La Estrategia de la Mentira Maestra: Intervencionismo Estadounidense en Venezuela y el Mundo
Por: Jutta Schmitt

Diagnóstico de la situación actual
A pocos años de haber comenzado el tan anhelado y esperado siglo
XXI, lleno de sueños de un mundo mejor basado en la justicia
social, el respeto a la naturaleza, el pleno despliege de las
facultades creativas humanas, ancladas siempre en la sensatez, la
responsabilidad y la solidaridad, lamentable y previsiblemente nos
encontramos frente a una situación muy parecida a la de hace un
siglo atrás, cuando el mundo presenció el primer colapso
del sistema internacional, conocido como Primera Guerra Mundial.
En aquel entonces y después del gran cataclismo, que le
costó la vida a casi 15 millones de personas, se apuró en
nacer, en la Conferencia de Paz de Paris en mayo del 1919, la ciencia
oficial de las relaciones internacionales, en reacción y como
respuesta a la ya existente teoría clásica del
imperialismo, materializada en obras científicas como “El
Capital Financiero” de Rudolf Hilferding, “La Acumulación del
Capital” de Rosa Luxemburgo, y la famosa obra de Lenin, “El
Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo; obras las cuales
analizaron y comprendieron, por primera vez, las relaciones
internacionales como un sistema, el cual era expresión
lógica del carácter antagónico del modo de
producción capitalista a escala mundial. De tal forma, las
guerras entre estados nacionales eran comprendidos como nada más
ni nada menos que apariencias de este carácter
antagónico, siendo, por ende, inexorables mientras que
persistiera el modo de producción capitalista.
Entre otras instituciones oficiales encargadas de estudiar y “explicar”
las relaciones internacionales y con ellas las guerras, se
formó, en 1921 en los EE.UU., el “Council on Foreign Relations”
con la misión de “producir y disseminar ideas para que tanto
personas individuales como miembros de las grandes empresas y
también políticos, periodistas, estudiantes y ciudadanos
estadounidenses y de otros países, puedan mejor comprender el
mundo y las opciones de política exterior que están al
alcance de los EE.UU. y de otros gobiernos.” (1)
Tal producción de ideas, realizada por muchos institutos en el
marco de la nueva ciencia de las relaciones internacionales del siglo
XX, y sobre todo en su función de plena afirmación del
orden económico real-existente, se encargó en un primer
instante de refutar y desacreditar la teoría clásica del
imperialismo por no poder permitir, que se revelara y difundiera
ampliamente el conocimiento sobre una realidad fatal, como lo es la
inevitabilidad de las crisis económicas, los conflictos
bélicos y por ende los cataclismos sociales a nivel
internacional, mientras que persista un modelo económico basado
en la producción de ganancias por un lado y en la rivalidad y
competencia de vida a muerte por otro lado. Así se llegó
a formular y cimentar una de las grandes mentiras del Siglo XX, que
consistía en señalar, que el colapso del sistema
internacional expresado en la Primera Guerra Mundial, nada tenía
que ver con la dinámica del capitalismo, y que no era sino un
lamentable y doloroso accidente de la historia.
El segundo, según esta visión “doloroso accidente” de la
historia, no se hizo esperar por mucho tiempo, en forma del
próximo colapso del sistema internacional, expresado en lo
económico en la Gran Depresión y en lo
político-militar en la Segunda Guerra Mundial. Tampoco se
hicieron esperar los más que 200 “accidentes menores” que la
siguieron en todo el mundo entre 1945 y 2000, estando entre los cuatro
países que más guerras han conducido en este
período los EE.UU., Gran Bretaña y Francia. (2)
Aún y cuando esta misma realidad diaria, bélica global
del pasado siglo XX ha sido expresión constante, evidente y
abierta de los antagonismos de un modo de producción perverso,
donde el interés económico, financiero, energético
y geoestratégico ha caminado – y sigue caminando - sobre
millones de cadáveres, éste se nos ha presentado, a
manera de mentira maestra y con todos los medios a su alcance, como “el
mundo libre y democratico”, “el mejor de los mundos”, el “único
modelo viable”, o hasta como la “única alternativa posible”,
después de haber sido acosado, arrollado y aplastado cualquier
intento de alternativa que se haya atrevido a formar y expresar, no
importa cuando y dónde.
