En la presente tesis se estudiaron las propiedades
inmunológicas de la paramiosina completa así como de tres diferentes regiones:
el tercio amino-terminal, el tercio central y el tercio carboxilo-terminal. Además,
en colaboración con otro laboratorio se analizó la respuesta inmune celular del
paciente neurocisticercoso. Primero se discutirán ciertos aspectos de los
resultados obtenidos al analizar la respuesta inmune humana y murina en contra
de la paramiosina de la Taenia solium y posteriormente, se discutirán
ciertos aspectos de la respuesta inmune celular en general.
Un
hecho básico para el desarrollo de la presente tesis fue el aprovechamiento de
técnicas de DNA recombinante. Previamente
se habían obtenido, caracterizado y expresado clonas con la secuencia
codificadora total de la TPmy (49[L1]). Estas clonas fueron usadas como templado para
obtener por amplificación con PCR, las regiones codificadoras de los tres
fragmentos y de la proteína completa (113[L2], 114[L3]). La amplificación se realizó con oligonucleótidos
sintéticos diseñados para amplificar solamente las regiones deseadas. Los
oligonucleótidos tenían, además, un sitio de restricción (EcoRI o HindIII) para
facilitar su posterior ligación a un vector de expresión (pRSET).
La
decisión para usar este vector de expresión se debe, por un lado, a que posee
un promotor viral de T7, capaz de inducir altos niveles de expresión de la
proteína recombinante. Otra ventaja, es la facilidad y seguridad que ofrece el
vector para controlar la expresión del promotor, lo que garantiza la rápida y
segura expansión de las bacterias transformantes antes de la inducción.
Finalmente, una ventaja más que ofrece el vector es que la proteína se expresa
unida a un péptido de fusión con seis histidinas que permite la posterior
purificación por cromatografía de afinidad (Apéndice 1).
La
purificación de las proteínas recombinantes consistió básicamente en el
aislamiento de los cuerpos de inclusión y su solubilización en un medio
altamente desnaturalizante, aprovechando la afinidad del péptido de fusión
hacia metales divalentes (Apéndice 1).
Se ha
sugerido que la paramiosina induce protección contra infecciones parasitarias
del ser humano. Se ha relacionado la respuesta inmune humana contra la
paramiosina con la resistencia a
esquistosomosis o a oncocercosis. Además, con la paramiosina se ha generado protección
contra las mismas infecciones helmínticas en el modelo murino; en la presente
tesis se muestra que la TPmy induce protección contra el cisticerco de Taenia
crassiceps. Como se puede ver con
más detalle en la tabla 4 del apéndice 2, la protección va acompañada de una
respuesta inmune tipo Th1.
Se observó que la respuesta humoral humana se dirige
preferentemente contra el tercio carboxilo-terminal, siendo el tercio
amino-terminal, pobremente reconocido y que en los ratones inmunizados ocurría
el mismo fenómeno que en la infección natural humana. Como se discute con más
detalle en la publicación, los anticuerpos de los individuos infectados con Schistosoma
japonicum, también reconocen preferentemente al tercio carboxilo-terminal (72[L4]).
Es
posible que el reconocimiento débil del tercio amino-terminal se deba a un bloqueo causado por la unión del C1q en la
vecindad del cisticerco. En resultados no publicados se ha encontrado que en el
tercio amino-terminal de la TPmy se concentra su capacidad para unirse al C1q
del complemento. Es posible que en el individuo infectado, el C1q se encuentre
unido al tercio amino-terminal de la TPmy resultando en una incapacidad del
sistema inmune para reconocer a este tercio. Esto podría explicar por qué en dos
sistemas (humano y ratón) y por dos métodos (Western blot y ELISA) el tercio
amino-terminal es el menos reconocido.
