1 de Junio de 2001
SEMANA 7 DE PASCUA
Color Rojo
San Justino
Primera lectura Hech. 25, 13-21:
Transcurridos unos días, llegaron a Cesarea el rey Agripa y su hermana Berenice
para saludar a Festo. Permanecieron allí algún tiempo, y Festo expuso al rey
el caso de Pablo, diciéndole: «Tenemos aquí a un hombre que Félix dejó
preso. Cuando estuve en Jerusalén, los jefes de los sacerdotes y los ancianos
de los judíos presentaron quejas contra él y me pidieron que lo condenara. Yo
les contesté que los romanos no acostumbran entregar a un hombre sin que haya
tenido la oportunidad de defenderse de los cargos en presencia de sus
acusadores. Vinieron, pues, conmigo y, sin demora, me senté al día siguiente
en el tribunal y mandé traer al hombre. Se presentaron los acusadores, pero no
lo demandaron por ninguno de los delitos que yo sospechaba. Sólo tenían contra
él cuestiones referentes a sus creencias y a un cierto Jesús, ya muerto, de
quien Pablo afirma que vive. Como yo me perdía en esos asuntos, le pregunté si
quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí sobre esas cosas. Pero Pablo apeló
y pidió que el sumario lo hiciera el tribunal del emperador. Entonces ordené
que lo mantuvieran bajo custodia hasta que pueda enviarlo al César.»
Salmo Sal. 102, 1-20:
Bendice al Señor, alma mía, alabe todo mi ser su santo Nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios.
El perdona todas tus ofensas y te cura de todas tus dolencias. El
rescata tu vida de la tumba, te corona de amor y de ternura. El
colma de dicha tu existencia y como el águila se renueva tu juventud.
El Señor obra en justicia y a los oprimidos les da lo que es debido.
Reveló sus caminos a Moisés y a los hijos de Israel sus proezas.
El Señor es ternura y compasión, lento a la cólera y lleno de amor;
si se querella, no es para siempre, si guarda rencor, es sólo por un
rato. No nos trata según nuestros pecados ni nos paga según
nuestras ofensas. Cuanto se alzan los cielos sobre la tierra tan
alto es su amor con los que le temen. Como el oriente está lejos
del occidente así aleja de nosotros nuestras culpas. Como la
ternura de un padre con sus hijos es la ternura del Señor con los que le
temen. El sabe de qué fuimos formados, se recuerda que sólo somos
polvo. El hombre: sus días son como la hierba, él florece como la
flor del campo; un soplo pasa sobre él, y ya no existe y nunca más
se sabrá dónde estuvo. Pero el amor del Señor con los que le
temen es desde siempre y para siempre; defenderá a los hijos de sus
hijos, de aquellos que guardan su alianza y se acuerdan de cumplir
sus ordenanzas. El Señor ha fijado su trono en los cielos y su
realeza todo lo domina. Bendigan al Señor todos sus ángeles, héroes
poderosos, que ejecutan sus órdenes apenas oyen el sonido de su palabra.
Bendigan al Señor todos sus ejércitos, sus servidores, para hacer su
voluntad. Bendigan al Señor todas sus obras, en todos los lugares
de su dominio. ¡Bendice, alma mía, al Señor!
Evangelio Jn. 21, 15-19:
Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan,
¿me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.» Le preguntó por segunda vez: «Simón,
hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes
que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas.» Insistió Jesús por
tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste
al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor,
tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta
mis ovejas.» En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e
ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro
te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.» Jesús lo dijo para
que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió:
«Sígueme.».