Hoy y volviendo a los comienzos de este siglo XXI, somos testigos de
otro colapso más del sistema internacional, expresado en la
pulverización de sus instituciones y en la creciente
totalitarización y militarización del globo
terráqueo entero o globofascismo, bajo el disfráz de la
“guerra contra el terrorismo” y “liderizado” o más bien impuesto
por el gobierno de los EE.UU. en lo que bien puede ser la final
agudización de la competencia entre las restantes fracciones del
capital mundial altamente concentrado, que se abre el camino a
través de las “guerras preventivas” para cortarle el paso al
competidor.
Así es como vemos a la Norteamérica Corporativa y su
representación política en la Casa Blanca tratar de
cimentar y perpetuar su hegemonía global a toda costa y en todos
los ámbitos, en función de propagar su bien elaborado y
recien proclamado “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano" (3),
las amenazas y los nefastos efectos de lo cual ya hemos estado
percibiendo y padeciendo, no importa en cuán remoto y escondido
rincón de la tierra nos encontráramos.
Si en el siglo XX los dos grandes colapsos del sistema internacional y
las centenares de guerras alrededor del globo – que eran y siguen
siendo expresión lógica de un modo de producción
antagónico y destructivo - se nos han tratado de vender como
accidentes los primeros, y los otros como secuelas del fantasma del
comunismo que recorría el mundo, es decir de la pugna por la
hegemonia mundial entre los campos capitalista y socialista, ahora se
nos quiere vender la idea, que el tercer colapso del sistema
internacional se debe a que el modelo triunfador - este mundo libre,
bonito, democrático, único y sobre todo pacífico -
, ha sido puesto en jaque definitivo por el fantasma del terrorismo, en
forma de las fuerzas del pasado y del atraso, quienes, por medio de 19
siniestros hombres con navajas tapiceras, han engendrado el gran
“choque de civilizaciones”.
Quienes se niegan a caer víctima a la estratégia de la
gran mentira en su nueva versión, quienes se resisten a aceptar
este nuevo status quo de las cosas, quienes se oponen al orden mundial
existente y al rumbo que nos está llevando al abismo, como lo es
el caso de la Venezuela Bolivariana, obtienen la más agresiva
respuesta por parte del super-poder hegemónico, que no parece
tolerar ni la más mínima desviación de la
vía prescrita por sus centros económicos y financieros,
ni mucho menos el más mínimo ejemplo que logre comprobar,
de que existan verdaderas alternativas a la barbárie existente.
La mentira maestra del siglo XXI o el “evento catalizador”
En su afán por repotenziar y perpetuar en el tiempo su hegemonia
mundial, el gobierno de los EE.UU. presidido por George W. Bush, apenas
comenzado el nuevo siglo (- norteamericano, para ellos),
optó por la vía “Pearl Harbour” para poder implementar su
ambicioso Proyecto, es decir por la estrategia de la mentira maestra -
sostenida, propagada, y defendida por la implementación de una
explícita guerra de desinformación a través de
todos los medios a su alcance, que van desde sus múltiples
institutos de investigación y formulación de
políticas, directamente afiliados las grandes corporaciones a
través de sus fundaciones, hasta los medios de
comunicación de masa televisivos, de radio, electrónicos
y escritos.
La táctica empleada corresponde a producir y encubrir los
eventos requeridos o “eventos catalizadores” para poder justificar las
posteriores acciones y medidas que llevan a la realización del
objetivo trazado, en este caso el fortalecimiento de la posición
hegemónica estadounidense en el mundo mediante el 11 de
Septiembre del 2001. (Quien lo duda, que consulte el documento de
Thomas Donnelly, director de comunicaciones e iniciativas
estratégicas de la Lockheed Martin Corporation, titulado
“Reconstruyendo las Defensas de América: Estrategia, Fuerzas y
Recursos para un Nuevo Siglo”, publicado exactamente un año
antes del 11-S. (3)). Luego se presenta el objetivo como causa
común, aún cuando solo represente la causa de los
intereses muy particulares de una mínima minoría
(planetaria), en este caso el “complejo
energético-militar-postindustrial” estadounidense y la
Norteamérica Corporativa.