Llama la atención el contraste entre el reconocimiento
humoral del tercio amino-terminal y el tercio carboxilo-terminal, en el humano
y el ratón. Ambos fragmentos tienen tercios con estructura al azar (random
coil) y una gran porción en forma de una a-hélice superenrrollada (12[L5]). Por lo cual no hay diferencias conformacionales obvias
que sugieran que las diferencias en el reconocimiento por anticuerpos estén
relacionadas con diferencias estructurales entre los dos tercios. Además, se
empleó un programa que analiza secuencias de aminoácidos con el fin de
encontrar el punto de mayor hidrofilicidad, lo que permite localizar
determinantes antigénicos (37[L6]), y se pudo realizar ya que se conoce la secuencia de
aminoácidos completa de la TPmy. El nivel de hidofilicidad lo calcula
asignándole a cada aminoácido un valor numérico (un valor de hidrofilicidad) y
repetitivamente promedia esos valores evaluando segmentos de 6 residuos a lo
largo de la cadena polipeptídica. La secuencia con valor promedio local más
alto invariablemente corresponde, o está inmediatamente adyacente, a un
determinante antigénico. Usamos este programa para analizar la secuencia de la
TPmy. El programa indicó que el principal determinante antigénico en la
secuencia se localiza entre los residuos 489-494 (en el tercio central). En
contraste, el principal determinante antigénico del tercio amino-terminal,
mucho más débil que el anterior, se localiza entre los residuos 128-133. Estas
predicciones correlacionan con los resultados encontrados en ratón, pero no con
los de humano; ya que en el ratón, el tercio central y el tercio
carboxilo-terminal fueron más reconocidos que el tercio amino; y en el humano,
el tercio central fue poco reconocido. Tal vez, epítopos importantes
localizados en el tercio central se desnaturalizen durante la
inmunoelectrotransferencia. También, encontramos que la secuencia 767-772 (en
el tercio carboxilo) tiene una baja probabilidad de ser un determinante
antigénico; sin embargo, fue preferentemente reconocido en los dos modelos
(humano y ratón) y en ambos sistemas (Western blot y ELISA).
También,
se analizaron los isotipos de anticuerpos de los ratones inmunizados con el
tercio amino-terminal, encontrándose dominancia de la subclase IgG1 sobre la
IgG2a, lo cual sugiere un perfil de respuesta tipo Th2. Sin embargo, como se
muestra en la Tabla 4 del Apéndice 2, esos ratones no mostraban
producción de IL-4 antígeno-específica. A este respecto se ha publicado que existen dos tipos de
IgG1; un tipo tiene actividad anafiláctica y es dependiente de IL-4. El otro
tipo no tiene esta actividad, no es dependiente de IL-4 y su síntesis es
estimulada por la IL–12 o por el IFN-g (22).
Además, se ha encontrado
que si bien la respuesta policlonal de IgG1 se correlaciona con la presencia de
IL-4, la respuesta antígeno-específica no se correlaciona (107[L7]). Por lo anterior, es posible que la IgG1 detectada
pueda producirse de manera independiente a IL-4, o bien, solamente se produce
IgG1 contra el tercio amino-terminal, aunque policlonalmente sea una respuesta
Th1. Este isotipo de anticuerpos es similar al hallado en esquistosomiasis en
donde también se detecta IgG1 al inmunizar los ratones con paramiosina de S.
mansoni (85[L8], 120[L9]).
