|
| ||||||
|
| ||||||
|
|
||||||
|
|
||||||
|
INSTRUMENTOS DE RECOLECCIÓN DE DATOS 1. Indicadores, técnicas e instrumentos
Si tenemos presente el modelo de investigación por el que nos estarnos
guiando (véase LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
2.) se percibirá que, una vez obtenidos los indicadores de los
elementos teóricos y definido el diseño de la investigación, se hará
necesario estructurar las técnicas dé recolección de datos
correspondientes, para así poder construir los instrumentos que nos
permitan obtener tales datos de la realidad.
Un instrumento de recolección de datos es, en principio, cualquier recurso
de que pueda valerse el investigador para acercarse a los fenómenos y
extraer de ellos información. Ya adelantábamos que dentro de cada
instrumento concreto pueden distinguirse dos aspectos diferentes: una
forma y un contenido. La forma del instrumento se refiere al tipo de
aproximación que establecemos con lo empírico, a las técnicas que
utilizamos para esta tarea; una exposición más detallada de las
principales es la que se ofrece al lector en este mismo capítulo. En
cuanto al contenido éste queda expresado en la especificación de los datos
concretos que necesitamos conseguir; se realiza, por lo tanto, en una
serie de ítems que no son otra cosa que los indicadores bajo la forma de
preguntas, de elementos a observar, etc. De este modo, el instrumento
sintetiza en sí toda la labor previa de investigación: resume los aportes
del marco teórico al seleccionar datos que corresponden a los indicadores
y, por lo tanto, a las variables o conceptos utilizados; pero también
expresa. todo lo que tiene de específicamente empírico nuestro objeto de
estudio, pues sintetiza a través de las técnicas de recolección que
emplea, el diseño concreto escogido para el trabajo.
Es mediante una adecuada construcción de los instrumentos de recolección
que la investigación puede manifestar entonces la necesaria
correspondencia entre teoría y práctica; es más, podríamos decir que es
gracias a ellos que ambos términos pueden efectivamente vincularse. Si en
una investigación ellos son defectuosos se producirán, inevitablemente,
alguna de las dos dificultades siguientes: o bien los datos recogidos no
servirán para satisfacer los interrogantes iniciales planteados, o bien
esos datos serán imposibles de obtener, vendrán falseados o
distorsionados, etc., porque el instrumento no se adecua al tipo de hecho
en estudio. En ambos casos habrá habido, seguramente, uno o varios errores
en las partes anteriores del proceso. Será entonces necesario volver hacia
atrás (cosa mucho más frecuente en toda investigación de lo que el lector
puede imaginar) y revisar las diferentes etapas hasta alcanzar una mejor
aproximación al problema.
Situada así esta problemática pasaremos seguidamente a estudiar las
principales técnicas de recolección de datos que se emplean, no sin antes
explayamos brevemente acerca de los mismos datos, y de sus diferentes
tipos. 2. Datos
primarios y secundarios Ya hemos hablado (ver EL DISEÑO DE INVESTIGACIÓN 2.) de que por su naturaleza los datos pueden subdividirse en dos grandes grupos según su procedencia: datos primarios y datos secundarios. Los datos primarios son aquellos que se obtienen directamente a partir de la realidad misma, sin sufrir ningún proceso de elaboración previa. En otras palabras, son los que el investigador o sus auxiliares recogen por sí mismos, en contacto con la realidad. Los datos secundarios, por otra parte, son registros escritos que proceden también de un contacto con la práctica, pero que ya han sido recogidos, y muchas veces procesados, por otros investigadores. Las técnicas de recolección que se emplean en uno y otro caso son bien disímiles, como es fácil de comprender, puesto que en un caso nos enfrentamos a la compleja y cambiante realidad y en el otro nos vemos ante un cúmulo de materiales dentro de los cuales es preciso discernir con criterio los más pertinentes. Sin embargo,
datos primarios y secundarios no se oponen entre sí, sino que más bien
están encadenados indisolublemente: todo dato secundario ha sido primario
en sus orígenes, y todo dato primario, a partir del momento en que el
investigador concluye su trabajo, se convierte en dato secundario para los
demás.
En la experiencia cotidiana también apelamos constante- mente a ambos
tipos de fuentes. Supongamos, por ejemplo, que hemos arribado por primera
vez a una ciudad, en la que queremos llegar a determinados sitios. Para
poder lograr nuestro objetivo podemos ir tomando nota de las calles que
atravesamos, de la ubicación de los monumentos, plazas y comercios
principales, de modo tal que podamos formamos una idea que nos sirva de
referencia para ubicamos. También podemos preguntar a los habitantes del
lugar acerca de nuestros puntos de interés, dirigiéndonos a quines
suponemos pueden estar mejor informados. En ambos casos estamos recogiendo
datos primarios, en el primer caso mediante la técnica de la observación,
en el segundo con el auxilio de las entrevistas. Por último podemos acudir
a la información que nos proporcionan planos, mapas o guías turísticas; en
este caso las fuentes de nuestros datos serán material previamente
compilado y organizado por otras personas, por lo que los mismos serán
datos secundarios.
Este sencillo ejemplo tomado de la experiencia común no difiere, en
esencia, de lo que ocurre al recoger datos para una investigación
científica. Aquí nuestros procedimientos no han de ser más que desarrollos
y perfeccionamientos mucho más sistematizados y rigurosos naturalmente, de
las técnicas rudimentarias del ejemplo. 3. Recolección
de datos primarios
Siendo los datos primarios aquellos que surgen del contacto directo con la
realidad empírica, las técnicas encaminadas a recogerlos tendrán que
reflejar, necesariamente, toda la variedad y diversidad compleja de
situaciones que se presentan en la vida real.
