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5 de Junio de 2001
SEMANA 9 DEL TIEMPO ORDINARIO - Año
impar
Color Rojo
San Bonifacio
Primera lectura Tob. 2, 10-23:
No sabía que arriba de la pared había gorriones, los cuales dejaron caer
sus excrementos que, calientes, cayeron sobre mis ojos, causándome manchas
blancas. Fui a los médicos para que me sanaran, pero mientras más remedios me
ponían, menos veía, hasta que quedé ciego. Estuve cuatro años sin ver.
Mis hermanos estaban afligidos; Ajikar se preocupó de mi alimentación
durante dos años, hasta que se trasladó a Elimaida.
En este tiempo, Ana, mi esposa, se dedicó a trabajar en labores femeninas,
hacía tejidos y luego se los entregaba a sus dueños, cobrando un sueldo. Un día
le dieron además un cabrito para la comida. Cuando regresó a casa, el cabrito
empezó a balar. La llamé y le dije: «¿De dónde salió ese cabrito? ¿No fue
robado? Devuélvelo a sus dueños, pues no podemos comer cosa robada.» Ella me
respondió: «Es un regalo que agregaron a mi sueldo.» Yo no creí y me enojé
con ella, ordenándole que lo devolviera a sus dueños.
Entonces ella me replicó: «¿Dónde están tus limosnas? ¿Dónde tus buenas
obras? Contigo hay que soportarlo todo.»
Salmo Sal. 111, 1-9:
¡Aleluya!
¡Feliz el hombre que teme al Señor
y valora mucho sus mandamientos!
Su semilla será pujante en el país,
los retoños del hombre bueno serán benditos.
Habrá en su casa bienes y riquezas,
y su honradez, que durará para siempre.
Brilla como luz en las tinieblas
para los de recto corazón;
él comprende, es clemente y justo.
Le va bien al compasivo y que presta,
y lleva sus negocios en conciencia,
pues nada logrará perturbarlo:
el recuerdo del justo será eterno.
No tiene miedo a las malas noticias,
pues en su corazón confía en el Señor,
su corazón está firme, nada teme,
al final, despreciará a sus adversarios.
Es generoso en dar a los pobres,
su honradez permanece para siempre,
su cuerno aumenta en gloria.
El malvado lo ve y se irrita,
le rechinan los dientes, se debilita;
nada queda del deseo de los malos.
Evangelio Mc. 12, 13-17:
Querían pillar a Jesús en algo que dijera. Con ese fin le enviaron algunos
fariseos junto con partidarios de Herodes. Y dijeron a Jesús: «Maestro,
sabemos que eres sincero y que no te inquietas por los que te escuchan,
sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿es contrario a
la Ley pagar el impuesto al César? ¿Tenemos que pagarlo o no?»
Pero Jesús vio su hipocresía y les dijo: «¿Por qué me ponen trampas?
Tráiganme una moneda, que yo la vea.» Le mostraron un denario, y Jesús les
preguntó: «¿De quién es esta cara y lo que está escrito?» Ellos le
respondieron: «Del César.» Entonces Jesús les dijo: «Devuelvan al César
las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios.» Jesús, pues, los
dejó muy sorprendidos.
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