Aunque, en las publicaciones
incluidas en la presente tesis no se presenta detalle, vale la pena mencionar
que la resistencia en la infección natural en humanos parece estar relacionada
con la respuesta celular contra el tercio amino-terminal, ya que un mayor
porcentaje de individuos sanos reaccionaron contra este tercio, en comparación
con los infectados. Como también se describe en una de las publicaciones, es
posible inducir 47-87% de protección por inmunización de ratones con el mismo
tercio amino-terminal. Además, se encontró que los linfocitos T de ratones
inmunizados con la TPmy proliferan principalmente contra el mismo tercio
amino-terminal (ver Tabla 3 del Apéndice 2). También se encontró
que la respuesta inmune que induce este fragmento es tipo Th1, es decir, que
tiene un fenotipo celular. Además, el perfil de proliferación de los individuos
sanos que se muestra en la tabla 1 del apéndice 1 es muy similar a la del grupo
murino control de la tabla 3 del apéndice 2; es decir, más humanos sanos
respondieron al tercio amino-terminal y central que al tercio
carboxilo-terminal y, de manera similar, el grupo control murino tiene mayor
índice de proliferación al ser estimulado con el tercio amino-terminal y
central que al ser estimulado con el tercio carboxilo-terminal. Por lo tanto,
pareciera que el nivel de proliferación depende de la región de la proteína que
se usa para estimular. Es posible que la respuesta inmune-celular en contra del
tercio amino-terminal sea consecuencia de que éste puede unirse a la colágena.
Existe un receptor con una región de estructura colagénica que se encuentra en
macrófagos, el receptor “scavenger”. De hecho, alguna evidencia reciente de
nuestro propio grupo indica que la TPmy interacciona con el receptor
“scavenger”, siendo capaz de inducir la internalización de partículas de
lipoproteínas de baja densidad (62[L10]). Se ha sugerido que los antígenos al unirse a este
receptor son mejor presentados a los linfocitos T y son más inmunogénicos (1[L11]). Por lo tanto, el tercio amino-terminal puede tener
una mayor capacidad unirse a una célula presentadora cómo el macrófago que el
tercio carboxilo-terminal, explicando la mayor proliferación linfocitaria en
ambos sistemas (humano y ratón). También, explica la relación entre la
respuesta inmune celular y la protección (ver sección II. 10 y 86[L12]).
Con el objeto de
identificar epítopos para células T, se
empleó un programa con un algoritmo basado en el modelo de
hélice anfipática (60[L13]), el cual postula que los sitios
antigénicos son hélices con una “cara” predominantemente polar y la opuesta es
una “cara” apolar. Por lo tanto, el algoritmo busca a-hélices
y b-plegadas
en una cadena peptídica. Al analizar la secuencia polipeptídica de la TPmy que
es una proteína cuya secuencia de aminoácidos forma a-hélice,
se encontró que la secuencia entre los residuos 720-751 (cerca del tercio
carboxilo-terminal) tiene la mayor anfipatía, seguida por las secuencias
355-377 y 398-436 (en el tercio central) y posteriormente, la secuencia 57-67
(una secuencia amino-terminal). Sin embargo, estas regiones de la TPmy no se
correlacionan con respuesta celular observada en pacientes (Tabla 1 de Apéndice
1), ni en ratones inmunizados (Tabla 3 de Apéndice 2).
Analizamos
el perfil de citocinas que liberaban los esplenocitos de manera
inmune-específica al ser estimulados con el tercio protector, el tercio
amino-terminal, detectándose la
liberación de IL-2, IFN-g, pero no de IL-4. En resultados no incluídos en
las publicaciones, este perfil también se observa por RT-PCR, ya que se detectó
la producción de mRNA de IFN-g en más ratones inmunizados (4/5) que en ratones
controles (2/4). Estas citocinas son propias de un tipo de respuesta Th1,
similar a lo descrito previamente por otros grupos para T. crassiceps (ver
II.8a).
También
se realizó el análisis del fenotipo (CD4+ o CD8+) de los linfocitos T para
determinar si una población dominante participaba en la protección. Sin
embargo, los porcentajes obtenidos en los grupos experimentales y los controles
no mostraron diferencias significativas ni en ratones sólo inmunizados, ni en
ratones protegidos, ni en cultivos de esplenocitos estimulados con antígeno de
ratones inmunizados. Estos resultados son similares a los encontrados en otras
publicaciones en donde buscan qué linfocito T (CD4 o CD8) participa de forma
dominante en el control la infección (16[L14],
59[L15],
69[L16],
108[L17]).