Dentro de estas técnicas mencionaremos, en primer lugar, la de la
observación, por ser fundamental en todos los campos de !a ciencia. La observación consiste en el uso sistemático
de nuestros sentidos orientados a la captación de la realidad que queremos
estudiar .Es por ello una técnica antiquísima, cuyos primeros aportes
sería imposible. rastrear. A través de sus sentidos el hombre capta la
realidad que lo rodea, que luego organiza intelectualmente. Fue a través
de innumerables observaciones sistemáticamente repetidas que mayas y
caldeos lograron penetrar en los secretos del movimientos de muchos
cuerpos celestes; fue observando miles de casos concretos que finalmente
Mendel pudo formular las leyes sobre la herencia. Los ejemplos podrían
repetirse para todas las ciencias, para todas las épocas. Es que el uso de
nuestros sentidos, que permanentemente empleamos, es una fuente inagotable
de datos que, tanto para la actividad científica como para la vida
práctica, resulta de primordial valor.
Para todo el conjunto de las ciencias humanas existe además otro
procedimiento de uso muy generalizado y de aplicaciones diversas. Se trata
de la entrevista, que en esencia consiste en una interacción entre dos
personas, una de las cuales -el investigador- formula determinadas
preguntas relativas al tema en investigación, mientras la otra -el
investigado- proporciona verbalmente o por escrito la información que le
es solicitada.
Existen además otros procedimientos de recolección de datos primarios,
entre los que figuran el llamado cuestionario de autoaplicación, los test,
los diagramas sociométricos, las escalas y diferenciales semánticos, etc.
Sin embargo, por más que en sus desarrollos técnicos puedan ser manejados
como procedimientos independientes, veremos más adelante que tienen su
origen, en última instancia, en las dos principales técnicas mencionadas,
pues constituyen en definitiva sólo derivaciones o usos particulares de
las mismas. (Ver 6. y 7., donde se exponen tales técnicas).
4. La observación científica
Decíamos que la observación puede definirse como el uso sistemático de
nuestros sentidos, en la búsqueda de los datos que necesitamos para
resolver un problema de investigación. Dicho de otro modo, observar
científicamente es percibir activamente la
realidad exterior, orientándonos hacia la recolección de datos previamente
definidos como de interés en el curso de una investigación. La observación
que se realiza cotidianamente, como parte de nuestra experiencia vital, no
puede ser considerada como científica pues no está orientada hacia objetos
preciosos de estudio, no es sistemática, y carece de controles o de
mecanismos que nos pongan a cubierto de errores de subjetividad,
confusiones, etc. De todos modos ese cúmulo de observaciones que
-impremeditadamente- ha hecho toda persona, tiene un valor para el
investigador: puede servir de punto de partida, de referencia inicial,
para enfrentar luego el problema de realizar una observación
verdaderamente científica.
La ventaja principal de esta técnica, en el campo de las ciencias del
hombre radica en que los hechos son percibidos directamente, sin ninguna
clase de intermediación, colocándonos ante la situación estudiada tal como
ésta se da naturalmente. De este modo la subjetividad propia del mismo
objeto de estudio (que en este caso son también seres humanos), no juega
para nada en los datos recogidos, con lo que se elimina una distorsión que
es típica de las entrevistas. Su principal inconveniente reside en que la presencia del observador puede provocar, por sí sola, una alteración o modificación en la. conducta de los observados, destruyendo la espontaneidad de los mismos y aportando datos, por lo tanto, poco fiables. Todos los seres humanos, al saberse observados, tienden naturalmente a encubrir su conducta, pues hay muchas actividades, opiniones y actitudes que podemos tener en privado, pero nunca cuando sentimos que estamos siendo objeto de una observación, cuando nos situamos casi como si actuáramos en público. Supongamos que tratemos de escuchar la conversación que dos desconocidos mantienen en la calle, o en cualquier otro lugar público. Si nos acercamos, y si ellos perciben que nuestro interés es escuchar lo que están diciéndose, lo más probable es que disminuyan su tono de voz, que manifiesten algún grado de turbación o de enojo, y aun es posible que cesen en absoluto de conversar. Este tipo de reacción ante la presencia; de terceros debe tenerse en cuenta siempre que se pretenda utilizar esta técnica; para evitar tales perturbaciones se han elaborado dos procedimientos opuestos, que dan origen a dos tipos también diferenciados de observaciones.
Por un lado, para evitar inhibiciones o alteraciones en la conducta de los
sujetos observados, se tratará de pasar lo más desapercibido posible,
actuando de tal manera que el observador no aparezca con contornos nítidos
ante los observados, sino más bien como parte del "telón de fondo" de la
situación. Si logramos esto mediante un comportamiento discreto y
cuidadoso, contundiéndonos con el público en general, con actitudes y
posturas que eviten que la atención caiga sobre nosotros, lograremos
observaciones confiables y de buena calidad. Este es el tipo de
observación que suele llamarse simple .
La otra
forma posible de que las personas no se sientan observadas se orienta
hacia un procedimiento inverso: en este caso el observador, en vez de
pasar desapercibido, trata de integrarse a la acción de los observados, de
participar en ella como si se tratara de un miembro más del grupo que
realiza la acción. Por ello se denomina a esta técnica observación
participante. 4.1.
