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31. San Eliseo, San Metodio, San Valero y San Rufino

San Eliseo, Profeta

(s. IX antes de Cristo) Tremenda figura del Antiguo Testamento, era un labrador que estaba arando con doce yuntas de bueyes cuando pasó junto a él el profeta Elías y le echó su manto por encima, trasmitiéndole así poderes sobrenaturales.
Eliseo siguió inmediatamente a Elías y presenció como fue arrebatado al cielo en un carro de fuego.

Este hombre, fuerte y singular, luchó enérgicamente contra la idolatría y fue
sembrando portentosos signos del poder de Dios: multiplicó panes, sanó a un monarca leproso y resucitó a un niño.

San Metodio, patriarca de Constantinopla

(782-847) Apenas desembarcado en Constantinopla, el joven Metodio se hizo monje y poco después fundó un monasterio en la isla de Quíos . A la llegada de Miguel II, el Papa Pascual envió a Metodio con la misión de recuperar la sede patriarcal de Bizancio, expropiada por los iconoclastas. Lo único que logró Metodio fue ser flagelado y desterrado a la isala de San Andrés, donde pasó siete años compartiendo la celda con los presos comunes. El emperador Teófilo lo llamó del exilio y le ofreció hospitalidad en su palacio con la condición de no dejarlo salir; de esta forma el soberano podía disfrutar de la ciencia y talento de su huésped sin peligro de que éste ejerciera su influencia en el exterior.
Sin embargo, Metodio logró convertir a la emperatriz Teodora, la cual, cuando murió Teófilo, nombró a Metodio patriarca de Constantinopla y jefe de la Iglesia oriental, lo que sirvió para terminar la absurda querella de las imágenes que durante cien años ensangrentó el Imperio.

San Valero y San Rufino

(+525) Valero y Rufino estaban encargados de los graneros imperiales de
Basoches, Francia, en una calzada romana muy transitada. Cuando su superior
descubrió su labor proselitista entre los viajeros y funcionarios que venían a
aprovisionarse, los mandó ahogar en un río. Los cristianos retiraron sus restos
al día siguiente y los llevaron a Soissons en donde se turnaban día y noche para velar sus reliquias.

* Recordemos las palabras de San Eliseo "Dios es mi salvación" y seamos vivo ejemplo de nuestra fe.

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