31 de mayo de 2001
SEMANA 7 DE PASCUA
Visitación de la Virgen
Color Blanco
Primera lectura Sof. 3, 14-18 ó
Rom. 12, 9-16 Sof. 3, 14-18:
¡Grita de gozo, oh hija de Sión, y que se oigan tus aclamaciones, oh gente
de Israel! ¡Regocíjate y que tu corazón esté de fiesta, hija de Jerusalén!
Pues Yavé ha cambiado su suerte, ha alejado de ti a tus enemigos. No tendrás
que temer desgracia alguna, pues en medio de ti está Yavé, rey de Israel. Ese
día le dirán a Jerusalén: «¡No tengas ningún miedo, ni te tiemblen las
manos! ¡Yavé, tu Dios, está en medio de ti el héroe que te salva! El saltará
de gozo al verte a ti y te renovará su amor. Por ti danzará y lanzará gritos
de alegría como lo haces tú en el día de la Fiesta.» Apartaré de ti ese mal
con el que te amenacé, y ya no serás humillada.
Rom. 12, 9-16: Que el amor sea
sincero. Aborrezcan el mal y procuren todo lo bueno. Que entre ustedes el amor
fraterno sea verdadero cariño, y adelántense al otro en el respeto mutuo. Sean
diligentes, y no flojos. Sean fervorosos en el Espíritu y sirvan al señor.
Tengan esperanza y sean alegres. Sean pacientes en las pruebas y oren sin cesar.
Compartan con los hermanos necesitados, y sepan acoger a los que estén de paso.
Bendigan a quienes los persigan: bendigan y no maldigan. Alégrense con los que
están alegres, lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros. No
busquen grandezas y vayan a lo humilde; no se tengan por sabios.
Salmo Is. 12, 2-6:
¡Vean cómo es él, el Dios que me salva! En él confío y no tengo más
miedo, pues Yavé es mi fuerza y mi canción, él ha sido mi salvación. Y
ustedes sacarán agua con alegría de las vertientes de la salvación. Ustedes
dirán ese día: ¡Denle las gracias a Yavé, vitoreen su Nombre! Publiquen
entre los pueblos sus hazañas, celébrenlo, pues su Nombre es sublime. ¡Canten
a Yavé, pues hizo maravillas que ahora son famosas en toda la tierra! ¡Grita
de contento y de alegría, oh Sión, porque grande es, en medio de ti, el Santo
de Israel!
Evangelio Lc. 1, 39-56:
Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad
ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a
Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se
llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre
las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a
mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó
de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían
las promesas del Señor!» María dijo entonces: Proclama mi alma la grandeza
del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en su
humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz. El
Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre! Muestra su
misericordia siglo tras siglo a todos aquellos que viven en su presencia. Dio un
golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los
poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los
hambrientos, y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel,
su siervo, se acordó de su misericordia, como lo había prometido a nuestros
padres, a Abraham y a sus descendientes para siempre. María se quedó unos tres
meses con Isabel, y después volvió a su casa.