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17 de Junio de 2001
Domingo 17 de
junio de 2001
SEMANA 11 DEL TIEMPO ORDINARIO - Ciclo C |
Santísimo
Cuerpo y Sangre de Cristo
Color blanco |
Primera
lectura Gn. 14, 18-20:
Entonces Melquisedec, rey de Salem, trajo pan y vino, pues era sacerdote
del «Dios Altísimo». Melquisedec bendijo a Abram, diciendo: «Abram,
bendito seas del Dios Altísimo, Creador del cielo y de la tierra. Y
bendito sea el Dios Altísimo, porque entregó a tus enemigos en tus
manos.» Y Abram le dio la décima parte de todo lo que llevaba.
Salmo Sal. 109, 1-4:
Palabra del Señor a mi señor:
"¡Siéntate a mi derecha
y ve cómo hago de tus enemigos
la tarima de tus pies!"
Desde Sión extenderá el Señor
el cetro de tu mando:
domina en medio de tus enemigos.
"Tuyo es el principado
desde el día de tu nacimiento;
de mí en el monte sagrado tú has nacido;
como nace el rocío de la aurora".
Juró el Señor y no ha de retractarse:
"Tú eres para siempre sacerdote
a la manera de Melquisedec".
A tu diestra está el Señor,
aplasta a los reyes en el día de su cólera;
juzga a las naciones: está lleno de cadáveres,
y de cabezas rotas a lo ancho de la tierra.
El bebe del torrente, en el camino,
por eso levanta su cabeza.
Segunda lectura 1 Cor. 11, 23-26:
Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor
Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar
gracias, lo partió diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por
ustedes; hagan esto en memoria mía.» De igual manera, tomando la copa,
después de haber cenado, dijo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi
sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.»
Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están
proclamando la muerte del Señor hasta que venga.
Evangelio Lc. 9, 11-17:
Pero la gente lo supo y partieron tras él. Jesús los acogió y volvió
a hablarles del Reino de Dios mientras devolvía la salud a los que
necesitaban ser atendidos.
El día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron para decirle: «Despide
a la gente para que se busquen alojamiento y comida en las aldeas y
pueblecitos de los alrededores, porque aquí estamos lejos de todo.»
Jesús les contestó: «Denles ustedes mismos de comer.» Ellos dijeron:
«No tenemos más que cinco panes y dos pescados. ¿O desearías, tal
vez, que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este gentío?»
De hecho había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos:
«Hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta.»
Así lo hicieron los discípulos, y todos se sentaron. Jesús entonces
tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo,
pronunció la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos
para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse.
Después se recogieron los pedazos que habían sobrado, y llenaron doce
canastos.
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