La evidencia indica que ambas poblaciones (CD4+ y CD8+) participan en la
protección.
También,
exploramos la duración de la protección, ya que no sabíamos cuanto tiempo
pasaría entre la inmunización y el reto por lo tanto se infectó a los cinco,
diez y quince días después de la última inmunización. A los quince días la
protección desciende al 16% (datos no mostrados en esta tesis).
En la presente tesis se estudiaron las
propiedades inmunológicas de una región de la TPmy que induce protección contra
la cisticercosis murina (tercio amino-terminal) (Apéndice 2). Se detectó la
liberación de IL-2, IFN-g,
pero no de IL-4 de manera antígeno-específica, en los ratones inmunizados con
el tercio amino-terminal (ver Tabla 4 del Apéndice 2). Sin embargo, no se
encontraron evidencias claras acerca de si los linfocitos CD4+ o los CD8+
participan en la protección. Finalmente, también se observó que la protección
desaparece rápidamente. En este sentido, es necesario establecer un método de
inmunización que prolongue la protección antes de realizar pruebas de campo.
En
la tercera publicación (Apéndice 3) en que se compara la respuesta inmune
celular de pacientes con neurocisticercosis con la respuesta inmune de
individuos sanos, se reporta que ambos responden de la misma forma; es decir
que en pacientes con cargas parasitarias bajas no se detectan señales de
inmunosupresión (ver Tabla I del Apéndice 3). Este resultado contrasta con varias
publicaciones que muestran fenómenos de inmunosupresión en cerdos o ratones cisticercosos (ver II.
4). En otra publicación que analiza la respuesta inmune de pacientes humanos (14[L18]),
además de la cisticercosis padecían otras enfermedades tales como: amibiasis,
ascariasis, teniasis, asma, rinitis y alergias a alimentos. Es posible que
estos pacientes posean una inmunodeficiencia que los hace más susceptibles a
diferentes enfermedades, entre ellas, la cisticercosis. La idea del
establecimiento de cisticercos en individuos con inmunodeficiencias ya ha sido
sugerida anteriormente (14[L19]),
quienes no especifican si los pacientes estaban siendo tratados con corticosteroides.
Los corticosteroides se emplean en neurocisticercosis para controlar la
sintomatología; además, los corticosteroides inhiben la proliferación de
linfocitos T y la transcripción de genes de citocinas (105[L20]).
Puesto que en 1984 se empleaban los corticosteroides (61[L21])
es posible que los pacientes incluidos en aquella publicación (14[L22])
hubieran sido tratados con corticosteroides, por lo que podrían estar
inmunosuprimidos por el tratamiento; sin embargo, este efecto en el sistema
inmune no permite explicar la presencia de las otras infecciones (amibiasis,
ascariasis, teniasis, asma, rinitis y alergias a alimentos); por lo tanto, es
posible que los pacientes poseyeran una inmunodeficiencia que los hiciera más
susceptibles a diferentes enfermedades. En cambio, en nuestra publicación los
pacientes no recibieron tratamiento inmunosupresor, cestocida, ni presentaban
infecciones recurrentes. La inmunodeficiencia previa permite explicar las diferencias en la evidencia presentada
en ambas publicaciones.
IX. CONCLUSIÓN
Hemos
obtenido evidencia en el humano y el modelo experimental murino de
cisticercosis por el metacéstodo de T. crassiceps, que permite sugerir que
la respuesta inmune celular en contra de la región amino-terminal de la TPmy se
correlaciona con resistencia y/o protección a la infección por el cisticerco.
Se ha demostrado que este modelo experimental permite sugerir candidatos a
vacuna contra la cisticercosis porcina (36[L23],
58[L24],
95[L25]).
Debido a que es más plausible la aplicación de este antígeno en el hospedero
porcino, es necesaria la realización de estudios piloto en cerdo antes de
aplicar este antígeno al nivel de campo.
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