¿Un nuevo siglo latino-americano?
Pareciera, que bajo una presidencia estadounidense de John Kerry,
podría llegar a proclamarse, desde los EE.UU., un “siglo
latinoamericano” – en función de los interéses de los
EE.UU. por supuesto, lo que lejos de ser una razon para celebrar,
sería sin duda nefasto para el continente latinoamericano,
tomando en cuenta los objetivos estratégicos trazados por
aquellos, que de todos modos dirigen la política detrás
del escenario público, no importa el color del partido o la cara
del presidente, es decir, la Norteamérica Corporativa. Su
objetivo principal es ganar control estratégico definitivo sobre
los recursos latinoamericanos mediante un arsenal de opciones que van
desde el Area de Libre Comercio de las Américas hasta una
eventual ocupación militar directa, esta última una
combinación entre resguardar instalaciones energéticas,
hidroeléctricas, plantas de producción etc. y la
simultánea represión violenta de los movimientos sociales
en los países latinoamericanos.
Al respecto y dentro del marco de la estrategia de la gran mentira, el ya mencionado Council on Foreign Relations
o Consejo de Relaciones Exteriores, agrupando mediante su “programa
corporativo” a más que 200 representantes de las grandes
corporaciones estadounidenses y de otros países, ha estado
elaborando unos documentos reveladores. Abarcando a casí todos
los sectores de la industria privada, inclusive los grandes medios de
comunicación de masas, que participan en y apoyan a las
actividades del Consejo, éste, en su intento de promover la
“paz” y la “democracia” en el mundo y prevenir los “estados
fracasados”, nos presenta en su página web con
clasificación de lectura obligatoria (“must read”), una alerta
del comandante del Comando Sur, general James T. Hill con fecha del mes
de Octubre de 2003, sobre las consecuencias nefastas de una posible
“Colombia fracasada” y la necesidad imperante, de que los EE.UU.
permanezcan involucrados en esta nación; mientras que el otro
documento con fecha del mes de Julio de 2003, alerta de “Grupos
terroristas y del crimen organizado en el área de la Triple
Frontera de América del Sur,” diciendo, que hay “evidencia
sustancial de que el área de la triple frontera (donde
Argentina, Brasil y Paraguay se tocan), opera como un enclave para
terroristas, siendo la extensa población Árabe de esta
región propensa al establecimiento de células de
terroristas dormidos (“terrorist sleeper cells”), que podrían
activarse en determinado tiempo sobre el territorio de Sudamérica”. (4)
Teniendo en cuenta los intereses geoestratégicos, -
energéticos en el primer caso y referente a las grandes reservas
planetarias de agua dulce en el segundo caso -, ya se perfila una
impresión bastante clara de cómo opera la
estratégia de la gran mentira propagada por instituciones claves
de formulación de política exterior estadounidense, como
lo es el Council on Foreign Relations, respecto al envolvimiento de la
América Latina.
Venezuela y la Des-Bolivarianización de América Latina
En cuanto a los intereses de los EE.UU. en América Latina hoy se
refiere, el objetivo de ganar control estratégico definitivo
sobre sus recursos no puede pasar por alto la
“Des-Bolivarianización” de la América Latina, es decir,
desactivando lo más pronto y efectivo posible la
Revolución Bolivariana en Venezuela y su figura central, el
presidente de la República, Hugo Chávez Frías. La
estrategia es seguir tratando de aislar a Venezuela de sus vecinos
latinoamericanos y dividirla internamente, propulsando la
confrontación entre Venezolanos. La gran mentira operante
aquí es, que el gobierno Bolivariano de Hugo Chávez es un
gobierno no- democrático, despótico-caprichoso,
abiertamente hóstil hacia EE.UU.
