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27 de Junio de 2001

SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO
Color Verde San Cirilo de Alejandría

Primera lectura Gn. 15, 1-12. 17-18: Después de estos sucesos, Yavé dirigió su palabra a Abram en una visión, y le dijo: «No temas, Abram, yo soy tu protector. Tu recompensa será muy grande.» Abram respondió: «Señor Yavé, ¿qué me quieres dar? Soy un hombre sin hijos, y todo lo que poseo pasará a Eliezer de Damasco. Ya que no me diste descendencia,  tendré por heredero a uno de mis sirvientes.» Entonces le llegó una palabra de Yavé: «Tu heredero no será Eliezer, sino un hijo tuyo, nacido de tu propia carne y sangre.» Yavé lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes. Así será tu descendencia.» Y creyó Abram a Yavé, el que lo tuvo en adelante por un hombre justo. Yavé le dijo: «Yo soy Yavé, que te sacó de Ur de los Caldeos, para entregarte esta tierra en propiedad.» Abram le preguntó: «Señor, ¿en qué conoceré yo que será mía?» Le contestó: «Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una paloma y un pichón.» Abram trajo todos estos animales, los partió por mitad, y puso una mitad frente a la otra; las aves no las partió. Las aves rapaces se lanzaban sobre la carne, pero Abram las ahuyentaba. Cuando el sol estaba a punto de ponerse, Abram cayó en un profundo sueño y se apoderó de él un terror y una gran oscuridad. Cuando el sol ya se había puesto y estaba todo oscuro, algo como un calentador humeante y una antorcha encendida pasaron pr medio de aquellos animales partidos. Aquel día yavé pactó una alianza con Abram diciendo: "A tu descendencia daré esta tierra desde el torrente de Egypto hasta el gran río Eufrates.

Salmo Sal. 104, 1-9: ¡Den gracias al Señor, su nombre invoquen, entre los pueblos anuncien sus hazañas!   Cántenle y toquen para él, y mediten todos sus prodigios.   Siéntanse orgullosos de su santo nombre, y alégrense los que buscan al Señor.   ¡Busquen al Señor, esto será su fuerza, busquen su cara sin cesar!   ¡Recuerden las maravillas que realizó, sus prodigios, las sentencias que pronunció,   raza de Abrahán, su servidor, hijos de Jacob, su elegido!   El es el Señor, es nuestro Dios, sus decisiones tocan a toda la tierra.   Se acuerda para siempre de su alianza, de la palabra impuesta a mil generaciones,   del pacto que con Abrahán concluyó, y de su juramento a Isaac.   Lo erigió como ley para Jacob, como alianza eterna para Israel.   Dijo: "Te daré la tierra de Canaán, esa será tu parte de la herencia".   Aunque eran gente fácil de numerar, bien poca cosa y extraños en ese país,   e iban errantes de una nación a otra, de un reino a otro pueblo,   a nadie permitió que los oprimiera, y a reyes, por su causa, reprendió:   "No toquen a los que me he consagrado, a mis profetas no les hagan daño."   Dejó caer la hambruna en el país, les cortó el alimento;   pero delante de ellos envió a un hombre, a José, vendido como esclavo.   Fue humillado con grillos en sus pies, y su cuello pusieron entre fierros;   hasta el día en que se cumplió su predicción: la palabra del Señor le dio la razón.   El rey ordenó que lo soltaran, el amo de los pueblos lo dejó libre;   lo estableció como señor de su casa, gobernador de todos sus dominios,   para instruir a los príncipes en su nombre y enseñar sabiduría a sus ancianos.   Entonces Israel entró en Egipto, Jacob se instaló en tierra de Cam.   Dios quiso que su pueblo creciera mucho, lo hizo más fuerte que sus adversarios,   les cambió el corazón y odiaron a su pueblo, y trataron de dañar a sus servidores.   Envió, entonces, a Moisés, su servidor, a Aarón, al que había elegido;   por su medio realizó las señales predichas y sus prodigios en la tierra de Cam.   Les envió tinieblas y todo se oscureció, pero no tomaron en cuenta su palabra.   Cambió sus aguas en sangre e hizo que sus peces perecieran.   Pululó de ranas su país hasta en las habitaciones de los reyes.   Habló y llegaron los mosquitos, plaga de insectos en todo su territorio.   En  vez de lluvia les envió el granizo y rayos en todo su país.   Azotó sus viñas y sus higueras, rompió los árboles de su territorio.   Habló y llegaron las langostas y saltamontes, que eran incontables,   se comieron toda la hierba en su país, devoraron el fruto de su suelo.   Golpeó a todo primogénito, en su país, a todas las primicias de su virilidad.   Hizo salir a los suyos con oro y plata, y en sus tribus ninguno iba cojeando.   Egipto se alegró de su salida, pues el terror lo había dominado;   desplegó una nube como un velo, y un fuego para alumbrarlos de noche.   A su pedido, les envió codornices, y con pan de los cielos los sació.   Abrió la roca y las aguas brotaron, y por la tierra seca corrían como ríos.   Es que se acordó de su santa palabra que le dio a Abrahán, su servidor;   hizo salir a su pueblo alegremente, a sus elegidos entre gritos de gozo.   Les dio las tierras de otras naciones y heredaron el trabajo de otros pueblos,   para que así guardaran sus preceptos y observaran sus leyes.

Evangelio Mt. 7, 15-20: Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Ustedes los reconocerán por sus frutos. ¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o higos de los cardos? Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos, mientras que el árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos. Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego. Por lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras.

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