
Volver al Inicio
Institucional
Actividades
Quienes
somos?
Documentos
Donde
estamos?
Mandanos
un mail
Oraciones
oficiales
El
Santo Rosario
El
Santo del día
Links
| |
6 de Junio de 2001
SEMANA 9 DEL TIEMPO ORDINARIO - Año
impar
San Norberto
Color Verde
Primera lectura Tob. 3, 1-11. 24-25:
Entonces, muy afligido, lloré y empecé a rezar expresando mi pena. Dije:
«Tú eres justo, Señor, y justas son tus obras. Tus caminos son misericordia
y verdad, y siempre tu juicio será verdadero y justo. Y ahora, Señor,
acuérdate de mí y mírame. Perdona mis pecados, así como el mal que hice por
ignorancia. Perdona los pecados de mis padres que pecaron ante ti, ya que no
escucharon tus mandatos. Tú nos has destinado al saqueo, a la cautividad y a la
muerte, de manera que pasamos a ser la burla de las naciones paganas entre las
cuales nos has dispersado.
Todas tus sentencias, Señor, son justas cuando decides castigar mis
pecados y los de mis padres, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos
obedecido sinceramente tus órdenes.
Obra conmigo como quieras, quítame la vida y conviérteme en polvo, porque
prefiero la muerte a la vida.
Ordena que la vida me abandone; de esa manera líbrame haciendo que vuelva al
polvo. En realidad, la muerte es mejor para mí que la vida, después de oír
esos injustos reproches que me han dejado tan amargado. Ordena, Señor, que me
libren de esta angustia y déjame llegar a la eternidad. Señor, no apartes de mí
tu rostro.»
Aquel mismo día, en Ecbátana de Media, Sara, hija de Ragüel, fue
insultada en forma semejante por unas jóvenes sirvientas de su padre. Había
tenido siete maridos, pero el mal demonio Asmodeo los había muerto antes de que
hubiera tenido relaciones maritales.
Las muchachas decían a Sara: «Tú eres la que ahogas a tus maridos. Ya has
tenido siete, pero de ninguno has disfrutado. ¿Por qué entonces nos
castigas? Puesto que ellos han muerto, vete con ellos y que jamás veamos
hijo o hija tuya.»
Después de oír esto Sara, se sintió tan afligida que quiso ahorcarse. Sin
embargo, pensó: «Soy hija única de mi padre. Si se me ocurriera hacer tal
cosa, ¡qué vergüenza para él! Por culpa mía su vejez acabaría llena de
tristeza.» Oró entonces extendiendo sus manos hacia la ventana:
«¡Bendito seas, Señor, mi Dios, y bendito sea tu Nombre santo y glorioso
por los siglos! Que tus obras te bendigan por siempre. Entonces, muy
afligido, lloré y empecé a rezar expresando mi pena. Dije: «Tú eres justo,
Señor, y justas son tus obras. Tus caminos son misericordia y verdad, y
siempre tu juicio será verdadero y justo. Y ahora, Señor, acuérdate de mí y
mírame. Perdona mis pecados, así como el mal que hice por ignorancia.
Perdona los pecados de mis padres que pecaron ante ti, ya que no escucharon tus
mandatos. Tú nos has destinado al saqueo, a la cautividad y a la muerte, de
manera que pasamos a ser la burla de las naciones paganas entre las cuales nos
has dispersado.
Todas tus sentencias, Señor, son justas cuando decides castigar mis pecados y
los de mis padres, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos obedecido
sinceramente tus órdenes.
Obra conmigo como quieras, quítame la vida y conviérteme en polvo, porque
prefiero la muerte a la vida.
Ordena que la vida me abandone; de esa manera líbrame haciendo que vuelva al
polvo. En realidad, la muerte es mejor para mí que la vida, después de oír
esos injustos reproches que me han dejado tan amargado. Ordena, Señor, que me
libren de esta angustia y déjame llegar a la eternidad. Señor, no apartes de mí
tu rostro.»
Aquel mismo día, en Ecbátana de Media, Sara, hija de Ragüel, fue
insultada en forma semejante por unas jóvenes sirvientas de su padre. Había
tenido siete maridos, pero el mal demonio Asmodeo los había muerto antes de que
hubiera tenido relaciones maritales.
