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A los seis meses de su llegada, las familias inmigrantes se sienten arropadas e integradas en la localidad turolense |
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El número de niños ha pasado de 50 a 84 y se ha abierto una nueva unidad escolar de Primaria con todos los cursos |
ROBERTO MIRANDA
Aguaviva
En la localidad turolense de Aguaviva (600 habitantes) hay 34 niños nuevos en
una escuela que tenía 50. Se han instalado desde el pasado agosto diez familias
de Argentina y dos uruguayas, en tanto van llegando grupos repobladores a
municipios como Barrachina, Foz Calanda, Argente o Berge.
Gilda Mazzeo (sus compatriotas la llaman Yilda ) trabaja en la secretaría
de la Asociación Española de Municipios Contra la Despoblación instalada en
el ayuntamiento de Aguaviva. Fue su suegro quien escuchó en el centro gallego
de Buenos Aires una convocatoria que partía de la sede del Partido Popular español
en Argentina.
Se llamaba a familias con niños pequeños dispuestas a repoblar municipios de
Teruel, en España. Ofrecían trabajos de albañiles, camineros y chóferes y
viviendas en alquiler. En una semana se registraron 5.000 solicitudes.
Preguntaban sobre el clima, por el sueldo...
"Allá hay depresión, gente sin trabajo, estados críticos,
inseguridad...", explican. Seleccionaron a los primeros matrimonios.
Aguaviva necesitaba doce familias. Y el 20 de agosto llegó a España Néstor
Martínez, el marido de Gilda. "En la primera carta me dijo que me iba a
gustar", dice ella.
Llegaron más emigrantes el 8 de septiembre. Gilda lo hizo con los dos niños en
octubre: "Los pueblos pequeños de Argentina son de una pobreza extrema:
niños descalzos, miseria... Aquí, no".
Rompecabezas con dólares
En dos meses habían llegado todos. La gente del pueblo les recibió muy bien: "Nos
traían cosas, el niño mayor empezó en la escuela. Ya le buscaban para
jugar...". Martín, diez años, es del River y del Real Madrid. Juega
por todo el pueblo como espacio libre y abierto para la bici o la pelota. Antes
sólo conocía su barrio platense. Va perdiendo el acento alargado y se
acostumbra un poco a las carnes aragonesas.
Damián, de tres años, lleva muchos meses seguidos sin conocer el verano. Todos
conocen ya el silencio profundo de los pueblos turolenses en las horas primeras
de la tarde, con las calles sin nadie. "Nos hemos puesto ya la camiseta
de este lugar. Hay que luchar por donde uno está", explica Gilda.
En su oficina se siguen recibiendo peticiones. Hay un compromiso de permanencia
mínima de 5 años en el pueblo, "para que no sea un trampolín",
y ya se han nacionalizado como españoles. Alcorisa, a 16 kilómetros, ejerce
como pequeña cabecera. Alcañiz está a 40. Ya se han aventurado a Morella, a
los carnavales de Vinaroz, y a Valdelinares, con la nieve.
El gran temor era si les iba a llegar el sueldo para vivir. Y se devanaban
traduciendo a dólares las pesetas. "Aquí son 700 dólares y allí no
podríamos vivir con eso". Pero el alquiler allí son 400 dólares,
cuatro veces más que aquí. El colegio es gratuito, y la sanidad: "Nos
cuesta organizar la economía, tomándole la mano a la moneda" (dos
endecasílabos encadenados), y prosigue: "Mil pesetas nos parece / como
que no es gran dinero".
Laura y Máximo son otro matrimonio argentino instalado en un extremo del pueblo
con dos hijas de nueve y seis años. El trabaja un turno diario de 14 a 24 horas
con una hormigonera. Las niñas dibujan en cuadernos escolares. Se extrañan de
que los españoles "gastan mucho en coches caros y cosas que ven a los
otros". Ellos viven "más restringidos que los de acá"
y se asoman por internet a su tierra de nacimiento. "Allí tenemos el
ambiente político cada vez peor", explican. Máximo se ha hecho del
Villarreal ("porque está Palermo").
El alcalde, Luis Bricio, señala que "nuestro fin es la repoblación,
mientras que Omezyma (en el Mezquín y el Matarraña) plantea dinamizar y crear
desarrollo" y señala que los proyectos son complementarios. Según la
asociación nacional, se necesitan 60.000.
Aguaviva está en un circo de cerros, de los que descendía la niebla el jueves
a las tres de la tarde. Los argentinos no han conocido el verano desde hace más
de un año. Se oyen balidos mientras chispea y ya nacen flores. Pronto verán la
primavera por el Maestrazgo.