Ciencia, Tecnología y Comunicación
Vicente Mijares S.
Profesora: Griselda González
EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO
La naturaleza y sus leyes se escondían en la noche,
Dios creó a Newton, y todo fue luz
Desde que el hombre empezó a tratar de comprender el mundo que lo rodea, la ciencia comenzó a gestarse. La ciencia surgió entonces como una forma de entender a su alrededor, para sobrevivir, para satisfacer sus necesidades. De esta forma el hombre inicia su acercamiento a la ciencia.
Cada período o época han contribuido con el avance o freno del desarrollo científico.
La relación entre el hombre primitivo y los fenómenos naturales se estableció a través del pensamiento mágico y de las religiones.
Su desconocimiento y temor a los procesos de la naturaleza, hicieron que los asociara a fuerzas y seres sobrenaturales responsables de las lluvias, tormentas, sismos, la aparición del Sol, las estrellas, etcétera.
Por su particular concepción del mundo, los pueblos primitivos veían, en todo lo que les rodeaba, los efectos de las fuerzas mágicas o de los espíritus. Con los mitos y las religiones ancestrales se pretendía justificar los orígenes de los fenómenos naturales; con ello se garantizaba la estabilidad de la realidad existente y se aceptaba el destino del hombre en relación con sus preocupaciones existenciales sobre la vejez, las enfermedades, la muerte o las catástrofes
Sin embargo, el hombre utilizó la observación y la apreciación, para sistematizar las experiencias que dada día tenía en su relación con la naturaleza que lo rodeaba.
Este conocimiento tal vez disperso, fue ordenado por los griegos que intentaron darle una representación mas precisa. Producto de una idea que en sus inicios consideró a la casualidad como patrón de comportamiento de la naturaleza, el hombre a través de la observación llega a la conclusión de que ciertos fenómenos se producen como consecuencia de otros que los anteceden descubriendo la relación causa y efecto. Esta primera conclusión, producto de la intuición y observación, es considerada el primer método científico. Este método es general y explica los efectos mas diversos y relaciona objetos muchas veces muy lejanos unos de otros.
Los griegos comenzaron adecuaron el método al objeto que será investigado e intentan explicar la naturaleza por si misma u no solo como un fenómeno casual. En todos los filósofos griegos existirá como característica predominante la observación natural, aunque no se puede descartar que ocasionalmente hayan efectuado algún tipo de experimentación muy simple.
Los griegos, por no haber avanzado todavía hasta el análisis y la desintegración de la naturaleza, la enfocan como un todo, en sus rasgos generales. Los fenómenos naturales aún no se indagan en detalle, sino que es el resultado de la intuición directa. En esto estriba precisamente la falla de la filosofía griega, la que más tarde la obligaría a ceder el paso a otros métodos.
Sin embargo, con la aparición de filósofos griegos, el pensamiento científico comienza a enriquecerse. Tales por ejemplo, establece que a todo fenómeno sucede uno que le es contrario cualitativamente, lo cual le lleva a establecer como contrarios al: agua - fuego, húmedo - seco, verano - invierno. Esta paridad simétrica de la naturaleza, que implica una concepción de cadenas causales, se desarrollará en el pensamiento griego posterior.
Los
filósofos griegos (amantes del saber) dieron grandes aportes al pensamiento
científico, siendo tres los más renombrados: Sócrates, Platón y Aristóteles. El
primero intentó que los individuos desarrollaran su pensamiento mediante largas
conversaciones, logrando que revisaran sus juicios y reconocieran sus errores y
la verdad. Su postura frente al conocimiento la podemos ver reflejada en una
frase célebre de este filósofo: “Solo sé que nada sé”.
Por su parte Platón, discípulo de Sócrates, fue quien logró que a nuestras manos
llegaran los diálogos de Sócrates, ya que se encargó de escribirlos, llegando en
su versión hasta el día de hoy. Proponía que los hombres actuaran de acuerdo a
la razón buscando la verdad, la belleza y el bien. Además, fundó una escuela
donde fueron los más importantes filósofos de la época. Incluso Aristóteles
acudió a ella, donde desarrolló un pensamiento más claro que los demás. Su
método para llegar a la verdad era más perfecto que el de Sócrates y consistía
básicamente en la deducción. El pensamiento de Aristóteles dominó el mundo hasta
fines de la Edad Media.
Otro filósofo
griego es Hipócrates, considerado el padre de la medicina. Su filosofía
consistió en una visión puramente natural de las enfermedades y en el rechazo de
las interpretaciones mágicas y religiosas que predominaban en su época.
Años más tarde, el emporio cultural se desplazó de Grecia a Roma y luego se dispersó. Durante siglos la ciencia cae bajo la influencia de la fe, las creencias inhiben el progreso científico, el que se busca bajo la perspectiva de la época Sin embargo, la inquietud y la inconformidad inherentes al hombre lo encauzan a la ruptura de esa mentalidad. El hombre renace, saliendo del letargo de siglos, y retoma inquietudes; hay un ansia por conocer y por explicarse lo que no entiende.
Al iniciar el Renacimiento, se determina la naturaleza de la actividad científica en el siglo XVI, aparecen progresivamente en los siglos XIV y XV. Ciertos acontecimientos dieron a ese proceso una excepcional aceleración: la caída de Constantinopla, que llevó a Italia a una muchedumbre de científicos, acompañados de cuantiosos manuscritos científicos bizantinos y el invento de la imprenta y del libro, que permitió una mayor y mejor difusión de los textos. Los progresos se produjeron fundamentalmente en cinco saberes: matemáticas, astronomía, física, química y anatomía. En el terreno de las matemáticas, la segunda mitad del siglo XV supuso el encuentro entre los conocimientos matemáticos medievales y los árabes y el hallazgo de algunas fuentes griegas. Nicolás de Cusa (1401-1464), cosmólogo y filósofo, despertó los estudios matemáticos, y aunque no descubrió ninguna verdad científica, ejerció una indiscutible influencia en Leonardo da Vinci, Giordano Bruno, Copérnico y Kepler.
