8 de Junio de 2001
SEMANA 9 DEL TIEMPO ORDINARIO
Año impar Color Verde
San Mario
Primera lectura Tob. 11, 5-17:
Mientras tanto, Ana, que miraba el camino por el que debía volver su hijo, tuvo
una corazonada y dijo a su marido: «Ya viene tu hijo con el hombre que lo
acompañó.» Mientras iban de camino hacia el padre, Rafael dijo a Tobías: «Tengo
la seguridad de que tu padre abrirá los ojos. Untale los ojos con la hiel del
pez; él los frotará y caerán como escamas de sus ojos. Recobrará la vista y
verá la luz.» Ana se echó al cuello de su hijo, diciendo: «Por fin te he
vuelto a ver, hijo. ¡Ahora ya puedo morir!» Y se puso a llorar. Tobit también
se levantó y, a tropezones, llegó a la puerta del patio. Tobías corrió hacia
él, llevando en la mano la hiel del pez; sopló sobre los ojos, lo abrazó, y
le dijo: «Padre, ten confianza.» Le puso el remedio, esperó y luego con las
dos manos sacó las escamas de los ojos. Tobit abrazó a su hijo y llorando le
dijo: «Ahora te veo, hijo mío, luz de mis ojos.» Y añadió: ¡Bendito sea
Dios! ¡Bendito su gran Nombre! ¡Benditos todos sus ángeles! ¡Bendito sea su
Nombre para siempre, porque me castigó, pero tuvo piedad, y ahora veo a mi hijo
Tobías! Tobías entró muy contento, bendiciendo al Señor. Luego contó al
padre el éxito de su viaje, cómo consiguió el dinero, y su matrimonio con
Sara, hija de Ragüel, que venía ya cerca de las puertas de Nínive. Tobit,
contento y alabando a Dios, salió al encuentro de su nuera a la puerta de Nínive.
Todos los que lo veían caminar sin ayuda de nadie quedaban maravillados. Tobit
proclamaba delante de ellos que Dios había tenido piedad de él y lo había
sanado. Después se acercó a Sara y la bendijo así: «¡Bien venida, hija!
Bendito sea Dios que te trajo hasta nosotros, y benditos tus padres.»
Salmo Sal. 145, 1-10:
¡Aleluya! ¡Alaba al Señor, alma mía! Mientras viva yo quiero
alabar al Señor, quiero salmodiar para el Señor mientras exista.
No pongas tucconfianza en los que mandan, ni en el mortal, que no puede
salvarte; no bien se le va el alma, vuelve al polvo, y ese día se
acaban sus proyectos. Dichoso aquel que al Dios de Jacob tiene de
ayuda y pone su esperanza en el Señor, su Dios, en el que hizo los
cielos y la tierra, el mar y todo cuanto ellos encierran. El su lealtad
conserva siempre, y su justicia da a los oprimidos, proporciona su
pan a los hambrientos. El Señor deja libres a los presos. el Señor
da la vista a los ciegos, el Señor endereza a los encorvados, el Señor ama a
los justos; da el Señor protección al forastero, y reanima al huérfano
y a la viuda, mas desvía el camino de los malvados. El Señor reina
para siempre, tu Dios, Sión, de generación en generación. ¡Aleluya!
Evangelio Mc. 12, 35-37:
Mientras Jesús enseñaba en el Templo, preguntó: «¿Por qué los maestros
de la Ley dicen que el Mesías será el hijo de David? Porque el mismo David
dijo, hablando por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a
mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. Si David mismo lo
llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser hijo suyo?» Mucha gente acudía a
Jesús y lo escuchaba con agrado.