LA MADRE CÓSMICA
VAMPIROS : LA SANGRE ETERNA
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EL ORIGEN: LOS DIOSES PERDIDOS Y LA SENDA MALDITA
La Tierra será concebida como un lugar maldito o transitorio, un miserable valle de dolor y sufrimiento, y sólo el Cielo reportará la dicha y felicidad eterna junto a los dioses solares o patriarcales, monoteístas o politeístas. Con la caída en desgracia del mundo terrestre surgirán toda esa serie de monstruos y dioses malditos. Se perderá la unión de materia y espíritu, la mente humana se fragmentará y polarizará, perdiendo el puente o nexo con la fuente que alimenta la vida divina del alma y el cuerpo.
A No obstante la naturaleza parásita del vampiro es pura propaganda difamatoria creada por aquellos sacerdotes de los nuevos dioses solares. Los vampiros no existían sino en la imaginación de quienes los temían, odiaban y perseguían. Hoy día el mito persiste a través de la literatura o el cine, heredado de los miedos supersticiosos de la religión tradicional y de las leyendas que durante muchos siglos han sido creídas.
Tras todo el acerbo malvado que arrastra el mito o la fábula vampírica existe sin embargo algo que nos está rigurosamente vedado, unos principios que no debemos jamás conocer, como tampoco nos fue permitido el acceso al conocimiento y sabiduría sagrada del primigenio Árbol de la Vida que crece en el Paraíso, del que fuimos desterrados en la noche de los tiempos. CRISTIANISMO VERSUS VAMPIRISMO
La sangre de Cristo confiere el poder sobrenatural de otorgar vida eterna. La de los vampiros también. Cristo muere previamente antes de transformarse de hombre mortal en inmortal. Los vampiros siguen los mismos pasos. Ambos biológicamente acceden a un estado en el que sus cuerpos ya no envejecen ni se enferman sino que se han convertido (renacidos) en seres transfigurados y eternos. Cristo y vampiros aseguran que quienes pierdan su vida por ellos pero reciban su sangre tendrán acceso a una verdadera vida o vida eterna.
Los cristianos lógicamente hablan de la divinidad de Cristo, de que si es el Hijo de Dios que descendió a la tierra, etc. Su sangre sacrificial divina vertida conducirá a los humanos a la vida eterna y por ello se realizan rituales en los que esta se ofrece simbólicamente en una copa. Pero de la misma manera los vampiros ofrecen beber su sangre en un ritual transmutador a aquellos que quieren convertir en sus seguidores o sus iguales, es decir que habiten su mismo reino sobrenatural. Se podrá argumentar que Cristo representa el máximo altruismo y busca el bien de la humanidad, mientras que un vampiro simboliza el máximo egoísmo y utiliza a los humanos ordinarios como su fuente de alimento para preservar una frágil inmortalidad. Uno aparenta dar y el otro quitar. Pero esto bien podría ser una cuestión de perspectiva. Durante siglos los cristianos mediante guerras de religión o la Inquisición han quitado la vida o torturado a millones de otros seres humanos en nombre de Cristo. E ideológicamente condenan al infierno y al sufrimiento eterno a quienes no se someten al camino acertado de salvación que ellos dicen seguir. Así que esto en principio acerca un poco las distancias. Soy bueno con quienes siguen mi buen camino y no tan bueno con quienes no lo siguen, que se pudrirán en el infierno. Los vampiros también otorgan el bien de la vida eterna a sus elegidos y los demás que malvivan como puedan, según asegura el tópico de su leyenda.
Sin duda el mito vampírico cinematográfico o literario y todas sus características es tan sólo pura imaginación. Pero también lo es la literatura evangélica, sólo que sus creyentes lo viven como si fuera un texto biográfico real. No se trata de convencer a nadie. Cada cual puede creer lo que le parezca. Pero sí podemos argumentar que los paradigmas cristiano y vampírico son dos ramas evolutivas o mitologías discursivas que proceden de un tronco ancestral común, tan lejano que la humanidad ni sospecha que existió.
Cristo significa sacrificio, pureza y castidad. El vampiro es inmoral y lujurioso. Cristo da su vida por los demás y el vampiro se dedica a quitarla para poder vivir él. Cristo nos dice que nos sometamos como corderos a la voluntad divina o la guía de nuestros pastores. El vampiro busca no someterse a ninguna entidad ni persona ni ideología. El vampiro se rebela contra la autoridad, tanto religiosa como civil, y busca la libertad más allá de las limitaciones de la biología y la naturaleza temporal. Sin embargo esto sigue siendo una cuestión de perspectiva. En realidad el Cristo original se rebeló también en parte contra estas mismas circunstancias. Se enfrentó o al menos no se sometió al poder civil o religioso de su época. Se rebeló contra la enfermedad y la muerte (sanó y resucitó a otros y a sí mismo), por tanto tampoco se sometió a las leyes naturales. Hablaba continuamente de la vida eterna y la predicaba, aclarando que la vida ordinaria o mortal no era la verdadera vida. Cualquier vampiro suscribiría esto.