Observación simple y participante
La observación simple resulta útil y viable cuando se trata de conocer
hechos o situaciones que de algún modo tienen un cierto carácter público,
o que por lo menos no pertenecen estrictamente a la esfera de las
conductas privadas. Es factible mediante este procedimiento conocer
hábitos de compra, situándonos estratégicamente en los puntos de venta,
relevar formas de comportamiento político, mediante la asistencia a actos
de esa naturaleza, y conocer diversos aspectos de la conducta más
manifiesta de las personas observadas: hábitos de vestimenta, de
concurrencia a lugares públicos, de trato social, etc. Casi siempre sus
resultados apuntan a los aspectos más superficiales o visibles de la
realidad social, aunque no por ello pueda negarse su importancia.
La observación simple puede adquirir también un carácter indirecto,
si apelamos al auxilio de diversos instrumentos capaces de registrar
aspectos auditivos o visuales del problema de interés. El uso de vidrios polarizados, de cintas
magnetofónicas. filmadoras, cámaras de televisión y otros aparatos, es de
indudable valor por la confiabilidad de sus registros y por su exactitud;
es conveniente utilizar estos auxiliares siempre y cuando las
circunstancias lo permitan. En las ciencias naturales gran parte de los
datos recogidos provienen de instrumentos, que actúan como amplificadores
o intermediarios entre nuestros sentidos y los objetos investigados, y que
permiten tener acceso a informaciones que de otro modo estarían vedadas
para nosotros. Por supuesto, la presencia de tales medios auxiliares debe
plantearse de modo tal que no perturbe la acción o situación que se está
investigando, porque de lo contrario sus efectos serían más bien
contraproducentes.
La
observación participante, por otra parte, implica la necesidad de un
trabajo casi siempre más dilatado y cuidadoso, pues el investigador debe
primeramente integrarse al grupo, comunidad o institución en estudio,
para, una vez allí, ir realizando una doble tarea: desempeñar algunos
roles dentro del conjunto, a la par que ir recogiendo los datos que
procura conseguir. Es preciso por lo tanto confundirse con las personas
sobre las que recae la observación, como si se fuera una más de ellas,
pero sin abandonar la actitud observadora. Con esto se consigue ser
testigo de los hechos "desde adentro", y el observador no sólo puede
percibir las formas más exteriores de la conducta sino también
experimentar en carne propia las actitudes, los valores y los
comportamientos. Se añade así toda una dimensión emocional, una carga de
sentimientos vividos directamente que redunda en el enriquecimiento de los
datos obtenidos y que permite reunir un cuerpo de información variado y
completo, que por otra parte siempre es más confiable que el que se
obtiene por medio de entrevistas, ya que los hechos se observan a medida
que se producen, y tal como se producen.
La observación participante puede llamarse natural cuando el
observador pertenece al conjunto humano que investiga. Si un estudiante
quiere hacer observación participante entre estudiantes, prácticamente no
necesita hacer ningún esfuerzo para lograr su cometido, pues ya es
estudiante. En este tipo de trabajo la
observación se facilita grandemente, pues d observador no requiere ni de
un entrenamiento especial ni de una actitud cuidadosa frente a los actos
que produce.
La observación participante, en cambio, se denomina artificial,
cuando la integración del observador al grupo se hace con el objeto de
desarrollar un trabajo de investigación. Cuando la distancia social entre
observador y observado es poca la adecuación no es difícil. Así, en el
caso de que quisiéramos observar la conducta de un grupo de jóvenes de
clase media que se dedica al teatro, podríamos utilizar a algún observador
que también fuese joven, y del mismo origen social, que tuviera
inclinaciones por el arte, aunque no practicara, específicamente, el
teatro. Sus propias características personales le facilitarían la entrada
e integración al grupo, que se haría considerablemente más dificultosa en
el caso de que su distancia social respecto a él fuese mayor. No obstante,
aun en esas circunstancias puede utilizarse la observación participante,
cuando no se conciba otra técnica capaz de dar iguales resultados. Hay
etnólogos que han pasado períodos de hasta cuatro y cinco años conviviendo
en comunidades de la selva o de regiones aisladas, puesto que no había
otra forma factible de conocer a fondo las estructuras sociales y
culturales de dichos pueblos.
Para llegar a ser observador participante no se necesita llevar a cabo
exactamente las mismas tareas que realizan los otros miembros del grupo;
en lugar de ello puede hacerse: un intento de encontrar algún otro papel
que sea aceptable, sin que divulgue la verdadera finalidad del observador.
La observación participante puede variar desde una afiliación total al
grupo hasta una participación limitada, condicionada, tanto en cuanto al
tiempo como en cuanto a las funciones asumidas. En todos los casos el
observador que asuma este papel deberá cuidarse de su aspecto personal, de
sus gestos y ademanes, de las palabras y opiniones que expresa, para. no
aparecer ante los otros como un participante anómalo, porque esto puede
generar hacia él una actitud de desconfianza o un trato atípico, que
pueden llegar hasta a distorsionar completamente las acciones grupales.
Entre la observación simple y la participante no existe una línea demarcatoria precisa y fija. La observación sin
participación puede llegar a ser muchas veces "cuasi participante", cuando
el observador, accesoriamente, realiza algunas de las actividades
colaterales en que participa el grupo o conjunto en estudio.
