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35. Santa Isabel de Shönau, Santa Juliana y Beata Osanna
Santa Isabel
de Shönau
(1129-1165) Ingresó al monasterio benedictino cerca de Francfort, Alemania. Se
sabe algo de su vida gracias a cuatro libros que escribió donde relata los
espantosos años de pruebas que vivió, con aridez espiritual, hastío y fortísimas
tentaciones de dudas sobre la fe, hasta el punto de creerse abandonada de Dios.
La prueba terminó con una aparición de la Virgen y otras visiones y éxtasis místicos.
Por su vida santa de fe y de servicio a sus hermanas, recibió culto desde la
hora de su muerte.
Santa Juliana de Falconieri
(1270-1341) Esta santa tuvo la dicha de ser sobrina de un santo (San Alejandro
de Falco-nieri) y de tener un director espiritual santo: San Felipe Benicio.
Nació en Florencia de familia acaudalada, y fue hija única. Habiendo muerto el
padre cuando ella era muy pequeña, la mamá y el tío le prepararon un honroso
matrimonio pero ella les hizo saber que había tomado la decisión de quedarse
soltera y dedicar su vida a la oración, a la caridad y al apostolado. Recibió
el distintivo de Terciaria de los Siervos de María, que era un manto o pañoleta
sobre la cabeza. Ella siguió viviendo en su casa pero observando una conducta
como la de una fervorosa religiosa. A otras les agradó este modo de vivir su
vida cristiana y siguieron su ejemplo. Eligieron como superiora a Juliana y su
asociación se llamó “Siervas de la Virgen María”.
Los que tuvieron trato con ella estuvieron de acuerdo en que su amabilidad y su
caridad, siempre buscando el bien de los demás, eran extraordinarias. Muchos
pecadores se convirtieron después de tener una charla con Juliana, la de la
“pañoleta”.
En su última enfermedad, al no poder ya pasar la hostia, pidió a Nuestro Señor
le permitiera comulgar una última vez y pidió al sacerdote colocara la hostia
sobre un lienzo puesto sobre su corazón. La hostia desapareció y Juliana
falleció en ese momento con una sonrisa de inmensa alegría. Después
encontraron una cicatriz en forma de hostia en su pecho, y por eso las Siervas
de la Virgen María llevan al lado del corazón una medalla con la Santa Hostia
grabada
Beata Osanna
(1449-1505) Pasó toda su vida recluida en su palacio entre terribles
sufrimientos y gracias extraordinarias, unos y otros invisibles a los ojos de
los hombres. Su confesor reveló después de su muerte que se le abrían a
Osanna heridas interiores que venían renovar en su cuerpo los dolores de la
Pasión.
Entró como terciaria a la Orden Dominicana y pasó los últimos treinta y siete
años de su vida en la corte de Mantua, donde era superintendente del palacio
del Duque Francisco II y su mujer Isabel de Este. Ellos pronto se dieron cuenta
que tenían a una santa bajo su techo y a la hora de su muerte se arrodillaron
delante de ella pidiéndole su bendición.
La duquesa Isabel mandó elevar un bello mausoleo que se puede visitar hoy en la
catedral de Mantua.
* Pide hoy mucho al Señor que refuerce tu fe para que en ninguna circunstancia,
por dolorosa que sea, se pierda esta fe o se debilite, sino al contrario, que
crezca y madure siempre.
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