Pero al igual que esa genuina tradición no es reconocible verdaderamente en el vampirismo de la cinematografía o la literatura (muchas veces histriónico, monstruoso, tópico o caricaturesco) tampoco lo es en el cristianismo de la religión (igualmente manipulado y acartonado vitalmente). Sin embargo ambas creencias aparentemente contrarias y enfrentadas se basan en el mismo lejano origen y persiguen el mismo objetivo final: trasformar la vida mortal en inmortal, la materia sujeta a corrupción en incorruptible. La ciencia médica vanguardista persigue hoy día el mismo fin: intentar reconducir la biología temporal hacia un ciclo vital más prolongado e incluso llevar las células a la inmortalidad.
Ese mundo preternatural o celeste también lo habitan los vampiros. Por eso el vampiro puede entrar y salir de nuestra realidad espacio-temporal o mundo cotidiano. Y aparentemente puede teletransportarse, como los supuestos ángeles. Comparte los mismos poderes. En un principio, antes de que el hombre creara la contradicción y la visión pervertida del mundo natural, todos los seres preternaturales eran lo mismo, alimentados por la misma Fuente Divina.
El vampiro es el paradigma del mal, junto con el hombre lobo, los demonios, etc. Sin embargo para un griego precristiano los demonios no eran malos. Para Sócrates los demonios (daimones) eran seres divinos, intermediaros entre el Absoluto y la humanidad. Por supuesto que Sócrates no creía en los ángeles y esas otras dramáticas mitologías de los reprimidos pueblos de oriente próximo ya en aquella época. En cuanto al hombre-lobo pues para ciertos pueblos europeos no eran sino chamanes que se integraban y metamorfoseaban en la naturaleza. Eran aquellos que más profundamente accedían al verdadero conocimiento, el hombre-lobo era un intermediario entre el mundo de los humanos y los otros mundos. El lobo era además el acompañante de las almas en el más allá. Se decía que era un ser de luz. De echo fue el símbolo de la luz para ciertas culturas, hasta que llegó el cristianismo. Los dioses Lug (celta) o Apolo (griego), entre otros, se metamorfoseaban en lobos divinos. ¿Y respecto al vampiro? ¿Que oculta su denigrada leyenda? Todos deben temer al vampiro que roba la sangre humana para convertirse en inmortal. En realidad esto lo decían sus contrarios, los sacerdotes de religiones solares o patriarcales que pretendían acaban con una antiquísima religión de la sagrada tierra. Los otros eran perversos vampiros o brujos, cuyo único destino debe ser la proscripción, la muerte o la hoguera.
Claro que ha habido y hay gente que cree que bebiendo sangre humana puede adquirir propiedades especiales, pero esto es una consecuencia de estas leyendas inventadas y de los fantasmas que generaron en el sugestivo inconsciente. El origen sin embargo es un origen religioso y está en relación a antiguos ritos y símbolos mistéricos, de los que el cristianismo fue en parte heredero, y que deliberadamente fueron malinterpretados e intencionadamente tergiversados.
Los antiguos egipcios, al igual que los cristianos, mantenían la pretensión de que sus cuerpos permanecieran vivos en el más allá. Creían o creen en la resurrección de la carne. En el más allá o en este mundo, pero inmortalidad para la materia corpórea. Y ello por la gracia divina celestial. Pero los vampiros no creen en esa gracia divina del mundo celeste. Condenados y proscritos por la cultura oficial en realidad el vituperado y malvado vampiro no es sino la caricatura de una vieja leyenda perseguida por las doctrinas oficiales. Y esa leyenda dice que es dentro de la materia viva donde se halla la semilla espiritual de la inmortalidad o vida eterna.
El mito del vampiro es la deformación interesada de una ancestral y perseguida religión que poseía o buscaba poderosos secretos de la naturaleza y de la esencia de la vida. Esa religión, que llamaremos vampírica para entendernos, en realidad anhelaba la conexión profunda con las fuerzas ocultas del mundo, las fuerzas que sostienen la creación viviente.
El vampiro precisa la sensualidad del mundo (fusión de mente y materia), ajeno a los credos morales, pero seguro de su senda libre en pos de la meta secreta que nunca ha aparecido en la literatura. El vampiro no posee sentimiento de culpa, sino que más bien semeja ser un indesmayable aventurero que persigue una meta y sigue una senda sin someterse a autoridad alguna. No es un destructor, como popularmente se le ha achacado, sino sólo fiel a la naturaleza real del universo. Alguien no sometido a la arbitraria y artificial sociedad, sus estrechos paradigmas y sus limitadoras creencias. El vampiro es un proscrito pero no un depredador en el sentido que siempre ha sido presentado. Esto es una burda caricatura creada por la cultura oficial religiosa y patriarcal. El vampiro grotesco e histriónico de las películas no tiene nada que ver con aquello que hay de verdad tras el mito.