La táctica empleada es la guerra de baja intensidad, que tiene
los medios de comunicación como punta de lanza y que comprende
la desinformación constante, estrechamente vinculada a la
estrategia de la mentira maestra. Así es como se siguen
difundiendo a los cuatro vientos noticias difamatorias contra el
gobierno Venezolano para crear una mátriz de opinión
mundial desfavorable para este; igualmente se sigue apoyando las
fuerzas opositoras en el ámbito que sea (financiamiento por el
NED, asesoramiento, entrenamiento y logística por la CIA), para
tenderle cuantas trampas posibles al gobierno de Hugo Chávez,
bien sea mediante la provocación abierta, bien sea mediante
mecanismos de presión de perfil mas bajo (OEA o el Centro
Carter), para que el gobierno demuestre en algún momento critico
una reacción fuerte, acorde a la “cara autoritaria” y
“anti-democrática” que se le ha venido pintando por los medios
privados nacionales e internacionales, y que justifique una
intervención decisiva. El objetivo es minar, por medio del
bombardeo mediático constante con la mentira y la
difamación, la estabilidad del gobierno y destruir el apoyo de
la base popular que tiene el presidente.
A nivel de asesoramiento directo y en cuanto a política exterior
y asuntos de intereses geoestratégicos de los EE.UU. se refiere,
otros institutos de gran influencia como el American Enterprise Institute (AEI) y la Heritage Foundation,
han estado cimentando, a través de publicaciones de sus
expertos, la gran mentira respecto al proceso de transformación
que está viviendo Venezuela bajo el gobierno de Hugo
Chávez, y que está siendo presentado como un peligro no
sólo para la democracia Venezolana sino de la América
Latina entera.
Marc Falcoff, del American Enterprise Institute, en un artículo titulado ¿Colapso de América Latina?
con fecha de publicación de julio del año en curso, y
donde efectúa un análisis de la situación actual
en Bolívia y en Venezuela (6), hace un diagnóstico de la
situación política y económica reinante en el
hemisferio sur, constatando que las democracias electorales han dejado
un amargo sabor en las bocas de muchos latinoamericanos por cuanto no
han contribuido a resolver los problemas económicos que padecen
sus países. Según este autor, un 55% de la
población latinoamericana está supuestamente inclinada a
apoyar una dictadura, si ésta lográse sacarla de la
miseria económica. Con estas observaciones iniciales se
está preparando el terreno para sugerirle al lector, que esto es
exáctamente lo que está occuriendo actualmente en
Venezuela.
Aún cuando el autor nombra las mismas razones por las cuales han
fracasado las democracias formales-electorales en América
Latina, procede de inmediato a desacreditar cualquier alternativa que
no sea la continuidad de la fórmula nefasta del “libre mercado”,
haciendo alusión, por supuesto, al presidente Chávez y su
propuesta de la Alternativa Bolivariana para América Latina. En
propias palabras del autor:
“...
Existe una reacción fuerte en contra de reformas
económicas basadas en el mercado, o ‘neo-liberalismo’ como sus
críticos prefieren llamarlas. Junto a una nostalgia por hombres
fuertes decorados con hombreras y espadas desenvainadas, también
ha empezado a aparecer el sueño de un estado nacionalista
corporativo – uno que posea y controle gran parte de las alturas de
comando de la economía. En consecuencia, se ha expresado un gran
resentimiento contra Estados Unidos, el libre comercio y las
inversiones extranjeras – siendo estos tres considerados como una y la
misma cosa. En efecto, el actual proyecto de Washington para un
área de libre comercio hemisférico es considerado en
muchas partes no como una oportunidad para crear nuevos mercados y
nuevas oportunidades de trabajo, sino como una conspiración
oscura para seducir y explotar a los innocentes Latinos.
Últimamente y particularmente en Argentina se ha conversado
mucho sobre la creación de bloques regionales o sub-regionales
como solución a los problemas económicos y sociales de
América Latina – como si astutas estrategias diplomáticas
o nuevos alineamientos politicos podrían, de modo alguno,
permitirles a países enteros pasar, con salto de potro, los
crudos hechos de la pobreza, el analfabetismo, la corrupción y
la pésima administración.”
Entrando al caso Venezolano y después de una síntesis
comprimida de los factores, que llevaron a Hugo Chávez a la
presidencia de la República, esto es del modelo Venezolano
rentista puntofijista y su colapso o “pérdida de estabilidad”,
como lo llama el autor, Falcoff introduce al presidente Venezolano de
la manera siguiente:
“El
actual beneficiario de estas condiciones (reseñadas) es el
último forastero, Hugo Chávez: un destituido ex-coronel
del ejército quien primero les llamó la atención a
sus compatriotas cuando fracasó en tumbar al presidente Carlos
Andres Pérez en 1992. Liberado de la prisión por el
insensato sucesor de Pérez, Rafael Caldera, Chávez
entró en la vida política como civil. Ganó la
presidencia en lo que podrían resultar haber sido, por los
próximos años, las últimas elecciones realmente
libres en su país.”