En cuanto a las desventajas principales de la observación participante
debemos mencionar las siguientes: el excesivo compromiso que adopta el
observador frente al grupo puede llegar a provocar una identificación tan
intensa que altere su objetividad y distorsione su percepción, o que
acepte, dentro del grupo investigado, una sola de las posiciones posibles,
por lo que se restringe su posibilidad de captarlo como una totalidad.
Hasta aquí nos hemos referido al "observador", como si siempre se tratara
de un solo individuo. En la práctica, sin embargo, y cuándo es posible y
existen medios para ello, es conveniente efectuar las tareas de
observación colectivamente, para poder tener una mayor cobertura de los
sucesos, y para evitar los siempre posibles errores de percepción. Los
datos pueden ser así confrontados o cotejados luego de su obtención, para
enmendar errores o superar los vacíos que puedan existir. Cuando los
sucesos de interés se dan dentro de colectividades pequeñas o muy
sensibles es preferible reducir el número de observadores, pues una
presencia colectiva puede causar más daños que beneficios.
Por último debemos distinguir entre las observaciones que se hacen de
situaciones producidas espontáneamente, en la misma vida social, de las
que se llevan a cabo en situaciones controladas, experimentales, ya
preparadas. En este último caso se facilita grandemente la tarea de
seleccionar y registrar datos de valor. 4.2. Registro
y formalización de la observación
La tarea de observar no puede reducirse a una mera percepción pasiva de
hechos, situaciones o cosas. Hablábamos anteriormente de una percepción
"activa", lo cual significa concretamente un ejercicio constante
encaminado a seleccionar, organizar y relacionar
los datos referentes a nuestro problema. No todo lo que aparece ante el
campo del observador tiene importancia y, si la tiene, no siempre en el
mismo grado; no todos los datos se refieren a las mismas variables o
indicadores, y es precio estar alerta para discriminar adecuadamente
frente a todo este conjunto posible de informaciones.
Resulta además indispensable registrar toda observación que se haga, para
poder llegar luego a organizar lo percibido en un conjunto coherente. Para
ello es inevitable tomar algún tipo de notas, de apuntes que vayan
registrando todo lo percibido. Los medios más comúnmente utilizados para
registrar informaciones son: cuadernos de campo, diarios, cuadros de
trabajo, gráficos, mapas, etc. Sin entrar en detalles acerca de su uso y
de sus particularidades, debemos reconocer que todos ellos son auxiliares
valiosos pues nos permiten ir sistematizando y registrando un cúmulo de
datos tal que, en ningún caso, podríamos confiar a la memoria.
Sin embargo, el problema del registro puede llegar a ser sumamente
delicado cuando se trata de la observación de fenómenos de tipo social. En
muchas circunstancias es prácticamente imposible tomar notas durante el
transcurso mismo de la observación, pues ello originaría sospechas y
recelo, con lo cual se echarían por tierra todos los cuidados tomados. En
esos casos conviene recurrir a notas rápidas, casi taquigráficas, para
reducir en lo posible tal dificultad. En situaciones extremas no habrá más
remedio que confiar en la memoria, con todas las limitaciones que esto
inevitablemente supone. En tales casos lo recomendable es volcar por
escrito todo lo recordado apenas concluya la situación de observación, sin
dilación alguna. También se allana este inconveniente cuando los
observadores son varios, pues pueden redactar independientemente sus
informes para luego compararlos entre sí.
En cuanto a los datos a registrar aparecen varias posibilidades. Es
posible adoptar una posición flexible, recogiendo sólo aquellos datos que
van apareciendo, anotando las impresiones generales que causan los
sucesos, de una manera espontánea y poco organizada. Cuando así procedemos
hablamos de una observación no-estructurada o no formalizada,
que tiene la ventaja de su gran adaptabilidad frente a sucesos
inesperados y la capacidad de no pasar por alto
ningún aspecto importante que pueda producirse.
Cuando, por el contrario, establecemos de antemano toda una pauta de
observación que nos explicita detalladamente qué datos deberemos recoger
llamamos a la observación estructurada o formalizada. Aquí
la. ventaja principal es que recogemos datos que pueden cuantificarse más
fácilmente, debido a su homogeneidad, y que podemos tener la certeza de
que no hemos olvidado de registrar ninguno de los aspectos principales. Su
desventaja radica en su poca flexibilidad frente a circunstancias no
previstas, pero que pueden llegar a ser de sumo interés para la
investigación.
Naturalmente que pueden realizarse observaciones semiestructuradas,
detallando más o menos la pauta de observación según las necesidades y
posibilidades. La habilidad y experiencia de "un investigador se aprecian
también en su capacidad para confeccionar el instrumento más adecuado a
cada circunstancia. 5. La
entrevista
La entrevista, desde un punto de vista general, es una forma específica de
interacción social. El investigador se sitúa frente al investigado y le
formula preguntas, a partir de cuyas respuestas habrán de surgir los datos
de interés. Se establece así un diálogo, pero un diálogo peculiar,
asimétrico, donde una de las partes busca recoger informaciones y la otra
se nos presenta como fuente de estas informaciones.
La ventaja esencial de la entrevista reside en que son los mismos actores
sociales quienes nos proporcionan los da tos relativos a sus conductas,
opiniones, deseos, actitudes, expectativas, etc., cosas que por su misma
naturaleza es casi imposible observar desde fuera. Nadie mejor que la
misma persona involucrada para hablarnos acerca de todo aquello que piensa
y siente, de lo que ha experimentado.
