33.
San Juan Francisco Regis, San Ciro y San Aureliano
San Juan
Francisco Regis, Presbítero
(1587-1640) Nació en Fontcouverte, Francia el 31 de enero de 1587 Hijo de una
familia de mercaderes y muy fervorosos cristiano. De niño era muy atento
servicial y muy entregado a la Iglesia, nunca se cansaba de rezar. Se ordenó
sacerdote jesuita en Toulouse, Francia. Ejerció su ministerio en Puy, fuero
tradicional de los calvinistas, donde le llamaban “el santo”, pues aunque su
atuendo era humilde, con sotana raída y remendada, y su oratoria poco
brillante, la santidad de su vida hacía irresistibles sus sencillas palabras.
Dedicaba largos ratos a la predicación y a la confesión, visitaba los lugares
más apartados de la región, donde rara vez se veía un sacerdote, y convirtió
a muchos herejes. Curaba a los enfermos y el Señor le regalo el don de hacer
milagros.
Descubrió el gran valor del dolor y del sufrimiento abrazándolo a él y
cuantos sufrían. De lo cual solia decir: "Sufrir por Jesucristo es el único
consuelo que hallo en este mundo. Señor, dame fuerzas para poder sufir más y más
por tu amor.
Con sus propias palabras él nos habla de su vida: “Mi vida, ¿para qué es
sino para sacrificarla por las almas? ¿Cómo podría probar yo mi amor a Dios,
si no ofrezco lo que más se estima en este mundo, la salud y la vida? No me sería
grata la vida si no tuviere algo que perder por Jesucristo. Siento un deseo vivísimo
de ir a las mansiones de los iroqueses y ofrecer mi vida por la salvación de
aquellos salvajes.”
San Ciro
Según cuenta la leyenda, había en Tarso un juez llamado Alejandro que perseguía
cruelmente a los cristianos. Ciro era un niño de cinco años que deseaba más
que nada ser mártir. Cierto día de audiencia, Ciro se presentó ante el
tribunal, y abrazando por detrás al juez Alejandro le gritó ¡Soy cristiano!.
Hizo falta media hora parta callar al niño que seguía gritando y escapándose
de las manos de todos los que lo querían atrapar. Finalmente el juez lo atrapó
y, furioso, lo tomó por una pierna y lo estrelló contra la pared.
Ciro fue muy célebre entre los cristianos de la época por su valentía a tan
temprana edad. Las reliquias del pequeño mártir se repartieron por Francia y
numerosas localidades llevan su nombre.
San Aureliano
(siglo VI) Fue obispo de Arles y allí fundó, gracias a la generosidad del rey
Childeberto, dos monasterios: uno masculino y otro femenino. La regla del
primero obligaba a aprender a leer a los monjes analfabetos.
* No nos quejemos por nuestros sufrimientos y dolores, ofrezcámoselos a Dios.