7 de Junio de 2001
SEMANA 9 DEL TIEMPO ORDINARIO
Año impar San María Teresa Soubirán
Color Verde
Primera lectura Tob. 6, 10-11; 7, 1.
9-17; 8, 4-10:
Llegaron a Media y, estando ya cerca de Ecbátana, Rafael dijo al joven: «Hermano
Tobías.» El respondió: «¿Qué quieres?» Y añadió: «Esta noche nos
quedaremos en casa de Ragüel; es tu pariente y tiene una hija llamada Sara;
Cuando entraron en Ecbátana, Tobías dijo: «Hermano Azarías, vamos directo a
casa de nuestro hermano Ragüel.» Fueron entonces a casa de Ragüel y lo
encontraron sentado a la puerta del patio. Lo saludaron y él respondió: «Bien
venidos sean, hermanos.» Los llevó a su casa y dijo a Edna, su esposa: «Este
joven se parece a mi hermano Tobit.» Edna les preguntó: «Hermanos, ¿de dónde
son?» «Somos de los hijos de Neftalí, respondieron, de los desterrados de Nínive.»
«¿Conocen a Tobit, nuestro hermano? ¿Cómo está?» Respondieron: «Sí, lo
conocemos, vive y está bien.» Tobías añadió: «Es mi padre.» Ragüel se
paró de un salto y lo abrazó llorando: «Bendito seas, hijo. Tienes un padre
honrado y bueno. ¡Qué pena que un hombre tan justo y caritativo haya quedado
ciego!» Y abrazando a Tobías lloraba. También lloraban Edna y su hija Sara.
Luego Ragüel mató un carnero y los acogió con familiaridad. Una vez lavados y
purificados, se sentaron a la mesa. Tobías dijo a Rafael: «Hermano Azarías,
dile a Ragüel que me dé por esposa a mi prima Sara.» Ragüel, que oyó esto,
dijo al joven: «Come y bebe tranquilo, porque eres el único que tiene derecho
a casarse con mi hija; no puedo darla a otro sino a ti, ya que eres mi pariente
más cercano. Ahora debo decirte la verdad: la he dado a siete hombres de
nuestros hermanos y todos murieron la noche de bodas. Pero tú, come y bebe, que
el Señor les dará su gracia y su paz.» Tobías respondió: «No comeré ni
beberé hasta que decidas acerca de lo que te he pedido.» Y Ragüel dijo: «Ahora
mismo lo decido. Hoy Sara te es entregada conforme a las disposiciones del Libro
de Moisés; entiende, pues, que Dios mismo te la entrega. Recibe a tu hermana,
pues en adelante tú serás para ella un hermano, y ella, una hermana para ti.
Que el Señor del Cielo los guíe por el buen camino esta misma noche, pues sus
caminos son misericordia y paz.» Luego Ragüel llamó a su hija Sara, que se
acercó. Le tomó la mano y la puso en manos de Tobías, diciendo: «Recíbela
conforme a la Ley, de acuerdo con las disposiciones del Libro de Moisés, que
hace de ella tu esposa. Llévala a la casa de tu padre. El Dios del Cielo los guíe
por los caminos de la paz.» Luego dijo a la madre que trajera una hoja de
papiro; escribió en ella el contrato matrimonial, y lo firmaron. Terminado
esto, se pusieron a comer y beber. Ragüel llamó a su esposa y le dijo: «Hermana,
prepara otro dormitorio para Sara.» Ella preparó la habitación y llevó a
Sara, que se puso a llorar. La madre secó las lágrimas de su hia y le dijo: «Hija
mía, ten confianza. Que el Señor del Cielo te dé alegría en lugar de
tristeza. Confianza, hija.» Y salió. Mientras tanto los padres habían
salido, cerrando la puerta de la habitación. Tobías se levantó de la cama y
dijo a Sara: «Levántate, hermana, y pidamos a nuestro Señor que tenga
misericordia de nosotros y nos salve. Ella se levantó y empezaron a orar,
pidiendo que se les concediera la vida. Empezaron así: «Bendito seas, Dios de
nuestros padres, y bendito sea tu Nombre santo y glorioso por los siglos de los
siglos; ¡que los cielos y todas tus creaturas te bendigan! Tú creaste a Adán
y le diste a Eva, su mujer, como ayuda y compañera, para que de los dos naciera
la raza humana. Tú dijiste: No está bien que el hombre esté solo, démosle
una compañera semejante a él. Ahora, Señor, tomo a mi hermana con recta
intención y no buscando el placer. Ten piedad de nosotros, y que podamos llegar
juntos a nuestra ancianidad.» Ella respondió: «Amén». Y se acostaron los
dos para pasar la noche. Ragüel se levantó temprano y llamó a sus muchachos
para que fueran a cavar una tumba. Pues Ragüel pensaba: «No sea que Tobías
también haya muerto.»
Salmo Sal. 127, 1-5:
Felices los que temen al Señor y siguen sus caminos. Comerás
del trabajo de tus manos, esto será tu fortuna y tu dicha. Tu
esposa será como vid fecunda en medio de tu casa, tus hijos serán como olivos
nuevos alrededor de tu mesa. Así será bendito el hombre que teme
al Señor. ¡Que el Señor te bendiga desde Sión: puedas ver la
dicha de Jerusalén durante todos los días de tu vida! ¡Que veas a los hijos
de tus hijos y en Israel, la paz!
Evangelio Mc. 12, 28-34:
Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión,
y se quedaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Jesús le contestó: «El primer
mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor.
Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu
inteligencia y con todas tus fuerzas. Y después viene este otro: Amarás a tu
prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos.»
El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón
cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y que
amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y
amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y
sacrificios.» Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás
lejos del Reino de Dios.» Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle
nuevas preguntas.