Pero existe un inconveniente de considerable peso, que reduce y limita sus
alcances. Cualquier personas entrevistada podrá hablarnos de aquello que
le preguntemos, pero siempre nos dará la imagen que tiene de las cosas, lo
que cree que son, a través de toda su carga subjetiva de intereses,
prejuicios y estereotipos. La propia imagen que
el entrevistado tiene de sí mismo podrá ser radicalmente falsa y, en todo
Caso, estará siempre idealizada de algún modo, distorsionada, mejorada o
retocada según factores que no es el caso analizar, pero que no podemos
determinar .
Este problema nos obliga a dejar fuera de esta técnica a un campo
considerable de problemas y de temas que, por lo anterior, son explorados
mejor por medio de otros procedimientos que resultan más confiables. Por
otra parte nos obliga a utilizar, a veces, caminos indirectos, mediante
preguntas que alcancen nuestro objetivo elípticamente utilizando todo tipo
de rodeos. Es clásico el ejemplo de que las personas nunca contestan la
verdad respecto a sus ingresos personales en dinero ya sea disminuyéndolos
(ante el temor de estar frente a algún tipo de inspector de impuestos), o
aumentándolos (con fines de ostentación social). Tal como en este caso el
lector podrá imaginar una amplia variedad de preguntas a las que los
entrevistados sólo nos proporcionarían respuestas inexactas o
falsificadas, cuando no una reacción adversa que interrumpa toda
comunicación.
Para que una entrevista obtenga éxito es preciso prestar atención a una
serie de factores aparentemente menores, pero que en la práctica son
decisivos para un correcto desarrollo del trabajo. Así, es importante que
toda la apariencia exterior del entrevistador resulte adecuada al medio
social donde habrá de formular sus preguntas, evitando innecesarias
reacciones de temor, agresividad y desconfianza. El entrevistador, aparte
de este aspecto formal, deberá ser una persona de por lo menos una cultura
media, que comprenda el valor y la importancia de cada dato recogido, y la
función que su trabajo desempeña en el conjunto de la investigación.
Tendrá que ser mentalmente ágil, no tener prejuicios marcados frente a
ninguna categoría de personas y, sobre todo, ser capaz de dejar hablar
libremente a los demás, dejando de lado todo intento de convencerlos,
apresurarlos, o agredirlos por sus opiniones.
La entrevista deberá realizarse a las horas más apropiadas según las
características de la muestra, teniendo en cuenta que su posible duración
no afecte la confiabilidad de sus datos.
Queremos destacar que las entrevistas no son excluyentes frente a las
técnicas de observación vistas antes (4.), ya que ambos
procedimientos pueden ser combinados sin ninguna dificultad, tratando
precisamente de compensar sus ventajas y deventajas, y logrando así una
información mucho más cierta y amplia.
Parece apropiado, además, despejar aquí la confusión que siempre vincula a
entrevista con encuesta, como si se tratara de la misma
cosa. Acerca de ello debemos decir, una vez más, que la encuesta es un
modelo general de investigación, un diseño o método, que se apoya
fundamentalmente en la técnica de recolección que es la entrevista, aunque
también utiliza observaciones y datos secundarios. Por otra parte pueden
realizarse entrevistas en otros tipos de diseños, como estudios de caso,
experimentos, etc., sin que por ello estemos en presencia de una encuesta.
Pasando ahora a la clasificación de los diversos tipos de entrevistas
diremos que ellas pueden ordenarse como una serie, de acuerdo
principalmente aun elemento: su grado de estructuración o formalización.
Este concepto tiene aquí el mismo valor que el que le asignábamos al
estudiar la observación científica (ver 4.); de ese modo, las
entrevistas más estructuradas serán aquellas que predeterminan en una
mayor medida las respuestas a obtener, que fijan de antemano sus elementos
con más rigidez, mientras que las entrevistas informales serán
precisamente las que discurren de un modo más espontáneo, más libre, sin
sujetarse a ningún canon preestablecido. Ordenadamente, los distintos
tipos de entrevistas (que desarrollaremos en los subpuntos siguientes)
pueden representarse en el esquema representado más adelante.
5.1.
Entrevistas no estructuradas Dentro de ellas tenemos diversos tipos, que varían en cuanto a sus fines y grado de estructuración. De un modo general una entrevista no-estructurada (o también no formalizada), es aquélla en que no existe una estandarización formal, habiendo por lo tanto un margen más o menos grande de libertad para formular las preguntas y las respuestas. Las formas más conocidas son las que exponemos a continuación.
Entrevista informal: es la modalidad menos estructurada posible de
entrevistas ya que la misma se reduce a una simple conversación sobre el
tema en estudio. Lo importante no es aquí definir los límites de la
tratado ni ceñirse a algún tipo de esquema previo, sino "hacer hablar" al
entrevistado, de modo de obtener un panorama de los problemas más
salientes, de los mecanismos lógicos y mentales del respondente, de los
puntos básicos para él. Es de gran utilidad en estudios exploratorios y
recomendable cuando se trata de abordar realidades poco conocidas por el
investigador. También suele utilizarse en las fases iniciales
-aproximativas- de investigaciones de cualquier naturaleza, recurriendo a
informantes claves que pueden ser expertos sobre el tema en estudio,
líderes formales o informales, personalidades destacadas, etc. Lo
principal aquí es dar la completa sensación al entrevistado de que puede
hablar libremente, alentándolo y estimulándolo cautamente, para evitar
influirlo con nuestras actitudes.
