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48. Beato Junípero Serra, Beato Damián de Veuster , San Simeón, San Teodorico...

Beato Junípero Serra, sacerdote (1713-1784)

Miguel José Serra nació en la isla de Mallorca, España. Tomó el nombre de Junípero al entrar a la Orden Franciscana en 1730. Ordenado sacerdote en 1737, enseñó filosofía y teología en la Universidad de Padua. A los 37 años fue a México, donde gastó generosamente su vida en la evangelización de los habitantes del continente. Con gran celo apostólico recorrió el noroeste de México y el sur de los Estados Unidos, fundando 21 misiones desde donde irradió mucho bien. No puede pasarse por alto el enorme sacrificio de aquellas caminatas, con el deseo de hacer el bien, que nos anima a desplazarnos a donde sea necesario para cumplir con nuestro deber.

Beato Damián de Veuster (1840-1889)

Lo llaman “el leproso voluntario” porque con tal de atender a los leprosos que estaban en total abandono, acepto la posibilidad de contraer la enfermedad, de la cual, efectivamente, murió.

Nació en Bélgica de padres campesinos y fue enviado a Bruselas a estudiar. A los veinte años pidió permiso a sus padres para entrar de religioso en la comunidad misionera de los Sagrados Corazones.

En 1863 zarpó hacia Hawai donde fue ordenado sacerdote. Allí se dio cuenta de que los leprosos de las islas eran enviados a la Isla de Molokai donde vivían en condiciones infrahumanas, olvidados de todos. Pidió a sus superiores lo enviaran allí, y empezó su misión que duraría toda su vida hasta que cayó víctima de la temible enfermedad, pues no se desdeñaba de fumar en la misma pipa que los leprosos. Logró formar una clínica donde se curaban numerosos enfermos, ayudaba a los habitantes a construir sus casas, a crear pequeñas fuentes de trabajo y les organizaba sanas diversiones, como una banda de música.

Cuando enfermó, comentaba a sus queridos fieles: “No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo agradable a Dios”.
Murió el 15 de abril de 1889 y fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1994.

San Simeón, confesor (+ c.590)

Una de las figuras más extrañas del santoral es la de este hombre de Oriente que se convierte en anacoreta en el mismo paisaje sagrado que conoció a Jesucristo. Simeón, llamado “ el loco”: profeta, taumaturgo, excéntrico escandaloso, payaso, comparte su vida con los mendigos y las prostitutas, deshechos de la sociedad, riéndose de todo y de todos, como para hacernos ver que la vida sería una gigantesca broma que solo tiene sentido si sabemos vivirla con amor de Dios y con buen humor.

San Teodorico (+533)

Hijo del noble señor Marcard, que con todo era salteador de caminos, Teodorico se dio cuenta el mismo día de su boda que tenía vocación religiosa. San Remigio, obispo de Reims, le encargó de fundar el monasterio en el Mont d´Or del cual fue su primer abad. Uno de los días más felices de su vida fue cuando vio llegar a su padre que se había convertido y pedía entrar al noviciado. Uno de sus milagros más comentados fue el de curar, con solo tocarlo, el ojo de Teodorico I que tenía totalmente dañado.

San Servando (s.VI o VII)

Evangelizó la costa oriental de Escocia y allí fundó un monasterio sobre el emplazamiento de la actual villa de Culrose, condado de Fife. Siempre vivieron los monjes en la más absoluta pobreza, tanto que hubo años que ni siquiera podían celebrar dignamente la Navidad.

* Propónte preparar tus vacaciones de forma que todo mundo disfrute, pero sin perder espiritualmente lo ganado durante el año.

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