CAMPAMENTOS CAT�LICOS KAIR�S DI�CESIS DE TULANCINGO

  

Taller de oraci�n | Tipos de oraci�n
 

Los caminos de la oraci�n son muchos. Se puede orar de varias formas. Existen muchos modos de entrar en contacto con Dios. Cada quien elegir� el suyo de acuerdo a su personalidad, a sus circunstancias personales, a lo que le llene m�s espiritualmente en cada momento determinado.

�stas son:

Oraci�n vocal 
Lectura meditada 
Contemplaci�n del 
Evangelio 
Oraci�n sobre la vida cotidiana 
Oraci�n de contemplaci�n 

Oraci�n vocal: 

Consiste en repetir con los labios o con la mente, oraciones ya formuladas y escritas como el Padrenuestro, el Avemar�a, el �ngel de la guarda, la Salve. Para aprovechar esta forma de oraci�n es necesario pronunciar las oraciones lentamente, haciendo una pausa en cada palabra o en cada frase con la que nos sintamos atra�dos. Se trata de profundizar en su sentido y de tomar la actitud interior que las palabras nos sugieren. Es as� como podemos elevar el alma a Dios. Podemos apoyarnos en la oraci�n vocal para despu�s poder pasar a otra forma de oraci�n. Todos los pasos en la vida se dan con apoyos y la oraci�n vocal es un apoyo para las dem�s. La palabra escrita es como un puente que nos ayuda a establecer contacto con Dios. Por ejemplo, si yo leo �T� eres mi Dios� y trato de hacer m�as esas palabras identificando mi atenci�n con el contenido de la frase, mi mente y mi coraz�n ya est�n �con� Dios.

La lectura meditada: 

Un libro nos puede ayudar mucho en el camino a encontrarnos con Dios. No se trata de leer un libro para adquirir cultura, sino de tener un contacto m�s �ntimo con Dios y el libro puede ser una ayuda para conseguirlo. No se trata de aprender cosas nuevas, sino de platicar con Dios acerca de las ideas que nos inspire el contenido del libro. Hay que leer hasta que encontremos una idea que nos haga entrar en contacto con Dios y ah� frenar la lectura �saboreando� el momento. Es as� como se profundiza en las ideas del libro para escuchar a Dios. Si cuando estamos leyendo, se produce una visita de Dios, abandon�monos a �l. Al orar hay algo que nos �llama�, una idea en la que sentimos la necesidad de profundizar. Para profundizar volvemos a la idea para verla en todos sus aspectos hasta que llegue a sernos personal, hasta que la hagamos propia. Esta idea mueve nuestra voluntad, nuestra capacidad para el amor, el deseo y el afecto. Esta oraci�n debe terminar con un prop�sito de vida de acuerdo a las ideas en las que hemos profundizado en compa��a de Dios.

Contemplaci�n del Evangelio: 

Consiste en leer un pasaje del Evangelio, contemplarlo, saborearlo y compararlo con nuestra vida, tratando de ver qu� es lo que debo cambiar para vivir de acuerdo a los criterios de Cristo. Al leer el Evangelio nos vamos a familiarizar con los gestos y las palabras de Cristo, y a comprender su sentido. Poco a poco iremos cambiando nuestra mentalidad y nuestra conducta de acuerdo a los criterios del Evangelio. Comparamos nuestro actuar en la vida con la vida de Jes�s en el Evangelio. Se trata de mirar a Jes�s m�s que mirar el pasaje del Evangelio, escuchar su Palabra. Al orar de esta forma, hemos pasado de la reflexi�n que se detiene a mirar en cada punto a un mirar simplemente a Cristo. Para ponerlo en pr�ctica se necesitan seguir los siguientes pasos: 

a) Ponernos en presencia de Dios y ofrecerle nuestra oraci�n. Leer lentamente la escena del Evangelio para tener una visi�n r�pida de conjunto, del lugar donde sucede. Por ejemplo, en Bel�n, en el templo de Jerusal�n, etc. Despu�s pedirle a Dios que adquiramos un conocimiento m�s hondo de Jes�s para amarlo m�s y poderlo servir mejor. 