En otro intento de sintetizar la figura del presidente Chávez, Falcoff escribe:
“En muchas maneras Hugo Chávez debería provocar tanto
desprecio como alarma. Es una copia triste del jóven Juan Peron,
del Fidel Castro temprano, de Nasser, Qaddafi, y todo el espectro de
figuras populistas y nacionalistas que han desfigurado el paisaje de
las políticas del Tercer Mundo desde finales de la Segunda
Guerra Mundial. Como ellos, este Venezolano “hombre fuerte” padece la
ilusión de que es una gran figura revolucionaria, aún
cuando después de cinco años en el poder es imposible
señalar cualquier logro “revolucionario”.
El único logro del presidente Chávez, según Falcoff,
“ha
sido retórico. Cada Domingo, el presidente utiliza las ondas
radioeléctricas para desplegar un lenguaje de taberna en contra
de sus oponentes y para disertar grandemente sobre el futuro luminoso
que le espera a su país. También y cada vez más
frequente, denuncia a los EE.UU, aún cuando Venezuela continua
suministrándole gasolina a Norteamérica.
(Difícilmente podría no hacerlo, por cuanto que PDVSA, la
companía estadal, posee no menos que diez mil estaciones de gas
aquí.)”
Pero no todos los ataques de este autor son ad hominem.
En otra apreciación, Falcoff abre un frente ya mucho más
problemático, acorde a la estrategia de la gran mentira,
encajando perfectamente en los planes geoestratégicos
estadounidenses dentro del panorama latinoamericano:
“Chávez
… percibe a Venezuela como un escenario demasiado pequeño para
el rol que cree habérsele designado la historia. Casí
desde un principio, ha comenzado meterse en los asuntos
políticos de otros países. Es un secreto abierto, que ha
financiado a movimientos radicales indígenas en las naciones
Andinas, que están en contra del status quo, y que ha brindado
un puerto seguro a las guerrillas Colombianas en regiones de la
escasamente patrullada frontera Venezolana. Mantiene a Castro en Cuba
aflote con cargamentos de petróleo, los cuales son “pagados” por
el dictador de la isla con el desplazamiento de médicos,
entrenadores de deporte – y oficiales de inteligencia. Para ampliar su
plataforma internacional, Chávez viaja sin descanso (ha
realizado más que 50 viajes hacia el exterior durante su primer
año de gobierno) para hacer llegar su mensaje
antiglobalización y su anti-Americanismo. Hasta ha estado
financiando libros en el extranjero y la filmación de
“documentales” sobre su propia persona. Con más de 20 billones
de dólares en ganancias petroleras anuales a su
disposición, está perfectamente en capacidad de hacer
todas estas cosas, y más.”
En cuanto al frente que se le abre al presidente Chávez respecto
al “peligro” que representa su gobierno para la democracia Venezolana,
Falcoff, siguiendo la estrategia de la gran mentira, elabora lo
siguiente:
“La
diferencia más grande entre Chávez y sus antecesores, es,
que se considera destinado a reformar las políticas Venezolanas
acorde a un esquema explícitamente autoritario. Ya y
efectivamente ha convertido a las Fuerzas Armadas en su propio partido
político, sacando a oficiales que objetan la conversión
de la institución militar en una organización partidaria
del presidente y la compra de lealtades de rangos bandera con dinero
del presupuesto de la nación. Se han anunciado planes de
constituir “milicias populares” en caso de que las Fuerzas Armadas no
sean absolutamente leales. La Corte Suprema, el Consejo Electoral y
hasta el Banco Central han perdido su independencia, y los legisladores
de Chávez están jugando con limitar o eliminar la
libertad de prensa y de los medios electrónicos independientes.”