Las muchachas decían a Sara: «Tú eres la que ahogas a tus maridos. Ya has
tenido siete, pero de ninguno has disfrutado. ¿Por qué entonces nos
castigas? Puesto que ellos han muerto, vete con ellos y que jamás veamos
hijo o hija tuya.»
Después de oír esto Sara, se sintió tan afligida que quiso ahorcarse. Sin
embargo, pensó: «Soy hija única de mi padre. Si se me ocurriera hacer tal
cosa, ¡qué vergüenza para él! Por culpa mía su vejez acabaría llena de
tristeza.» Oró entonces extendiendo sus manos hacia la ventana:
«¡Bendito seas, Señor, mi Dios, y bendito sea tu Nombre santo y glorioso
por los siglos! Que tus obras te bendigan por siempre. Hacia ti vuelvo mi
rostro y mis ojos: ordena que me libren de este mundo para que no escuche más
insultos. Tú sabes, Señor, que soy pura de todo contacto de hombres y que jamás
manché mi nombre ni el de mi padre en este país de destierro.
Soy hija única de mi padre. El no tiene ni hijos que puedan heredar de él,
ni pariente próximo a quien darme por esposo; no tengo, pues, para quién
vivir. Después de perder siete maridos, ¿para qué quiero la vida? Si no
quieres darme la muerte, Señor, apiádate de mí, ordena que me respeten y
tengan compasión de mí. Que no escuche más insultos.»
Oyó Dios la oración de Tobit y la de Sara; y envió al ángel Rafael para
devolver la vista a Tobit y entregar a Sara por esposa a su hijo Tobías;
También para encadenar al mal demonio Asmodeo, porque Sara debía ser la esposa
de Tobías.
Salmo Sal. 24, 2-9:
A ti, Señor, elevo mi alma,
a ti que eres mi Dios.
En ti he confiado, que no quede avergonzado
ni se rían de mí mis enemigos.
Los que esperan en ti no serán confundidos,
pero sí lo serán quienes te mienten.
Haz, Señor, que conozca tus caminos,
muéstrame tus senderos.
En tu verdad guía mis pasos, instrúyeme,
tú que eres mi Dios y mi Salvador.
Te estuve esperando todo el día,
sé bueno conmigo y acuérdate de mí.
Acuérdate que has sido compasivo
y generoso desde toda la eternidad.
No recuerdes las faltas
ni los extravíos de mi juventud;
pero acuérdate de mí según tu amor.
El Señor es bueno y recto;
por eso muestra el camino a los que han pecado.
Dirige los pasos de los humildes,
y muestra a los sencillos el camino.
Amor y lealtad son todos sus caminos,
para el que guarda su alianza y sus mandatos.
¡Rinde honor a tu nombre, Señor,
y perdona mi deuda, que es muy grande!
En cuanto un hombre teme al Señor,
él le enseña a escoger su camino.
Su alma en la dicha morará,
y sus hijos heredarán la tierra.
El secreto del Señor es para quien lo teme,
le da el conocimiento de su alianza.
Mis ojos nunca se apartan del Señor,
pues él saca mis pies de la trampa.
Mírame y ten compasión de mí,
que estoy solo y desvalido.
Afloja lo que aprieta mi corazón
y hazme salir de mis angustias.
Contempla mi miseria y mi fatiga
y quítame de encima todos mis pecados.
Mira cuántos son mis enemigos
y con qué odio violento me persiguen.
Defiende mi vida, líbrame:
no quede confundido de haber confiado en ti.
Integridad y rectitud me guardarán,
en ti, Señor, he puesto mi confianza.
Oh Dios, redime a Israel de todas sus angustias.
Evangelio Mc. 12, 18-27:
Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay
resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron: «Maestro, según la ley
de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano
debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto.
Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos. El
segundo se casó con la viuda, y murió también sin dejar herederos, y así el
tercero. Y pasó lo mismo con los siete hermanos.
Después de todos ellos murió también la mujer. En el día de la
resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los
siete la tuvieron como esposa.»
Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden la
Escritura, y tampoco el poder de Dios. Pues cuando resuciten de la muerte, ya no
se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles.
Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de
Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es un Dios de
muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados.»
|