Los denominados vampiros en verdad fueron o son hijos de la tierra, híbridos entre humanos y bestias, entre ángeles y demonios, entre vivos y muertos, entre el bien y el mal, ajenos al pasado y el futuro, fuera del tiempo, alimentados por una sangre que en verdad es elixir divino, ambrosía imperceptible al humano corriente que al no comprender el misterio se revolvió contra él. La sangre grialiana, dadora de inmortalidad, es alimento inagotable que transforma la muerte en vida. Para hallarla hay que retornar a la Madre. El Cáliz de Sangre Sagrada o Regeneradora es uno de los símbolos más antiguos de la Diosa. La Madre es la Tierra, el Árbol Sagrado que hunde profundas sus raíces, la Serpiente que se desliza por esas mismas Raíces en el interior del Submundo y asciende por el tronco hasta la Copa Celeste. La sensualidad vital del mundo, la libertad que hemos perdido sustraída por infinitas barreras, la niebla que siembra incontables falsedades. ¿Cual es la verdad y cual la mentira? ¿Es nuestro mundo y nuestra verdad cotidiana la auténtica realidad? LA TUMBA: LUGAR DE ENCUENTRO CON LOS DIOSES.
Los antiguos templos iniciáticos de la Antigüedad estaban ubicados bajo tierra, en criptas subterráneas a donde se llegaba por túneles secretos. La parte superior visible era tan sólo para el pueblo o rituales convencionales. Igualmente viejos templos paganos solares y las primeras catedrales cristianas se erigieron sobre criptas chamánicas o paganas milenarias. Esas cavernas subterráneas fueron los lugares de encuentro de aquellos ancestrales iniciados en los secretos de la diosa, la diosa negra o la diosa roja, la diosa serpiente ... Además los iniciados en cierto nivel de su preparación eran enterrados (o ubicados en una cripta subterránea sellada) durante tres días, sin alimentos, para que pudiera su espíritu entrar en contacto con las divinidades de la tierra. (Ritual del que se conserva un remedo en los evangelios cristianos en el episodio de la muerte y resurrección de Cristo). En ese estado la conciencia se vuelve hacia adentro y abre la puerta sellada que comunica con los reinos internos. Es curioso como las grandes pirámides egipcias son como montañas artificiales, donde seguramente se practicaba en alguna cámara de su interior el rito de aislamiento y apertura a las otras realidades. También los celtas tenían templos subterráneos para que los iniciados pudieran hallar la energía mediante la que su conciencia entraba en el reino de los dioses o mundos internos. Algo de ello queda en los túneles bajo el viejo Tor en Inglaterra o en la cripta sobre la que se levanta la catedral de Chartres. Igualmente la ciudad de Toledo en España está minada de antiquísimos túneles de origen desconocido, cuya función y profundidad aún hoy no se ha podido investigar.
La diosa permanece ahora aislada en su Sacra Caverna Subterránea, junto al poder de la magia, donde van a visitarla aquellos que son calificados como vampiros. Allí se guarda la sagrada sangre grialiana. Allí regresó Merlín, los chamanes hombres-lobo, los elfos de los bosques, las hadas que ya no ascienden a la faz de la tierra como antaño. Se han cerrado las viejas grutas, las viejas cavernas, donde moraba el poder serpentino. Los oscuros bosques han sido destruidos, las fuentes se han secado, los templos subterráneos han desaparecido. El ser humano ha perdido el contacto con su alma profunda. Las máquinas reemplazan a la naturaleza, hemos creado un mundo artificial, carente de la savia sagrada de la vida. Mas el universo no puede ser entendido por la mente racional o las máquinas. El universo es pensamiento que ha tomado forma y sólo volviendo el pensamiento hacia adentro encontraremos la entrada a la verdadera realidad.
EL MITO VAMPÍRICO EN LA CULTURA ACTUAL
Carmilla, también llamada Mircalla, es una vampiresa que seducirá y succionará el fluido vital a una joven mortal. Es curiosa la ambigüedad sexual de este primer vampiro femenino, que roza manifiestamente el lesbianismo. Bram Stoker por el contrario se inspirará en el famoso e histórico conde Vlad Tapes para crear a su personaje Drácula, aunque el susodicho conde nunca tuvo debilidad por beber sangre sino por otras atrocidades y crueldades. Pero sin embargo el personaje de Drácula fue el primero que inspiró a la cinematografía. De él surgirán múltiples versiones durante el siglo XX, desde el cine en blanco y negro hasta el color con la última versión de F. Cópola, que puso fin quizá al ciclo de este personaje en el séptimo arte.