En cuanto a la oposición Venezolana y su trayectoria golpista,
anti-constitucional y fraudulenta, la siguiente mentira se cimenta y
propaga a través de este documento, proveniente, como es de
recordar, de un instituto con influencia categórica en la
formulación de la política exterior estadounidense:
“Durante
meses, la oposición Venezolana – un espectro amplio que reune
elementos desde la Izquierda hasta la Derecha – se ha estado agarrando
a la única alternativa que se le ha permitido: esto es, una
provisión en la constitución, ratificada en el 2000, que
permite un referendum revocatorio a la mitad del mandato del
presidente. A comienzos de este año (2004), han logrado pasar la
barrera inmensamente alta de recolectar un número suficiente de
firmas, y asignaron su petición ante las autoridades
correspondientes. Después de una serie de tácticas de
retraso – incluyendo pronunciamientos de Chávez, que, pase lo
que pase, el referendum jamás se iba a activar – el Consejo
Electoral validó las firmas en los primeros días de
Junio. La actitud del presidente no sorprende; muy a pesar del hecho de
que la oposición está profundamente fracturada, es
extraordinariamente amplia, y acorde a la mayoría de las
encuestas, probablemente ganaría en un porcentaje entre 55 y 60,
quizás hasta más alto.”
La conclusión inmediata a que llega este autor es, que si “Chávez,
de una manera u otra, logra evitar o postponer el referendum, la
oposición no tendrá ninguna razón de seguir
operando (sic) dentro de un marco pacífico.”
Esto es el panorama, que nos pintan, grosso modo, por parte del
American Enterprise Institute con fecha del 8 del Julio del 2004; en lo
que es su estrategia de la gran mentira que prepara el camino, en los
frentes de la política exterior estadounidense y de la
opinión pública mundial, para una eventual
intervención activa y “plenamente justificada” de los EE.UU. en
Venezuela.
En términos bastante similares se nos presenta la situación Venezolana desde la Heritage Foundation,
otro instituto con capacidad de decisión en las altas esferas
del gobierno estadounidense, y estrechamente vinculado a los intereses
de las grandes corporaciones. De esta casa de investigación y
formulación de políticas exteriores, nos llega, por la
voz de Stephen Johnson, el pedido de auxilio, que “la golpeada democracia de Venezuela necesita ayuda externa”. (7)
Aún cuando el estricto acatamiento de la activacion del
referendum presidencial por parte del presidente Chávez
obviamente no es, para nada, acorde al perfil autoritario que le ha
asignado la estrategia de la gran mentira estadounidense, Johnson abre
su ofensiva con la siembra de la duda y un panorama potencialmente
apocalíptico:
“La
concesión del 3 de junio hecha por el presidente Venezolano,
Hugo Chávez, que sus opositores han recogido un número
suficiente de firmas para activar el referendo revocatorio de su
mandato, parece un miráculo (sic). Sin embargo, elecciones
transparentes están lejos de convertirse en realidad, y
Chávez todavía podría desestabilizar a Venezuela y
crear el caos para los países vecinos.”
Adelantándose a cualquier escenario específico - y sobre
todo y de cualquier modo a la verdad del proceso Venezolano -, Johnson
llama, sin demorarse en detalles, a la intervención directa de
los EE.UU. en Venezuela:
“Para
preservar la estabilidad de la region, los EE.UU. y otras democracias
occidentales deberían ayudar a defender lo que queda de la
golpeada democracia Venezolana y desalentar el creciente conflicto
interno inspirado por Chávez. Los Estados Unidos y otros
países miembros de la Organización de Estados Americanos
deberían insistir en que se permitan observadores
internacionales independientes para monitorear y comentar sobre las
elecciones. Sin embargo, la comunidad democrática tiene que
estar preparada para declarar el quebrantamiento de la democracia
Venezolana en caso que Chávez siga manipulando el proceso
electoral y consolidando su poder.”
Despúes de un breve recorrido de la historia reciente de
Venezuela, fielmente enmarcado dentro de la estrategia de la mentira
maestra, el autor expresa sus temores sobre la posibilidad de fraude,
intimidación y presión por parte del gobierno a favor de
su permanencia en el poder, mas no (y nunca) de la oposición.
