El reino de la diosa Tara

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Tara es el nombre primigenio con el que diversas culturas místicas de la antiguedad identificaron a la Tierra en cuanto ente espiritual, como conciencia madre que alberga el espacio-tiempo en el cual existen los seres vivos de este planeta. 

Tara es literalmente la madre espiritual y material de todos los organismos vivientes del mundo. No obstante sólo es posible acceder directamente a Ella a través de una revolución en el estado de la conciencia, una liberación interior o transformación conciencial que habilita un tipo de conocimiento más allá del pensamiento generado por las estructuras mentales del ego humano. 

Para los hindues la diosa Tara es únicamente objeto de conocimiento transcendente. Para los budistas es la gran diosa de la compasión. Para los celtas Tara era la esencia espiritual del mundo, lo que subyace más allá de todas las formas humanas o divinas, es decir la Tierra como campo de conciencia global, la base que sustenta todas las formas del espacio-tiempo. 

Sin Tara no existiría la vida en este planeta. Ella es la Vida del planeta. Ni existiría ningún ser con conciencia espiritual en este mundo. Ella es el Espíritu de este mundo. 

Tara procesa la vida y la muerte. Aunque es transcendente para la mente humana ordinaria Ella procesa todas las formas mentales y materiales que se gestan en este pequeño universo llamado planeta Tierra (o planeta de Tara).

Tara nos dota a todos de la energía vital que precisamos para existir a lo largo de sucesivas manifestaciones en la forma. Ella es el campo de energía-conciencia o seno creador y sustentador de este planeta viviente. 

Tara es también el nombre de la tierra transcendente, el Paraíso o Cielo genuinos del que han hablado siempre místicos y maestros espirituales auténticos. 

La conciencia de Tara y el Cielo son en realidad una misma cosa. Sin embargo los hombres hemos creado infinidad de religiones y de dioses que no son sino mitologías desprendidas y alteradas del conocimiento primigenio que una vez se tuvo de la genuina diosa madre Tara.

Todos tenemos la posibilidad del retorno al reino divino o celeste de la diosa Tara. Muchos maestros espirituales han hablado de ese cielo, aunque desfigurado por la mente patriarcal que se generó en el devenir evolutivo erróneo del ego humano. Tara es maternal en cuanto que es un seno de concienica, un útero de vida, un campo fecundo de espacio-tiempo-conciencia. 

El regreso a Tara pasa necesariamente por trascender el ego, es decir retornar a la conciencia resplandeciente liberada de ese ego que es una disfunción de la mente. 

El ego reina en nuestro interior. Todos podemos, si nos tomamos la necesaria molestia, apreciar como el ego parlotea continuamente dentro de nosotros. Nunca cesa de hablar, siempre referido al pasado o al futuro. El ego nunca se halla en el presente, el ego no puede existir en el presente. Por ello al estar dominados por el ego apenas mantenemos despierta una porción muy pequeña de nuestra conciencia y difícilmente estamos en el instante presente, el ahora o puerta de entrada al reino de Tara. 

En cambio la conciencia sólo puede existir en el presente. La conciencia es nuestra identidad genuina, nuestra esencia, nuestro espíritu. La conciencia creciente, la conciencia presente liberada de la disfunción del ego, es el camino que nos permite regresar al reino celeste o reino de Tara.

Probablemente de la voz Tara procedan Terra y Materia. Siendo así que Madre-Tara es por evolución el origen del término Ma-teria. De Tara procede también Thera (una tierra madre o reino mitologico perdido) y de ahí igualmente Therapia, es decir aquello que hace retornar a la salud.

La deriva evolutiva del nombre primigenio de la diosa-madre-conciencia fue quizá así: Tara=Tera=Terra=Tierra. 

También la diosa planetaria fue conocida en múltiples culturas con los términos de Dana, Ana, Ama o Mari (entre muchos otros). Estos vocablos llevaron a las denominaciones actuales de mamá o ama (mamá en diversas lenguas), frente a los fonemas que proceden de Tara que originó el de Tierra como ya se ha expuesto. De la unión de ambos surgiría Ama-Tera y tal vez Amaterasu (diosa japonesa) o Madre Tierra (Ma-ter) o Madre Tara en significado original. 

Otra variante de Tara es la diosa Tanit o Tinnit, que no es sino una versión cultural distinta referida al mismo concepto divino.

Tara es tanto forma, el mundo visible y pensante, como espíritu. Pero sólo se la puede apreciar cuando el ego desaparece y reina la conciencia. Es preciso que la mente sea conducida y liberada por el espíritu. En ese vacio se revela Tara o el reino divino. 

Aún así Tara ha creado para todos nosotros este maravilloso mundo, esta maravillosa realidad, este espacio-tiempo de cielos azules, tierras multicolores, mares y rios. Sin Tara todo sería un erial, un caos de energía bruta, tal como son los soles y muchos planetas errantes sin vida. Ella ha transformado la energia en infinitas modalidades de vida, pues su conciencia procesa el nacimiento de todas las formas aptas para albergar conciencias individualizadas. El milagro de la vida sobre la Tierra-Tara es el resultado de la expresión de su conciencia divina, de la que todos somos parte o hijos.

Todas las diosas Tara del Universo (todas las Tierras,Terras o Teras) son núcleos o campos de vida consciente que constituyen las células conciencia del Ser Cósmico Universal. Todos somos en miniatura expresiones individualizadas de la Conciencia Eterna e Infinita. Descubramos la dualidad de la conciencia y el ego dentro de nosotros, para así poder alcanzar el nuevo estado elevado de ser que es preciso para traer al mundo de la forma el celeste reino de la conciencia divina de Tara.

 

Author: Kababelan

1 de mayo de 2009

 

 

 

 

 

Recomiendo leer los libros de Eckhart Tolle para comprender con lenguaje actual y sencillo, sin término oriental o religioso alguno, tanto a la conciencia como la disfunción del ego que mediatiza contínuamente nuestra existencia.

 

Author: Kababelan

4 de mayo de 2009

 

 
 

 

  INDEX SENDA DIOSA SERPIENTE II
Author: Kababelan

 

INDEX SENDA DIOSA SERPIENTE I
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