De allí en adelante, el pensamiento científico estuvo en manos de grandes pensadores y cientçificos como fueron: Bacon - Mill fue la predominante en la lógica del siglo XIX., W. Whewell (1794 - 1866) que considera que su lógica inductiva es la lógica del descubrimiento y estima que su trabajo es la continuación directa de la obra de Bacon. Newton, Pasteur, Kant, Hegel, y Marx y Engels, por mencionar algunos de las mas importantes.
Mientras que en los siglos XVII y XVIII el progreso científico era esencialmente el resultado de aportaciones individuales de aficionados o de científicos pensionados por monarcas o academias, el siglo XIX vio aparecer la colaboración entre investigadores en el seno de los laboratorios y de los institutos de investigación creados junto a establecimientos de enseñanza superior. En el siglo XX, esta evolución hacia el trabajo en equipo se acelera a fin de compensar los efectos de la especialización creciente impuesta por la rápida extensión del campo de la ciencia, y para permitir un mejor aprovechamiento de los equipos -cada vez más costosos- necesarios para laa continuación de los trabajos de investigación. Es probable que el profundo valor cultural de la ciencia hubiera sido insuficiente para asegurarle el apoyo material cada día más importante que necesitan estos progresos. Por suerte, la constante expansión de los presupuestos de investigación científica y técnica se ve favorecida por la toma de conciencia del hecho de que el porvenir de cada país está en gran medida condicionado por los esfuerzos que se realicen en este campo.
Por su misma rapidez y, aún más, por sus repercusiones técnicas, el florecimiento de la ciencia no deja de suscitar ciertas aprensiones a veces justificadas. En el plano intelectual, la extensión desmesurada del campo de la ciencia, el tecnicismo creciente de las teorías y de los descubrimientos y la especialización cada vez más estrecha de la mayoría de los investigadores presentan el riesgo de crear una incomprensión progresivamente más marcada entre los que participan en el progreso y el resto de la humanidad que, al no poder apreciar el espíritu de aquél, sólo juzga sus consecuencias materiales. Este divorcio se ve agravado además por la aplicación inmediata que se hace de numerosos descubrimientos con fines militares. Aunque la explosión de la bomba de Hiroshima ha revelado el inmenso poder de destrucción que el progreso técnico ha puesto en manos del hombre, no ha frenado, sin embargo, la competencia en este dominio. Es verdad que la ciencia aprovecha en gran medida esta situación y que importantes resultados obtenidos en física nuclear o en investigación espacial. se hubieran visto indudablemente retrasados de forma considerable sin el apoyo masivo y oportuno de los presupuestos militares o paramilitares. Pero no se pueden ocultar los peligros extremos que esta situación de hecho hace correr a la humanidad. Además, de aquí derivan directamente algunas consecuencias nefastas; por un lado, la política del secreto impuesto para ciertas investigaciones susceptibles de aplicaciones militares; por otro, la angustia de ciertos científicos que se resisten a continuar trabajos cuyo éxito podría conducir a la puesta a punto de nuevas técnicas de destrucción.
La evolución actual de la vida científica lleva consigo otro riesgo muy grave. La necesaria coordinación de los trabajos de los investigadores, la indispensable intervención del poder político en la distribución de los créditos concedidos presenta, efectivamente, el peligro de reducir en forma considerable la libertad creadora de los investigadores. Libertad que, limitada ya por las servidumbres del trabajo en equipo, puede provocar igualmente un abandono relativo de las investigaciones desinteresadas en provecho de trabajos inmediatamente rentables. Además, ciertos dirigentes políticos pueden intentar imponer una orientación autoritaria, si no a los mismos descubrimientos, al menos a la interpretación que de ellos se hace. Algunos hechos relativamente recientes confirman la realidad de este peligro, aunque el desarrollo de la cooperación científica internacional en el curso de los últimos años ha mejorado notablemente la situación. Esta cooperación, directa y sincera, lleva a los científicos de todo el mundo a considerarse, más allá de toda frontera política e ideológica, como miembros de una misma comunidad, solidarios en la obra que persiguen.
Los científicos de hoy, aunque no puedan desinteresarse de las diversas consecuencias de sus descubrimientos, tienen los mismos objetivos de conjunto que sus predecesores: la construcción de teorías abstractas, la descripción del mundo físico y el descubrimiento de las leyes que lo rigen, el estudio de la estructura, del comportamiento, de los mecanismos y de la evolución de los seres vivos.
Los progresos realizados en estos distintos campos desde principios del siglo XX son inmensos y sobrepasan ampliamente en número y en importancia a los de cualquier época anterior de la historia de la humanidad. Sin embargo, sólo se puede juzgar objetivamente la ciencia actual situándola en el marco de la gran corriente de la historia. Algunos admiradores demasiados entusiastas de los éxitos y de los descubrimientos de nuestro tiempo subestiman la importancia de la obra admirable realizada, a un ritmo ciertamente más lento, pero con unos medios humanos y materiales mucho más limitados, por los científicos de los siglos pasados.
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Última Actualización: 03-Jun-2004