b)Volvemos sobre el pasaje evang�lico y vemos las personas y: 
- Vemos a los personajes que hablan y act�an en el pasaje. Fijarnos en cada uno en particular viendo primero su exterior para luego contemplar sus sentimientos m�s �ntimos, sean buenos o malos. Sacar alg�n fruto personal. 
- Despu�s escuchamos las palabras: Penetrar en su sentido, poner atenci�n a cada una de ellas. Algunas palabras las podemos escuchar dirigidas a nosotros personalmente. Sacar un fruto personal. 
- Como tercer punto, consideraremos las acciones: seguir las diversas acciones de Jes�s o de las dem�s personas. Penetrar en los motivos de tales acciones y los sentimientos que los han inspirado. Sacar alg�n fruto personal, recordando que la oraci�n nos debe llevar a la conversi�n de coraz�n. 

c) Terminar platicando con Jes�s o con su Madre la Sant�sima Virgen Mar�a acerca de lo que hemos descubierto. 

Oraci�n sobre la vida cotidiana: 

Dios est� presente en nuestra vida. Los acontecimientos de la vida son un camino natural para entrar en contacto con Dios. Es necesario buscar la presencia de Dios en nuestra vida y descubrir qu� es lo que Dios quiere de nosotros. Esta b�squeda y este descubrimiento son ya una oraci�n. Estar atentos a lo que Dios quiere de nuestra vida es hacer oraci�n y nos invita a colaborar con �l. De esta �mirada� sobre mi vida nacer� el asombro, el agradecimiento, la admiraci�n, el dolor, el pesar, etc. De esta manera nuestra vida entera ser� una oraci�n.

Contemplaci�n: 

Se le conoce tambi�n como silencio en presencia de Dios. Este es el punto donde culminan todos las formas de orar de las que hemos hablado con anterioridad. Es el momento en que se interrumpe la lectura, o se deja la reflexi�n sobre un acontecimiento, una idea o un pasaje del Evangelio. Se da cuando ya no hay deseos de seguir lo dem�s, se ha encontrado al Se�or con toda sencillez, despu�s de recorrer un camino. Hemos experimentado interiormente que Dios nos ama a nosotros y a los dem�s. Es guardar silencio en presencia de Dios con un sentimiento de admiraci�n, de confusi�n, de gratitud, cuando nos sentimos invadidos por la grandeza de Dios y su amor hacia nosotros y nos ofrecemos a �l. 
La oraci�n contemplativa es mirar a Jes�s detenidamente, es escuchar su Palabra, es amarlo silenciosamente. Puede durar un minuto o una hora. No importa el tiempo que dure ni el momento que escojamos para hacerla. 
Para tener una oraci�n contemplativa, debemos: 

a) Recoger el coraz�n: Olvidarnos de todo lo dem�s, encontr�ndonos con �l tal y como somos, sin tratar de ocultarle nada. 

b) Mirar a Dios para conocerle: No se puede amar lo que no se conoce. Al mirarlo debemos tratar de conocerlo en su interior, sus pensamientos y deseos. 

c) Dejar que �l te mire: Su mirada nos iluminar� y empezaremos a ver las cosas como �l las ve. 

d) Escucharle con esp�ritu de obediencia, de acogida, de adhesi�n a lo que �l quiere de nosotros. Escuchar atentamente lo que Dios nos inspira y llevarlo a nuestra vida. 

e) Guardar silencio: Silencio exterior e interior. En la oraci�n contemplativa no debe haber discursos, s�lo peque�as expresiones de amor. Hablar a Jes�s con lo que nos diga el coraz�n. 

 

 
 
 
   

 

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