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Nasdaq Compos
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FTSE
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Nikkei 225
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Hang Seng
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IGPA
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G. Madrid
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0,785 | | |
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Por Nino Fernández |
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El desafío de la innovación |
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10-05-05
Los que conocen
del tema no tienen dudas: la innovación es una
asignatura pendiente en la mayor parte de las Pymes de
este país. En tiempos de globalización esta carencia se
traduce en una amenaza a la continuidad de las empresas,
incluso tratándose de sectores más o menos protegidos.
El gurú del management John Naissbitt
señala que cuanto más crezca la economía mundial, más
chicas serán las empresas, y cuanto mayor sea la
integración regional, más pequeños los nichos de
mercado. Para este especialista, “sólo las pymes
flexibles y con poder de innovación serán las dueñas del
futuro”.
Se sabe que la primera de las
condiciones que reclama Naissbitt es una característica
intrínseca de las Pymes, pero en el caso de las empresas
locales, la segunda condición figura claramente en la
columna del “debe”.
Gustavo Tondi,
Director Ejecutivo del Centro de Estudios de la
Pequeña y Mediana Empresa de la Facultad de Ciencias
Económicas de la UBA (CEPyMECE), sostiene que
“muchas de las PyMES locales tienen grandes problemas en
el día a día, en los aspectos financieros del negocio,
la comercialización de sus productos o servicios y la
cobranza, entre otros.
Así, es muy difícil que
puedan reconocer la necesidad de innovar para crecer y/o
ser más rentables”.
No obstante, Tondi reconoce
la existencia de un “pequeño grupo de pequeños y
medianos empresarios que han apostado a la innovación en
el largo plazo como ventaja comparativa, para competir
en el mercado local e internacional”
Según el
libro Apertura e Innovación en la Argentina, de
un grupo de investigadores de Redes y la Universidad
Nacional General Sarmiento (UNGS), en 1996 el 44% de
las Grandes Empresas relevadas calificaban como
innovadoras, mientras que sólo el 21% de las Pymes
alcanzaban esa condición.
Gabriel
Yoguel, uno de los compiladores del trabajo, no cree
que este panorama haya variado en los últimos años,
aunque admite que los efectos de la devaluación y la
sustitución de importaciones en este tema no suelen
verse en el corto plazo.
“Las Pymes fueron
perjudicadas por la reestructuración de la mayor parte
de las redes productivas en los 90. Por ejemplo, en el
sector automotriz fueron desplazadas por proveedores de
subsistemas y conjuntos que muchas veces no los incluían
debido al origen importado”, señala.
Otro
dato relevante de aquel trabajo es que, con relación
a su facturación, las firmas más chicas invertían más en
innovación que las grandes, lo cual está en línea
con el mayor nivel de elaboración que alcanzaron luego
las exportaciones de las pequeñas empresas respecto al
resto.
El último trabajo del CEP (Centro de
Estudios para la Producción) revela que la tonelada
exportada por las pequeñas empresas durante el año
pasado cotizó a un precio promedio de 943 dólares; en
tanto que en el caso de las medianas el valor fue de 608
dólares y en las grandes empresas de 353.
Innovación permanente
Una estrategia
innovadora supone la implementación de actividades de
Investigación y Desarrollo (I +D), sobre todo en lo
referente a productos y procesos; incorporación de
bienes de capital, transferencia de tecnología,
ingeniería de proyectos, capacitación y asistencia
técnica a la producción, entre otras.
Para
algunos especialistas, la innovación permanente es la
clave de una competitividad sustentable.
De
esta forma, las empresas cortan la dependencia
competitiva de variables que hoy pueden servir y mañana
no, como un tipo de cambio favorable o salarios
deprimidos.
Pero a juzgar por las estadísticas
la vocación innovadora en la Argentina está reservada
para unos pocos.
Entre las principales causas de
esta carencia figuran la histórica brecha que ha
separado a las empresas de instituciones como la
Universidad, el INTI y la CONAE, por citar algunas.
La responsabilidad es compartida entre el Estado
y el sector privado. En el primer caso por los magros
presupuestos para Ciencia y Tecnología (CyT), un área de
enorme gravitación en cualquier estrategia innovadora.
