43. Beato Josemaría Escrivá de Balaguer
(1902-1975) Nació
en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902. Fue ordenado sacerdote en Zaragoza
el 28 de marzo de 1925.
El 2 de octubre de 1928, en Madrid, fundó por inspiración divina el Opus Dei,
que ha abierto a los fieles un nuevo camino de santificación en medio del
mundo, a través del ejercicio del trabajo profesional ordinario y en el
cumplimiento de los propios deberes personales, familiares y sociales, siendo así
fermento de intensa vida cristiana en todos los ambientes. El 14 de febrero de
1930, el Beato Josemaría entendió, con la gracia de Dios, que el Opus Dei debía
desarrollar su apostolado también entre las mujeres; y el 14 de febrero de 1943
fundó la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, inseparablemente unida al Opus
Dei. El Opus Dei fue aprobado definitivamente por la Santa Sede el 16 de junio
de 1950; y el 28 de noviembre de 1982 fue erigido como Prelatura personal, que
era la forma jurídica deseada y prevista por el Beato Escrivá.
Con oración y penitencia constantes, con el ejercicio heroico de todas las
virtudes, con amorosa dedicación e infatigable solicitud por todas las almas, y
con una continua e incondicionada entrega a la Voluntad de Dios, el Beato
Josemaría impulsó y guió la expansión del Opus Dei por todo el mundo.
Cuando rindió su alma a Dios, el Opus Dei estaba ya extendido en los cinco
continentes, y contaba con más de 60,000 miembros de 80 nacionalidades al
servicio de la Iglesia, con el mismo espíritu de plena unión y veneración al
Papa y a los Obispos, que vivió siempre el Beato Josemaría Escrivá.
La Santa Misa era la raíz y el centro de su vida interior. El hondo sentido de
su filiación divina, mantenido en una continua presencia de Dios Uno y Trino,
le movía a buscar en todo la más completa identificación con Jesucristo, a
tener una tierna y fuerte devoción a la Sma. Virgen y a San José, a un trato
habitual y confiado con los Santos Angeles Custodios, y a ser sembrador de paz y
alegría por todos los caminos de la Tierra.
Había ofrecido su vida, repetidas veces, por la Iglesia y por el Romano
Pontífice. El Señor acogió ese ofrecimiento, y entregó santamente su alma a
Dios, en Roma, el 26 de junio de 1975. Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II el
17 de mayo de 1992. Sus restos reposan en la Iglesia Prelaticia de Santa María
de la Paz, en Roma.
* Mons. Escrivá predicó “la santificación a través del trabajo
ordinario". Haz el propósito de hacer hoy tu trabajo con profesionalidad y
alegría