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22 de Junio de 2001
SEMANA 11 DEL TIEMPO ORDINARIO - Año
impar
El Sagrado Corazón de Jesús
Color Blanco
Primera lectura Ez. 34, 11-16:
Porque esto dice Yavé: ¡Aquí estoy, soy yo! Vengo en busca de las ovejas,
yo me ocuparé de ellas como el pastor que se ocupa de su rebaño el día en que
se encuentre en medio de sus ovejas en libertad. Yo también me ocuparé de mis
ovejas y las sacaré de todos los lugares por donde se dispersaron ese día de
negras nubes y tinieblas. Haré que salgan de los otros pueblos, las reuniré de
diferentes países y las conduciré a su propia tierra. Haré que ramoneen por
las montañas de Israel, en los valles y en todas las praderas del país.
Sí, haré que ramoneen en un buen potrero, en las altas montañas de Israel,
descansarán en un buen corral y se alimentarán en fértiles praderas de las
montañas de Israel; yo mismo me preocuparé de mis ovejas, yo las llevaré a
descansar -palabra de Yavé. Buscaré a la que esté perdida, volveré a traer a
la que esté extraviada, curaré a la que esté herida, reanimaré a la que esté
enferma, velaré por la que esté sana; las cuidaré con justicia.
Salmo Sal. 22, 1-6:
El Señor es mi pastor: nada me falta;
en verdes pastos él me hace reposar.
A las aguas de descanso me conduce,
y reconforta mi alma.
Por el camino del bueno me dirige,
por amor de su nombre.
Aunque pase por quebradas oscuras,
no temo ningún mal,
porque tú estás conmigo
con tu vara y tu bastón,
y al verlas voy sin miedo.
La mesa has preparado para mí
frente a mis adversarios,
con aceites perfumas mi cabeza
y rellenas mi copa.
Irán conmigo la dicha y tu favor
mientras dura mi vida,
mi mansión será la casa del Señora
por largos, largos días.
Segunda lectura Rom. 5, 5-11:
la cual no quedará frustrada, pues ya se nos ha dado el Espíritu Santo, y
por él el amor de Dios se va derramando en nuestros corazones.
Fíjense cómo Cristo murió por los pecadores, cuando llegó el momento, en un
tiempo en que no servíamos para nada. Difícilmente aceptaríamos
morir por una persona buena; tratándose de una persona muy buena, tal vez
alguien se atrevería a sacrificar su vida. Pero Dios dejó constancia del amor
que nos tiene: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Con
mucha más razón ahora nos salvará del castigo si, por su sangre, hemos sido
hechos justos y santos. Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con él
por la muerte de su Hijo; con mucha más razón ahora su vida será nuestra
plenitud. No sólo eso: nos sentiremos seguros de Dios gracias a Cristo Jesús,
nuestro Señor, por medio del cual hemos obtenido la reconciliación.
Evangelio Lc. 15, 3-7:
Entonces Jesús les dijo esta parábola:
«Si alguno de ustedes pierde una oveja de las cien que tiene, ¿no deja las
otras noventa y nueve en el desierto y se va en busca de la que se le
perdió, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra se la carga muy feliz
sobre los hombros, y al llegar a su casa reúne a los amigos y vecinos y les
dice: "Alégrense conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había
perdido." Yo les digo que de igual modo habrá más alegría en el cielo
por
un solo pecador que vuelve a Dios que por noventa y nueve justos que no
tienen necesidad de convertirse.
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