Así y en función de “contener una dictadura en
germinación”, Johnson propone lo siguiente:
“Antes
del referendum del 15 de Agosto, la administración Bush, sus
aliados en la OEA y el Grupo de Amigos de Venezuela (los ministros del
exterior de Brasil, Chile, México, Portugal y España,
convocados por EE.UU. el año pasado para alentar al líder
Venezolano que se adhiera a las pautas establecidas en su propia
constitución (sic) ), deberían presionar al presidente
Chávez para que permita la presencia vigorosa de observadores
internacionales, vigilantes ante una campaña injusta, un
referendo fraudulento y trampas en cualquier eventual elección
presidencial.”
Considera y aconseja además el autor, que
“En
efecto, los EE.UU. deberían alentar al Banco Mundial de
suspender todos los créditos para el gobierno Venezolano al
menos que este se adhiera a principios democráticos, mientras
que los aliados latinoamericanos deberían invocar el
artículo 20 de la carta democrática de la OEA,
autorizando al organismo de tomar medidas en la dirección de
expulsar a Venezuela de la organizacion en el caso de una
alteración del régimen constitucional que afecte
seriamente el orden democrático.”
Finalmente, se le suelta demasiado la lengua en revelar la estrategia
de la mentira maestra y los objetivos geoestratégicos
estadounidenses en América Latina, al constatar:
“Aún si esto es trágico para la mayoría de los Venezolanos, la situación (actual Venezolana) tendría
pocas consecuencias para los EE.UU. y sus aliados hemisféricos,
si Venezuela no hubiese sido el quinto más grande proveedor de
petróleo en el mundo, y el presidente Chávez no hubiese
dado apoyo escondido al grupo de rebeldes más grande de Colombia
y otros movimientos izquierdistas en el hemisferio. Se opone al Area de
Libre Comercio de las Américas, apoyado por los EE.UU., y le
gustaría unir a América Latina en una campaña en
contra de las políticas estadounidenses; siguiendo el camino de
su mentor, Fidel Castro.”
Conclusión
Para los que conocen los objetivos geoestratégicos de los EE.UU.
en América Latina y el mundo y tomando en cuenta la estrategia
de la gran mentira empleada para preparar el terreno para su
realización exitosa, la lectura de documentos emanados de
organizaciones e institutos como el Council on Foreign Relations (CFR),
el American Enterprise Institute (AEI), la Heritage Foundation y otros,
es indispensable, por cuanto que permite una aproximación a los
escenarios probables y concretos en materia de política exterior
estadounidense, que pueden darse en Venezuela, América Latina y
el mundo.
También y específicamente en el caso Venezolano, puede
servir para desarrollar una estrategia comunicacional muy precisa e
incisiva a nivel nacional e internacional, que contrarreste de manera
contundente la formación de una mátriz de opinión
desfavorable para el gobierno de Hugo Chávez y el proceso de
transformación y renovación social que lideriza.
Notas
(1) http://www.cfr.org/about/mission.php; mi propia traducción.
(2) Peter Strutynski, Nichts Neues unter der Sonne? - Die Kriege des 21.
Jahrhunderts (¿Nada nuevo bajo el sol? – Las guerras del siglo XXI.)
http://www.uni-kassel.de/fb10/frieden/themen/neuekriege/strutynski.html;
(3) Jutta Schmitt, El Proyecto para un Nuevo Siglo Americano y sus Incidencias
sobre América Latina; http://www.geocities.com/juschmi/publications00012.html
(4) http://www.newamericancentury.org/RebuildingAmericasDefenses.pdf;
específicamente capítulo V, titulado „Creating tomorrow´s dominant Force”
(Creando la Fuerza Dominante del Futuro), página 51.
(5) http://www.cfr.org/; sección “The Americas”, página 2.
(6) http://www.aei.org/news/newsID.20866,filter.all/news_detail.asp. Todas las citas
(siguientes) de Falcoff son de esta misma fuente y todas mi propia traducción.
(7) Stephen Johnson, „Venezuela´s Battered Democracy Needs Outside Help“,
WebMemo 525, del 24 de Junio, 2004;
http://www.heritage.org/Research/LatinAmerica/wm525.cfm. Todas las citas
(siguientes) de Johnson son de esta misma fuente y todas mi propia traducción.
REGRESO