Entrevista focalizada: es prácticamente tan libre y espontánea como
la anterior, pero se caracteriza por tratar sobre un único tema. El
entrevistador deja hablar al entrevistado, proponiéndole apenas algunas
orientaciones pero, cuando éste se desvía del tema original y se desliza
hacia otros distintos, el entrevistador vuelve a centrar la conversación
sobre el primer asunto, y así repetidamente. Se emplean normalmente en
situaciones experimentales, con el objeto de explorar a fondo alguna
experiencia vivida en condiciones precisas. También es la forma más
utilizada cuando nuestros informantes son testigos presenciales de hechos
de interés, por lo que resulta adecuado a la vez insistir sobre los
mismos, pero dejando entera libertad para captarlos en toda su riqueza.
Esto ocurre también cuando se trata de interrogar a los actores
principales de ciertos hechos o a testigos históricos. Tal tipo de
entrevista requiere de gran habilidad en su desarrollo para evitar tanto
la dispersión temática como las formas demasiado estructura das de
interrogación.
Entrevistas por pautas: son aquellas, ya algo más formalizadas, que se guían por una lista de puntos de interés, que se irá explorando en el curso de la entrevista. Los temas deben guardar una cierta relación entre sí. El entrevistador, en este caso,
hace muy pocas
preguntas directas, y deja hablar al respondente siempre que vaya tocando
algún tema de los señalados en la pauta. En el caso de que éste se aparte
de ellos o que no toque alguno de los puntos en cuestión el investigador
llamará la atención sobre ellos, aunque tratando siempre de preservar la
espontaneidad de la interacción. Se usa en situaciones parecidas a las
anteriores y cuando se presentan casos en que los sujetos investigados
prefieren más un desarrollo flexible que uno rígido por sus propias
actitudes culturales o necesidades personales.
Todas estas formas de entrevistas, que tienen en común su poca
formalización, poseen la ventaja de permitir un diálogo más profundo y
rico, de presentar los hechos en toda su complejidad captando no sólo las
respuestas a los temas elegidos sino también actitudes, valores, formas de
pensar que subyacen en el entrevistado. Su principal inconveniente radica
en que es poco práctico sistematizar un gran número de entrevistas de este
tipo, organizándolas estadísticamente, pues pueden tener muy pocos puntos
de contacto entre sí. Otra dificultad que no debe omitirse es su costo,
pues involucran la presencia del personal especializado durante tiempos
relativamente largos. Los problemas de registro pueden ser importantes,
pues existe un gran número de palabras que es casi imposible registrar en
su totalidad. Pueden utilizarse grabadores para solventar este
inconveniente, aunque es preciso determinar previamente si la presencia de
tales aparatos puede llegar o no a cohibir a los informantes.
5.2.
Entrevistas formalizadas
Estas se desarrollan en base a un listado fijo de preguntas, cuyo orden y
redacción permanece invariable; comúnmente se administra a un gran número
de entrevistados para su posterior tratamiento estadístico. Por este
motivo es la forma de recolección de datos más adecuada para el diseño
encuesta, tanto que a veces provoca confusiones entre instrumento y
método.
Entre sus ventajas principales mencionaremos su rapidez, su posibilidad de
ser administradas por personas con mediana preparación, etc., todo lo cual
redunda en su bajo costo. Otra ventaja evidente es su posibilidad de
procesamiento matemático, ya que al guardar homogeneidad sus respuestas
resultan comparables y agrupables. Su desventaja mayor estriba en que
reducen grandemente el campo de información registrado, ya que se limitan
a una lista taxativa de preguntas. Esta lista de preguntas, que es el instrumento concreto de recolección empleado en este caso, recibe el nombre de cuestionario, y puede ser administrado sin que necesariamente medie una entrevista (ver 6.). Debe ser cuidadosamente redactado, evitando repeticiones, preguntas confusas o de doble sentido, y tratando de conservar un orden lógico lo más riguroso posible.
Pueden lograrse entrevistas con cuestionarios que resulten más o menos
estructurados, según el tipo de preguntas que allí se incluyan. Para ello
suelen dividirse las preguntas en dos grandes tipos: a) de alternativas
fijas; b) de final abierto.
Las preguntas de alternativas fijas, llamadas comúnmente cerradas,
formalizan más el cuestionario, pues en ellas sólo se otorga al
entrevistado la posibilidad de escoger entre un número limitado de
respuestas posibles. Si se pregunta "¿Cree Ud. en los OVNIS, sí o no?",
estaremos ante una típica pregunta cerrada. No importa la cantidad de
alternativas ofrecidas, sean éstas dos, tres, o veinte, si el respondente
no puede elegir una respuesta que esté fuera de la lista, la pregunta se
habrá de considerar cerrada. Hay que tener sumo cuidado en la redacción de
estas alternativas, procurando especialmente que ellas sean exhaustivas y
mutuamente excluyentes, tal como ocurría para la confección de escalas
(consultar INDICADORES E ÍNDICES 2.
para mayor información al respecto).
Las preguntas de final abierto, llamadas simplemente abiertas,
proporcionan una variedad más amplia de respuestas pues ellas pueden ser
expresadas libremente por el respondente. Su redacción debe ser también
muy cuidadosa para evitar respuestas confusas o erróneas. Un ejemplo de
este tipo sería preguntar "¿qué opina Ud. acerca de los OVNIS?"; como
puede verse, la respuesta aquí puede ser infinitamente variada, según la
opinión de cada persona consultada. La información que se obtendrá será
mucho más completa y valiosa con esta pregunta que con el ejemplo
anterior, pero el trabajo de procesamiento de los datos, en compensación,
habrá de ser también mucho mayor.
