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13 de Junio de 2001

SEMANA 10 DEL TIEMPO ORDINARIO - Año impar
San Antonio de Padua
Color Blanco

Primera lectura 2 Cor. 3, 4-11:
Por eso nos sentimos seguros de Dios gracias a Cristo. ¿Cómo podríamos atribuirnos algo a nosotros mismos? Nuestra capacidad nos viene de Dios.
Incluso nos ha hecho encargados de una nueva alianza, que ya no es cosa de escritos, sino del Espíritu. Porque lo escrito da muerte, mientras que el
Espíritu da vida.
Cuando se dieron leyes grabadas en tablas de piedra, ese ministerio fue
rodeado de gloria, a pesar de que no traía más que sentencias de nuerte;
eso no obstante, los israelitas no podían fijar su mirada en el rostro de
Moisés a causa de su resplandor, aunque era fugaz. ¡Qué gloria tan grande
no les esperará, entonces, a los que comunican el Espíritu! Si tan grande
fue el ministerio que sentenciaba la condenación, ¿no lo será mucho más
todavía el que procura la santidad? Es algo tan glorioso bajo ese aspecto,
que la gloria del otro ministerio no era nada en comparación. Aquel
ministerio era momentáneo y no tuvo más que momentos de gloria, mientras que el nuestro permanece, y con toda su gloria.

Salmo Sal. 98, 5-9:
 El Señor reina, tiemblan los pueblos;
 monta en querubines, la tierra se estremece.
  En Sión el Señor es muy grande,
 exaltado por encima de todos los pueblos.
  Que celebran tu nombre grande y terrible:
 "¡El es Santo!"
  Rey poderoso, amante de la justicia,
 tú has establecido la rectitud,
 tú ejerces en Jacob
 el derecho y la sentencia justa.
  Ensalcen al Señor, nuestro Dios,
 póstrense ante la tarima de sus pies:
 ¡El es Santo!
  Moisés y Aarón eran sus sacerdotes,
 Samuel también invocaba su nombre:
 invocaban al Señor y él les respondía.
  De la columna de nube les hablaba,
 guardaban sus órdenes, las leyes que les dio.
  Oh Señor, nuestro Dios, tú les respondías,
 tú eras para ellos un Dios tolerante,
 pero no les dejabas pasar nada.
  Ensalcen al Señor, nuestro Dios,
 póstrense ante su santo monte:
 ¡Santo es el Señor nuestro Dios!


Evangelio Mt. 5, 17-19:
No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para
deshacer, sino para llevar a la forma perfecta. En verdad les digo:
mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la
Ley hasta que todo se realice.
Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los
demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los
Cielos.

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