a largo plazo y la poblaci�n aument�. Por eso se puede extraer que despu�s a cada etapa de crisis demogr�fica le segu�a una de crecimiento espectacular y descontrolado, logrando as� que la balanza se equilibrara y que en lugar de perderse poblaci�n, se ganara. Para terminar, tambi�n se puede concluir que a pesar de que el crecimiento demogr�fico fue importante, no se produjo una verdadera �bomba demogr�fica� que diera el impulso definitivo para que la Revoluci�n Industrial se llevara a cabo en su totalidad y de forma completa.


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