Una vez que se redacta el conjunto de preguntas que constituyen un
cuestionario es necesario revisar éste una y otra vez para asegurarse de
su consistencia y eliminar los posibles errores u omisiones. En muchos
casos se acostumbra a realizar lo que se llama una prueba piloto, que
consiste en administrar el cuestionario aun conjunto reducido de personas
para calcular su duración, conocer sus dificultades y corregir sus
defectos, antes de aplicarlo a la totalidad de la muestra.
Durante las entrevistas se utilizan frecuentemente ayudas visuales (fotografías, esquemas, tarjetas con frases o
palabras, etc.), que contribuyen a veces a obtener conocimientos mas
completos y que, en otros casos, cumplen la función de preservar la
objetividad, evitando que la forma en que se pronuncia o describe algo
introduzca un rasgo subjetivo en las respuestas. 6. El cuestionario autoadministrado
Decíamos antes que el cuestionario, instrumento indispensable para llevar
a cabo entrevistas formalizadas, puede, sin embargo, usarse
independientemente de éstas. En tal, caso se entregará al respondente
dicho cuestionario para que éste, por escrito, consigne por sí mismo las
respuestas. Por la similitud de instrumentos empleados esta técnica puede
considerarse como una derivación o forma muy particular de la entrevista,
aunque es claro que no se trata de una entrevista, pues no existe allí el
elemento de interacción personal que la define.
La ventaja principal de tal procedimiento radica en la gran economía de
tiempo y personal que implica, ya que los cuestionarios pueden enviarse
por correo, dejarse en algún lugar apropiado, o pueden administrarse a
grupos reunidos al efecto. Otra ventaja es que la calidad de los datos
obtenidos se incrementa pues, al desaparecer la situación de interacción,
se eliminan las posibles distorsiones que la presencia del entrevistador
puede traer, ya sea por la forma de hablar, de enfatizar palabras u
oraciones, de dirigir inconscientemente las respuestas, o ya sea por su
misma presencia física, que puede retraer o inhibir al entrevistado.
Su desventaja está en que se impide de esta forma conocer las reacciones
reales del informante ante cada pregunta, lo que de otro modo resulta
perceptible mediante la observación. También las confusiones y
malentendidos pueden multiplicarse, pues no existe la posibilidad de
consultar sobre dudas o de orientar una respuesta hacia su mayor
profundización o especificación. Otro inconveniente es que, en ciertos
casos, el respondente puede consultar con otras personas antes de expresar
sus opiniones con lo que se pierden la espontaneidad e individualidad
imprescindibles.
Su empleo se hace útil en aquellos casos en que es factible reunir de una sola vez a un cierto número de personas (como
en el caso de escuelas, centros laborales, etc.), contando con el
asesoramiento de algún personal que se ubique para responder las dudas y
ejemplificar casos confusos. También se hace conveniente este sistema
cuando, por el tipo de información, pueden haber omisiones o falsedades
deliberadas ante un entrevistador. Tales casos se presentan en
cuestionarios sobre salud, problemas sexuales, experiencias con drogas,
comisión de delitos, etc. Si además hacemos de la respuesta algo anónimo
los problemas más graves al respecto habrán desaparecido. Antes de
finalizar queremos agregar que muchas personas adoptan una actitud
irresponsable o pierden el interés frente a cuestionarios
autoadministrados, lo que es otro factor negativo para esta técnica.
7. Otras técnicas para recolectar datos primarios
Las ciencias sociales han desarrollado ya una gran variedad de
instrumentos y técnicas encaminadas a la recolección de datos, que
difieren en bastante medida de las ya descriptas. Pero, en esencia, tales
procedimientos no pueden considerarse sino como derivaciones específicas
de las técnicas anteriores, como veremos seguidamente.
Un instrumento interesante por sus aplicaciones a la Dinámica de Grupos es
el sociograma, diseñado por F. Moreno. Consiste en un gráfico en
que se expresan las atracciones y repulsiones que los miembros de un
determinado grupo sienten entre sí, siendo por ello de suma utilidad para
detectar fenómenos tales como liderazgo, existencia de sub-grupos internos
y anomia. Se construye pidiendo a cada miembro que señale las personas que
más congenian consigo y las que menos le atraen. Esta información se
recoge mediante el uso de breves cuestionarios de dos o tres preguntas y
luego es procesada para construir el diagrama correspondiente, donde se
señalan con símbolos apropiados las relaciones solicitadas.
Los test psicológicos emplean una gran variedad de técnicas específicas, que se combinan según los objetivos deseados. Una gran proporción de ellos acude a la formulación de preguntas ya anotadas en algún cuestionario apropiado, que es el test mismo, y que se autoadministra. En otros casos se propone a las personas o grupos la realización de ciertas actividades pautadas, observándose su desarrollo. Se registra el tiempo empleado en su ejecución, las reacciones que se produce, la forma de desempeño de roles, etc. Desde un punto de vista general estos test se pueden considerar como observaciones realizadas en condiciones artificiales, preparadas y definidas de antemano. Para el caso de analfabetos existen instrumentos similares, pero que se desenvuelven exclusivamente por medio de la técnica de la entrevista.
Las técnicas proyectivas se basan en presentar algún estímulo definido a los sujetos en estudio, para que ellos expresen libremente, a partir de estos estímulos, lo que piensan, ven o sienten. Generalmente se trata de dibujos, manchas, fotografías, etc., aunque también se apela a veces a estímulos verbales o auditivos. La recolección de datos, normalmente, se hace por medio de entrevistas poco formalizadas.
