41. La Natividad de San Juan Bautista
Nació en
Judea, seis meses antes de que naciera Cristo. Su nacimiento fue milagroso,
porque un ángel lo anunció a sus padres, ya ancianos.
Seguramente recibió una esmerada educación al estilo judío, puesto que su
padre, Zacarías, era un sacerdote israelita. Este, inspirado por el Espíritu
Santo, había vaticinado que Juan "sería profeta del Altísimo e iría
delante del Señor para preparar sus caminos". Lc. 1,76
Siguiendo su vocación profética extraordinaria, Juan se retiró desde muy
joven al desierto, en donde llevó una vida de gran austeridad: vestía pieles
de camello, se alimentaba de langostas y miel silvestre y, sobre todo, vivía
entregado a la oración.
Muy pronto, hacia el año 26 o 27 de nuestra era, comenzó a predicar la
sincera conversión a Dios, no sólo a los pecadores declarados y públicos,
sino también a los encubiertos, que se consideraban intachables, como los
fariseos y doctores de la ley. Las muchedumbres acudían en tropel a escuchar su
predicación y en señal de sincera conversión se hacían bautizar, es decir,
que recibían de manos de Juan un baño en las aguas del Jordán, para
simbolizar el sincero deseo de purificarse de sus pecados. También Jesucristo
fue a hacerse bautizar por Juan. Este, iluminado por el Espíritu Santo, lo
reconoció como quien era, el Mesías, el Hijo verdadero de Dios. Tembloroso, el
Bautista se negaba a bautizarlo. Pero Jesús insistió por su profunda humildad
y Juan se resignó a hacerlo. Cuando se abrieron los cielos y descendió el
Divino Espíritu en forma de paloma sobre el Mesías, y se escuchó la voz del
Padre; Juan se sintió en el colmo de la felicidad: el Mesías, Hijo de Dios, se
había manifestado esplendorosamente ante sus ojos y los de sus discípulos.
Varios de estos,
como Andrés, Simón, Juan, Felipe, Natanael siguieron a Jesús y recibieron el
nuevo bautismo "en el Espíritu y en el fuego", bautismo verdadero que
no era un símbolo, como el de Juan, sino un sacramento que perdona los pecados
y hace hijos de Dios.
Juan el Bautista dio testimonio con su vida y con su muerte de que sin la
Penitencia y genuina conversión no es posible creer en Jesús el
Cristo, El Hijo de Dios.
* El día de hoy, cuida de dar disculpas por tus errores. Si te llaman la atención
por alguna falta, acéptala sin molestarte.