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28 de Junio de 2001 SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO Primera lectura Gn. 16, 1-12. 15-16: Saray, esposa de Abram, no le había dado hijos, pero tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar. Y dijo Saray a Abram: «Ya que Yavé me ha hecho estéril, toma a mi esclava y únete a ella, a ver si yo tendré algún hijo por medio de ella.» Abram hizo caso a las palabras de su esposa. Abram llevaba diez años viviendo en Canaán, cuando su esposa Saray tomó a su esclava Agar y se la dio a su esposo Abram por mujer. Abram, pues, se unió a Agar, y quedó embarazada. Al notarse Agar en ese estado, comenzó a despreciar a su señora, quien dijo a Abram: "Que esta ofensa recaiga sobre ti. Yo te entregué a mi esclava por mujer, y cuando se ve embarazada, ya no cuento nada para ella. Juzgue Yavé entre tú y yo.» Abram le contestó: «Ahí tienes a tu esclava, haz con ella como mejor te parezca.» Y como Saray la maltratara, ella huyó. La encontró el Angel de Yavé junto a una fuente de agua en el desierto (la fuente que hay en el camino de Sur), y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas?» Ella contestó: «Estoy huyendo de Saray, mi señora.» Le replicó el Angel del Señor: «Regresa donde tu señora y ponte a sus órdenes con humildad.» El Angel de Yavé añadió: «Multiplicaré de tal manera tu descendencia, que no se podrá contar". Y el Angel le dijo: "Mira que estás embarazada y darás a luz a un hijo, al que pondrás por nombre Ismael, porque Yavé ha considerado tu miseria. Él será un hombre feroz, que se levantará contra todos y todos se levantarán contra él, y plantará su tienda desafiante frente a la de sus hermanos.» Agar dio a luz un hijo, y Abram le puso el nombre de Ismael al hijo que Agar le había dado. Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar le dio su hijo Ismael. Salmo Sal. 105, 1-5: ¡Aleluya! Den gracias al Señor porque él es bueno, porque su amor perdura para siempre. ¿Quién contará las hazañas del Señor y hará que oigamos toda su alabanza? ¡Felices los que respetan el derecho y practican la justicia en todo tiempo! Acuérdate de mí, Señor, tú que amas a tu pueblo, que tu visita traiga tu salvación. ¡Que veamos la dicha de tus elegidos, nos alegremos con el gozo de tu pueblo y nuestro orgullo sea él de tu familia! Junto con nuestros padres hemos pecado, cometimos una falta, somos culpables. Nuestros padres en Egipto no entendieron nada de tus milagros, se olvidaron de tus favores sin cuento, se rebelaron contra el Altísimo junto al Mar Rojo. Pero en virtud de su nombre los salvó, para que su valentía fuera conocida. Increpó al Mar Rojo y se secó, los condujo por el fondo como en el desierto. Los salvó de manos del que los odiaba y los libró de manos del enemigo. Las aguas cubrieron a sus adversarios ni uno solo de entre ellos escapó. Entonces creyeron en sus palabras y cantaron su alabanza- Pero pronto se olvidaron de sus obras y no contaron con su providencia. Se despertó su gula en el desierto y en la estepa pusieron a Dios a prueba. El les concedió lo que pedían, se lo dio hasta que tuvieran asco. Envidiaron a Moisés, en el campamento, y a Aarón, el santo del Señor. Se abrió la tierra y se tragó a Datán, se cerró sobre la banda de Abirón. Un fuego se encendió contra su grupo, una llama devoró a esos malvados. Luego, en Horeb se hicieron un ternero y se postraron ante un metal fundido, cambiaron su Gloria por la imagen de un buey que come pasto. ¡Se olvidaron de Dios que los había salvado, del que hizo grandes cosas en Egipto, milagros en el país de Cam, y un prodigio asombroso en el Mar Rojo! Entonces habló de exterminarlos, a no ser porque su elegido Moisés se puso en la brecha frente a El para impedir que su ira los destruyera. Despreciaron una tierra de delicias, no creyeron en su palabra; se quedaron en sus tiendas criticando en vez de escuchar la voz del Señor. Alzó su mano sobre ellos y juró que los haría caer en el desierto, dispersaría su raza entre los paganos y los esparciría entre los países. Se sometieron a Baal-Peor, comieron de los sacrificios a los muertos; tanto lo irritaron con esas prácticas que una plaga se desató contra ellos. Entonces surgió Finjás e intervino y el flagelo se detuvo. Ese fue su mérito, se lo reconoce por generaciones, para siempre. Lo irritaron en las aguas de Meriba, por su culpa le fue mal a Moisés, pues agriaron su espíritu y sus labios hablaron lo indebido. No acabaron con los pueblos que el Señor les había ordenado; se mezclaron con los paganos y aprendieron sus modos de comportarse. Sirvieron a los ídolos, que fueron una trampa para ellos; sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios Derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, sacrificados a los ídolos de Canaán, y el país quedó manchado de sangre. Se mancharon con esas acciones, se prostituyeron con tales prácticas. La cólera del Señor se encendió contra su pueblo y tuvo horror de su propia gente. Los entregó en manos de los paganos y los que los odiaban los dominaron. Los oprimieron sus enemigos, a su yugo debieron doblegarse. ¡Cuántas veces no los liberó! Pero ellos, rebeldes a sus consejos, se sumían en su culpa. Mas apenas los veía en la miseria y escuchaba sus clamores, se acordaba de su alianza con ellos y se compadecía según su gran amor. Así hizo que de ellos se apiadaran todos los que los habían capturado. Oh Señor y Dios nuestro, sálvanos, júntanos de entre las naciones, para que demos gracias a tu santo nombre y sea nuestra gloria tu alabanza. ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre y para siempre! Que todo el pueblo diga: ¡Amén, Aleluya! Evangelio Mt. 7, 21-29: No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor! Hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros. Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí, ustedes que hacen el mal! Si uno escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que construyó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y todo fue un gran desastre.» Cuando Jesús terminó este discurso, la gente estaba admirada de cómo enseñaba, porque lo hacía con autoridad y no como sus maestros de la Ley |