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30. San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia
(1195-1231) San Antonio de Padua es el santo de los milagros, de acuerdo con la
devoción popular, pues encuentra buen marido a la joven casadera que no lo
halla, y descubre las cosas perdidas a sus devotos; pero mil veces más
importante que todo esto es el testimonio que, durante su vida, brindó a los
fieles; un testimonio de plena entrega al servicio del Evangelio.
Apenas cumplidos los quince años, resolvió seguir a Cristo en la orden de
los Canónigos de San Agustín, con quienes se inició en la vida religiosa,
hizo sus votos y finalmente se ordenó sacerdote.
El año 1220 pasaron por su monasterio de Coimbra algunos franciscanos
que llevaban consigo las reliquias de sus primeros mártires, sacrificados para
el Señor, en Marruecos. Fernando se sintió electrizado al contemplar aquellos
sangrientos restos. Pidió y obtuvo pasarse a la orden recién fundada por
Francisco de Asís. Logró, asimismo, ir desde luego a misionar al norte de
Africa. Tiempo después pudo emprender el viaje hasta Asís, donde Francisco, el
Pobrecillo de Cristo, celebraba Capítulo general.
Antonio fue entonces destinado a morar en el eremitorio de Montepaolo. Allí
vivió en retiro entregado a la contemplación y al estudio, hasta que un buen día
predicó de repente, por obediencia, sin previa preparación, un sermón tan
rico en doctrina y tan conmovedor, que al punto los superiores lo destinaron a
la predicación. Desde entonces recorrió la Italia central y septentrional, así
como parte de Francia, provocando numerosas conversiones. Antonio no vivía para
sí, sino para socorrer con la palabra viva del Evangelio a toda clase de
cristianos. Su palabra, como la de San Pablo, no era según la humana sabiduría,
sino que se fundaba sobre el poder de Dios, que confirmaba sus discursos con
espléndidos milagros. El Papa Gregorio IX al oírlo predicar, exclamó:
"Antonio es el arca del Viejo y del Nuevo Testamento". Brillaba además
por su admirable prudencia, por lo que fue elegido provincial de los
franciscanos. Su frágil salud no pudo resistir tan abrumadoras fatigas y, el 13
de junio de 1231, cuando apenas contaba unos 36 años de edad, rindió su espíritu
al Señor.
Un año más tarde el Papa Gregorio IX lo canonizó solemnemente en vista
de los continuos milagros, que después de su muerte, el Señor obraba por su
intercesión. La fama de San Antonio continúo creciendo a lo largo de los
siglos y el año de l946, el Papa Pío XII le concedió el título de Doctor
Evangélico, que resume la vida del gran taumaturgo: VIVIR Y ENSEÑAR EL
EVANGELIO.
* Propónte leer el Santo Evangelio cinco minutos cada día: es la mejor
forma de conocer a Cristo, nuestro Maestro y Amigo. Empieza hoy.
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