Una rápida comparación pinta de cuerpo entero
esta realidad, que por cierto intenta revertirse en el
último tiempo: el gasto público promedio de los diez
últimos años en CyT, se ubicó en torno al 0,32% del PBI
cuando en Brasil ha sido del 1,16%, en Chile del 0,64% y
en España del 2,30%. La situación se agrava porque en la
Argentina la participación del sector privado en el
gasto en C y T es de solo el 17%, contra el 31% de
Brasil; 47% de Canadá, 48,5% de Francia y el 62% de
EEUU.
“Un axioma general del mundo
industrializado afirma que los países crecen mejor
cuanto más valor agregado poseen sus productos. Por eso
allí se prioriza la competencia a partir de la
innovación, que permite apropiarse de una renta
monopólica por un tiempo”, dice Ricardo
Ferraro, miembro del directorio del INTI.
Esto significa que tarde o temprano el innovador
puede enfrentar la aparición de competidores con su
‘propia receta’, que le van a disputar el nicho de
mercado. Llegado ese momento debería buscar nuevas
fórmulas para diferenciarse.
Las excepciones
Firmas como La Salamandra, que en su
momento innovó en el packaging (le agregó un sombrero de
arpillera a la tapa del frasco de dulce de leche) y en
el producto (fabricó mozzarella de leche de búfala), o
Guenguel, una empresa textil de Chubut, que
incorporó la fibra del guanaco a su producción, son
claros ejemplos de la relación entre estrategia
innovadora y capacidad competitiva.
Sobre esto
‘Apertura e Innovación...’ hace un aporte significativo:
el grupo de empresas innovadoras, que constituye el
28% de la encuesta sobre la que se basa el trabajo,
explica el 50% del total de las ventas internas y
externas y el 47% del empleo. En tanto las empresas NO
innovadoras - el 36% de la muestra – representan el 11%
de las ventas; el 8,2% de las exportaciones y el 15,3%
del empleo
“Lo ideal sería que las Pymes
aprovechen este período de tipo de cambio real elevado
para innovar y generar fuertes ganancias de
productividad que les permita competir en un escenario
de tipo de cambio real intermedio”, sugiere Yoguel.
Sin embargo, advierte el especialista, la
estrategia innovadora de las Pymes no se puede despegar
de las grandes firmas con las que están vinculadas, ni
de las instituciones y tampoco de los sistemas
territoriales en los que actúan.
Industrias Delgado, una fábrica de
espárragos roscados y bulonería especial, integrante de
la cadena de proveedores del Grupo Techint, ha
empezado a comercializar un tornillo recubierto en
poli-tetrafluoretileno (teflón), que asegura una barrera
anticorrosiva y es de fácil desarme tras prolongados
tiempos de uso.
Para Luis Aníbal Delgado,
presidente de la firma, el logro fue posible gracias “a
una exhaustiva capacitación de los recursos humanos en
innovación tecnológica, la vinculación con el INTI y
todo el aporte de Techint, en ensayos de laboratorio,
desarrollo de mercados y asesoramiento en patentes y
transferencia de tecnología”.
Si se trata de
ubicar los sectores más activos en innovación, Gustavo
Tondi se inclina por citar los casos de las
tecnologías de la información, la biotecnología y
algunos tipos de servicios, “que muestran marcadas
tendencias innovadoras”.
Por su parte, la
economista Verónica Cesa, que ha publicado trabajos de
investigación sobre el sector de la alimentación,
asegura que esta industria “se sitúa cerca de la
frontera tecnológica, lo que la convierte en una
industria madura”.
Pero puesta la lupa sobre
los rubros de la alimentación más dinámicos en materia
de innovación se verá que no todos son Pymes intensivos.
“La expansión de la demanda, tanto interna como externa,
impulsó el crecimiento de la producción sobre todo en
lácteos, aceites, vitivinicultura y carnes, lo que llevó
a retomar el dinamismo innovador, fundamentalmente a
través de la incorporación de bienes de capital”, dice
Cesa. |
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