Otras técnicas de interés son las escalas y los diferenciales semánticos, que pueden combinarse exitosamente con las entrevistas formalizadas. Para el caso de las escalas se pide al entrevistado que sitúe su opinión o actitud en una escala gráfica, que adopta, (ver gráfico), la siguiente forma:
Se trata de
un segmento, de dimensiones fijas y conocidas, sobre el cual deberá
marcarse algún signo que indique la posición en que el entrevistado se
sitúe. En el caso del ejemplo una posición totalmente favorable coincidirá
con el extremo izquierdo y una totalmente desfavorable con el derecho.
Midiendo luego la distancia en centímetros que separa a la marca hecha por
el respondente respecto a uno cualquiera de los extremos se podrá obtener
un valor numérico. que corresponde aun punto determinado de la escala.
También es posible marcar en el segmento las posiciones intermedias o
utilizar cualquier otro recurso gráfico que no sea un simple segmento:
caras serias o alegres, termómetros, rectángulos, y todo aquello que puede
reflejar una gradación, y que resulte atractivo a la vez que preciso. En
los diferenciales semánticos lo que aparece en cada posición son oraciones
que señalan conductas o actitudes típicas entre las cuales el entrevistado
podrá escoger la que más coincide con sus opiniones.
8. Los datos
secundarios
Los datos secundarios suelen encontrarse diseminados, ya que el material
escrito corrientemente se dispersa en múltiples archivos y fuentes de
información. Pese a esto las bibliotecas son la mejor opción que se
presenta al investigador, en especial en cuanto se refiere a libros,
revistas científicas y boletines informativos. Tampoco deben dejarse de
registrar otros lugares que pueden reunir información de este tipo:
archivos y bibliotecas privadas, de organismos e instituciones estatales o
de empresas, librerías, puestos de venta de periódicos, etc.
Las bibliotecas ofrecen tres tipos de ficheros que, si son adecuadamente
usados, proporcionan un cuadro completo de la información existente sobre
un tema.
Los ficheros por autor están ordenados alfabéticamente según el
nombre de cada uno de ellos, con lo que es posible informarse de toda la
bibliografía que puede consultarse sobre un determinado autor. Los
ficheros temáticos ordenan las obras de acuerdo a una lista
internacional y normalizada de temas y subtemas, lo que nos permite
obtener un cuadro bastante completo de las obras existentes sobre el
asunto de nuestro interés. Finalmente existen ficheros ordenados
alfabéticamente de acuerdo a los títulos de los libros, lo que hace
factible encontrar los trabajos de autores cuyos nombres no recordamos.
Habiendo llegado a conocer la información disponible que resulte oportuna
para nuestras investigaciones, el próximo paso será el de leer rápidamente
la misma para calibrar su grado de interés y pertinencia, efectuando una
primera selección.
Es muy probable que, al ir revisando las obras, encontremos en ellas aspectos de interés que debamos o podamos emplear más adelante. Para recoger esta información, el instrumento de recolección de datos que se utiliza es la ficha.
Las fichas suelen dividirse, según sus características, en cuatro tipos
diferentes: bibliográficas, textuales, de contenido y mixtas. Todas ellas
constan de algunos elementos comunes, que posibilitan su posterior
inclusión en los trabajos de investigación. Estos son:
-Nombre del autor o autores -Título de la
obra -Editorial que la
publicó -Lugar y año de
la edición
Las fichas de tipo bibliográfico son una simple guía para recordar
cuáles libros o trabajos han sido consultados o existen sobre un tema, y
sólo poseen los cuatro elementos citados anteriormente. Las fichas
textuales, además de poseer tal encabezamiento, constan de párrafos
o trozos seleccionados que aparecen en la obra, o de estadísticas,
cuadros, etc. Estos fragmentos se repiten exactamente tal como han sido
escritos, sin la menor alteración, para respetar el trabajo creador de
quien estamos citando. Las frases presentadas en las citas textuales deben
encerrarse entre comillas. Las fichas de contenido, aparte de
poseer los datos de referencia comunes a toda ficha, consisten en
resúmenes o síntesis de párrafos, capítulos o aun de la obra toda. Es
conveniente incluir en ellas el número de las páginas o capítulos
resumidos, así como el índice general de la obra o un extracto del mismo.
Estas fichas también se denominan fichas de resumen. Las fichas
mixtas se elaboran integrando a la vez información textual y de
libre creación del investigador. Resultan las más útiles y adaptables,
aunque su realización exige algo más de criterio que la de las anteriores.
Debemos advertir que las fichas pueden construirse en forma libre,
adecuándolas a nuestros fines de trabajo, siempre y cuando anotemos de
cada trabajo sus referencias básicas y seamos fieles al transcribir o
sintetizar a los autores consultados. Es importante también manejar el
material con orden y prolijidad porque de otro modo las tareas de
ordenamiento de los datos y análisis se hacen muy difíciles y engorrosas;
esto no quiere decir que debamos convertir la tarea de recolección
de datos bibliográficos en una actividad
formalista, recargada de minuciosidades que en nada aportan al desarrollo
de un trabajo. Una vez concluido el trabajo de fichado de las fuentes se estará en condiciones de continuar con las operaciones propias del diseño bibliográfico: cotejo y evaluación de fuentes, análisis, síntesis y redacción (ver LOS DATOS Y SU PROCESAMIENTO 5., donde se continúa con este proceso).
|
||||||
|
webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
||||||