La fantasía diversifica y amplia el mito, más o menos grotesco, más o menos alejado de los miedos de la religión tradicional, más o menos rico en matices e interrogantes, pero el arquetipo esencial subsiste: el retorno a las tierra primigenia de la que procede la carne y el alma, la sangre inmortal, el deambular entre la vida perecedera y la eternidad, un estado de ser más allá de los códigos religiosos o morales sociales, etc.
P.D.: Es por este motivo que las Vírgenes cristianas (herederas manipuladas de las antiguas diosas y hadas) siempre han aparecido surgiendo de Cuevas, Pozos o de debajo de la Tierra. La figura de la Virgen cristiana es un sucedáneo o una forma de sobrevivir de la Diosa en un subconsciente y sociedad humana que ya no la acepta como tal. La Virgen por supuesto no habita en el cielo (un espacio vacío semiestéril) con Cristo, dios Padre y los santos como pretenden los cristianos. La Virgen o Diosa habita en el interior mismo de la Tierra (un plano o nivel de vibración muy elevada). Y sale por sus poros terrenos como la saliva, el semen o la sangre salen por los poros y conductos del cuerpo humano. Lo que denominamos Virgen, Diosa, Hada, etc es una psico-morfo-emanación del núcleo espiritual de la Tierra. A su vez el planeta no es un bola de materia y nada más, como piensa el hombre moderno, sino un núcleo de psico espacio-tiempo donde el espíritu abstracto toma forma. Por ello el verdadero cielo, si existe como tal, no es sino un plano de conciencia sustentado por la energía matriz de la Diosa. De ahí que los celtas buscaran siempre entrar dentro de ese plano custodiado por las sacerdotisas o guardianas de lo que ellos llamaban Avalon: el jardín de las manzanas aúreas, la tierra de la inmortalidad, el Paraíso de la Diosa Madre. P.D.2: Las abejas son las sacerdotisas, en el reino de los insectos, de la Madre Naturaleza. Ellas trasportan el polen sagrado por toda la tierra y permiten que las flores realicen sus intercambios sexuales y el maravilloso mundo de color de la natura florezca en las estaciones. En ciertas culturas antiguas la abeja fue uno de los símbolos de la Diosa. La abeja produce o recolecta varios néctares sumamente valiosos con su fecundo trabajo: polen, miel, jalea real, propoleo y cera. Sin el trabajo polinizador de las abejas la mayor parte de las flores no se podrían fecundar y la reproducción de las plantas sería casi imposible. Desde hace algunos años hay noticias de que las abejas en todo el mundo están muriendo masivamente, sufriendo misteriosas enfermedades que cada año las hace desaparecer por millones. No regresan a las colmenas y sus cadáveres aparecen sembrando los campos. Quizá los tóxicos que el hombre esparce les afecta a su sistema de orientación y no encuentran el camino de regreso, o puede ser cualquier otra cosa. Pero el caso es que mueren por cientos de millones, provocando la ruina de muchos apicultores. Cuando desaparezcan las abejas la naturaleza morirá también. Por ello, esto es un síntoma más de que el fin del mundo tal como lo conocemos está próximo. Aunque es posible que de las cenizas en un futuro surja un nuevo mundo que ahora sólo podemos soñar.
Como todo el mundo puede apreciar los nazarenos actuales (cofradías cristianas) van siempre vestidos con los colores vampíricos: morado, rojo, negro. Aunque no sepan porqué. El capirote fue durante el medievo un símbolo de poderes mágicos (vampíricos), por ello también se ha mostrado tradicionalmente a las brujas con ese cono y mismos colores o a los típicos magos como el famoso Merlín.
Tradicional brujita de la suerte
Y el diablo igualmente ha sido presentado con el mismo cromatismo y aspecto, repitiendo así el arquetipo nazareno-vampírico. Es por ello que al final los opuestos se encuentran.
Una hija de la diosa Hekate.
Una dama vampira
¿Un ser vampírico, un elfo, un hada, un extraterrestre?
Curiosamente en las películas las damas vampíricas recuerdan estéticamente a sacerdotisas de la antigüedad. como se aprecia en las imágenes superior e inferior.
Una hija de la noche, una vampira, siempre se alimenta de la sangre de la diosa y no de la humana como tradicionalmente se les culpabiliza. La sangre humana no tiene propiedades vitales trascendentes. Es sangre mortal y corruptible. Por cierto, la luz solar no resulta destructora, aunque la tradición diga que el vampiro gusta de los crepúsculos y la noche. Otras leyendas también solían contar que las hadas sólo eran visibles en esos momentos: el alba, el crepúsculo del atardecer o la noche. Bajo los rayos de sol, sobre todo cenital, los fenómenos mágicos son más raros.
Author: Kababelan Otoño 2008. |
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Kababelan
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